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Fecha: 20000311

Título: Necesitamos ser sostenidos por Dios y buscar la gloria de Dios

Original en audio: 23 min. 35 seg.


Hermanos Míos,

La Biblia describe las obras de Dios de maneras muy poéticas, pero también muy gráficas, muy cercanas, muy disímiles. Por ejemplo, en la primera lectura se describe el paso de Dios con estas palabras: "Dará el Señor reposo permanente, hará fuertes sus huesos, tú vas a ser un huerto bien regado" Isaías 58,11.

Es una experiencia deliciosa de vida y de belleza. Y esa es la experiencia que precisamente nos hace falta, esa es la experiencia que no tenemos muchas veces, y esa es la experiencia de la cual carecen especialmente los más pequeños, los más niños, los más enfermos, los más pobres.

Esa experiencia, la experiencia de sentirse soportado por la vida y conducido, abrazado, envuelto en la belleza. Necesitamos vida, pero necesitamos también belleza; necesitamos hermosura, necesitamos que vivir sea una alegría, no una carga insoportable.

Isaías sabe de esa necesidad del corazón humano. Y nos da una pista para llegar a experimentar ese manantial que nunca cesa, ese huerto regado, esa viña hermosa.

Dos elementos, dos puntos encuentro yo en esa lectura de Isaías, capítulo cincuenta y ocho, donde se nos cuenta por qué caminos podemos llegar a experimentar la vida abundante.

Como no acordarnos aquí de esa palabra de Jesucristo en el capítulo décimo de San juan: "He venido para que tengan vida, -no para que sobrevivan-, sino para que tengan vida, vida abundante" San Juan 10,10.

Isaías nos da dos pistas, dos puntos para descubrir esa vida abundante. Y quiero detenerme en ellos. Empiezo por el segundo: "Si detienes tus pies el sábado" Isaías 58,13, el respeto al sábado.

Hay unos grupos cristianos que se llaman los Adventistas, ellos insisten mucho en a guarda del sábado y dicen que nosotros, los demás cristianos, estamos traicionando a la Biblia porque no guardamos el sábado. Pero lo que quiere decirnos Isaías no es solamente la repetición en la obediencia de esa ley de Moisés.

Isaías ya muestra el sentido espiritual de esa guarda del sábado, el sentido del corazón. ¿Cuál es el sentido de esa guarda del sábado? Nos dice Isaías: "Si llamas al sábado tu delicia y lo consagras a la gloria del Señor; si lo honras absteniéndote de buscar tu interés y de tratar tus asuntos, el Señor será tu delicia" Isaías 58,13.

Ahí aparecen elementos muy concretos, que nosotros hemos de aplicarlos a nuestro propio caso, a nuestra propia vida.

La guarda del sábado se refiere a esto: "Si consagras el sábado a la gloria del Señor y lo honras absteniéndote de buscar tu interés y de tratar tus asuntos" Isaías 58,13. Yo concentraría en esto el sentido espiritual de ese descanso para Dios.

Con toda razón nosotros, que somos testigos de la fuerza de Dios en la resurrección de Cristo, consagramos como día del Señor el domingo, pero eso no nos exime del sentido maravilloso que Isaías nos enseña en esta lectura y que es un camino para llegar a experimentar vida abundante y para llegar a experimentar ese huerto regado, esa vida y esa belleza.

El primer elemento está ahí: que haya en ti vida, espacio para la búsqueda de la gloria del Señor, y que haya en tu vida espacio para no tratar tus asuntos. Estos son los dos elementos fundamentales de un verbo, a mí como me gustan los verbos, de un verbo, que es el verbo descansar. El descanso cristiano.

No se puede experimentar la vida en un trabajo de máquina, trabajo como máquina, no se puede experimentar. Necesitamos cesar en el trabajo, pero el descanso, el sabat, sabat significa descanso en hebreo, el descanso no se limita a dejar de trabajar; el descanso, dejar de trabajar está sobre todo en esos dos elementos: vas a buscar la gloria de del Señor, y vas a dejar de tratar tus asuntos.

