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Fecha: 20021225

Título: Un acrostico con la palabra "Navidad"

Original en audio: 30 min. 27 seg.


El misterio de la Navidad, queridos hermanos, es un misterio de amor. Y hoy vamos a utilizar una estrategia que usan los que se aman, se dedican poesías, palabras, canciones, y también unas composiciones muy bonitas que se llaman acrósticos.

Vamos a hacer un acróstico con la palabra Navidad, con la esperanza de que queden grabados en nuestro corazón cada uno de esos puntos, cada una de esas letras. Navidad, siete letras, site letras que se nos van a volver siete palabras, y espero que cada palabra, un manantial de vida.

Empezamos con la letra "N", la letra "N", porque le estamos haciendo un acróstico al Niño Jesús. La letra "N" es la letra de nacimiento, estamos celebrando el nacimiento de Jesús.

Isaías nos ha dicho: "Un niño se nos ha dado" Isaías 9,5. un niño parece pequeño, pero la fuerza de Dios, la fuerza de la vida, la fuerza del futuro está en los niños, por eso la televisión tiene grande interés en que los niños tomen ciertos sentimientos y ciertos hábitos: que sean distraídos, crueles, consumistas, egoístas, violentos.

Gran parte de la televisión gasta sus fuerzas en formar el alma de los niños, porque el que se apodere de los niños se apodera del mundo.

Todos fuimos niños, y los que van a regir al mundo, o van a ser niños o son hoy niños y están por aquí. Por eso los enemigos de Dios siempre han querido acabar con los niños, por ejemplo, el Faraón quiso acabar con los niños, "si el que nace es un varón, lo matan" Exodo 1,16, ordenó el Faraón.

Y también hoy, las políticas de préstamos internacionales van en la misma línea: "Si ese país no baja la tasa de natalidad, no le prestamos dinero". Bajar la tasa de natalidad significa multiplicar anticonceptivos y abortos.

Los niños parecen indefensos, pero los niños son la gran fuerza de Dios, y los niños son los grandes enemigos del demonio. El diablo atacó a la mujer, en el Génesis, para acabar con la fuente de la vida, para dañar en su raíz toda la vida humana. De modo que cada nacimiento es un triunfo sobre la nada.

Un padre filósofo lo explicaba de esta manera: "Dios es el Creador, cada obra que Dios crea es una proclamación de su gloria y es una expresión de su ser". Cada niño nos cuenta algo sobre Dios que nadie más nos lo podía contar.

Por eso cada niño abortado, cada niño muerto de hambre, cada niño destrozado es una sílaba de Dios que hemos perdido; en cambio, cada niño nacido, cada niño que crece como Jesús en edad, sabiduría y gracia es una palabra, es una poesía, es una canción de Dios.

Mucho más si ese niño tiene estos nombres tan hermosos que nos ha dicho Isaías, mira cómo se llama el Niño de hoy: "Maravilla de Consejero", "Dios Guerrero", "Padre Perpetuo", "Príncipe de la Paz" Isaías 9,5. Amén. ¡Ese es Jesús! ¡Ese es el Niño que ha nacido!

¡Navidad es nacimiento, y nacimiento significa victoria de Dios! ¡Con cuánto resquemor mira el demonio cada nuevo embarazo, por eso intenta acabarlo a como de lugar! ¡Con cuánto odio mira a cada creatura que se gesta en un vientre! ¡Por eso cada nacimiento, por el sólo hecho de ser nacimiento, por el sólo hecho de ver la luz del día, es un triunfo de Dios, mucho más si ese Niño es el Hijo del Altísimo! Esa es la letra "N", la "N" de Navidad.

Ahora vamos con la primera "A", estamos haciendo un acróstico, la primera "A" es la palabra amor. La Navidad, ya lo dijimos al principio, es un misterio y es una fiesta de amor, el amor es el gran motor, el amor es la gran fuerza; pero el amor tiene muchos rostros, a veces llamamos amor al deseo de satisfacernos nosotros, sin embargo Dios no piensa así.

Santo Tomas de Aquino nos explica en qué consiste el amor: "el amor que merece ese nombre es el que busca el bien de los amados".

