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Fecha: 20120225
Título: Que el cambio interior que experimentemos en la Cuaresma se refleje en la manera como tratamos a los demas
Original en audio: 4 min. 52 seg.
Una manera interesante de ver el tiempo de Cuaresma es como una catequesis, es decir, como una enseñanza que nos devuelve a los fundamentos mismos de la vida cristiana. Nosotros, cada uno de nosotros, hemos recibido el regalo de la fe, el regalo del Bautismo, el regalo de ser miembros vivos del Cuerpo Vivo de Cristo.
Y aquellos entre los que puedan estar escuchando estas palabras o viendo estas imágenes, que no han recibido aún esos dones, recuerden lo que dice Jesús: "Pedid, y se os dará" San Mateo 7,7, así que yo cuento con ese dato. Tenemos el gran regalo de la fe y el gran regalo de ser de Jesús, ser miembros vivos de su Cuerpo.
Así que lo que estamos haciendo en la Cuaresma es como una purificación, como limpiar la casa; pero esa casa, que es la Iglesia, somos todos nosotros, y el esfuerzo que cada uno hace en esa purificación interior redunda en bien de todos. Es como una gran familia en la cual cada uno de los hijos tiene su cuarto, y si todos se ponen de acuerdo y cada uno limpia y ordena su habitación, al final la casa es mucho más agradable y mucho más habitable.
Eso es lo que tenemos que hacer en Cuaresma. Hoy tenemos dos pasajes: del capítulo cincuenta y ocho de Isaías y del capítulo quinto del evangelio según San Lucas. El capítulo quinto de Lucas es precioso, nos cuenta entre otras cosas lo que hemos oído hoy: cómo Jesús dice: "No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. No he venido a llamar a los sanos, sino a los enfermos" San Lucas 5,32.
Yo creo que es una invitación para cada uno de nosotros, para que no nos digamos mentiras, para que reconozcamos que sí hay cosas que tiene que cambiar y mejorar en nuestras vidas. Negarse a cambiar es negarse a mejorar. Fíjate cómo ese sería un acto de odio hacia uno mismo. Por eso la Cuaresma, lejos de ser un tiempo deprimente, es un tiempo que en medio de su seriedad y de su austeridad, tiene una grande y muy buena noticia, la noticia de que podemos, con la gracia de Dios y con nuestra respuesta generosa, ser mucho mejores de lo que parecemos, mucho mejores de lo que somos hoy.
Pero la primera lectura requiere, creo yo, un poco más de atención, porque por un lado nos está mostrando los aspectos prácticos de la conversión, es decir, somos invitados a que nuestro cambio interior se refleje muy fielmente en aquella manera como tratamos a los otros, especialmente,los que tienen necesidad. Eso nos dice el profeta Isaías: "Cuando partas tu pan con el hambriento, brillará tu luz" Isaías 58,10.
Este aspecto practico de la conversión es algo que jamás debemos quitar de la Cuaresma; no se trata el camino de la conversión o el camino de la búsqueda de la santidad, no se trata únicamente de levantarse uno como en una especie de torre para decir, yo digo con vanidad: "Bueno, ¡qué perfecto me he vuelto! Qué gran santo que soy!" Al contrario, de lo que se trata es de que cada uno de nosotros pueda repartir, pueda poner a circular mejor ese amor que nos hace bien a todos.
todos nosotros somos como vasos comunicantes en el Cuerpo de Cristo, y lo que estamos haciendo en Cuaresma es dejando esa arterioesclerosis, es dejando esa flebitis, es abriendo los conductos para que se circule el amor de Dios, pero de amor nos somos dueños nosotros. Así que no debemos considerarnos héroes si empezamos a compartir, es sencillamente nuestro hermoso deber.
Pero recordemos que en ese mismo pasaje aparece el tema del sábado, que es muy importante, porque es el recordatorio de que la vida humana no es solamente trabajo, producción, y también es el recordatorio de que la vida cristiana no se puede leer únicamente desde la eficiencia. El recordatorio del sábado es el recordatorio de que la vida humana tiene una dignidad intrínseca, y que nosotros hemos sido creados fundamentalmente para conocer y amar a Dios, algo que está mucho más allá de las expectativas de la pura eficiencia.
O sea que qué hermoso es el panorama de vida cristiano que nos deja ver Isaías en este capítulo cincuenta y ocho. De lo que se trata es de una vida que da fruto en esta tierra, pero que sabe levantarse y sabe mirar, mucho más allá de todo lo creado, hasta el Creador.