Nde6007a

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Fecha: 20110108

Título: Los verdaderos idolos que nosotros tenemos, segun San Juan, no son las imagenes religiosas

Original en audio: 4 min.


Uno de los pequeños grandes misterios que tiene la Primera Carta de San Juan es la manera como termina.

Hoy, precisamente, tenemos en la Santa Misa esa frase final del capítulo quinto, el último de los capítulos de la Primera Carta de Juan. Y la frase final es: "Hijos míos, guardaos de los ídolos" 1 Juan 5,21.

Es una despedida un poco truncada, para una carta que ha manifestado tanto afecto y que ha hablado tanto y tan bien del amor, es un poco extraña esta manera de acabar.

Pero sin que podamos estra seguros de si hubo o no hubo otra terminación, otra conclusión para este documento, la realidad es que lo que ha llegado hasta nosotros termina con esa frase. Es decir, nosotros no podemos hablar de una Biblia que no existe, y suponer que tenía que haber más palabras o menos palabras. La Biblia que nos ha llegado termina la Primera Carta de Juan con esos términos.

Y por eso, nuestra interpretación y nuestro alimento espiritual hay que encontrarlo ahí en esas palabras, en vez de suponer o de imaginar otras cosas.

"Guardaos de los ídolos" 1 Juan 5,21. Es muy importante esto porque si nosotros miramos el resto de la Primera Carta de Juan, en ninguna parte se está hablando del problema de la madera, o del yeso, o del metal, o cualquier otro material con el que se puedan hacer imágenes religiosas.

Es decir, esta carta no nos está precaviendo acerca de las imágenes religiosas; es un tema en el que continuamente están los protestantes, que nosotros tenemos ídolos porque utilizamos esas imágenes que nos recuerdan la santidad de Cristo y la santidad de tantos cristianosy cristianas a lo largo de los siglos.

El problema al que se refiere el Apóstol San Juan no son esas imágenes. ¿Qué significa la palabra "ídolo" ahí? Indica aquello que puede suplantar a Dios, aquello que puede ser un engaño y como una especie de cortina, algo que no deja ver la verdad que se ha revelado en Jesucristo.

Porque ese sí que es el tema de la Primera Carta de Juan: cómo, en Jesucristo, Dios se ha revelado; es decir, Jesucristo es la verdadera revelación de Dios Padre. Y si Jesucristo es revelación del Padre, entonces lo que oculte el misterio de Jesucristo, lo que engañe, lo que distraiga de Jesucristo, eso es verdaderamente el ídolo.

El problema no está en el yeso, el problema no está en la madera, el problema está en aquello que nos está apartando de Jesucristo; y eso fundamentalmente, en el caso de esta carta, significa todo lo que nos está engañando.

Por ejemplo, cuando nosotros no afirmamos con suficiente vigor la verdad de la carne de Cristo y que la santidad es posible en nuestra carne, entonce nos estamos engañando.

Por eso tenemos que precavernos de esos ídolos para reconocer la verdad de Cristo, ese cristo que alegró a Juan Bautista, en el capítulo tercero del evangelio de Juan, como también aparece en el evangelio de hoy.