N2en004a
Fecha: 20030102
Título: Nosotros no podemos imponerle a Dios lo que debe suceder
Original en audio: 13 min. 2 seg
Vamos a referirnos a la primera lectura del día de hoy.
Durante el Tiempo de Navidad, la Iglesia nos ofrece por estos días una lectura completa de la Primera Carta del Apóstol San Juan. Es un documento que tiene un lenguaje muy poético y muy profundo.
Podemos decir que esa Carta es como un gran himno, como un gran canto al misterio de la Encarnación. Esa es la Carta que empieza con estas palabras: "Lo que habíamos oído, lo que hemos visto, lo que tocaron nuestras manos, acerca de la Palabra de la vida, porque la vida se ha manifestado, nosotros la hemos visto" 1 Juan 1,1-2.
Y por eso qué tiempo este tan bello, el Tiempo de la Navidad, para tomar la Primera Carta de Juan, que es el gran homenaje a la Carne de Cristo. Nosotros, cerca del Pesebre, nosotros cerca de la Eucaristía, como que podemos repetir lo que dijo Juan: "Nosotros también hemos visto, hemos oído, podemos decir que hemos tocado, especialmente en los Sacramentos, tocamos a Jesucristo, porque Él nos toca.
No se nos olvide nunca esto, hermanos, que quede como memoria de la Navidad: en los Sacramentos está la Carne de Cristo y Cristo nos toca. ¡Qué bello es poder confesarse y escuchar a Cristo que me dice: "Yo te absuelvo"!; ¡Qué bello es poder participar de la Santa Misa y recibir el Cuerpo de Cristo que me toca, me besa, me incendia, me abraza, me posee!"
Es muy grande el misterio de los Sacramentos, y es la gran enseñanza que nos puede quedar de esta Navidad y de la lectura de la Primera Carta de Juan.
Pero si digo que la Carta de Juan es un homenaje a la Carne de Cristo, al misterio de la Encarnación de Cristo y su nacimiento entonces, no estoy diciendo que sea un documento solamente de poesías y alabanzas; es un documento que se escribe para defender la fe.
Los destinatarios de esta Carta, la gente a la que le está escribiendo el Apóstol Juan, realmente necesitaban estas palabras, porque estaban a punto de confundirse.
Y por eso vamos a mirar un poco qué es lo que les dice el Apóstol Juan, porque quién sabe si también nosotros estamos a punto de confundirnos.
Cuando la gente compara a Jesucristo con otros líderes religiosos, como decir Mahoma o Buda, cuando se nos escurre, cuando se nos escapa qué es lo propio de Jesucristo, quién es Él verdaderamente, yo creo que estamos en una siutuación parecida a la gente de esta Carta, es decir, como a punto de confundirnos.
Y por eso dice San Juan: "¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el Anticriosto" 1 Juan 2,22. ¿Qué significa esa frase? Vamos a tomarla y vamos a mirarla en serio.
El Apóstol nos ha dicho que el gran mentiroso, que la gran mentira es negar que Jesús es el Cristo, que Jesús es el Mesías. Esa es la gran mentira. Pero uno se queda un poco despistado, sin acabar de entender. ¿Qué quiere decir que Jesús es el Cristo? ¿Y qué quiere decir entonces la gran mentira, que Jesús no es el Cristo? ¿Qué quieren decir esas dos frases contradictorias?
Jesús, el Hijo de María, el Niño del Pesebre, el Crucificado del Gólgota, ese jesús, humilde y vestido de nuestra naturaleza, que sufrió desde el día de su nacimiento hasta el día de su muerte, ese es Jesús, bueno, ¿y qué es o qué significa el Mesías?
Mesías es la palabra en hebreo, Cristo es la palabra en griego, pero significan lo mismo. Cristo en griego, Mesías en hebreo, es lo mismo. ¿Y qué significan esas dos palabras? En español se dice "Ungido"; Jesús es el Ungido. Pero, ¿ungido qué es? Ungido es el que ha recibido la unción, el que está untado.
A los reyes de Israel los ungían, les echaban aceite, un aceite perfumado, finísimo, y así quedaba señalado el rey con aceite abundante, con esa unción.
