N31d009a

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Fecha: 20111231

Título: El cristiano no tiene otra esperanza diferente a vivir aguardando el momento final, el retorno de Cristo

Original en audio: 4 min. 28 seg.


El 31 de diciembre es un día que por su misma naturaleza despierta en nosotros toda clase de sentimientos. Es el día en el que hacemos balances, casi sin quererlo, sin poder evitarlo en realidad.

Recordamos a aquellos que se han ido, echamos de menos a los que están lejos, descubrimos cuánto hemos recibido en ese, pero también, seguramente, reconocemos nuestros errores.

¿Qué nos trae la Palabra de Dios para el 31 de diciembre? Litúrgicamente, nos encontramos casi al final de la Octava de Navidad. Navidad es una fiesta tan grande que no cabe en un día de veinticuatro horas, entonces la Iglesia se inventó días que duran toda una semana, se les llama "Octavas"; hay una Octava de Navidad y hay una Octava de Pascua.

Estamos, por supuesto, en la Octava de Navidad. Y nuestro gran maestro durante la Octava de Navidad es el Apóstol San Juan, a través de su Primera Carta. Hemos ido tomando textos seleccionados de esa Primera Carta de Juan, y ahora por ejemplo nos encontramos en el capítulo segundo; es allí donde este Apóstol nos habla de la gravedad del momento presente.

Tiene esta frase que parece tan apropiada para un 31 de diciembre: "Han aparecido muchos anticristos, y por eso sabemos que ha llegado el momento final" 1 Juan 2,18. Esto también nos enseña, por supuesto, qué significa "momento final" dentro de la fe cristiana.

En la Carta a los Hebreos hay una expresión semejante. Dice esta Carta: "En estos tiempos, que son los últimos, Dios nos ha hablado a través de su Hijo" Carta a los Hebreos 1,2.

En ambos casos, es decir, en la Carta a los Hebreos y en la Primera Carta de Juan, estamos hablando de documentos que fueron escritos en el siglo primero, es decir, hace casi dos mil años. Y en ambos casos los autores nos dicen, y nos dicen con la autoridad que viene de Dios, "se trata del momento final".

Esto puede parecer gracioso o contradictorio para alguien: "¿Cómo así que llevamos dos mil años en los últimos tiempos? ¿Cómo así que llevamos dos mil años en el momento final?" Y sin embargo es totalmente cierto.

El cristiano vive así, en el momento final; vive así, sobre todo, porque es consciente de una cosa: después de que Dios ha tomado Carne de nuestra carne, después de que sobre esa Carne ha recaído toda nuestra maldad, como vemos en la Cruz de Cristo, y después de que esa crueldad no ha sido suficiente para apagar el fuego del amor divino, porque la misericordia está más viva que nunca, y porque Cristo vive resucitado de entre los muertos; después de que todo eso ha sucedido, nada más esperamos, nada más, sino sólo el retorno de Cristo.

Es decir que lo que hace especial a este tiempo es eso, que ya no esperamos nada más sino el retorno de Jesús, que puede tardar una semana, un año o mil años.

También la Segunda carta de Pedro dice: "Para el Señor mil años son como un día" 2 Pedro 3,9. Y también nos enseña que Dios tiene paciencia para que todos lleguemos a convertirnos.

Así que el mensaje es tomar conciencia del valor de cada día nuestro, porque ya no tenemos otra esperanza, porque ya no tenemos nuestra mirada en otra parte sino sólo en Jesús, el que ha llenado de significado nuestra vida y el que ha de venir.