Nde4008a
Fecha: 20090108
Título: Dios nos quiere dar su amor
Original en audio: 46 min. 37 seg.
REVISANDO EN AUDIO
Nuestros cantos y alabanzas en este día son de victoria, nuestro Dios es un Dios victorioso.
La primera lectura del día de hoy nos da la clave, nuestra fe es la que nos ha dado la victoria sobre el mundo, la fe es aquella puerta maravillosa que hace posible la acción de Dios en nuestra vida, nos dice la Carta a los Hebreos: “Sin fe es imposible agradar a Dios” Categoría:Hebreos .
La fe abre las bendiciones del cielo para tu corazón, para tu cuerpo, para tu familia, la fe hace posible que las promesas del Señor se cumplan en tu vida, la fe es la luz para aquellos trechos, aquellos pasajes difíciles del camino, la fe es también aquella que nos abre a la vida de los sacramentos.
Por eso aquí en la Santa Misa decimos después de la consagración “Este es el misterio de la fe”, o también: “Este es el sacramento de nuestra fe”. Así que la primera palabra grande en este día, mis hermanos, es la fe.
De cuántas cosas bellas, importantes y grandes nos perdemos, si falta esa Palabra que es tan breve en español, pero que es inagotable desde Dios: La fe. La fe es la que nos da la victoria sobre el mundo.
Y ciertamente necesitamos victoria, ciertamente necesitamos experimentar un Dios vencedor y victorioso, porque sólo desde la victoria de Dios podemos ahuyentar de nuestra vida los fantasmas de la tristeza, de la depresión, del derrotismo, del pesimismo; solamente desde la victoria podemos sentir que nuestra vida cobra sentido, que nuestra vida tiene un significado.
Tarde o temprano todo ser humano tiene que hacerse la gran pregunta: "¿Para qué estoy en este mundo?" Y sólo hay dos repuestas, sólo podemos decir que hemos venido para participar de la victoria o para participar de la derrota.
Cuando uno piensa en el misterio de la muerte, cuando uno está rodeado de dificultades económicas, cuando la enfermedad muerde nuestra carne, ahí sentimos que la derrota está ganando terreno; pero la gran pregunta es si esa derrota tiene la última palabra.
Y nosotros hemos aprendido de Jesucristo que no es así, nosotros hemos aprendido que, aunque llegue la visita de la enfermedad, aunque haya adversidades y dificultades, aunque tengamos que experimentar incluso la traición de personas que apreciábamos y en las que confiábamos, Dios Nuestro Señor nos concede victoria.
Y si ustedes están aquí, mis hermanos, si ustedes colman hermosamente este templo hoy, es porque están convencidos de que hay un Dios que puede vencer, un Dios que puede dar victoria.
Aquellos de ustedes que han venido aquí aquejados por la enfermedad, enfermedad física, espiritual, mental, emocional, aquellos de ustedes que se sienten sobrecargados, ustedes quieren experimentar la victoria, ¿sí o no? Queremos experimentar esa victoria, queremos conocer quién es este maravilloso personaje que nos hace promesas sublimes en el evangelio de hoy.
Mira las promesas que nos da Jesucristo en este día: “El Espíritu del Señor me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos, la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Señor” San Lucas 4,18-19.
Para esto está Cristo en medio de nosotros, porque Él ya está aquí, porque Él prometió: “Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo” San Mateo 18,20.
Cristo está presente aquí donde se proclama su Palabra, Cristo está presente aquí de modo especial en la persona del sacerdote, que presidiendo la asamblea, es señal de Cristo Cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Cristo está aquí representado en aquellos que sufren y en los pobres también, porque Él dijo: “Cuando hicisteis bien a uno de esos mis hermanos pequeños, a mí me lo hicisteis” San Mateo 25,40.
