Kvce002a
Fecha: 20000310
Título: La penitencia es un regalo de Dios
Original en audio: 26 min. 46 seg.
Le ruego al Espíritu Santo que me ilumine, que me dé las palabras para que yo sepa hablar; le pido también al Espíritu que esté a la puerta de los corazones de ustedes, para que sepan escuchar; quiero hablar de la penitencia como un regalo, como una gracia de Dios.
Es tan hermoso cuando uno como sacerdote presta el ministerio de la confesión, y hay personas piadosas que utilizan esta expresión tan linda, al final de su confesión, dicen, creo que era una formula muy tradicional en la Iglesia: "Me acuso, padre, de todos estos pecados, de los que haya olvidado, de los que estén mal confesados y por todos pido perdón y penitencia".
Es una fórmula muy bonita, una fórmula humilde que tiene una gran riqueza y que yo invito a todos a que la aprovechen cuando hagan sus confesiones, cuando se acerquen al sacramento de la confesión: "Por todo eso me acuso, por todos los pecados mal confesados y olvidados, por todo eso pido perdón y penitencia".
De esa fórmula tan bonita, que es tan apropiada para afincarnos en el espíritu de la Cuaresma, yo quiero tomar el último pedacito, yo se la doy a distintas personas, y yo creo que yo mismo debería decirla con más frecuencia cuando voy a confesarme, mira que en esa palabrita, en esa frasecita se dice "pido perdón", pero también se dice "pido una penitencia, pido perdón y penitencia."
En el sacramento de la confesión a uno le dan tres cosas, de las cuales dos se nombran en esa frase, las tres cosas son: perdón, consejo y penitencia, o sea que todavía quedaría más completo que uno dijera: "Pido perdón, pido su consejo y enseñanza, y pido penitencia".
Uno sabe que en la confesión recibe perdón, no porque sea el sacerdote el que lo perdona a uno, sino porque sabemos que Jesucristo dijo a los Apóstoles: “A quienes vosotros les perdonéis los pecados, les quedan perdonados” San Juan 20,23.
Donde se muestra que Cristo verdaderamente instituyó como sacramento de amor y de salvación esta confesión, de donde yo deduzco que es una crueldad terrible con uno mismo no confesarse, si a uno le dejan un remedio tan saludable para el alma y uno no acude a él, ¿qué se puede decir? Que es una persona cruel.
Es como una persona que tuviera una herida y nunca se la desinfectara y dejara que se le pudriera la mano o la pierna, yo creo que uno diría: "Ese hombre es un degenerado, porque se destruye". Pues así hay almas degeneradas que no acuden a los remedios de Dios.
Pero yo quiero destacar que uno ya sabe que en la confesión hay perdón, eso es muy bello, uno ya sabe que en la confesión hay consejo, aunque a las velocidades supersónicas a las que hay que realizar algunas confesiones, el consejo es mínimo.
Pero fíjese que cuando uno no le da un consejo en una confesión, uno queda como un poquito aburrido, eso de que uno diga sus pecados, y bueno, "entonces yo te absuelvo, entonces el siguiente".
Uno queda como un poquito aburrido, uno espera un consejo, y realmente esto es de las riquezas de la confesión, ese consejo, porque los consejos que nos dan los sacerdotes, muchísimas veces son palabras ungidas, empapadas del Espíritu Santo y son los que le ayudan a uno a aclarar la propia conciencia.
A veces hay cosas que uno no sabe lo graves que son y lo aprende en la confesión y otras veces está uno sufriendo mucho, pero hay cosas que considera demasiado graves y se alivia la conciencia a través de esa palabra, por ejemplo, a mí me ha sucedido que llegan personas con gran angustia a confesarse por no asistir a la Misa dominical.
Bueno, pues eso en sí mismo es de cuidado, pero uno mira las razones por las que no asistimos a la Misa, "no teníamos ninguna iglesia cerca", "estuvimos viajando todo el día, no había manera de ir a ninguna iglesia", "estuve enfermo", tuve que atender a un hijo mío que estaba enfermo todo el día", "no tenía otra manera."
Es evidente que una persona que no pudo materialmente, físicamente no pudo ir a la iglesia, pues no tiene culpa en eso, entonces ahí es donde uno aprovecha para decirle: "-Bueno, ¿y de qué otros pecados usted tiene memoria? "-No, de nada más, sino únicamente esa vez que falté a la Misa, pero fue sin culpa".
Casi siempre un diálogo que se prolonga, ahí le ayuda a la persona a descubrir que eso que le parecía tan espantoso no es lo grave, pero tal vez otras cosas sí son serias; sin un consejo, pues sí, es difícil, porque se le puede ir a uno la vida entera creyendo que uno está haciendo las cosas muy bien, y muchas veces uno está haciendo las cosas mal.
