N5en005a
Fecha: 20120105
Título: No tendremos amor verdadero si antes no hemos tenido la experiencia de ser amados incondicionalmente. Este amor lo hemos recibido de Jesucristo
Original en audio: 4 min. 21 seg.
Un error que no debemos cometer es pensar que la Navidad se reduce a un día, o incluso, a una noche. Para algunas personas Navidad es solamente la llamada "Nochebuena", y para muchos, incluso ya mayores, todo consiste en intercambiar unos cuantos regalos; eso se hace una vez, después de un fatigoso proceso de compras, y quedó resuelta la Navidad hasta el año entrante.
En nuestra Iglesia la Navidad es un tiempo, un tiempo litúrgico; y por favor, cada vez que escuchemos la palabra "litúrgico", pensemos en lo que significa celebrar, ofrecer, abrirse a Dios, alabarle, agradecer.
Si decimos que es un tiempo litúrgico, es que es un tiempo para todos esos verbos: para celebrar, para agradecer, para alabar. Lo que hemos recibido, digo mejor, Aquel a quien hemos recibido tiene tanto para darnos, que nuestros ojos verdaderamente deben acostumbrarse a semejante resplandor.
Creo que un cristiano verdaderamente fervoroso experimentará esto que voy a decir: ¿Te ha sucedido que estás en un lugar muy oscuro y tienes que salir a una claridad muy grande? Por ejemplo, estabas viendo una película de cine, y por supuesto la sala de cine es bastante oscura; pero ha terminado la película y hay que salir a la calle, y un sol muy intenso brilla, entonces tus ojos necesitan un tiempo para acostumbrarse a ese nuevo resplandor.
Ese es el proceso que vive un cristiano fervorosos en Navidad: ha llegado el Sol de justicia, que trae la salud en sus rayos; ha llegado Jesucristo. Necesitamos un tiempo para acomodar nuestros ojos y para poder ver, disfrutar, agradecer y ofrecer todo eso que ahora es posible, ahora que Cristo ha llegado.
Una de las maneras que utiliza nuestra Santa Iglesia para que nuestros ojos hagan ese ejercicio de acomodarse, y también de adaptarse a semejante intensidad y hermosura, es la Palabra de Dios. ¿Te acuerdas que en el Adviento nos acostumbramos a la voz poética, vigorosa de Isaías? Él fue nuestro maestro en el Adviento; ahora, en Navidad, tenemos otro maestro, el Evangelista san Juan. A lo largo especialmente de su Primera Carta, San Juan es ese maestro que nos va mostrando las riquezas de una vida en Jesús.
Hoy por ejemplo quedémonos con esta frase, tomada de la primera lectura de la Misa de hoy: "El que no ama permanece en la muerte. Nosotros hemos pasado de la muerte a la vida, lo sabemos porque amamos a los hermanos" 1 Juan 3,13.
Efectivamente, el amor, amor verdadero, es imposible si uno no tiene la experiencia de ser amado sin condiciones. Cuando uno no ha tenido esa experiencia, lo que uno llama amor es simplemente un intercambio, un negocio, es una transacción: "Yo te quiero porque tú me quieres", "te trato bien porque me tratas bien", "te invito porque tú me vas a invitar".
Eso no es amor. Amor es lo que hemos recibido de Jesús, y quienes sido alcanzados por semejante amor, hemos pasado de la muerte a la vida.