Ahí está Cristo, Cristo ya está aquí, el mismo que hace dos mil años dijo que había sido ungido por el Espíritu Santo para dar la buena nueva a los pobres, ese Jesús, ese Jesús, el único que puede hacer esas promesas, hoy te está anunciado la victoria y la única pregunta que te tienes que hacerte es que si tú tienes fe para que esa victoria llegue a tu vida, porque Él está aquí.
Y nos dice la Carta a los Hebreos, capítulo quinto: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre” Carta a los Hebreos 13,8. Su corazón es compasivo, sus llagas no se han cerrado, el arroyo hermoso de su Sangre sigue manando para dar perdón y, sobre todo, para cantar misericordia.
En esta hermosa imagen que nos preside encontramos la herida del costado de Cristo, abierta, fresca; cuando el Resucitado se presentó a lo Apóstoles, le pudo decir a Tomás: “Toma tu mano y métela en el agujero de los clavos” San Juan 20,27.
xxxxLas heridas de Cristo están abiertas y frescas, la Sangre de Cristo mana sin cesar para expresar la misericordia del Padre y para traer la salud, para traer la bendición que tu estás esperando. Y que feliz coincidencia que estamos leyendo este evangelio cuando apenas comienza este año, dice Jesús que “ha venido a proclamar la gracia del Señor” (San Lucas 4, 19).
Eso es lo que yo te deseo para este 2009, que este sea tu año de gracia, que este sea el año en el que tu experimentes la bendición de Dios, que este sea el año en el que tu te sientas protegido por delante y por detrás, por derecha y por izquierda, por arriba y por abajo, que te sientas protegido, custodiado, que sientas como es verdad lo que dice el Salmo “no duerme ni descansa el guardián de Israel” (Salmo 121, 4)que tu puedas sentir que todas las aéreas de tu vida son custodiadas, son defendidas y son bendecidas por Aquel que tiene el poder, la autoridad y el amor para hacerlo y su nombre es Jesús, en El creemos, en El hemos puesto nuestra esperanza.
Jesús nos dice después de haber leído ese texto de Isaías, que es como su programa de gobierno, después de leer esas promesas Jesús dice estas palabras “hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír” (San Lucas 4, 21) “hoy se cumplen” y hay algo maravilloso en la Escritura, si ustedes observan con atención, la Palabra hoy nunca termina.
Te voy a dar dos ejemplos, en el salmo 95 que solemos rezar al comienzo de la Liturgia de las Horas, ese Salmo que sirve de invitatorio, ese Salmo que es una invitación a la alabanza y que introduce toda la oración de la Iglesia prácticamente todos los días, en ese Salmo tan bello 95 escuchamos esa expresión “hoy si escucháis su voz no endurezcáis el corazón” (Salmo 95, 7-8). ¿Y cuando es ese hoy? Ese hoy es todos los días, porque hay una característica que tienen todos los días, todos los días son hoy, por eso decimos hoy, por ejemplo hoy es jueves, pero mañana no vamos a decir mañana sino mañana vamos a decir hoy; y dentro de diez años vamos a decir hoy y aquí nos dice Jesucristo “hoy se cumple esta escritura”.
El hoy de Dios no pasa porque Dios tampoco pasa, los días del ser humano tienen un comienzo y un final, solemos comenzar el día cuando asoma el sol y decimos que termina el día después de que el sol se oculta; pero el día de Dios no termina, el día de Dios es el hoy permanente y por eso nos dice el libro del Apocalipsis cuando el vidente contempla la ciudad santa de Jerusalén, la que estaba cantando Marcelo al principio de la Misa, dice “yo no vi sol ni luna” (Apocalipsis 21, 1-2). Eso no tiene ni comienzo ni final, es el hoy permanente de Dios, es la eternidad de Dios y lo mismo encontramos aquí, hoy se cumple esta Escritura.
