Navm006a
Fecha: 20001225
Título: Descubrir en el Nino Jesus al Salvador, al Mesias, al Senor
Original en audio: 6 min. 39 seg.
Mis Amados Hermanos:
Como lo dicen tantos villancicos y como nos lo pide la Iglesia, hoy todos nos volvemos compañeros de camino de los pastores, de aquellos pastorcitos que estaban en tinieblas, pero que contemplaron una luz grandiosa, cumpliéndose a la letra aquello que había dicho Isaías.
Hoy todos nosotros en esta noche santa y bella, en esta noche repleta de paz y de gozo emprendemos camino y nos dirigimos al pesebre para encontrar al Niño envuelto en pañales, acostado.
Y por eso, porque estamos acompañando a los pastores, creemos que las palabras que el Ángel les dijo a ellos, también son una consigna, son un programa, son una enseñanza para nosotros.
Porque el Niño, envuelto en pañales y acostado en el pesebre es la señal. Pero lo que hay que encontrar, lo que Dios quiere manifestar a través de esta señal, es lo que nos dice San Pablo en ese texto maravillosamente significativo de la Carta a Tito: "ha aparecido la gracia de Dios" Carta a Tito 2,11.
Hay que mirar al Niño y descubrir la gracia. El Ángel, en su palabra a los pastores, les da como un programa: ese Niño envuelto en pañales y acostado en el pesebre es el Salvador, el Mesías, el Señor.
Estas tres palabras sirven para que nosotros, con ellas en mente, como seguramente hicieron los pastores, nos dirijamos al Niño y descubramos al Salvador, al Mesías, al Señor.
Descubrir al Salvador es descubrir la salvación y por lo tanto reconocer de qué necesitamos ser salvados y cuál es el tamaño de la fuerza, de la sabiduría y de la misericordia con que Dios nos salva a través de este humilde y poderoso niño.
Descubrir al Salvador, descubrir al Mesías es descubrir al ungido, al que tiene la unción de Dios. Hay que descubrir la unción de Dios. Este es el que está impregnado, el que está untado, el que está ungido con la unción de Dios.
Y hay que descubrir en El al Señor. Se llamaba en el Antiguo Testamento "mesías" al que ejercía el cargo de rey, por que los reyes eran ungidos. Hay que descubrir en el Niño al Señor. Él es el Señor, el es el Rey.
Estas tres palabras son nuestra ruta, estas tres palabras son nuestra meditación, son la puerta de la contemplación en el tiempo de Navidad que ahora estamos empezando.
Vamos a encontrar al Salvador, al Mesías, al Señor. Por consiguiente, vamos a encontrar a Aquél que puede salvarnos; vamos a encontrara a Aquél que tiene ese Espíritu, esa es la unción propia de Cristo, ese Espíritu que puede transformar nuestra vida; vamos a descubrirnos a nosotros como siervos de este Señor.
¿Cuál es el programa entonces? Descubrir de qué tenemos que ser salvados, cuál es el espíritu nuevo que nos falta y de quién queremos ser siervos. Qué buena cosa empezar la Navidad con esas tres preguntas: de qué necesitamos ser salvados, cuál es el espíritu que nos hace falta y a quién queremos servir.
Uno podría tomar esas tres preguntas y grabarlas en el corazón para vivirlas en esta Navidad, porque este Niño viene como un regalo para nosotros, y Él, que es el regalo de Dios, trae con su presencia, con su gracia sobreabundante, incluidos todos los regalos, porque San Pablo dice: "El que nos dio a su Hijo, ¿cómo no nos dará con Él todas las cosas?" Carta a los Romanos 8,37.
Pero para ir más allá del Niño envuelto en pañales y acostado en el pesebre, para descubrir que ha aparecido la gracia de Dios, para que la tiniebla del mundo sea rota por esa luz que alumbra al pueblo que caminaba de noche, para que eso suceda, necesitamos responder esas tres preguntas: de qué necesito ser salvado, cuál es el espíritu que me hace falta, quién quiero que sea mis Señor, quién quiero que gobierne mi vida.
Con esas tres preguntas convertiremos este Niño en un regalo para nosotros, en lo que Él quiere ser para nosotros: regalo, don, gracia, generosa dádiva de Dios para nosotros.
Porque si yo descubro de qué necesito ser salvado, si descubro qué espíritu me hace falta, cuál es el espíritu que me hace falta, a mí no me hacen falta sólo más leyes, ni más motivaciones ni más estudios, me falta un nuevo espíritu y descubrir de quién quiero ser siervo, quién quiero que vaya delante de mí.
Si yo descubro esas tres cosas, me acerco al Niño y el Niño se convierte en un regalo para mí, y entonces tengo Navidad.