Nde2003a

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Fecha: 20020108

Título: La multiplicacion de los panes, hermosisisma epifania del amor de Cristo

Original en audio: 33 min. 18 seg.


Este es uno de los pasajes más conocidos del Evangelio, creo que todo el que conozca un poquito de nuestra religión cristiana, conoce la parábola del sembrador, conoce que Cristo nació en un pesebre, conoce que murió en una cruz y conoce la multiplicación de los panes. De manera que es un milagro súper conocido.

Pero ese milagro aparece contado en los distintos Evangelios, es uno de los pocos milagros que está en los cuatro Evangelios, no son muchos los milagros que están en todos los Evangelios. Incluso uno tan notable como la resurrección de Lázaro no está en todos sino únicamente en el Evangelio según San Juan.

En este caso, tenemos al Evangelista Marcos presentándonos el milagro de esta multiplicación, y nos hacemos dos peguntas.

La primera es si se podrá decir algo nuevo sobre la multiplicación de los panes, después de tantos siglos, después de tantos años de vida, especialmente de algunos de ustedes, uno pregunta: "¿Será que se puede decir algo nuevo sobre la multiplicación de los panes?"

En segundo lugar, nos preguntamos: "¿Por qué aparece este pasaje aquí?. Estamos en los días entre la Epifanía y el Bautismo del Señor, y uno dice: "¿Qué hace la multiplicación de los panes acá?" Empecemos por la segunda pregunta, porque siempre es bueno hacerse esta pregunta: "¿Por qué aparece esta lectura aquí?"

Yo he visto, que cuando uno sabe porqué se está leyendo lo que se está leyendo, uno oye con más provecho. En cambio, cuando uno no le ve ninguna secuencia a las lecturas, entra a la iglesia y más o menos siente que siempre les están leyendo lo mismo, y siempre están diciendo más o menos lo mismo, y uno sale siempre lo mismo, Y así se saca poco provecho.

Es mejor estar atentos y saber, por ejemplo, que durante el tiempo de la Navidad, la primera lectura siempre va por el lado de la Primera Carta de Juan, como hemos predicado varias veces en estos días.

Eso es ilustrativo, y seguramente un corazón que sea fervoroso va a una Biblia y busca una introducción a la Primera Carta de Juan, porque la lógica dice: “Si éste va a ser el texto que nos va a acompañar durante la primera lectura, por algo será”.

“Voy a ver qué es lo que tiene la Primera Carta de Juan”, y así uno le saca más provecho, uno está más atento a qué es lo que se va a leer, qué es lo que se va a decir. Eso es especialmente necesario porque no siempre contamos con buenas predicaciones, ni siempre nos llegan igual las palabras de los predicadores, ni siempre hay predicación.

Entonces uno tiene que ayudarse y tiene que saber que, haya o no haya buena predicación, pues tratar de alimentarse de la mejor manera con lo que la Iglesia ofrece.

Terminada esa propaganda, volvamos a nuestra pregunta: ¿por qué se oye la multiplicación de los panes? Tratemos de obrar con inteligencia y de obrra con tiempo, porque tiempo tenemos.

Miremos por ejemplo, a ver, estamos en el martes después de Epifanía y oímos del evangelio de Marcos, capítulo seis; ayer, pues era lunes después de Epifanía y oímos a Mateo, capítulo cuarto.

Mañana, miércoles, vamos a oir a Marcos en la continuación del Evangelio de la multiplicación de los panes, mañana nos corresponde ese pasaje en el que Jesús camina sobre el agua y todo aquello; y luego en el Jueves, Lucas, dice uno: "¿Pero qué lógica tiene esto?"

En Lucas aparece el pasaje aquel de que “el Espíritu del Señor está sobre mí” San Lucas 4,18, uno se pregunta: "¿Pero de dónde sacan estas lecturas?

¿Será que por allá unos viejitos desocupados en el Vaticano dijeron: “Bueno y ahora ¿qué hacemos? Nos hacen falta las lecturas entre la Epifanía y el Bautismo, ¿qué le ponemos a la gente ahí? A ver, pongamos, ¿que? A ver, pongamos la multiplicación de los panes, ¿qué más ponemos? Pongamos alguna otra cosa, a ver, ¿qué? Lo de la sinagoga de Nazaret”.