Así pues mis hermanos hoy queremos acercarnos al programa de gobierno de Cristo y hoy queremos reclamar estas promesas para que se cumplan en nosotros ¿En qué grupo te clasificarías tu? Te voy a repetir las posibilidades, porque es muy importante, cuando oramos a Dios nuestro Señor es importante hacer lo que hacía la gente delante de Cristo y también delante de los Apóstoles, la gente destapaba sus heridas, el leproso que se acerca a Cristo se acerca con su carne enferma a la vista y por eso Jesús puede tocarlo y lo mismo Jesús toca los ojos del ciego.
Incluso Jesús en alguna oportunidad humedece con saliva sus dedos para tocar la lengua de un mudo, Jesús no tiene asco de ti, Jesús no tiene asco de tu enfermedad, Jesús no se retrae repulsivo asquiento de nuestros dolores, de nuestras llagas ¿Por qué? ¿Qué es el asco? El asco es una sensación visceral por la que nos apartamos de aquello que sentimos que puede ensuciarnos o hacernos daño, nos causa repulsión, es una reacción casi refleja, casi automática que nos aparta, que podría envenenarnos, ensuciarnos, hacernos daño de cualquier manera.
¿Por qué Jesús no tiene asco? ¿Por qué Jesús toca con su saliva la lengua del mudo? ¿Por qué Jesús mete sus dedos en los oídos del sordo? ¿Por qué Jesús deja que la mujer pecadora llore sobre los pies de Jesús? ¿Por qué Jesús no tiene asco? Porque el bien que hay en El es mayor que el mal que hay en nosotros y por eso Jesús no tiene duda de que lado está la victoria.
Cuando se encuentra la salud que Cristo trae con la enfermedad que tu le traes a Cristo, la victoria es clara, esta del lado de Cristo y como la victoria está del lado de Cristo El no tiene miedo de ser ensuciado, ni tiene miedo de ser lastimado, ni tiene miedo de ser contaminado, porque de El y solamente de El dimana la bondad, se irradia la verdad, destella la gloria del Padre.
De Jesús sale una bondad tan grande, es tanto el bien que brota de El que el mismo Jesús no tiene asco de nosotros, Jesús no tiene necesidad del asco porque el bien que hay en El es mas fuerte que cualquier mal que aparezca en nosotros.
Como te das cuenta todo el lenguaje de hoy es un lenguaje de victoria y por eso nosotros tenemos que mostrarle a Cristo nuestras letras, por eso en estas oraciones que vamos a tener después de la predicación, no tengas temor de reconocer quien eres delante de Dios, porque ya hay una sanación mas importante que cualquier sanación física, emocional o mental y eso ya está sucediendo en esta Iglesia y es el sacramento de la confesión.
¿Qué es la confesión mis hermanos? Es el acto por el cual yo destapo las llagas de mi alma. La ultima vez que me confesé, precisamente antes de este viaje, el sacerdote me dijo algo que era totalmente cierto, “ahora le vas a decir a Jesús tus pecados” porque el gran protagonista de la confesión no es el sacerdote y lo mas importante no es decir me confesé con Juan, Carlos o Roberto Fernando, Nelson o lo que sea, el gran, el único protagonista de la confesión es Jesucristo y es delante de El que nosotros destapamos las llagas, porque Jesús no tiene asco de nuestras llagas, entonces yo destapo mi llaga ante Jesucristo y le digo “Jesús, aquí está mi llaga, ésta es la verdad de mi vida, he sido… que se yo, mentiroso, o he sido ladrón, o he sido arrogante o vengativo o he sido impuro o he sido envidioso”.
Cualquiera que sea la llaga que tenga tu corazón es necesario aprender a destaparla delante de Dios y Dios quiere, y así lo manifestó en Cristo, que nosotros reconozcamos nuestra condición, ¿Recuerdan ustedes mis hermanos de aquel pasaje de una mujer que tenía una enfermedad? Ella padecía de un flujo de sangre (San Marcos 5, 21-43) y esta mujer apenada por esa condición se acercó donde Jesús; pero como sentía vergüenza por la clase de enfermedad que tenía, entonces quiso pasar desapercibida y ella pensó para sus adentros, si logro tocar aunque sea el borde del manto me curo y efectivamente, como ella tenía fe.
