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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20071225

Título: ¿Que es celebrar la Navidad del corazon?

Original en audio: 9 min. 43 seg.


La Carta a los Hebreos tiene un comienzo solemne, que hemos escuchado el día de hoy.

"En muchas ocasiones y de diversas maneras había hablado Dios, y ahora, al final de los tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo" Carta a los Hebreos 1,1. Dios ha hablado en muchas ocasiones y de diversas maneras.

La grandeza, la inmensidad del Cosmos, la belleza de la naturaleza, la ternura que encontramos en plantas y animales, pero sobre todo en el rostro delicado de los niños, un gesto compasivo y generoso, todas esas cosas pueden ser manifestaciones del amor infinito de Dios, de su sabiduría y de su poder.

Pero además de esta clase de hechos y eventos, Dios quiso hablar a su pueblo también a través de los profetas.

Ellos fueron tomados por el Espíritu de Dios, y pidieron hablar realmente del parte de Dios, sobre todo para despertar la conciencia, sobre todo para hacer ver que existe algo que se llama el bien, y existe otra cosa que se llama el mal. Y que hacer el bien trae unos frutos, y que hacer el mal tiene sus consecuencias.

A través de sus profetas, Dios nos fue educando en el sentido de lo bueno y de lo malo, pero sobre todo nos fue educando en una lección importante, la lección de nuestros propios límites. El ser humano tenía que descubrir a la vez que sus anhelos son infinitos y sus fuerzas limitadas.

Cuando uno hace este descubrimiento, está en la vía para encontrarse con el amor grande, con la luz resplandeciente del día de la Navidad.

Para poder celebrar la Navidad, casi que sólo se necesita eso, reconocer que nuestro corazón anhela, suspira, tiene hambre, tiene una especie de nostalgia por una belleza infinita, por una luz sin límite, por un poder perfecto, completo y sobre todo por un amor que no tenga fronteras. El corazón humano puede parecer pequeño, pero ningún amor alcanza a llenarlo completamente.

Yo creo que varias experiencias de la vida humana nos ayudan a entender esto. Pensemos en el caso de una mamá que tiene a su hijo, su primogénito, y siente que no le cabe más amor en el pecho de tanto que quiere a ese niño.

Pero estoy seguro que si esa mamá tiene otro niño, todavía descubre que le cabía más amor, porque por ese otro niño, por ese segundo hijo, también siente un amor inmenso, desbordante.

Y lo mismo pasa con los amigos. Nadie se quejaría de tener demasiados buenos amigos, creo que nos quejamos a veces es de lo contrario, de que nos faltan verdaderos y buenos amigos. Un buen amigo, ese que es para mí como otro yo, aquel con el que puedo pensar en voz alta, es un descubrimiento maravillosos, es un tesoro muy grande, y sin embargo todavía hay espacio para otros amigos.

En el corazón humano hay un deseo ilimitado de felicidad y de amor y de belleza, pero las posibilidades nuestras para construir esa felicidad, las posibilidades nuestras para lograr eso que nosotros mismos anhelamos, ¡ah, esa es otra historia muy distinta!

Podemos pasearnos por las distintas etapas de la historia, podemos ver distintas formas de gobierno, podemos conocer distintas clases de límites, códigos, culturas, y encontramos que en todas partes hay algo que se agrieta, algo que no funciona.

El corazón humano fácilmente sucumbe a las tentaciones de la envidia, de la venganza, del egoísmo, de la vanidad, de la soberbia, y en fin, de todas las demás plagas que conocemos y que se llaman los pecados. El papel de los profetas fue despertarnos para que no nos dijéramos mentiras, para que supiéramos que eso existe y es real. Pero ahí no terminó la tarea de ellos.

También nos fueron mostrando que no bastaban las buenas intenciones. Si uno tiene tendencia a decir mentiras, o a ser vanidoso, o a ser perezoso, o a ser resentido, seguramente uno lucha contra eso.

No es placentero vivir con un sentimiento de venganza o de resentimiento; uno trata de arrancarlo del alma, pero uno mismo se da cuenta que no puede, uno se da cuenta que la pereza, la vanidad, el egoísmo y los demás pecados, tienen un poder grande sobre uno.

Entonces uno se encuentra como dividido, porque por un lado anhela ese infinito, esa belleza, esa pureza, ese amor, esa verdad, y por otro lado encuentra las propias manos atadas.

Es ahí donde uno necesita ayuda de fuera. Eso, "ayuda de fuera", es la palabra fundamental del Nuevo Testamento, es la palabra que el Niño Jesús trae, es la palabra que Jesús tiene en su propio Nombre. "Ayuda de fuera", en lenguaje teológico, se llama la gracia.

La experiencia de la gracia es sentir que viene, no una lección, una conferencia, una enseñanza desde fuera, ya eso lo habían hecho los profetas; hablarnos desde fuera y despertarnos la conciencia, ya eso lo habían hecho los profetas.

Además, para hablar de que se necesita el bien y la justicia, ni siquiera se necesita la Biblia, eso también lo sabían los filósofos y los pensadores de muy diversas culturas.

La novedad que trae Jesús no es otra catequesis más, no es una teoría más, Jesús no es otro filósofo más; al que estamos celebrando, el nacimiento que celebramos no es el nacimiento de un gran pensador, o de un prolijo escritor, o de un gran conferencista, lo que estamos celebrando es que hubo Uno que trajo a nuestra vida esa fuerza desde fuera.

Eso que no teníamos, eso que necesitábamos, eso es lo que ha traído Jesús a nuestras vidas. Su presencia misma aquí en la tierra es un regalo, y ese regalo bendito nos hace sentir mimados por el amor de Dios, agradecidos con su ternura.

Mirar a este Jesús, del cual dice la Biblia: "Un niño se nos ha dado" Isaías 9,5; ver ese Niño que nace para amar, para servir, para sanar, para perdonar; ver a ese Niño, abrazarlo, recibirlo, ver cómo obra, cómo trabaja, cómo predica, cómo ora, hasta llegar al punto en que un dice: "Ese Niño, ese Jesús, ése a mí me convence, me convence; ese tipo, ese hombre, esa clase de vida me gusta, es lo que yo necesito; y así como Él ayudó a otros, yo quiero que Él me ayude a mí".

Y entonces sucede la Navidad del corazón, no la Navidad del pesebre, bonito o feo, sino la Navidad del corazón, que es cuando uno renace a tres cosas. Primera, "mi anhelo de amor es infinito"; segunda, "la felicidad que yo puedo construir es muy pequeña y es agrietada"; y tercera, "este Jesús me muestra una luz y un amor y algo tan bello, que yo quiero recibirlo en mi vida".

Y entonces uno abre el corazón, que seguro está pobre y de pronto está sucio como está sucio el establo; uno abre el corazón y recibe a Jesús, y lo abraza, y lo besa, y le dice: "¡Gracias por haberme amado, gracias por haber venido!" Y ese es el Nuevo Testamento, y esa es la historia de la Biblia, y eso es lo que nos dice la Carta a los Hebreos.