¿Están rellenándonos unos días mientras llega el bautismo del Señor, con el que termina el tiempo de Navidad y luego empieza el tiempo Ordinario que ya va como más organizadito, como más ordenado? Debe haber una explicación mejor. ¿Por qué la multiplicación de los panes aquí?

Además este pasaje está tomado del evangelio de Marcos, y como ustedes seguramente saben, el evangelio de Marcos es leído y predicado casi, casi completico durante el año, precisamente en el tiempo Ordinario.

Ahora que empieza el tiempo Ordinario, eso es ya la semana entrante, pues empezaremos a escuchar en orden el evangelio de Marcos. Y si vamos en orden, pues vamos a llegar, seguramente, al capítulo sexto y vamos a oír la multiplicación. ¿Por qué esta multiplicación aquí?

Si nos nosotros nos damos cuenta, realmente lo que hay durante esta semana es como una especie de Octava. Sabemos que existe la Octava de Pascua, sabemos que existe la Octava de Navidad, pero resulta que la fiesta de Epifanía es importantísima, tanto, que en las iglesias orientales se celebra con más solemnidad, diríamos, con más esplendor, con más fuerza la Epifanía que la misma Navidad.

La Epifanía es una fiesta muy grande porque se está celebrando en ella, esa Providencia amorosa, esa sabiduría bondadosa de Dios que encontró la manera de mostrarse a nosotros; de la despensa infinita de su amor, de su gracia y de su poder, Dios encontró el modo de irnos dando a escala nuestra, que somos pequeños, irnos dando sus tesoros, sus bondades, su amor, su gracia.

La Epifanía no es para los orientales, ni tiene que ser para nosotros solamente una anécdota: que llegaron allá unos reyes magos, que ni eran reyes, ni eran magos, unos sabios de Oriente, seguramente unos astrólogos, llegaron allá al pesebre y miraron allá cómo estaba todo, que estaba un poco desordenado, porque habían tenido mucho corre-corre en esos días, y allá le regalaron oro, incienso y mirra, y se fueron, y pasó la anécdota.

Es mucho más grande, la fiesta de la Epifanía es la fiesta de la Providencia amorosa, de la sabiduría bondadosa de Dios, que encontró modo de darnos su infinito en nuestra finitud, darnos su grandeza en nuestra pequeñez, darnos su poder en nuestra debilidad, sin aplastarnos, sin humillarnos, sin destruirnos.

Ese es el contenido de la Epifanía según estas Iglesias Orientales, y eso es lo que nosotros también debiéramos celebrar.

Por eso, así como la Navidad tiene una Octava, que va hasta el primero de enero, así también la Epifanía, hasta cierto punto, tiene su Octava. Claro que no se le llama de esa manera, pero en lo que estamos nosotros, en estos días precedentes al bautismo del Señor, realmente en lo que estamos es como en una Octava de la Epifanía.

Y se nota ahora mucho más, porque estamos celebrando, -por lo menos en Colombia y en otros países es así-, estamos celebrandola Epifanía en domingo. De manera que entre el domingo de la Epifanía y el domingo del Bautismo, casi siempre se alcanza a completar esa semana, queda precisamente una Octava.

¿Y qué es una Octava? Una Octava, la de Pascua, la de Navidad, y esta que es una semi-Octava, es el despliega de la riqueza interior de una celebración que no cabe en las lecturas, ni en las predicaciones de un solo día.

Como la Pascua, que desde luego es la principal de todas las Octavas, la Pascua es la gran celebración y no cabe en las lecturas de un sólo día, no cabe en las predicaciones de un `´olo día, no cabe en la alegría de un sólo día, y por eso se desborda hacia los otros días.

Pues así también, la Epifanía es una fiesta muy grande, cuando uno se da cuenta de que no es la anécdota de tres señores, o cinco, los que hubieran sido, que llegaron en unos dromedarios, o camellos, lo que hubiera sido, no es una anécdota, sino es la grandeza de la Providencia de Dios que encontró un camino sabio para darnos su amor y para darnos su poder.

Cuando uno descubre que la Epifanía es esa celebración tan grande, uno descubre también que hay una Octava de la Epifanía, y en esa Octava, de alguna manera es en la que estamos.

Y por eso, ¿qué son los Evangelios de estos días? Los Evangelios de estos días son hechos reveladores, hechos maravillosos, reveladores, en los que de modo particular se muestra la riqueza interior del misterio de Cristo como salvación, como luz del mundo, como gracia para todos los pueblos.