Y la primera lectura de hoy, nuestra fe es la que nos ha dado la victoria, la fe le dio la victoria a ella y ella fue curada; ¿Pero que hizo Jesús? Jesús dijo a los Apóstoles “alguien me ha tocado” (San Marcos 5, 29) cosa que se parece mas o menos cuando el padre Fernando entra aquí a la iglesia, por supuesto como hay gran cantidad de fieles, pues los apóstoles le dicen: “ves que te están oprimiendo por todas partes y dicen que ¿alguien me ha tocado?” (San Marcos 5, 31) pero Jesús se detuvo y se quedó mirando, hasta que esta mujer confesó delante de El lo que le había sucedido y le dijo “yo tuve esta enfermedad y acabo de ser curada y Jesús le respondió “tu fe te ha salvado vete en paz (San Marcos 5, 34).
En esa escena del evangelio hay mucho que admirar, por ejemplo hay que admirar la fe de ella y hay que admirar el poder de Cristo; pero notemos que Cristo no dejó que el milagro pasara así nada mas, Jesucristo invitó a aquella mujer a que destapara la realidad de su vida, ya estaba curada pero Jesús la invita de alguna manera a que descubriera, a que destapara su llaga y se pregunta uno ¿Por qué? Y la respuesta es porque solo en el conocimiento profundo de nuestra necesidad encontramos el conocimiento profundo de la generosidad divina.
San Agustín lo dijo de una manera mas hermosa, “Sólo en el conocimiento profundo de nuestra miseria llegamos al conocimiento profundo de la misericordia” Por eso Dios quiere que nosotros destapemos nuestras llagas y por eso Dios quiere que nosotros al confesarnos tengamos esa clase de sinceridad, como el que se desnuda, como el que se descubre, como el que se destapa, porque solo en el conocimiento de nuestra verdadera necesidad llegamos al conocimiento de la verdadera generosidad.
Además en el verdadero conocimiento de la verdadera generosidad divina llegamos al encuentro con alguien y no solamente el encuentro con algo, la gente que acude a la brujería, la gente que acude a poderes mágicos lo que quiere es solamente que se arregle su problema, yo tengo un problema porque estoy enfermo por ejemplo, es decir, yo quiero un remedio para mi problema, es muy humano, es muy comprensible, pero ¿Y si Dios quiere darte mas? Dios no solamente quiere darte algo como decir la salud o como decir el trabajo o como decir la curación de mi depresión.
Dios no quiere darte solamente algo, Dios quiere darse El mismo, supongamos que Jesús la hubiera dejado ir, esa mujer hubiera obtenido algo, la salud; pero se hubiera perdido de alguien, de Jesús. Jesús hasta cierto punto la obligó a encontrarse con El, Jesús quería que ella mirara el rostro, porque el rostro es aquella comunicación plena que tenemos a través de los sentidos, por eso el que quiere engañarnos desvía la mirada o tapa el rostro, porque en el rostro revelamos lo que somos.
Jesús no quería que esta mujer se fuera a su casa solamente con algo, con la salud, quería que se fuera con el rostro, quería que se fuera con alguien, y eso es lo que también sucede aquí, aquí donde oramos por los enfermos, aquí donde suceden cosas tan bellas y maravillosas como las que hemos escuchado en esta eucaristía, aquí Jesús no quiere que solamente vengas y recibas el milagrito que estabas esperando y te vayas allá.
Jesús quiere que mas allá del milagrito contemples su rostro, te encuentres con El seas transformado por su amor, El quiere no solamente regalarte algo, El quiere regalarse a si mismo, El quiere que tu puedas llevártelo a tu casa, El quiere estar para siempre contigo, pero todo empieza necesariamente en el conocimiento de nuestra necesidad, en el conocimiento de nuestra miseria.
