N7en002a
Fecha: 20120107
Título: Los dos extremos que hay que evitar en la oracion de peticion
Original en audio: 4 min. 54 seg.
Así como Juan el Bautista, llamado el Precursor, es la imagen misma del Adviento, así otro Juan, el Evangelista, ha sido nuestro guía, nuestro maestro en el tiempo de la Navidad. Dos Juanes, el Bautista y el Evangelista, marcan el ritmo del Adviento y la Navidad respectivamente.
Juan el Evangelista nos ha acompañado con algunos textos de su evangelio, el cuarto evangelio en la Biblia, pero sobre todo nos ha acompañado a través de la Primera Carta. En la Biblia tenemos tres cartas de San Juan, así se las conoce: como Primera, Segunda y Tercera de Juan. Pero sucede que la Segunda y la Tercera son sumamente breves, casi que caben en una sola página.
Mucho más variada, y creo que rica en su enseñanza, es la Primera Carta, que ha sido providentemente ofrecida por nuestra Madre la Iglesia para que nosotros cada día tengamos una razón más para conocer a Jesús, para admirarle y para maravillarnos de lo que significa aquello de que Dios ha acampado en medio de nosotros, es decir, lo que fue leído el día de Navidad, que: "Dios, que su Palabra se hizo carne, puso su morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria" San Juan 1,14.
Ese versículo es el versículo catorce del capítulo primero del evangelio de Juan, ese versículo de alguna manera es comentado con extensión y profundidad en la Primera Carta de Juan. Dicho de otra manera, puedes mirar toda la Primera Carta de Juan como un profundo y jugosos comentario a un versículo, uno solo, del evangelio de Juan. Juan 1,14, viene a ser comentado en toda esa Primera Carta.
Hoy llegamos a la conclusión, esa carta tiene cinco capítulos, y lo que hemos escuchado como primera lectura en la Misa de hoy, es el final del quinto capítulo. Cosas para destacar en este final, la precisión que hace Juan sobre lo que significa la oración de petición. Porque hay dos extremos que hay que evitar: hay un extremo que es pensar que nosotros no le importamos a Dios, Dios tiene sus propios asuntos que resolver. Esto era lo que podía pensar un genio del intelecto, Aristóteles.
El Dios de Aristóteles es un Dios tan supremamente perfecto que no tiene ni tiempo ni ganas de ocuparse de nuestras tonterías, nuestras frustraciones, nuestros errores. Pero por otro lado, hay otro extremo, y es creer que uno puede forzarle la mano a Dios, que uno puede lograr que Dios haga lo que uno quiere. Este es el extremo que se ve de un modo patente en la magia: la magia es el intento de manipular las fuerzas de lo divino para lograr lo que uno quiere; es la imposición de la propia voluntad, no sirviendo a Dios sino usándolo.
Son dos extremos: el dios de Aristóteles, impasible y lejano, el dios de la magia, que no es Dios verdadero, sino que es la manipulación de las fuerzas ocultas para tratar de lograr lo que uno quiere. Entre esos dos extremos San Juan dice algo distinto: "Mira, la oración de petición es una peregrinación que te lleva a, finalmente, descubrir el querer de Dios; y en la sintonía entre tu querer y el querer de Dios, sucede esa maravilla que es orar y sentir la respuesta pronta y perfecta del mismo Señor. Esa es una entre varias enseñanzas que nos deja San Juan.
No pierdas la oportunidad de acercarte tú mismo al texto de la Escritura, fue escrito para ti, el mismo Juan dice: "Esto es para que tengamos vida, vida en su nombre" San Juan 20,30.