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Fecha: 20060107

Título: No caigamos en la noveleria y en la moda en asuntos de fe. Acojamos el regalo de amor y de gracia que nos trae Jesucristo

Original en audio: 6 min. 14 seg.


Queridos Hermanos:

Hay palabras y hay expresiones que se ponen de moda; tal vez no debería suceder así en asuntos de fe, pero también sucede.

El caso es que, por ejemplo, allá en el año dos mil había una cantidad de mensajes, una cantidad de visiones de tono muy apocalíptico. Era la época en que se hacía mucho énfasis en una conversión, una conversión como apresurada, porque se veía casi como un final cercano. Por lo menos eso se vivió en algunas partes, en algunos países. El año dos mil tenía como ese tono, daba para eso.

Pero otros años, como decir el dos mil seis, como decir el dos mil diez, o el dos mil catorce, pues no son cifras tan bonitas para hablar de grandes finales, y por eso en esta época se oyen mucho menos esos mensajes. Otras veces el factor que desencadena una moda es una película. Algunos de los aquí presentes podemos recordar todas esa películas del tipo de "La Profecía", un niño perverso que lleva en en cuero cabelludo grabado el número 666.

Y ese tipo de cosas causan bastante interés y llegan a suscitar como temor en algunas personas, superstición en otras personas, en fin, constituyen también una moda.

Lo que a mí me llama la atención de eso es que ciertamente no ayuda a que nosotros vayamos al centro del mensaje. Me explico: la conversión, la penitencia de las que se nos hablaba allá en ese año dos mil, esa conversión y penitencia no tiene que depender de un número, no es porque estemos en una fecha; nosotros nos convertimos porque respondemos, desde nuestro corazón, a la propuesta del amor de Dios, por eso respondemos así.

Lo demás es accidental, puede ayudar, puede no ayudar, algunas veces ayuda; saber uno que está en Cuaresma, o saber que está en Adviento y aprovechar para hacer una buena confesión, es poner el tiempo a jugar a favor de uno; aprovechar el año dos mil para ganar el Jubileo y para vivir en espíritu de Iglesia, pues eso fue una cosa muy buena, pero uno no puede depender de modas.

Y es muy interesante que en la primera lectura de hoy, precisamente lo que queda un poco descartado es eso de la moda, como de la novedad. Ya en aquella época había cristianos que tenían como ese prurito del anticristo: "cómo será en anticristo, si llega el anticristo, que va a pasar con el anticristo".

Y entonces viene San Juan en esta Primera carta y les dice: "Miren, en vez de estarse preguntando eso, sepan que ya hay muchos anticristos, porque negar a Jesucristo es negar que Dios se hizo presente en nuestra naturaleza humana; el que niega que Dios está presente en la naturaleza humana, ése está negando a Cristo, ése es un anticristo.

Y esa perspectiva es muy interesante porque nos devuelve a la esencia; mientras uno está en la novela y mientras uno está en la moda, mientras uno está únicamente en lo exterior, realmente se pierde como el corazón, se pierde como la esencia, y hay una esencia muy bella en todo esto: es que Jesús vino por nosotros, es que Jesús gastó su vida por nosotros, es que con sus palabras y sobre todo con su padecimiento, Jesús nos ha revelado la potencia del amor de Dios, de una manera única, de una manera total.

Descubrir así a Dios revelándose en Jesucristo, eso es ser cristiano, eso es aceptar la fe; negar eso es pertenecer al anticristo y es convertirse uno mismo en un anticristo.

Sigamos pues el ejemplo que nos propone el Apóstol, dejemos a un lado lo que sea novelería, y busquemos, desde el centro de nuestra fe, la acogida profunda del mensaje de amor y de gracia.

Estamos casi terminando este tiempo de Navidad, y por eso viene muy a tiempo esa lectura: Dios en nuestra carne, eso es aceptar a Jesucristo; saber que ahí, en esa realidad tan frágil, tan tierna, tan bella, tan cercana, tan pura, tan hermosa, ahí nos está hablando Dios.

Amén.