Porque no podemos olvidar la palabra de San Agustín, “Sólo el que conoce su miseria conoce la misericordia” y esto es totalmente cierto, la persona que no ha pasado por dificultades, la persona que no ha pasado por privaciones, la persona que incluso tal vez no ha conocido el poder de la tentación, es una persona que ha menudo se convierte en el juez implacable de los demás; pero cuando pasa la vida, cuando cada uno de nosotros aprende a reconocer que es débil y que todos somos débiles y que un mismo barro nos hermana, entonces uno deja a uno ser juez implacable, porque la vida misma le ha enseñado la gran lección de la misericordia.
En el conocimiento de la miseria la ciencia de la misericordia, en ese espíritu vuelvo a preguntarte ¿A qué grupo perteneces? Jesús nos habla de varios grupos y quizás pertenecemos a mas de uno, dice El, “el espíritu del Señor me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva” (San Lucas 4, 18).
“Los pobres” ese es un grupo, “anunciar la liberación a los cautivos” ese es otro grupo “curación a los ciegos” otro grupo “libertad a los oprimidos” otro grupo, ¿Cuántos grupos nos resultaron? Los pobres, los cautivos, los ciegos, los oprimidos, y sabemos que estas palabras, lo mismo que en el Padre Nuestro por ejemplo, se habla del pan, estas palabras nos hablan de los símbolos de realidades múltiples, por ejemplo, la cautividad seguramente tiene que ver no solamente con aquellas personas que están en la cárcel.
Eres cautivo, estás prisionero, ¿A ti no te parece que una persona que vive en la angustia es una persona que está en prisión? Y nadie la detiene, puede caminar por las calles, puede entrar en los centros comerciales, puede ir al aeropuerto y tomar un avión, puede subirse al transporte público o viajar en su propio auto, puede mover su cuerpo pero su corazón sigue preso, sigue cautivo ¿Será que ese es tu caso? ¿Será que te sientes cautivo, cautivo por ejemplo de la angustia?
Que tal aquello de la ceguera, hay muchas formas de ceguera, el Señor curó a ciegos incluyendo a ciegos de nacimiento; pero no es esa la única ceguera, hay personas que son ciegas para la bondad que hay en el mundo, hay personas que son ciegas para descubrir los tesoros que tienen en la casa y por eso se van a buscar otras luces engañosas, otra belleza mentirosa y abandonan el hogar, no tuvieron ojos para reconocer que esposa les había dado Dios, para eso no tuvieron ojos, estaban ciegos.
Hay personas que son o que hemos sido ciegas ante el milagro, el misterio de la cruz ¿Verdaderamente hermanos hemos apreciado el amor que hay en esa cruz? ¿Verdaderamente hemos apreciado hemos leído ese libro? Decía Santa Catalina de Siena, que Cristo crucificado era un libro y que cada una de sus llagas era el comienzo de un capítulo, y ella como buena contemplativa pasaba horas y horas mirando la cruz, leyendo ese libro y sabía muy bien que se encontraba en él; pero la gran mayoría de nosotros, aunque a veces llevamos cruces al cuello, o cruces en la muñeca, o cruces al pecho, tal vez estamos ciegos para eso que está ahí, estamos ciegos.
Y cuantas personas están ciegas al mensaje de la Palabra abren la Biblia tratan de leer no entienden nada, están como ciegas, esa también es una ceguera. Dicen que la Virgen María dijo en alguna aparición “Si supieran cuanto los ama Dios llorarían de alegría”.