Y por cierto, esta es la dificultad que viven las parejas, esta es la dificultad que experimenta la familia hoy: dicen que se casaron enamorados, pero no se casaron enamorados, se casaron deseándose, que es distinto, o tal vez sí se casaron enamorados, pero cada uno estaba enamorado de sí mismo.

¿Cuál es la dificultad del matrimonio? Según he podido ver, la dificultad es pasar del amor que se satisface a sí mismo, al amor que se entrega, esa es toda la dificultad.

"Tan linda esa mujer, quisiera casarme con ella", ¿y si esa mujer tiene un accidente y queda paralítica? "Entonces quisiera divorciarme de ella" Entonces no digas que la quieres, di que la deseas, no digas que la quieres, no digas que la amas, ¡respeta la palabra amor!

Por eso es tan bella la Santa Iglesia Católica, y Dios la defenderá hasta el último día, porque la Iglesia Católica toma en serio la palabra amor. Cuando se trata de los niños, de la familia, de la pareja o de las vocaciones, la Iglesia toma en serio la palabra amor, es una palabra sacrosanta, el amor no se trata de cualquier manera.

No se puede maltratar la palabra amor sin herir el corazón de Dios. Y la Navidad está aquí para contarnos, para empezar a contarnos cómo es el amor: el amor es buscar el bien de los otros.

¿Por qué está Jesús en el pesebre? Porque está buscando mi bien, ¿por qué Jesús vive pobre y olvidado en Nazaret? Porque está buscando mi bien, ¿por qué Jesús pasa los días predicando y las noches orando? Porque está buscando mi bien, ¿por qué Jesús hace tantos milagros? Porque está buscando mi bien, ¿y por qué Jesús se sube a la Cruz? Porque está buscando mi bien.

En la Navidad la palabra amor recupera su sentido si miramos a Jesús, esa la letra "A", la primera "A".

Seguimos nuestro acróstico de amor para Jesús en este día. Vamos ahora con la letra "V", y desde luego la "V" nos habla de la vida, la Navidad es la fiesta de la vida, respira vida, transpira vida la Navidad.

En la Navidad todo renace, en la Navidad todo vuelve a empezar; "en Jesucristo, -nos dirá San Pablo-, el universo entero se recoge, se recapitula" Carta a los Efesios 1,10, un orden nuevo y maravilloso ha entrado a este mundo con el nacimiento de Jesucristo, ahora la vida es posible.

Me dicen que el Papa Juan Pablo II compuso una oración a Jesús embrión. Como tenemos a un profeta por Papa, pues podemos alegrarnos. A Jesús embrión, a Jesús feto, a Jesús recién nacido.

Jesús, el que trae un orden nuevo; Jesús, que viene a recorrer las etapas de la vida para reconstruir la vida; Jesús, que entonces viene a desarmar las mentiras, las mentiras de nuestra vida.

Voy a comentar tres mentiras de la vida. Será por impaciencias que a uno se le acumulan en el corazón. Por ejemplo, se supone que los niños deben ser superficiales, como estas niñas que aquí, que me tienen un poco impaciente porque conversan a todas horas, no saben la palabra que están perdiendo.

Se supone que los niños deben ser superficiales, deben ser egoístas, los niños son egoístas, son superficiales. Jesús viene a desarmar esa mentira, la infancia de Jesús viene a desarmar la mentira de que la infancia es para el egoísmo y la superficialidad.

Se supone que la juventud es para la vanidad, para el placer, para el el engaño; pero Jesús fue joven y Jesús destruye la mentira de que la juventud es para la vanidad, para el placer y para el engaño. Jesucristo joven me impide a mí decir que la juventud es para eso.

Las disculpas de mi vida se destruyen en Jesús que recorrió las etapas de la vida humana; uno como nosotros, recorre toda nuestra vida y así reconstruye toda nuestra vida.

Se dice que los hombres tienen que ser violentos, se dice que los hombres tienen que ser mujeriegos y tienen que ser viciosos; pero Jesús, muy hombrecito Él, con su vida masculina desarma las mentiras de nosotros los hombres.

