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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20091225

Título: La logica de la Navidad es contraria a la logica del egoismo

Original en audio: 9 min. 1 seg.


Hay muchas maneras de mirar la Navidad. Hoy quisiera compartirles una comparación, tomada hasta cierto punto del mundo de la economía. Vamos a preguntarnos qué ha ganado el mundo con la Navidad

Resulta que la economía es una cosa bastante misteriosa, y se lo voy a plantear de esta manera, y que el Espíritu Santo nos ayude. Resulta que cuando uno hace una compra o una venta, se supone que uno da el precio equivalente a lo que adquiere. Por ejemplo, si compra una chaqueta, se supone que uno da el dinero equivalente a la producción de esa chaqueta y su comercialización y todo lo demás.

Pero si las cosas son así, si uno siempre está pagando lo mismo que recibe, resulta muy extraña esa pregunta que ya se hizo este señor, Adam Smith: "¿De dónde viene la riqueza de las naciones?" Es decir, ¿cómo es que puede mejorar la situación de una nación o de un pueblo si uno siempre está dando lo mismo que recibe?

Es más o menos lo mismo que si uno tuviera, por ejemplo, una habitación y uno empieza a cambiar de lugar las cosas: "Voy a poner los calcetines aquí, ahora voy a mover las camisas para acá, esta tela se va para este sitio".

Es evidente que en ese solo cambiar de lugar las cosas, nunca va a mejorar mi habitación, porque sería como un sistema cerrado en el cual únicamente estoy cambiando de sitio las cosas.

Pero Adam Smith se da cuenta que hay unos países que parece que van prosperando, hay otros países, en cambio, que parece que se estancan. Aquí no vamos a explicar las teorías de Adam Smith, sino vamos a llamar la atención sobre un concepto muy interesante que aparece también en la primera lectura del día de hoy.

La primera lectura de hoy está tomada del profeta Isaías. Y resulta que en la visión de Isaías, que es la visión de los judíos de ese tiempo, la victoria de Dios significaba la pérdida de los demás pueblos. Es decir, si ganan los judíos, pierden los gentiles. Llamaban ellos gentiles, o las gentes, a los pueblos no judíos.

Entonces en el lenguaje poético, vigoroso, bellísimo de Isaías, en esa primera lectura de hoy, capítulo 52, uno se da cuenta que la imagen que ellos tenían, la visión de ellos, ¿cuál era? La visión de ellos era esta: "Nosotros hemos perdido y los demás ganaron, pero va a venir Dios y entonces nosotros vamos a ganar y ellos van a perder. Así era como se imaginaban las cosas los judíos de ese tiempo, quizás hacia el siglo VII antes de Cristo.

¿Y por qué ellos decían que habían perdido? Porque estos oráculos tan elocuentes, con una prosa tan sublime de Isaías, son referidos al tiempo del destierro, que era cuando los judíos se sentían en lo peor de lo peor: "Nosotros perdimos, hemos sido humillados, hemos sido despedazados, los demás ganaron". "Los demás" equivale, por ejemplo, a la región de los caldeos, que fueron los que desterraron a los israelitas.

Entonces ellos decían: "Nosotros perdimos y ellos ganaron. Cuando venga Dios, -ahí viene la idea de la visita de Dios-, cuando venga Dios, entonces las cosas se van a voltear", como quien voltea una arepa.

"Antes nosotros perdíamos y los demás ganaban, pero va a venir Dios, y Dios va a reinar, y Dios puede más que cualquiera; y cuando venga Dios, se volteará la arepa, y nosotros vamos a ganar y todo el mundo va a perder".

Y así se encontraban ellos con ese sentimiento que aparece reflejado en los últimos versículos de la primera lectura de hoy: “Desplegó el poder de su santo brazo a la vista de todas las naciones, y hasta en el último rincón de la tierra verán la victoria de nuestro Dios” Isaías 52,10.

Entonces, vaya usted relacionando el tema económico y el enfoque de Isaías. Debe haber algo misterioso en la economía porque no debe ser simplemente que uno paga lo equivalente, si no nunca habría riqueza en las naciones, -no en los individuos-, en las naciones.

Y aquí estos judíos de este tiempo del destierro o de este tiempo de dificultad, decían: "Bueno, que se voltee la arepa y que ahora ganemos nosotros y pierda todo el mundo".

Dios les dio una sorpresa: la Navidad no fue esa clase de transacción. Esas son las transacciones que llaman de "suma cero". Si cada vez que alguien gana otro pierde, la suma neta es: cero.

Entonces, la Navidad no fue una transacción con suma cero. Hubo algo, una riqueza inmensa que se creó para la humanidad, una riqueza infinita, de hecho, que vino a la humanidad con la Navidad, y esa riqueza infinita se resume en dos palabras, y son las dos palabras más bellas para describir el misterio de hoy: la palabra fidelidad y la palabra misericordia.

Todos los seres humanos necesitamos esas dos palabras, pero en la Navidad se cumplieron de este modo: Dios se manifestó fiel a sus promesas a su pueblo. Dios le cumplió a su pueblo, pero en contra de las expectativas, en vez de humillar y destruir a los demás pueblos, Dios se mostró compasivo con los demás pueblos, es decir pueblos como nosotros. Imagino que la mayoría de los que estamos aquí no somos de ancestro judío.

Es decir, en la Navidad Dios cambió el esquema de la suma cero. Dios cambió el esquema según el cual para que tú ganes yo tengo que perder y para que yo gane tú tienes que perder. Dios cambió ese esquema y Dios produjo un nuevo esquema, un nuevo modelo según el cual los judíos pueden regocijarse en la fidelidad del Señor que les ha dado al Mesías, y todos los demás pueblos podemos regocijarnos en el Señor que ha manifestado su inmensa compasión, su tremenda misericordia.

¡Qué bueno que esta lógica de la Navidad llegara a todos los hogares! Imagínate lo que sucedería si nosotros superáramos la lógica de la suma cero. Lógica de la suma cero es cuando está discutiendo una pareja y cada uno trata de que el otro pierda: "¡yo tengo la razón, tú estás equivocado!" "¡Yo soy el bueno, tú eres un miserable!" Eso se llama suma cero: "Para que yo gane tú tienes que perder".

Suma cero también se llama cuando los hijos, quizás adolescentes, quizás jóvenes, dicen: "Mi papá no sabe nada, yo sé todo". O cuando los papás dicen: "Nuestra generación sí valía, estos muchachos son unos degenerados".

Para que yo afirme mi ser de papá, mi hijo tiene que ser un zarrapastroso, es decir, un degenerado que no sabe nada. O lo contrario, para yo afirmar mi juventud y mi creatividad, mi papá tiene que quedar como un dinosaurio que se puede completamente omitir.

Eso se llama suma cero: para que yo gane, tú pierdes. Para que tú ganes, yo pierdo. La Navidad rompe este esquema. La Navidad nos está diciendo: hay otra manera de ser humano, hay otra manera de ser creyente.

Que esa lógica maravillosa del pesebre, esa sonrisa contagiosa del Niño Jesús llegue a cada uno de nosotros y tengamos muy feliz Navidad.

Amén.