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Fecha: 19980108

Título: El remedio para el amor al projimo esta en el amor de Dios

Original en audio: 8 min. 57 seg.


Queridos Hermanos:

Durante este tiempo de Navidad nos está acompañando y nos está educando la Primera Carta del Apóstol San Juan.

Esta Carta, que es como un gran himno a la Encarnación, es la lectura propicia que la Iglesia nos ofrece durante estos días, para que nosotros meditemos en el corazón, agradezcamos en el alma, alabemos con todo nuestro ser la misericordia divina.

Por el misterio de la Encarnación, misterio de piedad que luego se ha manifestado a los pastores, a los Magos, a aquellos que comieron del pan que se multiplicó, como escuchábamos en las lecturas de los pasados días, a aquellos que estaban en la Sinagoga de Nazareth, como escuchamos hoy.

Y también a nosotros se manifiesta este misterio de piedad, este misterio de amor, se manifiesta especialmente en el divino sacramento de la Eucaristía, se manifiesta en la Palabra que escuchamos, y en tantas y tantas otras señales.

Esta es la lectura que la Iglesia nos propone en estos días, y por eso hemos venido escuchando la Primera Carta del Apóstol San Juan.

Nosotros, que nos hemos reunido aquí convocados por el amor de Dios, porque es el amor el que lo trae a uno al templo, nosotros, llamados por el amor de Dios, no nos contentemos con los pasajes selectos y hermosos que nos da la Iglesia, pero que son sólo pasajes.

Tenemos Biblias en las casas y en nuestras Biblias están también estos textos, acompañados seguramente de preciosas notas y explicaciones. De manera que sea la invitación para todos, tomar la Sagrada Escritura, allá en la casita: Primera Carta del Apóstol San Juan, lectura preciosa para estos días.

Nosotros no hemos venido obligados, no tenemos que darle cuentas a nadie, vinimos por amor, porque Él nos amó primero, como dice la Biblia, como dice esta misma Carta de Juan. Nosotros, que somos testigos de que Él nos amó primero, y nosotros, que queremos amarle con todas nuestras fuerzas, pues tenemos ahí un recurso precioso en la Primera Carta del Apóstol San Juan.

Esta Carta nos enseña muchas cosas. En el día de hoy, por ejemplo, una preciosa instrucción sobre la relación entre la fe y el amor. Podemos decir que el amor concreto y real a nuestro prójimo es el termómetro del amor a Dios. "El que no ama a su hermano, a quien ve, que no diga que ama a Dios, a quien no ve" 1 Juan 4,20.

El amor al prójimo es el gran termómetro de la vida de Dios en el corazón. Porque no se puede decir que llevamos a Dios en nosotros, si no tenemos los sentimientos de Dios, y los sentimientos de Dios son de misericordia, de caridad, de ayuda, de salvación para nuestros hermanos.

Pero a mí me gusta hacer esta comparación: el termómetro sirve para saber si yo tengo fiebre, pero suponiendo que yo tenga fiebre, el termómetro no es el que me va a quitar la fiebre. Entonces, el amor al prójimo es como un termómetro, el amor al prójimo me sirve para saber cuál es la salud espiritual de mi alma.

Pero si resulta que ese amor al prójimo está cojo, si ese amor al prójimo está enfermo, si el termómetro dice: "Hey, estás enfermo", no es el amor al prójimo lo que me va a dar amor a Dios, atención a ese punto, porque aquí hay, tal vez, confusión.

El amor a Dios se muestra en el amor al prójimo, pero si no hay amor al prójimo, y por consiguiente si está mal el amor de Dios, no es el prójimo, usualmente, no es el prójimo, sobre todo el prójimo fastidioso, aquel al que no puedo amar, no es él el que meva a dar el amor de Dios.

Porque algunas personas, tal vez hacen como esta deducción o como este razonamiento: "Yo no puedo amar a tal o cual persona, pensemos por ejemplo en un pariente fastidioso, pensemos en un hermano o en una hermana de comunidad a quien no me lo aguanto, no me la aguanto, no me aguanto a esa perona.

Sé y soy consciente de que soy un egoísta, un envidioso, un codiciosos, un resentido con esa persona. Esta Carta me está diciendo que, entonces, mi amor a Dios anda mal. Pero ese es el termómetro y ése no es el que baja la fiebre, la fiebre se baja con otras cosas.

Pero hay unas personas que dicen: "Mientras yo no ame a esa persona, no podré tener el amor de Dios", y entonces empiezan a hacerse violencia psicológica: "A ver cómo logro yo amar a esa persona, voy a tratar de verle alguna cualidad, pero qué cultura va a tener", como dice la canción, "pero qué cultura va a tener, si es que no sabe, es que no entiende, es que me cae tan mal, pero debo tratr de amarlo, voy a ver cómo hago".

"Respiro profundo, me concentro, y voy a tratar de amarlo. Y vuelvo y lo miro, vuelvo y la miro y me cae peor, entonces digo: "No, entonces voy a ver qué hago. Voy atratar de verle el lado bueno, ¡pero es que es tan fastidioso!"" Y en esa guerra interior perdemos días, semanas y años.

El amor al prójimo no es el remedio, es el termómetro, el amor al prójimo, y estoy refiriéndome al prójimo difícil de amar, ése precisamente, el que le cae a uno mal, el que es problemático, el que es pendencier, el que es despectivo, el que hiere; el amor al prójimo, sobre todo al prójimo difícil, es el termómetro pero o es el remedio.

¿Entonces el remedio dónde está? Le dice esta misma Carta: "Sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo, es nuestra fe" 1 Juan 5,4, por ahí va la cosa.

Hundirme en le misterio del amor de Dios, como me lo muestra la fe, eso es lo que me va a dar amor para luego ir a amar a la persona que no me aguanto y que seguramente tampoco me aguanta.

Entonces, no es ir a buscar en mi enemigo, en mi prójimo fastidioso, amor para él o amor para Dios, ¡no lo tiene! ¡La creatura humana no tiene de dónde dar amor, porque todos somos miserables y pobres pecadores! Esa persona que nos cae mal no nos va a dar amor, esa persona está tan seca como tú, esa persona no te va a dar amor.

El amor te lo va a dar el misterio de la Encarnación, el amor te lo va a dar el misterio de la Cruz, te lo va a dar el misterio de la Eucaristía, te lo va a dar la soledad del Sagrario, la meditación de la Escritura, te lo va a dar la meditación de los misterios del Señor, por ejemplo, con la Santísima Virgen en el Santísimo Rosario.

Hermanos, el amor al prójimo es el termómetro, no es el remedio. El remedio para el amor al prójimo está en el amor de Dios.