De manera que los Evangelios de estos días no son Evangelios que escogieron unos viejitos en el Vaticano, diciendo: “Rellenemos estas fechas para que la gente no se quede sin Misa, pobre gente”; sino son Evangelios cuidadosamente escogidos, para que nosotros descubramos las luces más intensas y más hermosas del misterio de Cristo.

Es decir, son momentos estelares, momnetos seleccionados, momentos preciosos de la vida de Cristo, en los que brilla de manera especial, quien es Él y qué ha venido a traernos.

Esa es la aplicación de porqué encontramos que hay un evangelio de Mateo, otro de Marcos, otra vez Marcos, después Lucas. ¿Por qué esos saltos? Porque se han seleccionado pasajes en los que Jesucristo brilla de modo especial, en los que aparece la gloria de Jesucristo.

En los que nos sentimos inundados de la luz de Jesucristo. Podemos decir que son algunos de los pasajes más admirables de la vida de Jesucristo; ¡nos parece admirable el Señor Jesús en esos pasajes!

Y eso es lo que encontramos en el evangelio de hoy, por eso nos han presentado aquí la multiplicación de los panes. Porque es uno de esos pasajes en donde es más fácil enamorarse de la luz de Cristo, quedarnos mirando a Cristo y adorarle y decirle: ¡Uy, tú eres mi héroe, uuuy, es muy grande lo que has hecho, qué cosa tan bella, qué lindo, qué grande lo que has hecho! Son pasajes para mostrarnos la luz de Jesús.

Son trozos del Evangelio que son como otras epifanías. Es eso lo que pasa, son otras epifanías, eso es lo que estamos viendo, Jesús brillante, jesús esplendoroso, Jesús robándose nuestra admiración y nuestro amor y haciéndonos sentir el tamaño de su poder y de su Providencia.

Hemos dicho que en la fiesta de la Epifanía no estamos recordando solamente una anécdota de unos señores que llegaron, estamos celebrando cómo la grandeza se muestra en nuestra pequeñez, pero dilata nuestra pequeñez, hace brillar nuestra pequeñez, hace que en nuestra pequeña historia, en nuestra vida pequeñita, aparezca algo grande.

Y eso es lo que tienen de particular estos pasajes, que en cosas muy pequeñas, en cosas muy sencillas, aparece una grandeza, aparece un esplendor maravilloso. Eso es lo que trae la multiplicación de los panes en el día de hoy, y por eso nosotros nos hemos asomado a este milagro para admirar a Jesucristo: ¿Qué milagro tan maravilloso!

Bueno, pero nos queda la otra pregunta: "¿Y ahora qué se dice de nuevo de la multiplicación de los panes? Pues sí, es un milagro esplendoroso, maravilloso".

A mí me gusta esta versión de Marcos. Yo les sugiero, a ustedes que son gente contemplativa, porque eso es propio de nuestro carisma, que para meditar con más provecho en la Palabra de Dios, utilicen una herramienta, un recurso, que yo lo recomiendo por todas partes, y consiste en esto: cuando se trata de la Biblia, usted nunca se quede con la idea general.

Muchas veces es en los detalles en donde están las más hermosas revelaciones. Si uno oye este pasaje, yo me pongo en la situación de ustedes, ¿no? Bueno, esta uno sentado, asistiendo a la Misa y empieza el Evangelio: “Jesús vio que estaban extenuados y que no se qué”, y entonces uno dice: “Ah, ya va a comenzar la multiplicación de los panes”.

¿Qué pasa cuando uno dice: "Ya va a empezar la multiplicacción de los panes"? ¡Que uno hasta ahí oyó! Ya no oyó más, “Ah, sí, la multiplicación de los panes, ya esa me la sé, ya esa me la sé".

Y claro, sobre todo si uno está en unos días así de reflexión, de retiro, pues uno va tomando una actitud así como un poco perezosa, entonces uno se acomoda, se cruza de brazos y uno dice: “Bueno, ya esa, sí, la multiplicación de los panes, un milagro ahí que hizo Jesús, ese ya me lo conozco”, y uno hasta ahí oye. ¡Error fatal!

Así nunca seremos contemplativos. Una alma que esté enamorada de Jesucristo obra de otra manera, un alma que está enamorada de Jesucristo dice: “Atención, aquí voy a llegar a un momento central de este día, Jesús tiene un mensaje para mí. Algo me quiere dar mi amado, en este momento, en este día y ente este lugar”.

