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Fecha: 19971229
Título: El amor a Dios y el amor a los hermanos.
Original en audio: 13 min. 3 seg.
Queridos Hermanos,
Durante este tiempo, el comienzo de la Navidad, porque la Navidad para la Iglesia no es un día, es un tiempo. La Navidad no cabe en una noche ni cabe en un día, tampoco cabe en los cielos enteros; la Navidad es muy grande; la Navidad es un tiempo y durante este tiempo, al principio, leemos algunos pasajes de la Primera Carta del Apóstol San Juan.
Felices nosotros que nos encontramos hoy en la iglesia, porque esta Primera Carta de Juan sólo se lee en público para la Misa en estos días, de manera que usted es uno de los afortunados que escucha esta palabra en este día.
Y quienes no la oyeron hoy no la van a oír en Misa, a menos que el próximo veintinueve de diciembre vayan a las iglesias, aunque falta ver si el próximo veintinueve de diciembre es domingo, porque cuando cae en domingo se celebra la fiesta de la Sagrada Familia.
Este es un tiempo muy singular en el que oímos la Primera Carta del Apóstol San Juan, y por eso quiero compartir con ustedes una palabra de reflexión sobre este texto. Ya que lo oímos una vez al año, hay que aprovechar las circunstancias.
Resulta que lo que más me llama la atención, les confieso, es lo drástico del Apóstol respecto al amor al prójimo, es muy drástico. La Carta dice: "Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano, está aún en las tinieblas" 1 San Juan 2,9.
Por un hermano que uno aborrezca, uno está en tinieblas, ahí empieza lo drástico; pero ahora fíjese lo grave que es estar en las tinieblas: "Quien ama a su hermano, permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe a donde va porque las tinieblas han cegado sus ojos" 1 San Juan 2,10-11.
Camina en las tinieblas, no sabe a dónde va; por un hermano que yo aborrezca, las tinieblas llenan mi vida; y por un hermano que yo aborrezca, ya no se a dónde voy, como quien dice, se me perdió el sentido, el norte, la meta de la vida, por una persona a lo que yo aborrezca.
¡Qué grave! ¿No será muy grave esto? ¿No será que está exagerando? Al fin y al cabo los apóstoles son predicadores de la palabra divina y parece que a veces, para subrayar mucho las cosas, exageran.
Por eso se cuenta de un predicador que quería inculcar el Santo Rosario y ya no hallaba qué más ejemplos poner, entonces se le ocurrió decir, -este ejemplo no hay que seguirlo- que cuando Moisés iba atravesando el Mar Rojo, iba rezando el Rosario.
Movido por su entusiasmo, este hombre llegó a esas exageraciones; pero la Biblia no está para esas exageraciones, y ese error que cometió ese predicador, evidentemente, no lo ha cometido el Apóstol.
¿Qué diremos nosotros? Por una persona a la que yo aborrezca, mi vida se llena de tinieblas y ya no sé a dónde voy, ¿por qué eso tan grave? Pues la razón está en que ese hermano es una de las razones por las que Dios vino a esta tierra; ese hermano es un motivo del corazón amoroso de Dios.
Yo no le puedo encontrar sentido a mi vida si no es en el amor. Le decía Dios a Catalina de Siena: "El alma humana está hecha de amor; con amor, por amor la creé, está hecha de amor".
Nuestra fe enseña que el Universo Dios lo sacó de la nada, es el origen último, el poder de Dios de la nada, es decir, sin que nada precediera, creó el Universo; pero sabemos que nuestros cuerpos tienen su origen en el cuerpo de los padres, eso vale para el cuerpo, pero es enseñanza de fe católica que el alma es directamente creada por Dios.
Tu alma y la mía no las ha hecho Dios del alma de los papás, no. Las ha creado directamente Él, las ha sacado directamente de su puro amor, y por eso la vida humana sólo encuentra sentido en el amor. Creo que hasta ahí nos vamos entendiendo.
Pero ahora viene lo grave: sólo puedo encontrar mi sentido en el amor, pero en el amor de las criaturas, no es suficiente para saciarme.
¿Quién hay tan perfecto que no nos decepcione alguna vez? Cuando uno conoce esos matrimonios maravillosos, espectaculares, soñados, pregúntele a esa ancianita o a ese ancianito, porque si es un matrimonio que llamamos feliz, hay que decirlo, ya cuando llevan muchos años de casados, ¿cuál es la virtud que más han cultivado?