Decir que Jesús es el Mesías significa decir que Jesús es el Ungido, que Él es el Rey escogido y querido por Dios, que en Jesús Dios está reinando. Jesús es la manera de reinar Dios; Jesús es la entrega del Reino de Dios; Jesús es el rostro de Dios reinando.
Es la afirmación tal vez más importante de todo el Nuevo Testamento. Porque estamos diciendo que ese Niño del Pesebre, que nació en pobreza extrema, que fue perseguido cuando era bebé, que vivió de manera oculta, que fue calumniado tantas veces, que murió con muerte vergonzosa, que ése, ese es el Ungido, que es así como Dios quiere, que así es como Dios reina.
Lo que estamos diciendo es que el reinado de Dios ha llegado y que su rostro es un niño en un Pesebre y un inocente en una Cruz. Ese es Dios reinando. Cuando ya uno dice estas cosas, entonces empieza a entender qué es lo grave de decir lo contrario, es decir, que Jesús no es el Cristo.
Cuando alguien dice: "Jesús no es el Cristo", cuando alguien niega que Jesús sea el Cristo, ¿qué está diciendo? Está diciendo: "Yo no creo que ese se el rostro de Dios", "yo no creo que esa sea la manera de Dios", "yo creo que Dios tiene que obrar de otra manera", "yo creo que Dios tiene que hacerse sentir de otra manera".
Eso es negar la Carne de de Cristo, y eso es negar que jesús sea el Mesías.
Cuando yo le impongo a Dios mi modelo de salvación, cuando yo le digo a Dios: "Tú tendrás que hacer esto y esto y esto", "tú tendrías que hacer esto para para que yo creyera o para que el mundo creyera", cuando yo lo digo a Dios esas cosas, estoy rechazando la manera cómo Dios se manifestó.
¡Qué cosa tan profunda la que nos está diciendo esta Carta! Lo que nos está dicendo es: que nosotros no podemos imponerle a Dios lo que nosotros creemos que debe suceder. Nosotros tenemos que aprender de jesús qué signfica ser Dios, cómo es Dios, cómo reina Dios, qué quiere Dios.
Todas las preguntas que hagamos sobre Dios, todas hay que responderlas desde la vida, la carne, la humildad, la humillación, la muerte y la Cruz de Jesucristo.
No tenemos otro camino para saber quién es Dios, ni qué es lo que Dios quiere, ni cómo es que tendría que obrar Dios; sólo en Jesús podemos conocer quién es Dios, cómo obra Dios y qué quiere Dios. Eso es lo que significa la afirmación central de nuestra fe.
Jesús es el Mesías, el Ungido, el Rey, el escogido por Dios, el único que puede ser dueño de mi vida. Es ese el Niño del Pesebre, el Inocente que cuelga de la Cruz. El que murió verdaderamente y resucitó para mi salvación y para tu salvación, ese es el único al que Dios ha escogido, es el único al que Dios ha ungido, es el único Cristo, es el único Mesías.
Hermanos, pidámosle a Dios que aumente nuestra fe. Cuando pensamos estas cosas descubrimos que nos es tan fácil creer en Jesús. Contínuamente le estamos dando consejos a Dios, todos: "Señor, ¿por qué no mandas una bomba para que se acaben los enemigos, los violentos?"
"Señor, ¿por qué permites que haya esto, o esto otro, o que me suceda esto, o que le hagan esto a mi familia?" Continuamente nos rebelamos, continuamente queemos imponerle nuestro plan y nuestro estilo a Dios.
Creer que Jesús es el Mesías significa admitir, recibir en Cristo el plan de Dios y decir: "Esto es lo que yo puedo tomar para mi vida; este es el dueño de mi vida; este es el que me guía, el que me gobierna, el que me conduce".
Pidamos al Señor que nos dé una fe íntegra; no podemos salir de este Tiempo de Navidad como entramos. Tenemos que salir convencidos del poder de la Carne de Cristo, pero sobre todo del poder, del amor y de la gracia de Cristo.
Para seguir en medio de un mundo que quiere imponerle sus planes a Dios, seguir nosotros dando testimonio de ese estilo tan raro, pero tan bello y tan fecundo con que Cristo nos mostró quién es verdaderamente el Señor...