¿Cómo es posible que hay personas que viven una tristeza continua como si nadie los amara, como si no valieran nada? te imaginas que un día por ejemplo por la oración de este hermano sacerdote o por otro camino que Dios quisiera escoger, ¿Te imaginas que un día Dios le quitara la ceguera a una persona así? te imaginas que un día una persona de esas que viven en tristeza pensando “yo no valgo nada, esta vida no tiene sentido, esto es una perdida de tiempo, yo como que me voy a matar” porque hasta allá llega la depresión, ¿Te imaginas que un día una persona de esas Jesús le hiciera el milagro de abrirle los ojos y le dijera mira cuanto te amo y esa persona dejara de llorar de autocompasión y empezara a llorar de puro gozo? ¿Te imaginas lo que sería ser curado de esa ceguera?
Claro que todas las cegueras son dolorosas y son una terrible pérdida; pero estas cegueras cuanto las necesitamos, hay personas que tienen ceguera social, van por la calle, se pasean por el país y jamás ven la pobreza, jamás ven la necesidad, sólo piensan en sus intereses, sólo quieren subir y subir mas ellos y sabemos cual es la consecuencia de esa clase de ceguera, engendra resentimiento, engendra odio, engendra lucha de clases.
Porque a menudo sucede que aquellas personas que han sido excluidas sistemáticamente de los bienes de una nación que es rica y hermosa como esta, sienten en su corazón arder el dolor y el deseo de venganza ¿Y donde empezó todo? En la ceguera, si esos que tienen tanto poder y si esos que tienen tantos privilegios pudieran ser operados delos ojos y pudieran empezar a ver como sufre el pueblo, si ellos tuvieran ojos para descubrir esa clase de dolor y si ese dolor entrara en sus corazones, entonces tomarían su trabajo en el gobierno o en la empresa privada o en el clero o en el ejército lo tomarían solamente como una oportunidad de servicio, esa también es una ceguera.
Y que vamos a decir de la ceguera de los científicos, no deberían ser ellos los primeros en cantar las maravillas de la creación y al contrario que vemos que sucede que con mucha frecuencia que la gente que estudia mucho y aprende mucha matemática, mucha física, mucha astronomía se llenan de humo la cabeza y empiezan a negar a Dios ¿No es esa otra ceguera? ¿No es una ceguera lamentable, terrible? Un poquito conozco de sea ceguera, porque antes de entrar al convento hice estudios de física pura y el Señor me sacó de esos estudios o por lo menos dejé de hacerlo de una manera formal, porque empecé a descubrir que mis grandes ídolos, entre comillas, mis grandes héroes, mis puntos de referencia padecían de esta clase de ceguera.
Que gigante de la ciencia del siglo XX es ese hombre llamado Albert Einstein, un gigante del entendimiento humano y ese hombre no podía decir el Padre Nuestro, no podía, no conocía que Dios era su papá, no lo podía reconocer, no podía reconocer el valor de la sangre de Cristo, no podía llorar de gozo ante el corazón de Cristo, no podía admirar la pureza y la belleza de la Virgen María, no tenía ojos para eso y yo solamente me pregunto ¿De qué sirve tener todas las ecuaciones del universo si no puedo llegar al creador del universo?
¿De que sirve tener un libro que me explica como se mueven los cielos si no voy a ir para el cielo? ¿De que sirve eso? ¿No es eso una ceguera terrible? Tenemos que pedirle al Señor que nos cure de esas cegueras, Jesús nos dice que ha venido para dar libertad a los oprimidos, oprimidos son aquellos que sienten una carga terrible sobre sus espaldas, y hablamos de los oprimidos cuando una persona no quisiera tener que soportar algo, pero no tiene alternativa, no encuentra otro camino y este es el caso muy a menudo de las personas que padecen vicios.
¿No es una condición tristísima de aquel que quisiera verse libre de su alcoholismo, por ejemplo de su drogadicción que quisiera salir de ahí? Ve con sus propios ojos como está destruyendo su hogar, ve como se está ganando el irrespeto y los insultos de los hijos, ve como está dilapidando el patrimonio de la casa y sin embargo no encuentra como salir, porque está oprimido, como una mano que lo hunde ese vicio está sobre el.