Entonces uno le pregunta a la ancianita: "Usted lleva muchos años de casada y han tenido ustedes un matrimonio feliz, ¿a qué se debe eso? Con toda seguridad le va a decir: "A la paciencia, a la tolerancia, a la comprensión". ¿Y por qué tuvo que tener paciencia? Porque ese señor, que es mi esposo, a veces me saca la paciencia".
Entonces, quiere decir que toda criatura en algún momento nos decepciona. Nosotros estamos hechos para el amor grande, para el amor de Dios; pero el amor de Dios no es sólo el amor para mí, es también el amor para esa persona a la que quizá aborrezco, que me cae mal, que las masticaría pero no la pasaría.
Esa persona que me cae gorda, esa persona que me cae mal, esa persona que si sueño con ella se me daña el día; esa persona a la que ni siquiera quisiera nombrar, a esa la ama Dios como me ama a mí, y si no puedo orar por esa persona, si la tengo excluida, si tengo aborrecida a esa persona, el amor de Dios no puede venir a mí. ¿Por una persona? Sí, porque Dios es el único Creador y el único Salvador de todas las personas, de todas las criaturas, de todas las historias.
Aquí pasa lo mismo que en un cuadro, una hermosa pintura. Si voy a visitar a un prestigioso artista y le digo yo, que no sé demasiado de arte: "Todo el cuadro me parece bonito, pero esta mano te quedó mal hecha".
La persona, porque yo le rechace la mano de un niño que estaba escondido detrás de una reja, encima de una montaña allá lejos, por una mano que le rechace, el artista siente: "No me aceptó el cuadro".
Lo mismo que sucede en la familia: la familia se prepara para celebrar el cumpleaños del papá; "vamos a hacerle una comida para que a él le guste, para que esté contento, vamos a alegrarnos con él en el día de su cumpleaños".
Se le sirve la comida y después se le pregunta: "Bueno, papá, ¿cómo te pareció el almuerzo?" "Todo estuvo bien, pero me parece que a esa carne le faltaba cocinarla más". La señora va a pensar: "No me recibió el almuerzo, porque yo quería que me recibiera todo".
Así es Dios con nosotros. Cuando nosotros le decimos: "Señor, tu universo está más o menos; yo, por lo pronto, le corregiría: la cara de mi vecino, la murmuración de mi tía, el problema del otro, etc.". Cuando nosotros le rechazamos, no le recibimos el universo a Dios, eso no quiere decir que seamos unos tontos, que todo nos dé lo mismo, no.
Pero cuando aborrezco a una persona, cuando quiero que no exista: "Ojalá no se apareciera, ojalá se fuera a vivir después de la porra, a tres cuadras, un poquito más lejos; ojalá nunca apareciera, jamás llamara, que se la tragara la tierra y le cayeran tres volcanes"; cuando tenemos este tipo de deseos, estamos diciendo en el fondo: "Señor, no debiste crear a esa persona", y estamos diciéndole: "Señor, no merece que la salves".
¿Tú crees que el amor de Dios puede estar en un corazón que dice semejantes blasfemias? No, en un corazón así sólo puede haber tinieblas, y una persona que tiene tinieblas, no sabe para dónde va.
De manera que de hoy en adelante no podemos aborrecer a las personas, de ninguna manera, al contrario, sabiendo que Dios nos ha acogido y que somos pecadores, digamosle a Dios: "Señor Dios, tú sabes que fulanito de tal me cae muy mal, como un masazo en la nuca, pero es tu obra, Señor, y tú puedes hacer tu obra en esa persona como lo estás haciendo en mí, y tú puedes salvar y santificar a esa persona como lo estás haciendo en mí".
Y no digamos lo que decía aquel señor: "Y que viva mi suegra, pero bien lejos", no; sino diremos: "Señor, que viva donde tú quieras que viva", porque sólo Dios sabe a qué distancia y de qué manera y por qué camino conduce a cada cual.
Nosotros no tenemos que ser mayordomos de Dios para decirle: "Ahora esto aquí y ahora mueva para allá"; no, al contrario: "Gracias por tu misericordia, dame la sabiduría para servir a tu obra; dame, Señor, la fortaleza para cumplir, para vivir, para disfrutar y para alabar tu santa voluntad".