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Fecha: 19951106

Título: Martires de la Orden Dominicana del Extremo Oriente

Original en audio: 16 min, 48 seg.


La Orden Dominicana, la Orden de Predicadores, a la que por misericordia de Dios pertenecen ustedes y pertezco yo, celebra en este día a los bienaventurados Mártires de nuestra Orden. En el extremo Oriente, concretamente, en China y en Japón, se recuerdan especialmente los nombres de los Padres Francisco y Alfonso.

Cuando se da un dolor muy terrible o se da una crueldad extrema se habla de que esa es una "tortura china", pues esa expresión tiene su origen precisamente en el refinamiento de la crueldad y de la saña con que muchísimos Cristianos fueron martirizados en estas tierras de extremo Oriente.

Francisco y Alfonso y sus compañeros fueron testigos de Cristo en circunstancias dificilísimas, comenzando por el idioma, siguiendo por la cultura, pasando por la pobreza, la enfermedad y finalmente por la persecución, la tortura y la muerte.

Estos Mártires, de alguna forma o de muchas formas, nos recuerdan el inmenso tesoro que es la fe cristiana. Sin duda, ninguno de nosotros ha tenido que sufrir tanto por defender su fe, ninguno de nosotros se ha visto expuesto a tanto dolor, oprobio, infamia; los decretos de los tiranos de la época llegaron a extremos que hoy nos pueden parecer cosa de fantasía.

En el Japón, por ejemplo, la persecución se centró fundamentalmente en los sacerdotes, y el emperador o el tirano, que quizá sea mejor llamarlo, mandaba, que si alguna familia escondía a algún sacerdote, entonces papá, mamá e hijos eran quemados vivos. Con este género de medidas se multiplicaron los muertos, los asesinatos y dolorosísimamente, alcanzó su propósito porque se acabaron los sacerdotes.

En el extremos Oriente, en Japón y en China se acabaron, después de esos primeros siglos de misiones, es decir, de estos años, estoy hablando del siglo XVII, desaparecieron los sacerdotes. Debido a esta persecución, muchos de ellos asesinados. La mayor parte de sus nombres permanecerán ocultos en el corazón de Dios.

Muchas familias fueron también perseguidas y torturadas y exterminadas. Entonces, ¿qué quedó del cristianismo?, casi nada. Cuando después de muchos siglos volvieron a entrar cristianos a estas Regiones sin embargo encontraron, para sorpresa suya, que todavía había quien creía en Cristo en esas regiones.

Cuando estábamos pidiendo las autorizaciones y permisos de rigor para esta celebración Eucarística, que significa tanto para cada uno de los miembros de la familia que está aquí presente, uno de los motivos por lo que se pidió que se hiciera por la tarde esta celebración, es porque por la mañana tenían otra Eucaristía.

Y es curioso que ustedes y yo hayamos tenido la oportunidad de celebrar dos Eucaristías recordando una región del mundo en la cual, durante siglos, no se pudo celebrar la Santa Misa, no se pudo celebrar por las razones que ya les he comentado.

Pero el nombre de Cristo no desapareció de esas tierras y esto me parece que es igualmente admirable, es un caso absolutamente único en la historia del Cristianismo, perseveraron sin Eucaristía, sin sacerdotes, sin confesión.

Hubo Cristianos en China, concretamente, que nacieron y fueron bautizados, catequizados a escondidas por su padres, y sus padres, los papás de ellos, también les enseñaron cómo después de que ellos desaparecieran, tenían que seguir bautizando a los niños.

Fueron cristianos que nunca pudieron hacer la Primera Comunión, sabían que existían los sacerdotes porque había fotos, dibujos, láminas que ilustraban esas cosas, pero nunca tuvieron cerca a un padre.

Probablemente, en un país como el nuestro de aplastante mayoría Católica y de tantos sacerdotes buenos y malos, esto, repito, parece cosa de fantasía, y por eso las lecturas que nuestra Orden de Predicadores ha escogido para hoy quiere subrayar ese hecho.

En ese discurso emocionado de Pablo en la comunidad de los Efesios les dice: "Yo sé que hay muchos, que después de que yo me vaya, van a meterse con ustedes y van a acabar con el rebaño, e incluso algunos de ustedes van a deformar la fe" Hechos de los Apóstoles 20,29-30, pues eso sucedió a la letra en el extremo Oriente.

Las Palabras que dice Jesús en el evangelio también se refieren al mismo tipo de prueba en el fe, ahí donde dice: "Si el mismo mundo os odia, sabed que me ha odiado a Mi antes que a vosotros" San Juan 15,18.

Ahora debemos preguntarnos qué nos dice este testimonio y qué quiere decir esto para nosotros. La fe cristiana en nuestro tiempo no es perseguida, por lo menos, con esa violencia; los sacerdotes se mueven o nos movemos de aquí para allá, y en muchas partes nos reciben con cariño; hay también oportunidades en las que uno es insultado o es despreciado, pero podemos decir que, en general, en nuestra patria esa no es la situación que estamos viviendo.

¿Qué puede decir entonces a nosotros esta celebración de estos Mártires? Yo creo que en primer lugar, es una invitación a que valoremos la fe, lo que significa creer y yo creo que los papás tienen aquí, lo mismo que en China, tienen el deber de comunicar a sus hijos la fe con tanto fervor como esos Cristianos que nunca pudieron ver un sacerdote.