Hoy queremos ser sanados de esa opresión y por supuesto existen opresiones bastante más oscuras, no olvidemos que también existe la opresión del enemigo, por si hiciera falta el papa Paulo VI y después los papas que han seguido hasta el actual Benedicto XVI, han hablado claramente sobre la existencia y la acción del maligno, sobre la opresión que produce Satanás, eso también existe, no vamos a caer aquí en una mentalidad supersticiosa, no vamos a decir que todo hay que atribuirlo al diablo; pero que existe también esa posibilidad tenebrosa y que hay corazones que están sujetos a esa clase de opresión, eso no lo vamos a negar, porque sí existe.
¿Y por donde se llega a esos caminos? se llega por los caminos de la superstición, por los caminos de la magia, por los caminos de los maleficios, los rezos y los agüeros, por los caminos también sofisticados de esas cosas que se llaman como “la nueva era” esos caminos de extrañas meditaciones donde se endiosa la mente humana, donde se niega la gracia divina, en esa clase de caminos hay uno que está listo, dispuesto a mantenernos bajo la opresión de la mentira y ese es el enemigo y por eso en la oración que vamos a hacer en algunos minutos, no solamente tendremos que pedir la liberación de nuestras enfermedades psíquicas, físicas, mentales, emocionales, tenemos que pedir también al Señor que nos libere de toda la opresión del maligno, de echo ya Cristo empezó a hacerlo, ustedes notaron que al comienzo de la celebración nuestro padre Fernando dijo una oración y utilizó esta expresión “sal exorcisada” esa palabra tiene un significado muy claro, significa que esa sal junto con el agua bendita se utiliza como un instrumento de batalla en contra de la opresión del enemigo, las cosas tienen un nombre y la sal exorcizada que se mezcló junto con el agua bendita, esa sal y esa agua que recibimos al principio cuando ya nos estaba aspergiendo, esa sal y esa agua ya tienen un propósito, que se debilite, que colapse, que caiga, que se derrumbe el imperio del enemigo, el imperio de las tinieblas en nuestra vida.
¿Cuántos grupos son? Cuatro, están los cautivos, como aquellos que están privados de la libertad del cuerpo; pero sobre todo de la libertad del alma, están los ciegos y ya hemos hablado de tantas formas de ceguera, están los oprimidos y ya hemos comentado varias clases de opresión, hay una categoría que de alguna manera los reúne a todos, los primeros que mencionó Cristo, los pobres, yo los invito hoy mis hermanos, los invito a que nos presentemos ante Cristo como verdaderos, como genuinos pobres, si hay un libro que está lleno de promesas admirables es la Biblia, y en la Biblia hay una promesa que no dejará de cumplirse, una promesa que Dios hace en sus Salmos, “abre tu boca y yo la saciaré” (Salmo 81, 10).
El Señor nos anuncia la abundancia de su amor, el Señor nos anuncia que está dispuesto a saciarnos con sus bienes, pero hay una condición, hay que abrir la boquita, de esto saben bastante bien las mamás que hay que decirle al niño que está renuente para comer, “abra la boquita mi hijito”.
Hay que abrir la boquita para recibir el alimento de la mamita, “abra la boquita papito no sea rebelde” en buena parte lo que tiene que hacer un predicador, como hoy me corresponde a mi, es decir a cada uno de ustedes, “abre la boquita” ¿Y que es abrir la boquita? abrir la boquita es reconocer que yo no puedo alimentarme a mi mismo, abrir la boquita es reconocer que yo necesito que me alimenten, dicho sin metáfora, abrir la boquita es reconocer mi pobreza reconocer mi necesidad, eso es abrir la boquita, reconocer mi necesidad, reconocer mi pobreza.
¿Y por qué a Dios le interesa tanto que yo reconozca mi pobreza? Eso lo dice El en otra parte de la Escritura, nos anuncia el Apóstol San Pedro “Dios resiste a los soberbios pero da su gracia a los humildes” (1 Pedro 5, 5) La soberbia es aquel acto demencial por el cual el corazón humano dice: “yo me voy a afirmar en mi mismo” “yo voy a sacar fuerza de mi mismo yo solo puedo”.