La pureza de Jesús le da una cachetada a nuestra manera de pensar sobre los hombres, y a nuestra manera de disculpar nuestros pecados masculinos.

En la Navidad viene una nueva vida que destruye las mentiras de la infancia, que destruye las mentiras de la juventud y que destruye las mentiras de la edad adulta. Pero sobre todo, según nos dice las Carta a los Hebreos, Jesucristo destruyó la gran mentira, la gran mentira sobre la muerte.

Porque la muerte que pende sobre nosotros como una espada amenazante, nos dice de día y de noche: "No vale la pena que seas generoso, todo se va a acabar, goza el momento presente, concéntrate en el hoy, no pienses en nada más, porque la muerte te amenaza".

Pero Jesús, con el cuerpo desnudo como nació, con la carne frágil, como en el pesebre, Jesús se lanza contra las entrañas de la muerte, y aunque despedazado, reposa en el sepulcro y del sepulcro sale vencedor. Jesús desarma con su vida la mentira de la muerte. Y toda esta historia de la vida empieza con la "V", esa es la "V", de Navidad.

La letra "I". La letra "I" es la letra de la invitación. La Navidad es una la invitación, somos invitados. La mansedumbre de Jesús hace que todos podamos acercarnos al pesebre. Una persona que vive en un gran palacio aleja a los pobres, aleja a los indigentes.

Tal vez hemos visto aquella película, bueno, un poco exagerada, un poco romántica, o lo que sea, pero tiene demasiada verdad: "Hermano Sol, Hermana Luna", la historia de San Francisco de Asís, un hombre apasionado por el misterio de Jesucristo, por la vida de Jesucristo.

La escena que a mí más me gusta de la película no es cuando Francisco canta a los pajaritos, a los árboles, a los arroyos, tampoco son los estigmas,´-cada persona tiene sus gustos-, la escena que a mí más me impresiona, es cuando Francisco, con sus pies descalzos, va entrando por los palacios del Vaticano para que lo reciba el Papa.

Y esos pisos finísimos, brillantes como que se resisten, o como que se avergüenzan de las plantas humildes del pobre de Asís.

Quién sabe que tendrá que hacer la Iglesia, no tengo ni idea, no tengo una respuesta, pero sólo se me quedó grabada esa escena.

El pesebre es otra historia, el Belén es otra historia. Al pesebre puede llegar cualquiera, hasta un burro, al pesebre pueden llegar ángeles, pastores, reyes, todos podemos llegar, todos somos invitados.

No hay nadie tan rico que no necesite de este pobre que hoy nace, no hay nadie tan pobre que sea avergonzado por el hijo del Altísimo, ¡bendito misterio de Belén que invita a todos!

En el Evangelio leímos esta frase: "Salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero" san Lucas 2,1, el emperador Augusto vivía en una casa, te imaginarás como era la casa del emperador en Roma.

El emperador Augusto quiere hacer un censo para ver con qué cuenta, si las cuentas le hubieran salido bien hubiera tenido que decir: "Bueno, cuento con tantos millones de ciudadanos romanos, cuento con tantos millones de súbditos y cuento con el Niño Dios que está ahí". Pero Augusto se murió sin enterarse de esto, por lo visto.

El pesebre es la gran invitación, hasta el emperador Augusto ha debido revisar sus papeles para saber que él también era invitado.

Qué frase tan cierta, pero qué pesar que fuera mentira lo que dijo Herodes a los Reyes Magos: "Vayan y averigüen dónde es, y luego cuéntenme, para ir también yo a adorarle" Mateo 2,8. Ojala hubiera sido cierto, pero ese zorro y papá de zorros, ese Herodes no sabía decir tres palabras sin decir cinco mentiras, y estaba engañando, lamenablemente.

Al pesebre somos invitados todos. Y es tan bonito pensar que lo más pobre de esta tierra que eran los pastores, se junta lo más alto del universo que son los ángeles, y juntos le cantan al Niño Dios.