Entonces vamos atendiendo a los detalles: "A ver, ¿qué es lo que el Señor, mi Señor, me quiere decir hoy?" Por eso no es buena idea ponerle así títulos a las lecturas mientras uno las va oyendo, porque otro día: “Ah, sí, el hijo prodigo, también me la sé".

"La pesca milagrosa, uy, esa ya me la sé, ¡la he oído...!, ¡ya me la sé! La pecadora arrepentida, también me la sé” Lo grave de esa manera es que entonces no oímos, y ese es un pecado que cometemos con facilidad sacerdotes religiosos, religiosas, ¿por qué? eso: "Porque como ya me la sé, ya esaesa ya la oí”, entonces ya no oigo.

Por ejemplo, en esta lectura del día del hoy aparece, mire, un detalle que de pronto no lo hayamos notado. Vamos a ver qué eran lo que decían los discípulos y vamos a ver qué era lo que les iba respondiendo Jesús, para ver qué sería lo que le preocupaba a los discípulos, y qué era lo que le preocupaba a Jesús.

Le apuesto a que si leemos este pasaje, que es tan conocido, desde esa óptica, de pronto aparece una cosa nueva.

Viene aquí y dice de la siguiente manera: “Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor” Marcos 6,34. Le dio lástima. Los discípulos dicen: “Estamos en despoblado, despídelos. Que vayan y se compren de comer” Marcos 6,36.

Bueno, vamos a ver si los discípulos tienen el mismo sentimiento de Jesús. Jesús tiene lástima, tiene compasión. ¡Esta gente qué dice?: "Ya es tarde, estamos en despoblado" Marcos 6,35, y sobretodo, "lo que tenemos no alcanza" Marcos 6,36, sobretodo eso.

La actitud de ellos es: “Mira, Jesús, que ellos vayan y resuelvan su problema. "Estamos en despoblado” Marcos 6,35, ¿lo dicen porque se compadecieron de la gente? No. "Ya es muy tarde" Marcos 6,35, ¿lo dicen porque se compadecieran de la gente? No.

El problema de ellos es: "La gente tendrá que comprar, es importante que vayan y compren" Marcos 6,36. Fíjense cómo esta descripción de Marcos es interesante.

Estamos, por una parte, con el corazón compasivo de Cristo, y por otra parte, con el corazón práctico de los discípulos, que dicen: "Bueno, ¿aquí qué vamos a hacer con toda esta gente?" La gente, para Jesús, es objeto de misericordia; la gente, para los discípulos, es un problema. Son dos miradas totalmente distintas.

Los discípulos miran a la multitud como un problema que toca resolver; Jesús mira a la multitud como una cantidad, un conjunto, una familia de necesitados. Miremos a ver si nuestra interpretación es correcta.

El les replicó: “Dadles vosotros de comer” Marcos 6,37. Ahí está el punto, esa es la frase que dispara el problema. Respuesta de ellos: "¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan?" Marcos 6,37.

Los discípulos están mirando a sí mismos, a su cansancio, a lo que tenían guardado para su comidita.

Bueno, los panes de esa época no eran como los de ahora, por ejemplo, los del desayuno, no. Eran unos panes grandes, con todo el salvado, con toda la sustancia. Una persona podía sobrevivir un día con un pan de esos.

Es que era un pan, lo que se llama pan, era un pan tremendo, no como esos panes que ahora nos venden, e sono porque sea aquí, eso es en todas partes; eos panes que ahora nos venden son un símbolo, hay que ponerles un letrero que diga: “Esto es pan”.

El pan de allá era un pan grande, entonces, si tenían cinco panes, y el grupito de los discípulos era de doce o trece personas, pues con medio pan de esos, o un poco menos de medio, se solucionaba la comida. Y que haya algo de sal, con algún pescadito por ahí, quedaba una comida decente.

Pero Jesús les dice: “Dadles vosotros de comer” Marcos 6,37. Ellos no piensan en sus reservas, ellos piensan ahora en el nuevo trabajo que les toca: ¡Ah, caray, entonces toca ir allá a ver si se consigue, y tráigale pan a toda esta gente! !Ah, esas ocurrencias de este Señor!" Ellos están mirando su problema, su cansancio, sus provisiones.