Sobre todo eso se da en el ámbito familiar, en una familia que es un círculo relativamente pequeño y constante de personas, cada persona se acostumbra a tener su propio punto de vista, su propia postura y ahí se queda, y nosotros nos acostumbramos en la familia a tratar siempre los problemas de la misma manera.
Uno no tiene mucha creatividad en el trato de los problemas, casi siempre uno reacciona de la misma manera, "y si me dice esto, pues le digo esto, y si dice lo otro, pues le hablo de esta manera".
Uno ya tiene un repertorio de armas, y por eso, cuando las parejas están enfermas o cuando las relaciones con los hijos están en mal estado, la gente no tiene muchas peleas, sino la misma pelea repetida muchas veces, siempre se dice lo mismo, más o menos en el mismo orden.
¿Eso qué quiere decir? Que como uno no tiene una luz, no tiene manera de apartarse; como mirar el conjunto, repiten incesantemente los mismos errores, eso ya se ve desde el noviazgo. Habla uno con las parejas de los novios: "Es que siempre discutimos", ¿y qué discuten?
"Siempre discutimos porque yo siempre le digo que si él ya terminó con esa muchacha él no tiene por qué estarla llamando, pero entonces él siempre me dice que él no la llama porque está interesado sino la llama porque es que tienen unos negocios que tienen que hacer, entonces yo siempre le digo por qué esos negocios…" Ahí se ve que las peleas son repetitivas.
Cada uno lo que hace es representar ya su papel, siempre representa su mismo papel. Cuando uno va a la confesión y uno recibe la gracia de un buen consejo, un buen consejo le ayuda a cambiar un punto de vista, un consejo a tiempo le ayuda uno a ver las cosas de otro modo. Notoriamente miopes solemos ser los seres humanos con respecto a nuestro trato con las personas cercanas.
Le apuesto que la dureza que nosotros tenemos con la propia familia no la tendríamos con nadie en el trabajo; nadie te aguantaría en el trabajo lo que uno le hiciera o le hace a la familia; pero uno como siente que la gente de la familia le toca estar ahí o si no "lárguese", ahí le toca.
Como uno siente que esa gente tiene que aguantarse, uno abusa, de pronto una palabra de consejo le puede abrir a uno los ojos: "Mire lo que usted está haciendo", "mire en dónde se está metiendo".
La palabra de consejo también es maravillosa para buscar la perfección del alma, para buscar la santidad.
Es la cosa mas extraña del mundo, hay personas que se confiesan, por ejemplo, cada quince días, cada mes y son confesiones profundas, tienen olfato, tienen discernimiento, se dan cuenta de las cosas, se acostumbran a ser sanamente exigentes, no escrupulosos, en el sentido de esas personas que sienten que nunca Dios las perdona y siempre quedan mal confesadas.
Es como una enfermedad mental. No, estoy hablando aquí de la persona sana en su mente, en su corazón, se confiesa con frecuencia y se va volviendo sanamente exigentes, van aprendiendo a descubrir: "Ah, esta palabra, yo no he debido obrar así", "yo no he debido tolerar este pensamiento", "yo no he debido dejar de hacer esto".
Las personas que se confiesan cada quince días, cada mes, son personas que tienen una sana exigencia. De pronto llega a confesarse otra persona: "¿Cuánto tiempo tiene usted sin confesarse?" "-Espere, hago cuentas, ¿cuándo fue el matrimonio de Lucía? Venga a ver, puede ser entre siete y nueve años, de ahí no pasa".
Uno se revierte de paciencia, claro, porque uno sabe, que lo que uno diga podrá ser usado en su contra: "Y a usted no le parece…" "-¡No, yo no tengo ningún pecado!, soy una persona común y corriente, las borracheras, lo normal, no es una borrachera continua, tengo muy bien limitados cuáles son mis días, lo normal".
"Una que otra aventura, lo normal; uno es hombre, uno sabe cómo son las cosas, pero eso no pasa de ahí, si acaso tengo faltas muy pequeñas, de pronto digo mentiras, pero son mentiras muy pequeñas; de pronto pueden salir cosas de plata, pero muy pequeñas; de pronto un niño, pero pequeñito, todo pequeño"
Es la cosa más curiosa, la persona que se confiesa con frecuencia educa el olfato, tiene discernimiento, ¿ve? Se vuelve exigente consigo mismo, sanamente exigente; la persona que no se confiesa, todo le parece normal, es una cosa muy extraña, debería ser al revés, obviamente.