Si una persona no hace eso, no experimenta vida, experimenta carga, cansancio, agobio, esclavitud, no experimenta vida. Necesitas suspender tus asuntos, y necesitas buscar la gloria del Señor.

Buscar la gloria del Señor es algo muy concreto en el pensamiento hebreo. La gloria del Señor no es una idea abstracta, es algo muy concreto. La palabra gloria en hebreo se dice kabod, y pertenece a la misma raíz de un verbo que significa pesar, tener peso, tener contundencia. ¿Cuál es la relación entre la kabod hebrea y la gloria de Dios, como aparece en esta traducción?

Cuando usted llega, por ejemplo a aquel maravilloso monumento, sitúese usted, por ejemplo en esa maravillosa escultura, y sitúese usted frente a una inmensa catedral, digamos. Si usted siente que se le acaba la respiración, si usted siente que eso es maravilloso, si usted siente que eso tiene algo que le impacta, si usted siente un "trac" en el corazón.

Las cosas que impactan el corazón, las cosas que hacen que usted se quede sin aliento y diga: "¡Vaya maravilla esto!" Esa es la idea de la gloria. Lo que tiene peso, lo que conmueve, lo que te hace sentir: "¡Pero qué maravilla esto! "¡Pero cómo pudieron hacerlo! Esta es la experiencia que lleva a la gloria de Dios.

Sentir viva admiración, sentir asombro, es la palabra que me estaba faltando, llegar al asombro. Si tú no tocas las tierras del asombro, si no te sientes fascinado, si no encuentras nada que te haga decir: "¡Ay, pero cómo lo hicieron!" "¡Pero cómo fue posible!" Eso es la gloria del Señor.

Pero un momento, si vamos a ver edificios, la gloria que encuentra ahí, es la gloria de ese arquitecto. Y aquí dice: "Buscar la gloria del Señor" Isaías 58,13.

De ahí la importancia de buscar una mirada nueva para las obras de Dios, de modo tal que tú puedas situarte, por ejemplo, ante la naturaleza, ante la vida de un santo, ante el testimonio de una comunidad viva y fervorosa, ante una predicación que te alimente el alma, algo que te asombre.

Si quieres renovar tu vida, la vida se renueva por el asombro, y los corazones que han perdido la capacidad de asombro son corazones que tienen el rostro marcado por la angustia, por la tristeza, por el aburrimiento, o por lo que sea. Necesitas el asombro.

Y por eso, una de las dos dimensiones del sábado es esa: el asombro. Ante una polifonía maravillosa, ante una alabanza fantástica, ante una sanación impresionante, ante una obra de la naturaleza, ante la vida de un santo, ante la reliquia de un siervo de Dios, hay tantas cosas que pueden servir para el asombro.

Indudablemente, de todas esas obras, las que Cristo más ama son las conversiones. Pero ese es el primer punto: asombrarse. Pero luego dice: "Deja de tratar tus asuntos" Isaías 58,13.

En un documento interesante escrito por algunos sacerdotes españoles, que hablaban sobre la situación espiritual de los sacerdotes, y decían: "Uno de los problemas que vive el sacerdote, es que el día en que tendría que cultivar más su espíritu, el día del Señor, es un día de tanto agobio, es un día de tanto trabajo", que no tienen manera de practicar lo que aquí se dice, no tienen modo de practicarlo.

Pero no vale solamente para el sacerdote. Yo sé que algunos de ustedes o muchos de ustedes están empeñados en obras de evangelización, en obras de misericordia, en obras de solidaridad, y por eso este mandato de Isaías tiene una gran importancia.

Cuando dice aquí que "deje de tratar sus asuntos" Isaías 58,13, ¿a qué se refiere? ¿Se refiere solamente a la persona que está haciendo dinero, que está afanada por hacer plata? No. ¿A qué se refiere eso? "Deja de tratar tus asuntos" Isaías 58,13.