Y les dice Jesús, como no le entendieron, “dadles vosotros de comer” Marcos 6,37, entonces les dice: "¿Cuántos panes tenéis?" Marcos 6,38.

Fíjate como Jesús los va arrinconando, ¿no? El papel de Jesús es: "¡Saque lo suyo, dé de lo suyo!" Entonces ya cuando se les entró al rancho , como dicen en mi país, cunado se les entró al rancho ya los arrinconó, ya no tenían para dónde coger, entonces dijeron: “Cinco y dos peces” Marcos 6,38.

Pero Jesús, -aquí viene una cosa maravillosa-, Jesús no sólo se compadece de las multitudes, también se compadece de los discípulos. Si no hubiera sido Jesús, sino que hubiera sido Fray Nelson, les hubiera pegado una vaciada: "¡Qué bonito!, ¿no? Pancito escondido ahí, ¡creen que uno nació ayer!"

Pero Jesús se compadece de los discípulos, es decir, Jesús también entiende, eso también es muy hermoso, Jesús también entiende el cansancio de ellos, entiende el hambre de ellos, entiende que están de multitudes, y de chinitos orinados, y de mujeres, y hombres, y de olores, ¡están hasta aquí!

Jesús entiende que están saturados, que ya no pueden más, y les da un regaño de amor, un regaño colmado de amor.

La multiplicación de los panes, evidentemente es una denuncia al egoísmo de ellos, es una denuncia a la mezquindad de ellos, es una denuncia a la falta de amor de ellos, pero es una denuncia hecha con la máxima caridad.

Realmente, Jesús lo que les está diciendo es: "¿Ve que sí se podía?" Pero no los está humillando, no los está arrastrando, no los está destruyendo; también a ellos les da amor.

Y hay una cosa muy linda, al final dice “Partió los panes y se los dio a los discípulos y los discípulos se los dieron a la gente” Marcos 6,40. Es decir, convirtió a esos discípulos, que eran pozos de egoísmo, los convirtió en gente capaz de repartir el milagro de la generosidad.

Yo me imagino esos discípulos llevando esos panes, y sintiéndose regañados con toda la ternura, y sintiéndose corregidos con todo el amor: "¡Entonces sí se podía! Sí se podía, ¿cierto?" Y van llevando esos panes y van entendiendo la lección.

De manera que en este evangelio aparece el amor de Jesucristo. Es que no es solamente, ni es principalmente el poder, no estamos ante un mago. Bueno, por ahí resultaron unos teólogos diciendo que no había habido multiplicación sino que era que la gente había comenzado a compartir y no sé que más cosas.

Ustedes no crean esa interpretación, yo creo que el milagro lo hubo, no vamos a entrar aquí a discutir el asunto, pero yo creo que el milagro lo hubo.

Además, no es difícil que suceda en un milagro de esos, milagros de esos ha habido muchas veces en la historia, yo no creo que sea difícil. No hay que empezar a ver si le disminuimos los milagros al Evangelio y lo vendemos más barato.

No hay necesidad de hacer eso, el milagro lo hubo. Pero lo importante no es el hecho físico: "¡Uy este tipo, no, imagínese, conseguir un señor de esos para la despensa, ya no hay que hacer más milagros, listo: "-Jesús, se acabó la papaya", "-listo"; "Jesús, es que no nos queda sino este poquito de azúcar", "-listo".

¡No es un mago! Si nosotros miramos al Corazón compasivo de Cristo, compasivo para la multitud, y compasivo para con la gente, descubrimos el verdadero resplandor de este milagro.

No es un milagro para que al final digamos: "A ver, ¿cómo le quedó el ojo? Sí vio lo que hice, no?" No. No es un milagro para aplastarnos, es un milagro, no para aturdirnos, es un milagro más bien para que nosotros miremos el Corazón amoroso de Cristo.

Como nosotros mismos tenemos un encargo de evangelización en la Iglesia, este milagro nos dice mucho.

Toda persona que está en el seguimiento de Cristo, todo consagrado y toda consagrada pasa por un momento como el de los discípulos. Cuando nosotros nos entregamos al servicio del Señor, le damos muchas cosas, pero parece que Jesús nunca se saciara, nunca se contentara. Siempre está mirando: "¿Y usted qué es lo que lleva en esa bolsa? ¿Qué es lo que todavía no ha dado?"