A veces por el hecho de tener tantos padrecitos de todos los colores y tamaños podemos imaginarnos que el asunto de la fe es ante todo de sacerdotes o de religiosas, pero ningún sacerdote de estos que ustedes conocen y ninguna de ustedes atiende al niño en su enfermedad. Los niños en su enfermedad los atienden en primer lugar los papás, y, ¿qué tiene que ver eso? Preguntará alguien.

Entonces ahora me voy a acordar yo de mi mamá. Cuando nosotros estábamos enfermos de niños, mamá solía orar por nosotros; con mucha frecuencia oraba el Credo, pasaba su mano, en algo que es a la vez caricia e imposición de manos, pasaba su mano por la cabecita del niño en proceso de crecimiento, pasaba la mano y oraba por él y decía el credo.

Mi hermano mayor tiene 36 años, vive en otra ciudad. Cuando tiene una necesidad urgente, cuando algo realmente le apremia u oprime su corazón, llama a mamá y le dice: "Mamá, hazme el favor de orar por esta intención". Desde luego, yo hago lo mismo también.

Hay cosas que sólo se pueden aprender en el hogar. Hay unas vitaminas de fe que sólo se pueden recibir de los papás y que ningún cura, ningún sacerdote podrá suplir. Por eso creo, que en este sentido, pensar en esos cristianos que en situación de emergencia dijeron: "Aquí no hay sacerdotes, pero sí hay fe", creo que esa actitud valiente de esos cristianos dice algo para nosotros.

En segundo lugar, yo estoy pensando en regiones de nuestro mundo donde la fe sigue siendo difícil. la Eucaristía es siempre un Sacrificio universal, aunque lo ofrezcamos en una capilla pequeña u oculta, aunque estuviera sólo el sacerdote celebrando la Santa Misa, es siempre el Sacrificio de la Pascua de Cristo que murió por todos.

Y de hecho, las palabras de la Consagración de la Eucaristía, así nos lo recuerdan en el momento de consagrar el vino como Sangre del Señor, el sacerdote dice: "Tomad y bebed todos de Él porque este es el Cáliz de mi Sangre, Sangre de la Aleianza Nueva y Eterna derramada por vosotros y por todos los hombres".

De manera que en la humildad de nuestra Eucaristía, hoy estamos rogando por nosotros y por todos los hombres; también por los que no pueden celebrar, también por los que no pudieron celebrar la Santa Misa; también por los que no logran creer en la Eucaristía; también por ellos se ofrece la Eucaristía porque siempre es: "Por vosotros y por todos los hombres".

A veces, cuando las intenciones son personales o son un poco familiares, uno tiene quizá la tentación de creer que la Eucaristía es más o menos de nosotros, para nosotros. La Eucaristía es siempre un sacrificio por todos, es siempre una ofrenda de amor que se hace por todos, incluso, por los que no creen, por los que atacan esa celebración y esa también es enseñanza.

No sé por qué viene a mi mente la situación de los cristianos de Bosnia. En este momento la horrible persecución de las que son objeto, las situaciones de extrema hambre, dolor, tortura y campo de concentración que están viviendo.

Esta mañana leíamos en el convento una lectura que es como para llorar, sobre todo nosotros los que somos bobos y llorones, una carta que escribió uno de estos mártires a su hermano días antes de que lo mataran, y decía este señor que en la cárcel donde él estaba tenían presos a unos siete u ocho sacerdotes.

Bueno, la parte que me hizo llorar o que es como para llorar es que dice él: "Y cada mañana logramos celebrar la Eucaristía, aunque evitando que se den cuanta los guardias". Y yo digo, "pero, ¿cómo podían celebrar si, desde luego, los tenían privados absolutamente de todo?"

Estas situaciones las están viviendo Cristianos en lugares como Bosnia o en los países árabes, es muy dura, creánme que es muy dura la situación de los cristianos en los países árabes, especialmente, de las cristianas.

Por eso también he sentido que roguemos en nuestra Eucaristía por esas personas, pero sobre todo que roguemos por las personas que tenemos en nuestro corazón en este momento, nuestros amores están sujetos a la imperfección, a la enfermedad, al dolor, al resentimiento y precisamente por eso muchas veces o no podemos o no sabemos amar como quisiéramos.

Yo creo que en esos momentos, en esas épocas de nuestra vida lo más sensato es asistir a Misa. Cuando uno no sabe o no puede amar, perdonar, lo mejor es ir a Misa para decirle a Cristo: "Mando en tu Sangre y en tu Corazón un telegrama de amor para esta persona o estas personas a las que no logro amar, a las que no puedo querer como quisiera, a las que no supe amar, perdonar".

Y yo creo que esa Misa a la que asistimos, y esa efusión de Sangre, primero de Cristo, y luego de todos los Mártires y testigos de la Iglesia, yo creo que esa efusión de Sangre va lavando hasta las heridas más profundas, y yo creo que ese amor hondísimo de Dios puede llegar hasta donde no llega ninguna palabra, y puede dar vida, puede traer luz hasta los últimos rincones del corazón.

Cuando no sepamos o no podamos amar hay que ir a Misa, hay que leer la historia de un mártir, hay que pedir perdón por los pecados, hay que educar en la fe a un niño y hay que comulgar.

Amén.