Nde2004a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20090106

Título: "Amar consiste en dar hasta que duela"

Original en audio: 11 min. 31 seg.


¿Qué tiene que ver la multiplicación de los panes con este tiempo de Navidad que venimos celebrando? ¿Qué tiene que ver la multiplicación de los panes con la primera lectura que hablaba del amor?

¿Y qué tiene que ver la multiplicación de los panes con los cuarenta y ocho años de matrimonio que felizmente celebramos hoy, matrimonio entre Bernardino y Maruja?

Tiene que ver mucho, porque resulta que fueron los discípulos los que le dijeron a Jesús que despidiera a la gente. Parece que Jesús hacía homilías más largas que las mías; se iba prolongando, prolongando, de modo que ya se había hecho tarde.

Ahí se acercan los discípulos y le dicen a Jesús: "Es tarde; despide a la gente para que vayan y se compren algo de comer" San Marcos 6,36.

Tratemos de situarnos en la escena, y hagámonos esta pregunta: ¿Con qué corazón los discípulos hacen esta recomendación? ¿Estaban ellos preocupados por el hambre de la gente?

Tal vez sí. Pero, Jesús era muy observador y notó que utilizaban los discípulos el verbo "comprar": "que ellos vayan y que ellos se compren su pan" San Marcos 6,36.

A Jesús no le gustó mucho esa idea, éso de que los discípulos que tenían sus provisiones, mandaran a la gente a que allá ellos vayan y compren lo de ellos. Eso no le gustó a Jesús.

Los panes de la época eran grandes, eran integrales, -por razones de publicidad no podemos decir la panadería-, pero eran muy buenos esos panes y eran bastante grandes.

Muchos jornaleros recibían uno de esos panes gigantescos como alimento del día. Eso era lo que iban a comer en el día. Entonces, si uno piensa en cinco panes para un grupo más o menos de doce Apóstoles y Jesús, pues, se trata de una comida decente.

Además, un poquito de sal, un poquito de proteína con el pescado, agua que se puede conseguir, y queda uno bien comido. Es decir, los discípulos tenían bien seguro lo de ellos.

El problema es que no podían comer porque estaba toda esa gente, toda esa multitud. Solución de los discípulos: "¡Deshagámonos de la multitud! Y como aquí tenemos lo de nosotros, nosotros comemos lo de nosotros y que ellos coman lo de ellos". Jesús, cuando le llegan con esta sugerencia, no la acepta.

Si uno mira los Evangelios, se da cuenta de que Jesucristo aceptaba muy pocas sugerencias. En general, las sugerencias que le llegaban, no eran de su agrado. Pedro, por ejemplo, le dijo: "¿A qué vamos a Jerusalén a buscar lo que no se nos ha perdido? Más bien, nos quedamos por aquí donde usted tiene un alto rating y así se salva todo: no hay persecución, no hay Cruz".

A Jesús no le gustó ese consejo. Aquí, tampoco le gustó el consejo que le dieron, que despachara a la gente. Porque, vio que el propósito de ese despachar a la gente, era: "Una vez que se haya ido toda la visita, nosotros comemos tranquilos".

A Jesús no le gustó esa idea. Entonces, dijo: "Denles ustedes de comer" San Marcos 6,37. En ese momento los discípulos comprendieron: "Esto ya no va a acabar. Esto no va bien; aquí se dañó. Por lo pronto, la comida de hoy se dañó".

"Denles ustedes de comer" San Marcos 6,37. Ellos siguen pensando en la lógica del comprar y del vender; y dicen: "Necesitaríamos doscientos jornales de pan" San Marcos 6,37. Esa es una cantidad muy grande de pan en cualquier país y en cualquier circunstancia. Por supuesto, un jornal es lo que se paga por un día completo de trabajo.

Y Jesús insiste en lo que ellos tienen: "¿Ustedes cuántos panes tienen? Vayan a ver" San Marcos 6,38. "Vayan a ver", quiere decir: "Saque lo que usted tiene, muestre lo que tiene guardado. Eso que había guardado para usted, sáquelo, muéstrelo".

Así que ya viéndose desenmascarados, viendo que ya la situación cambiaba y asumiendo la realidad: "Hoy tocó ayuno, hoy tocará una migaja, se perdió. A mí sí me lo habían dicho que andar con este Señor traía esta clase de cosas", entonces ellos dijeron no sólo los panes que tenían sino los peces que tenían.

En ese momento, "Jesús manda a que la gente se siente" San Marcos 6,39, y viene la multiplicación.

Bueno, esto se parece mucho a lo que es amar. Amar es sacar las reservas. Los discípulos tenían sus reservas. Una vez le preguntaban a la Madre Teresa de Calcuta en qué consistía amar, y ella respondió más o menos esto: "Amar es dar hasta que duela" ¡Dar hasta que duela!

Es decir, eso es sacar las reservas. Porque, a todos nos gusta sentirnos bienhechores, a todos nos gusta dar un poco si eso sirve para que uno aparezca como el bueno de la película.

Por eso, muchas personas en este mundo, personas que no tienen ninguna clase de fe, de todas maneras se sienten bien recibiendo un título honroso, que es, filántropo: "Yo soy un filántropo; yo hago el bien".