El pesebre es el lugar de la gran invitación, junto al pesebre podemos aprender a ser hermanos, a descubrir cuál es la verdadera riqueza y cuál es la pobreza que no afrenta.

Llegamos a la primera "D", de Navidad, esa primera "D" es la "D" de de donación. Jesús llega como un regalo, un regalo a una pareja, que se llaman José y María, un regalo a esa nación que no le merecía, al pueblo de la Antigua Alianza, un regalo a la humanidad, un regalo a los pecadores.

Es verdad que no podemos sacar pedazos de los mármoles del Vaticano, pero hay algo mucho más valioso que podemos recibir. Jesús mismo sigue siendo regalo, cada Eucaristía es Jesús, el mismo del pesebre, el mismo de la cruz, el mismo de la Pascua entregado a nosotros, regalado a nosotros.

Cuando nos confesamos, por ejemplo, las palabras que nos dice el sacerdote: "Te absuelvo de tus pecados", ¡es la liberación más grande del mundo! ¡Y es así, es así, es regalo!

Hay una palabra en Teología y en Biblia para describir regalo y es la palabra "gracia", la Navidad es la epifanía, la manifestación de la gracia, como dijo la segunda lectura: "Ha aparecido la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres" Carta a Tito 2,11, dijo la Carta del Apóstol San Pablo a Tito.

Es un regalo, yo no sabía que tenía tanto a mi favor, yo no lo sabía. Nada puede sanar tanto el corazón humano, nada puede consolarnos tanto como saber que hay una donación.

Por el solo hecho de existir, por el solo hecho de pertenecer a la raza de Adán, por el solo hecho de ser persona humana, hay un cheque de fondos infinitos a tu favor, lo firma Jesucristo, te ama; por el solo hecho de existir, por el solo hecho de existir ya te ama, porque existes, llevas en ti la imagen de su Padre. Te ama. Navidad es donación.

Llegamos a la segunda "A", y es la "A" de la alegría. Alegría que es lo que se siente cuando llega un regalo, alegría que es fruto de la gracia, alegría se que siente en la victoria de este nacimiento sobre las fuerzas de la muerte, alegría que se siente de experimentarnos tan amados.

El Papa San León Magno, predicando allá en su basílica, no sé si ya existía Letrán en esa época, predicando en su iglesia en Roma, se esforzaba por decir a todos: "¡Que nadie se excluya de esta alegría, por favor!"

"El que esté en amistad con Dios, gócese abrasando y besando a Dios que se hizo carne por nosotros, el que esté en pecado, pues que se alegre también porque le llega el perdón", y repetía: "Nadie puede excluirse de esta alegría".

Hermanos, la alegría cristiana no es un sentimiento superficial, San Pablo dice en la Carta a los Filipenses: "Alegraos; os lo repito otra vez: alegraos" Filipenses 4,4, ¿por qué lo dice? ¿Para que tengamos buena cara? ¿Para que seamos presentables, corteses y muy urbanos?

Debe haber un motivo más profundo. La alegría de la que nos habla San Pablo y la alegría de la Navidad es algo más profundo.

Es la alegría que nos da la victoria y lo resumo de esta manera: es muy fácil arrastrar hacia el pecado a un corazón triste. Un corazón triste busca un aliciente, busca una esperanza, y es muy fácil convencer a una persona deprimida de que se emborrache, de que se drogue.

Pero cuando una persona tiene alegría es una persona indestructible, ¿cómo convencerás de pecado al que está alegre, al que se siente feliz? A ése es casi imposible hacerlo pecar, si su alegría está en Dios.

La alegría no es una decoración en la vida cristiana, es una condición indispensable para permanecer en la gracia.

Es lo mismo que sucede en un hogar. Si un hombre, por ejemplo, está aburrido con su esposa, estaremos de acuerdo en que es muchísimo más fácil que empiece a tener ojos para otras mujeres; pero si un hombre se siente feliz con su esposa, le parece la mujer más bella del mundo, la más cariñosa, la más amable, lo mejor que le ha llegado a su existencia, imagínate lo difíci que es hacer adulterar a un hombre así.

