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Fecha: 20110312
Título: ¿Esta sucediendo la palabra "conversion" en tu vida?
Original en audio: 4 min. 27 seg.
Acabamos de empezar la Cuaresma, y en esta semana el mensaje más importante es hacer eco a la palabra "conversión", porque de eso se trata finalmente la Cuaresma. Si tú quieres evaluar qué tal fue, qué tal va a ser tu Cuaresma, hay una sola pregunta que importa: ¿Va a suceder, está sucediendo la palabra "conversión" en tu vida? Y conversión implica mudanza, implica movimiento, implica cambio, implica que algo nuevo sucede en tu vida: la novedad de Dios, la novedad de su amor, la novedad de su ley y sus mandatos, la novedad de Jesucristo, que es expresión perfecta del rostro del Padre y de la voluntad del Padre.
Pues bien, la palabra "conversión" puede quedar un poco aérea, un poco indeterminada, pero no el día de hoy, porque hoy esa palabra tiene un rostro muy concreto, en tres formas, dos de ellas las tomamos de la primera lectura, capítulo cincuenta y ocho del profeta Isaías, y otra la tomamos del evangelio según San Lucas, donde se nos cuenta cómo Dios llama a un pecador, un hombre llamado Leví, o con otro nombre, Mateo, cobrador de impuestos.
Empecemos con Isaías. Isaías, capítulo cincuenta y ocho, nos recuerda que la conversión tiene una dimensión, llamémosla, horizontal, y una dimensión vertical. La parte horizontal tiene que ver con los demás seres humanos, con lo que usualmente llamamos "nuestro prójimo". Nos recuerda el profeta Isaías que nosotros tenemos deberes de solidaridad con nuestros hermanos, es decir, que no podemos decir que somos creyentes, no podemos decir que estamos en Dios y que creemos en Dios, si nuestra vida está marcada por la injusticia.
Entonces el acto de solidaridad va unido a un acto de rompimiento: es necesario romper con estructuras, con costumbres que conducen a la injusticia y a la muerte, y es necesario optar por estructuras, por comportamientos que conducen hacia la justicia, justicia que tiene un rostro muy específico, justicia que significa que el rostro del hambriento cambie, que las lágrimas del triste cambien, que el despojo de aquel que ha sido privado de vivienda o de vestido cambie.
Es decir, que tu vida produzca un bien real en otras personas, a partir de una opción clara por separarnos de aquello que es injusto y por acercarnos a a aquello que trae justicia y que trae vida. Esa es la dimensión horizontal, y en esto todos tenemos mucho que hacer.
Luego está la dimensión vertical que para los judíos era sobre todo el sábado, es decir, ese tiempo para Dios, ese corazón para Dios y ese buscar nuestro descanso en el Señor, el sábado.
Pero estas dos dimensiones, la solidaridad con el hermano y la adoración y descanso en Dios, requieren un comienzo y ese comienzo uno no puede dárselo a sí mismo, ese comienzo está en la compasión infinita de Dios, en su misericordia que es inagotable y que ha se ha hecho visible en la persona de Jesucristo.
Entonces, aceptar el llamado de Cristo, aceptar el amor de Cristo y entrar en una tónica de solidaridad, de justicia y de reconocer la primacía y la majestad de Dios. Esta va a ser tu Cuaresma y va a ser mi Cuaresma.