Esa clase de frases son terriblemente peligrosas, porque son el eco de la frase que caracteriza a Satanás, la frase que caracteriza al príncipe de los demonios es la siguiente: no serviré, la frase que caracterice al demonio es “no reconozco el señorío de Dios” “yo quiero ser Dios” “quiero que mi vida se centre en mi en lo que yo quiero, en lo que yo anhelo, en lo que yo puedo” esa es la soberbia.
Al principio de esta predicación decíamos que hay una puerta que se abre a través de la fe, yo dije, si nadie me responde es que estuvo muy larga la homilía, la puerta se abre a través de la fe, ¡Pero cuidado porque esa puerta se puede cerrar!
La puerta se cierra a través de la soberbia y si tu le has abierto a la puerta a Jesucristo por la fe, ten cuidado, no la cierres por la soberbia y por eso necesitamos ser de aquellos que reciben la bienaventuranza de Cristo, porque la primera de las bienaventuranzas, tanto en la reseña de San Mateo como en la reseña que hace San Lucas, la primera bienaventuranza es: “bienaventurados los pobres” (San Mateo 5, 3) (San Lucas 6, 20).
Bienaventurados porque no se apoyan en sí mismos, bienaventurados porque son capaces de apoyarse en el único que es firme, en el único que permanece para siempre, por eso son bienaventurados, hoy te invito hermano, a escoger la bienaventuranza, ya sabes que solo se necesitan dos cosas, solo se necesita la fe que abre la puerta y luego la humildad que no deja cerrarla.
Ábrela a través de la fe y tenla abierta a través de la humildad, ábrela con la fe para que entre Cristo y tenla abierta para que todas las bendiciones entren con El. La fe y la humildad parece que estuviéramos describiendo el vestido, el escudo y el corazón de la Santísima Virgen María, ella es la referencia de la verdadera creyente, ella es la que supo comprender y recibir el evangelio como nadie mas, a ella la saludamos como verdadera discípula y como perfecta realización del evangelio de Jesús, es decir, que si tu quieres hoy experimentar las bendiciones de Jesús, el camino te lo muestra María y ese camino se llama la fe y la humildad.
Fe que reconoció Isabel cuando dijo: “dichosa tu cuando has creído” (San Lucas 1, 45) humildad que cantó ella misma cuando dijo “aquí esta la sierva del Señor” (San Lucas 1, 38) esto es lo que necesitamos para acercarnos a este Jesús que hoy ha presentado su programa de gobierno, El es el rey del universo y he aquí que ese Rey del Universo nos dice como quiere gobernar el universo, lo quiere gobernar desde la gracia desde el regalo del amor, desde la expresión de la misericordia, desde la potencia de su clemencia así quiere gobernar el universo.
Vamos a recibir estas bendiciones, vamos a preparar el corazón, ya sabemos como reconociendo lo que somos, no se tu, yo por lo menos me reconozco en estos cuatro grupos del evangelio y espero que tu te puedas reconocer en al menos en uno de ellos para poder sentir también tu que estás en necesidad de Cristo, porque si estás en necesidad de El abrirás tu boca y El te la saciará y entonces cuando hayas probado esa alegría, cuando hayas recibido ese amor, te queda un compromiso, que es el de la primera lectura.
Amamos a Dios porque El nos amó primero; pero si alguno dice amo a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso. Una vez que Dios te sacie, porque Dios te va a saciar en esta eucaristía, una vez que Dios te sacie, te colme de su amor, de sus bendiciones, una vez que estés lleno, lleno a rebozar de su alegría, de su bendición, te queda un compromiso, has de salir por esa puerta a contarle al mundo que existe un Dios vivo y para amar a los hermanos con la misma caridad que has recibido. Amén.