La Navidad es alegría, es esa alegría de sentirnos tan amados, que hace que se vuelva casi imposible el pecado, y es que así lo dice el apóstol San Juan en su Primera Carta: “El que nace de Dios, y de nacer viene "Natividad"-, el que nace de Dios no peca” 1 Juan 3,9.

El que vive en esta alegría no peca, el que conoce el gozo de Cristo no peca, no puede pecar, porque el demonio todos los pecados los provoca exhibiéndonos cosas apetitosas, en alguien será el dinero, en otros será el poder, en otro será el prestigio, en otro será el placer, pero el que ya está feliz, ¿qué puede hacer el demonio en el que ya se siente feliz?

Por eso dice Santa Catalina de Siena, que "aquellos que ya han encontrado su gozo en Cristo y en la Pascua de Cristo, ya no le tienen miedo al demonio, el demonio les tiene miedo a ellos!.

Y llegamos a la última "D" de nuestro acróstico, "Navidad". ¿Sí se acuerdan de todas las palabras? "Navidad". Tenemos que ver, al final de la Eucaristía, quién se acuerda de las siete palabras.

La última "D", de Navidad, es la "D" del diálogo. Jesucristo es la Palabra, es la Palabra que Dios nos da y es la Paalabra que nosotros le damos a Él, luego se puede decir que Jesucristo es el Diálogo.

En Jesucristo, nos recuerda San Juan de la Cruz, en Jesucristo Dios nos ha dicho todo, pero en Jesucristo también está todo lo que nosotros le podemos decir a Dios.

Por eso los santos se enamoran tanto de la Cruz de Cristo, porque la Cruz de Cristo es todo lo que Dios podía decirnos, pero el Hombre, Cristo crucificado, con esos ojos mirando al Papá, es también todo lo que nosotros le podemos decir a Dios.

La Navidad abre el gran diálogo, el diálogo cósmico, el diálogo universal, el diálogo en el que todo queda dicho y todo queda escuchado, y por eso la Navidad es también la fuerza para que empecemos nosotros a abrir nuestros diálogos.

Uno no puede conservar un enemigo cuando ambos necesitamos de Cristo, yo no puedo arrodillarme frente a Cristo, y ver a mi enemigo arrodillado frente a Cristo, y sentir que no tengo nada que decirle.

Claro que tengo algo que decirle a mi enemigo, lo que tengo que decirle es: "Cristo, Cristo ha derribado el muro del odio" Carta a los Efesios 2,14, nos dice San Pablo; Cristo ha derribado la muralla que separa los odios humanos.

frente a la humildad del pesebre, frente a la grandeza del amor divino, todos nuestros orgullos parecen tan tontos y todas nuestras guerras parecen tan tontas.

Dicen que se va a hacer una guerra, dicen que hay rumores de guerra, Dios quiera que no, y hay quién dice que la causa de la guerra es el petróleo, qué triste pelear por el petróleo, qué triste pelear por cultivos, por tierras, por monedas, o por petróleo.

Qué pequeñito se ve todo cuando pensamos en lo que llega en Navidad, cuando pensamos en el regalo que Dios nos ha dado en Navidad, y eso es lo que abre el diálogo.

Si tú estás aferrado a tu ídolo y yo estoy aferrado a mi ídolo, jamás podremos hablar; pero si tú sueltas tu ídolo y miras a Jesús y yo suelto mi ídolo y miro a Jesús, en Jesús podemos hablar, Jesús es el dialogo, Jesús rompe las barreras que separan a los seres humanos.

Navidad, un acróstico: Nacimiento, Amor, Vida, Invitación, Donación, Alegría, Diálogo. Llévate esas siete palabras, envuélvelas en tu corazón, arrópalas en tu alma, y quiera Dios que sean el mejor regalo de tu Navidad.

Porque Jesús, por ti y por mí, llegó hasta estas locuras de amor y de abajamiento, hasta el pesebre, hasta los cantos de los Ángeles, hasta las danzas y gozos de los pastores.

Sigamos nuestra celebración, y que no falte la alegría, que no falte el amor, y que no falten los cantos para el Niño que se nos ha dado, para el Rey que ha nacido.,.