Y nosotros los consagrados obramos como los discípulos. Los discípulos no empezaron por decir: “Mira, como nosotros tenemos unos panes escondidos, entonces, hazme el favor de resolver el problema de aquella gente para que yo me pueda comer lo mío tranquilo”.

Nosotros, como los discípulos, somos gente disimulada, queremos hablarle a Jesús y queremos quedar bien con Jesús. Los discípulos obraron de manera que querían quedar bien con Él.

Quien lee la frase de los discípulos dice: “Oiga, qué gente tan considerada, ¿no?" “Estamos en despoblado, ya es muy tarde; mira, mejor despídelos, que vayan a las aldeas” Marcos 6,35-36. Hasta allí podía parecer caridad.

Pero lo que le despertó la alarma a Jesucristo, fue que dijeron: “Que vayan y se compren" Marcos 6,36, "¡y se compren ellos! ¡Que les cueste como a nosotros nos costó también!"

Cuando Jesús oyó esta frase: "Y se compren" Marcos 6,36, dijo: “Ajá, esta gente tiene aquí un escondido”.

Y eso es lo que nos pasa a nosotros, todo sacerdote, o casi todo sacerdote ha vivido esa experiencia, o de pronto la está viviendo: una bolsita secreta, por allá, "donde está lo mío, lo mío". El poquito de amor que no doy con nadie, el poquito de alegría que no reparto, "¡al fin y al cabo yo tengo mis derechos también,ah, pero es que yo también soy humano!"

Y uno tiene la bolsa secreta, la bolsa por allá secreta, con los panes secretos y los peces secretos, y uno también es así, diplomático como los discípulos, y dice: “Mira, Señor, a mí me parece que lo mejor es que le hagamos el bien a toda esa gente, de manera que ellos se resuelvan la vida como puedan”.

Y claro, Jesús, con esos ojos penetrantes, -es que aquí lo admirable son los ojos de Cristo, ¡no? Cómo penetran hasta el corazón-, ahí sí parece verdad un Superman con rayos X, hasta que vio los panes allá escondidos.

Así Jesús llega a nosotros, hasta que mira: "-Ajá, entonces tu donación no es total", "-pues no, la verdad, no". Entonces Jesús dice: "Es que te hace falta que yo te bendiga; tú solo no puedes dar la donación total. Es la fuerza de mi bendición la que hace que el corazón humano se pueda abrir y entregar su último resto".

¡Eso no lo puede uno por las propias fuerzas! Uno por las propias fuerzas siempre se estará reservando: “Bueno, aquí está mi grupito secreto de mis amiguitas, que son mi pequeño santuario de amigas que tengo aquí.

"Y Tengo mis amiguitas secretas, tengo mis amigos, tengo mis cositas, mis proyectos secretos, ahí yo los voy tejiendo poco a poco". Y llega Jesús, y jesús dice: “Bueno, preste para acá”, pero Jesús no es cruel. Jesús, que se compadece del pueblo, se compadece también de nosotros, y Jesús no nos va a tratar mal.

¿Cómo fue la frase que utilizó? Dijo aquí: “El les mandó que hicieran recostarse a la gente, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo" Marcos 6,39-41.

¿Por qué alzaría la mirada al cielo? Tal vez para hacer una oración y darle gracias al Padre Celestial, o tal vez para no mirar a estos pobres que estaban rojos como tomates, de ver que habían quedado desnudos ante Él.

Tal vez Jesús alzó la mirada al cielo por las dos razones, para no avergonzarlos a ellos y para decir la oración_ “Pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos” Marcos 6,41.

De manera que los discípulos perdieron los panes, pero sólo por un momento, mientras Cristo los bendecía, y de inmediato se los devolvió ya bendecidos y multiplicados. O sea que les hizo pasar por la experiencia de darlo todo, pero también les dio la experiencia de multiplicar sus bienes.

Bueno, alabemos al Señor Jesucristo, que me parece que es admirable en ese Corazón, en esa delicadeza, en esa mirada, en esa oración, en ese modo de comprender a todos, desde el niñito orinado hasta el discípulo avergonzado. Entender a todos, comprender la miseria de todos y convertirse en bendición para todos.

¡Qué hermoso que esta lectura esté en estos días!, porque si la miramos así, yo creo que esta lectura es una hermosísima Epifanía del amor de Cristo.