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Fecha: 19971225
Título: El Principio
Original en audio: 10 min. 15 seg.
Queridos Hermanos:
Esta solemnidad de la Navidad es tan grande, que la Iglesia tiene varias Misas para celebrarla. La mayor parte de nosotros conocemos una o dos. Suele llamarse "Misa de Gallo" a la de medianoche y más de una persona dice: "Yo ya asistí a la Misa de medianoche, ya asistí a la Misa de Navidad", pero resulta que hay cuatro Misas distintas de Navidad.
Es muy raro que alguien asista a todas. Hay una Misa para la Víspera, como para celebrar el 24 al atardecer; hay una de medianoche, una que va ha ser muy difícil celebrar en Colombia, que es la Misa de Aurora, tempranito, hay unas lecturas especiales y unas oraciones especiales para ella, y hay otra que es la Misa de Navidad.
Cada una de estas Misas tiene sus propias lecturas y sus propias oraciones. Nosotros por ejemplo, pienso, asistimos a la Misa de medianoche, y las lecturas que escuchamos de Isaías y el evangelio de Lucas, no corresponden a las de esta Misa, son distintas.
Una persona que esté interesada en conocer cuáles son los textos bíblicos más hermosos sobre la Navidad del Señor, puede acercarse después de la Santa Misa donde el sacristán para preguntarle por un librito que se llama el "Ordo", donde aparecen las lecturas para cada día.
Es una buena costumbre adquirir este librito u otros parecidos, donde uno pueda ir viendo las lecturas para cada día, pues si de pronto no puede asistir a la Misa un día determinado, por lo menos pueda hacer las lecturas. Aunque es de desear que nunca faltemos los domingos ni los días de solemnidad, como hoy.
A mí me gusta comparar la fiesta de la Navidad con esos grandes banquetes donde hay "buffet", donde se extienden las bandejas, las viandas, los platos, las bebidas, los postres, y las personas van haciendo fila y se van alimentando abundantemente, opíparamente de los manjares que se ofrecen ahí.
Nosotros tenemos unas doce lecturas en la Misa de Navidad, igualmente, si usted quiere conocer los textos de las lecturas hay que hablar con el sacristán o adquir el "Ordo", para que usted sepa cuáles son las lecturas que hablan de Jesús.
Porque yo parto del principio que usted viene a la Misa, no obligado ni amarrado, yo creo que los únicos lazos que a usted lo han traído a este templo en este día, a pesar del trasnocho que muchos podamos tener, yo estoy seguro que lo que nos trae aquí son los lazos del amor, amor a Jesús y amor de Jesús; usted ama a Jesucristo, entonces usted quiere conocerlo más y le puede servir saber de esas lecturas.
Vamos a decir, por ejemplo, una palabra sobre esta lectura de hoy, el comienzo del evangelio según San Juan. Son cuatro los evangelios que nos ofrece la Sagrada Escritura, dos de ellos, el de Mateo y el de Lucas, traen relatos de la infancia de Cristo.
El evangelio de Marcos no trae relatos de la infancia de Jesús, comienza con el bautismo del Señor, y el otro evangelista, Juan, no trae un relato propiamente de la Navidad, sino trae una especie de meditación profundísima, una meditación teológica, que es la que acabamos de escuchar en la Misa de hoy, en la Misa del día de Navidad, en la cual como que se abisma ante el misterio de la Palabra hecha Carne.
Comienza este Evangelista diciendo: "En el principio ya existía la Palabra" San Juan 1,1. Es curiosos notar que la palabra "principio", como aparece en el texto del evangelio que se conserva en griego, es la palabra "arjé", palabra de la que viene, por ejemplo, arqueología, que es el estudio de lo antiquísimo o de lo originante.
Y digo que es interesante esta palabra, porque cuando los filósofos iniciaron su tarea en la humanidad, cuando despuntó, cuando amaneció la filosofía en Grecia, la primera pregunta que se hicieron aquellos hombres fue por la "arjé", esta palabra es femenina en griego.
Se preguntaban: ¿cuál es el principio de todo? Y resulta que nos está respondiendo el evangelio, aunque no se trate de un texto de filosofía: "En arjé en hó lógos.”, "en el principio estaba, existía la Palabra” San Juan 1,14.
Ese era un punto de meditación, y otro, la palabra "principio". Uno lo suele relacionar con el comienzo de una historia, es decir, algo con que está lejos en el tiempo. El principio de todo, pues, a uno le suena como a algo que está lejos, pero la palabra "arjé" no significa simplemente el comienzo, sino también, el origen, la raíz.
Hay una diferencia entre comienzo y origen: el comienzo se va quedando atrás a medida que el tiempo pasa, mientras que el origen va con uno.
El comienzo suyo fue hace algunos años, muchos o pocos; a medida que pasa el tiempo usted se va alejando de su comienzo, en cambio, de su origen, de aquello que es fundamental, de la raíz de nosotros no nos alejamos, en la raíz permanecemos y desde nuestras raíces, obramos.
Por eso se dice de una persona que es coherente en sus obras y palabras, "es una persona de principios", ahí estamos utilizando la palabra "principio" en el sentido de fundamento, de origen, de raíz.
Cuando una persona es una persona de principios, no es que dejó los principios allá en la infancia, todo lo contrario, viaja con sus principios, hace el camino por esta tierra con sus principios.
De manera que cuando el Evangelista nos dice: "En el principio estaba, ya existía la palabra" San Juan 1,1, no nos está contando sólo lo que sucedió hace mucho tiempo o antes de que el mundo existiera.
Sino nos está diciendo también, que aquél que escrute juiciosamente la naturaleza, aquél que haga buceo en el cosmos, aquél que se sumerja en el misterio del hombre, aquél que estudia a fondo la historia, todo aquello que quieras leer con profundidad, te llevará finalmente al Logos, a la Palabra, a Dios mismo.
Y es esa Palabra, es ese cimiento, la raíz y comienzo de todo lo que ha quedado a la vista. En este sentido, el Evangelista nos invita a hundirnos en lo profundo del amor de Dios, para encontrar en la raíz a Jesús.
Pero no es un principio inalcanzable, el principio se ha hecho cercano, el fundamento a aparecido, la raíz está a la vista, y le podemos ver, le podemos amar, le podemos adorar; es un Niño pequeño, hermoso, tierno y cercano; es un Niño como nosotros.
Podemos recuperar nuestras raíces, podemos retomar nuestro origen puesto que es un Niño pequeño, tierno, y lo podemos abrazar, y podemos creer en Él, y podemos darle nuestro corazón, podemos recuperar nuestro origen.
Abrazar la Raíz del universo, el Principio de todo cuanto existe y en Él empezar de nuevo; a eso viene, a que tengamos vida y vida en abundancia.