Nde4009a
Fecha: 20110106
Título: El verdadero amor que le tenemos a Dios se demuestra en el amor que le tenemos al projimo
Original en audio: 3 min. 55 seg.
A mí cada vez me fascina más y más la Primera Carta de San Juan.
Es una reflexión sobre el misterio de la Encarnación de Cristo, es decir, una especie de búsqueda de respuesta a la gran pregunta: ¿por qué Dios se ha hecho hombre? Por cierto, hay una obra de San Anselmo que lleva ese título: "Cur Deus Homo", "¿por qué Dios se ha hecho hombre?"
La Primera Carta de Juan, nos muestra no solamente la grandeza de este misterio, sino las implicaciones que tiene; así por ejemplo el día de hoy, en un pasaje tomado del capítulo cuarto, leemos que el amor a Dios y el amor al prójimo están profundamente ligados.
Nos dice San Juan: "Nadie puede decir que ama a Dios, si no ama al prójimo" 1 Juan 4,20. Es que en realidad, estos dos amores están unidos en la vida y en el ministerio de Jesucristo.
Jesús, en nuestra carne, es al mismo tiempo un homenaje de obediencia a Dios Padre y un acto de misericordia para salvación nuestra. Es decir que la Carne de Cristo al mismo tiempo está mostrando la gloria del Padre y la compasión, la misericordia hacia nosotros, como quien dice: amor a Dios y amor al prójimo.
Si la Carne de Cristo ha unido estos dos amores, a Dios y al prójimo, también nuestra existencia cristiana tiene que entrelazar, tiene que trenzar estos dos amores.
No se puede decir que uno es muy espiritual, o que uno es muy religioso, o que uno va muy avanzado en el amor a Dios, si ha descuidado el amor al prójimo. En cierto sentido, este amor al prójimo se convierte como en un termómetro del verdadero amor a Dios.
No sólo eso, en el mismo pasaje de hoy, nos encontramos que San Juan relaciona el amor a Dios y la práctica de los mandamientos, porque los mandamientos de la Ley de Dios son, en cierto sentido, lo más visible de la vida cristiana. Si una persona está desobedeciendo los mandamientos, mal puede decir que ama a Dios.
Como se ve, el Apóstol ante todo quiere que nosotros evitemos la tentación que nos puede asechar, la tentación de imaginar que tenemos mucho amor, pero es un amor que nadie puede verificar, es un amor que se queda únicamente como en una interioridad lejana, distante, inaccesible a todos los demás.
Si nosotros practicamos verdaderamente el amor, eso significa que tiene que volverse amor al prójimo y tiene que verificarse en una vida santa, virtuosa, de acuerdo con los mandamientos de Dios, los cuales "no son pesados" 1 Juan 5,3, nos dice el Apóstol, porque nosotros tenemos en nosotros mismos el mismo que venció al mundo; y si la victoria de Dios está de nuestra parte, pues entonces no son pesados los mandamientos.
El evangelio, en cambio, nos muestra a Jesucristo como el gran Ungido del Padre; es la visita de Jesús a la sinagoga de Nazaret, en la cual Él está proclamando el carácter mesiánico de su misión.
No se nos olvide que esta es la semana, en cierto sentido, la especie de Octava de la Epifanía, en la cual todo nos habla de la manifestación de la gloria de Dios en Jesucristo y cómo Él es verdaderamente Señor.