San Ignacio de Loyola, después de mucho tiempo sin confesarse, se fue a confesar y duró tres días su confesión, porque ése sí hizo un buen examen de conciencia, ahora, ¿dónde consiguió un padre que lo oyera tres días? No sé, pero el hecho es que duró tres días confesándose, porque de eso sí hizo cuentas, ese sí dijo: "Es que hay demasiadas cosas que yo he hecho mal en la vida."
Lo interesante de eso, de por qué lo menciono, es porque el consejo, esa palabrita, aunque una cosa es la confesión y otra cosa la dirección espiritual, son dos cosas distintas. La confesión y esos consejos que le van dando a uno, le van educando el paladar y le van educando el olfato: "¿A ver, ¿qué es lo que Dios quiere de mi?"
Y uno va aprendiendo que las cosas no son tan normales como antes le parecían, se va volviendo una conciencia más delicada, porque es más amorosa, porque ve con más claridad cuál es el amor que Dios le ha tenido.
Y en cambio, la persona que han pasado años y años sin confesarse, de las que yo he atendido, llevaba casi sesenta años sin confesarse, claro, una persona en esas circunstancias ya difícilmente puede recordar y la conciencia se ha adormecido y se ha encallecido mucho.
Esto es para invitar realmente a que nos confesemos, a que hagamos buenas confesiones, porque eso nos orienta hacia la santidad.
Pero mi tema principal no es el de los consejos sino lo último, uno pide tres cosas: perdón, consejo y lo último uno pide penitencia, claro que la persona que lleva siete o nueve años, o dieciséis o veinticinco años, no quiere que le ponga ninguna penitencia, precisamente porque cuando uno está muy lejos, todo le parece difícil, todo le parece aburrido.
Yo ya he contado en otras ocasiones, que cuando yo era muy niño, a mí me aburrían las Misas, y el problema mío era que abreviara; yo creo que si un día Nelson niño entrara a las Misas de Nelson grande, se iría pero volvería, pero aburrido.
Que, "padre, no resume, ha podido resumir, ha podido pasarnos un esquema chiquito, una ficha, uno lo mira ojalá que traiga los links apropiados, que uno haga uno click como consejo, otro click la confesión como perdón, pero unas homilías, ¡ay, kilométricas!..."
La persona que tiene el paladar insensible, como viví yo la mayor parte de mi vida, que yo, pues, tengo mucho de que arrepentirme; la persona que ha vivido así insensible, no quiere que le pongan penitencia.
Pero una de las señales de salud es eso que dice la frasecita de los que se confiesan y esa que aparece en las lecturas de hoy, esa necesidad de la penitencia, ese aspecto positivo de la penitencia.
Y eso se nota en que por ejemplo, aquí pasa como con un padre que tenía el don de sanación y entonces una señora le lleva un bebecito que estaba muy enfermo, el pobre niño no comía nada, no había poder humano para que comiera, el padre le hace una oración y le dice: "Mire, vaya a su casa rece cinco Padre Nuestros y el niño se le sana", y se sanó el niño.
Al cabo de unos meses el niño se enfermó de una terrible diarrea, va la señora donde el padre, y le dice: "Mire, ore por el niño cinco Padres Nuestros y el niño se le sana", la señora le dice: "No, señor, los cinco Padres Nuestros son para cuando el niño no comía."
Algo así le pasa a uno con las penitencias, es que se ha desvirtuado mucho el sentido de la penitencia en la confesión, los sacerdotes no ayudamos mucho para que se entiendan muchas cosas de la confesión, entonces hay padres que cualquier cosa, son unos Padres Nuestros y unas Ave Marías y salga, eso no ayuda mucho.
Mire, la penitencia, la verdadera penitencia es un regalo, ese es el tema fundamental que quiero expresar, la verdadera penitencia es un regalo, es un gran regalo, mejor dicho, que a uno le digan una penitencia es casi lo mejor que le pueda pasar a uno.
Ojalá nosotros los sacerdotes tuviéramos mas sensibilidad, aprendiéramos a confesar mejor, y claro, se necesita que estemos muy unidos al Espíritu Santo para hacer lo que tenemos que hacer bien.
¿Cómo se explica eso? ¿Qué es un pecador? Un pecador es una persona que está perdida en el universo, fíjate que Cristo dijo que Él era el Buen Pastor y que Él iba a buscar las ovejas perdidas, luego un pecador es una oveja perdida, es una oveja extraviada.