Pero, según la Madre Teresa de Calcuta, ahí todavía no empieza el amor, cuando yo simplemente me siento bien dando un poquito. El amor, por ejemplo el amor que toca vivir entre los esposos, es un amor que a menudo duele.

Porque, vivir con otra persona, vivir en familia, lo mismo que vivir en comunidad, implica muchas veces que a uno le toca sacar las reservas.

Por poner el caso, cuando una religiosa es enviada a una tarea, a una misión, o a un lugar que no le gusta, y ella se ve confrontada con la realidad: "O entro en rebeldía, o si no, obedezco", ahí tiene que sacar de su reserva más profunda de fe y decir: "Entonces, morderé el freno y voy a aceptar esto".

Mas, para ello, ha tenido que pasar por una especie de dolor, por una renuncia. Si el amor no pasa por la renuncia, si el amor no pasa por el dolor, si el amor no incluye algún género de verdadera y genuina pérdida, nunca es amor sino que sigue siendo cortesía.

Pero, resulta que es muy difícil vivir en una comunidad religiosa de visita. Eso no se puede. Uno no puede estar de visita en la comunidad. Al poco tiempo descubre que le toca sacar la reserva.

Y en ese sentido pasa lo mismo en la vida de familia. También ahí resulta que toca sacar la reserva. Casarse, -éso por supuesto lo saben mucho mejor los casados-, es sacar la reserva. Uno no está de visita; ahí no es ser cortés, ahí no es tratar de quedar bien.

No se puede quedar bien con la persona con la que se vive todo el tiempo. Tarde o temprano los defectos aparecen, las decepciones aparecen y la persona, cualquier persona, todas las personas casadas, tienen que hacerse una pregunta: "¿Sigo o no sigo? ¿Me decepciona? ¿No me gusta? ¿No era lo que yo pensaba? ¿Aquí qué se hace en este caso?"

Y probablemente, si el amor es profundo, sobre todo si tiene una base en Dios, entonces se renueva y dice: "Está bien, de acuerdo, sigo. ¡Está bien, de acuerdo, sigo!" Esa frase, repetida muchas veces, produce el milagro del verdadero amor. Es el amor que verdaderamente mira a la otra persona y no se mira a sí mismo.

Suelo decir en algunas predicaciones, sobre todo con jóvenes, que existe el peligro, en el amor existe el peligro de que uno no esté amando a la persona, sino que uno se esté amando a través de la persona.

Casi siempre, al comienzo de una relación afectiva, en una relación romántica, se empieza por ahí: "Me estoy amando a través de mi pareja". Pero, la vida está diseñada de tal manera, que después de unos años, ese esquema no funciona.

Porque, cuando cada uno está tratando de amarse a través del otro, entonces no hay quién defienda verdaderamente la pareja cuando llegan los momentos difíciles.

Y es aquí donde la primera lectura nos orienta. La primera lectura lo que hace, básicamente, es contarnos que el gran modelo del amor es lo que hizo Papá Dios dándonos a su Hijo, Jesucristo. Es decir, también Dios sacó de su reserva.

Un gran Santo, Juan de la Cruz, decía: "Dios nos dio todo y nos dijo todo en Cristo". Y tiene esta frase que es absolutamente original y muy bella: "Después de darnos a Cristo, Dios se quedó mudo". Ya no tiene nada más que decir, porque en Cristo nos dio todo.

Esa cruz que utilizamos siempre para celebrar la Eucaristía, esa cruz que está en todas las misiones, esa cruz que preside nuestras iglesias y en muchas casas está, lo que recuerda es éso. La cruz lo que recuerda es que hasta aquí, hasta este extremo, hasta el extremo de la donación, así nos amó Dios.

Según la primera Carta de Juan, ése es el modelo del amor: "El amor consiste, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a su Hijo, entregó a su Hijo" 1 Juan 4,10.

Pidamos al Señor que mejore la calidad de nuestro amor. El mundo, tal como lo conocemos, está viviendo una crisis a muchos niveles, entre otros, el nivel de pareja, el nivel de familia.

Hay grandes dificultades en muchas partes, y si uno se pregunta de dónde vienen esas dificultades, son dificultades finalmente en el amar.

No se puede perseverar nada en serio en la vida sin un amor muy grande. Y el amor sólo será muy grande, cuando es, como dijo la Madre Teresa, hasta el extremo, hasta el punto en que duele. Si no se llega a ese punto, tal vez no se ha empezado a amar.

Que Dios nos regale el don de su Espíritu Santo a los aquí presentes, para que mejoremos la calidad de nuestro amor. Que bendiga el amor de Chicho y mamá, quienes indudablemente han tenido que decir muchas veces: "Está bien, de acuerdo, sigo".

Ahora van a decirlo una vez más, ahora van a renovar su consentimiento matrimonial. Y al escucharlos a ellos decirse una vez más: "Sí, te amo, y sí quiero permanecer contigo", ya sabemos de qué estamos hablando. Estamos hablando del amor que permanece y que tiene una base firme en Dios.