Cuando una persona está perdida en el mundo está como un caminante que fuera por el desierto y ya todo le parece igual, ya no sabe para dónde coger, ese es el estado en el que cae el corazón, en el que se encuentra el corazón por el pecado, esa es la situación.
Imagínate uno en el desierto a punto de insolarse y ver todas esas dunas, todas esas colinas, los matorrales que se ven igual por todas partes, esa es la situación del ser humano en el pecado, ya todo le parece igual, todo le parece asqueroso, todo le parece repugnante, todo le parece inútil; una penitencia es un camino que le regalan a uno cuando está en el desierto.
Yo sé que unos de ustedes, quiero pensar que todos son gente fervorosa, rueguen, por favor, por la Iglesia, por la Santa Iglesia Católica, rueguen por los sacerdotes, que tengamos la luz del Espíritu Santo, aunque tengamos a veces que confesar más rápido de que lo que quisiéramos.
Pero es que no siempre dispone uno del tiempo que uno quisiera, pero hay que pedirle, y ustedes pueden pedirle a Dios, que nos dé esa luz del Espíritu Santo.
Porque mire, una buena penitencia lo pone a usted en una ruta, una buena penitencia es la ruta de salida, el pecador está metido en un laberinto espantoso.
Pregúntele a un drogadicto, pregúntele a una persona que padece resentimiento, dolor, obsesiones en su mente, tristeza, depresión en su alma, la persona se siente en un laberinto, ya ha intentado todas sus fórmulas y se le acabó su repertorio, no sabe para dónde coger, esa es la situación del pecador, ese pecador recibe la luz de una penitencia.
Qué bueno que le digan a uno: "Mire, el ayuno que no me gusta es este", "el ayuno que sí me gusta y el ayuno que sí les gusta a ustedes es este", ¡ay, eso es lo mejor que le puedes decir a uno!
Yo pienso que si nosotros nos unimos se puede renovar la gracia de la penitencia en la Iglesia, penitencia sacramental, pero también la penitencia fuera del sacramento, porque la penitencia también tiene su carácter de virtud en cuanto a unión a la cruz de Cristo, una verdadera vida de penitencia.
Pero a quien me refiero, es sobre todo a esa penitencia que se le ofrece, que se le regala al pecador; ustedes, cuando vayan a confesarse, además de pedir perdón por sus pecados, yo les ruego, pidan por el sacerdote, hay vidas que se han cambiado por una penitencia, una penitencia puede cambiar una vida, porque la pobre persona estaba perdida, perdida en el desierto.
La penitencia es como una flecha indicadora: "-Mire, siga por aquí, siga en esta dirección", "-"-¿cuál dirección, si a mí me parece igual que todas?" "-Que siga por ahí, hombre, siga, siga, ahí esta su salvación."
Eso le pasó por ejemplo a un hombre, es un pasaje que me gusta mucho, un hombre que se llamaba Naamán, Naamán era general del ejército Sirio, si no me falla la memoria, Naamán padecía lepra, Naamán fue donde un profeta, el profeta Eliseo, y el profeta Eliseo le mandó decir, “mire, váyase y lávese en el Jordán" 2 Reyes 5,10.
Y Naamán se fue pateando la tierra, "se le ocurre ese señor decirme que me vaya a lavar al Jordán, ¿acaso los ríos de mi tierra el Abana y el Parpar no son mejor que los ríos de aquí? ¿Cuántas veces me he bañado y no pasa nada?” 2 Reyes 5,10-12, esa es la situación del pecador.
Pero resulta que uno de los servidores de Naamán le dijo: "Mire, espere, si le hubieran mandado una cosa difícil ¿no lo hubiera hecho? ¡Cuánto más una cosa tan sencilla como esta!” 2 Reyes 5,13-14.
Esto vale para la penitencia, aunque sean cosas sencillas realicémoslas con el máximo amor, pensando que puede pasarnos como Naamán, "Naamán dijo: "Pues sí, voy pues allá", y se fue al río Jordán y se lavó siete veces, y cuando salió la séptima vez, Dios le había curado la lepra" 2 Reyes 5,15, fue como una penitencia.
Yo lo tomo aquí alegóricamente como lo que hace la penitencia, cuando usted vaya a confesarse haga esa oración, usted le dice a Dios “Señor yo me quiero arrepentir de todos mis pecados, de todo lo que he hecho, todo lo quiero confiar a tu misericordia y quiero que tu ilumines a ese sacerdote, quiero que tu le des una luz especial a ese sacerdote para que me aconseje lo que me tiene que aconsejar y para que me regale una penitencia”.
"Esa penitencia me va a parecer aburrida, inútil, insulsa, estéril, pero yo quiero vivir esa penitencia, y quiero tomar esa penitencia como ruta de mi vida, tú me vas a regalar una penitencia, Señor, y con esa penitencia que tú me regales mi vida va a cambiar", y eso es muy cierto.
Si hasta penitencias que yo he puesto le han servido a la gente para cambiar de vida, quiere decir que Dios sí cambia las vidas; y yo oigo también de las penitencias que otros sacerdotes han puesto, así en el nombre del Señor, y uno dice: "Oiga, a mi nunca se me hubiera ocurrido eso, pero qué cosa tan linda, qué cosa tan sabia, qué cosa tan piadosa, tan buena."
Una penitencia es una ruta de salida, es la ruta de salida de la vida. Dios quiera regalarnos esas penitencias, a veces parecen cosas difíciles y a veces parecen cosas demasiado fáciles, pero el Señor nos iluminará, pero tenga paciencia y digo yo como dijo el criado a Naamán “Tenga paciencia y haga las cosas muy bien, y hágalas con todo el corazón”.
Esas penitencias que se van haciendo, y refiriéndome sobre todo a la penitencia sacramental, van cambiando la vida.
Pero hay otras que se pueden ir haciendo también, por ejemplo, mire, disculpen las palabras, esas tonterías, esas cosas tan niñas, tan pequeñitas que tiene la Iglesia, yo sí los invito a que las vivamos a fondo, ¡cuántas veces hemos despreciado esto!
Por ejemplo, el accidente de no comer carne, "¡ay, esto para qué!", "bueno, no puedo comer carne, pero me como una langosta preparada y sancochada", ¿cuál es el sentido? Eso ya no tiene ningún sentido.
Señor, "-¿su presupuesto le da para langosta preparada, sancochada y preparada para cada viernes?" "-No", ¿qué quiere decir? ¿Seguramente usted tendrá otras comidas? Pero es que no es un asunto de comida, ni de bebida, es un asunto de obediencia, de humildad de unión con toda la Iglesia, de entrar a vivir las cosas y darles el sentido que tienen.
Vivamos, vamos a vivir las prácticas de esta Cuaresma como dice la oración inicial de la santa Misa de hoy, vamos a vivir las prácticas de esta Cuaresma, hombre, que cuando dice ayuno, pues de acuerdo con la posibilidad, el estado de salud, las fuerzas, lo que sea pero vamos a practicarlo.
Si dice abstinencia, si se dice ceniza, pues ceniza. ¿Que más se nos dice? Que oremos más, que hagamos actos de misericordia, todo eso se nos dice, que seamos generosos que demos limosna.
"-¿Cuáles son los actos de misericordia suyos? A ver, haga una lista en este último mes", "-pues a ver… que no volví a golpearle a mi tía", "¿qué otro acto de misericordia?" "-A ver, no me acuerdo de más"; "-haga memoria, a ver, corríjase, tenga actos de misericordia, actos de caridad, actos de compasión, que usted diga verdaderamente hice algo por alguien".
"-Bueno, cuando leí el manual de los "Boy Scauts" (los niños exploradores), cuando leí que hicieran una obra buena por alguien cada día, los niños y las niñas exploradoras."
Y hay cristianos que se les pasan los días y los días y lo único que hicieron ¿qué fue? Pues hacer lo que tenían que hacer, pero son corazones cerrados a toda generosidad y metidos en sus intereses.
"Mire, padre, no me hable más que estoy concentrado en mi carrera, mi futuro, mi cuenta, mi plata, mi casa, estoy metido en mi vida ya no me diga más"; hombre, eso es muy triste, que uno viva así, que uno le pasen los días sin hacerle el bien a nadie.
Si nos dicen que la Cuaresma es para actos de misericordia, actos de generosidad, actos de perdón, lectura de la Biblia, escuchar la Palabra de Dios, oración frecuente, vamos a vivir eso, vamos a vivirlo de corazón, todas esas generosidades, todas esas ofrendas.
Que nosotros le presentamos a Dios, unidas a la gran ofrenda que es Cristo crucificado, unidas a la gran ofrenda que es Cristo en el Santísimo Sacramento, todo eso es lo que le va dando la ruta de salida a la vida de uno y uno va viendo "¡ah, es que mi vida puede ser distinta!"
Ven, Señor, con el poder de tu Espíritu, danos caminos, yo te pido, conviértenos a nosotros los sacerdotes, danos luz para que te sirvamos mucho mejor, con gran sabiduría, con ese don del Espíritu Santo y permite, Dios mio, que todas estas pequeñas ofrendas, dadas con amor y unidas a la Eucaristía, sean gratas a tus ojos.
Amén.