Mira, yo lo puedo describir con este ejemplo: cuando uno está ocupado de los asuntos de uno, así sean asuntos de Iglesia, porque llega un momento en que uno se solidariza tanto con la obra de Dios, que eso vale tanto o más que el trabajo que uno tuvo, o tendría, o tendrá. Cuando uno está ocupado de los asuntos de uno, uno está tratando de sostener algo.

Como el párroco que intenta sostener su parroquia. Esos párrocos tratando de sacar adelante una parroquia. Yo creo que ahí hay un heroísmo inmenso en esos sacerdotes, que en circunstancias terribles están trabajando.

Y el párroco tratando de sostener su parroquia y sacarla adelante; o el evangelizador, el director de un grupo, o qué sé yo, el coordinador de un coro, el director de una comunidad; sostener, sostener.

La espiritualidad del sábado, la espiritualidad del descanso es: "No puedes pasarte la vida tratando de sostener tu....; tienes que tener también la experiencia de ser transportado, de ser cargado, de ser sostenido".

La persona que trabaja afanosamente en que, "tengo que mejorar esto", "tengo que hacer esto", "y tengo que hacer esto otro", "y también tengo que hacer esto", a veces son cosas buenas, y santas, y de Dios, y de la Iglesia; la persona que está en esas, "y tengo que hacer, y tengo que hacer", está ocupándose de sus asuntos.

Dios le dice: "Mira, tú necesitas un tiempo". Y Dios propone que sea por lo menos cada ocho días en el que no estés sosteniendo nada, en el que Dios te esté sosteniendo a ti. Ese es el tiempo que te renace, ese es el tiempo que te reconstruye. "Pero es que hay tanto que hacer", "hay tantas obras", "y tengo que conseguir plata", "y además hay que hacer", "y la evangelización y la misericordia".

Sí, señor, sí, pero ahí hay que responder como decía aquel sacerdote jesuita, que tiene varios cuentos muy simpáticos, el Padre Tony de Mello, ahí toca decir lo de Tony de Mello: "Hace tiempo renuncié a ser el administrador general del universo".

Hay que tener la claridad de que uno no es el administrador general del universo y que Dios tiene, aparte de la colaboración de uno, uno que otro asistente por ahí, que hace alguna cosa también.

Nosotros los que estamos tratando de colaborar con a evangelización y con la Iglesia, corremos ese riesgo. De modo que son dos experiencias que tiene la espiritualidad del sábado, la espiritualidad del descansar, que son: primero, buscar la gloria del Señor, traducción: vive el asombro ante las maravillas de Dios, y allí hemos de vivirlo.

La Madre Laura, la fundadora de la Lauritas, una comunidad misionera aquí en Colombia, tuvo una experiencia mística maravillosa contemplando un hormiguero. Ella cuenta en su diario espiritual todo que encontró en ese hormiguero, que no fueron solamente hormigas.

El asombro, cultiva un corazón asombrado. A San Francisco de Asís había día que le llegaban diez, quince, veinte vocaciones nuevas en un día. ¿Tú te imaginas a San Francisco pensando: "Y ahora vamos a extendernos hacia Alemania", "pero hay que abrir la sucursal", "y luego nos vamos a ir a tal parte", "y luego las provincias?".

Yo me imagino que hubiera sido un san Francisco de ceño fruncido, un San Francisco con úlcera. "-Hermano Francisco", "-¡cállese, hombre, estoy enseñando la Orden!", hubiera dicho ese San Francisco.

Pero San Francisco quería llegar a diez, veinte hermanos, cincuenta enfermos, así no hubiera o así hubiera. San Francisco tenía ojos para ver la florecita: "¡Tan bella que le quedó a mi Papá Dios, tan hermosa, qué flor tan bella!"; "¡te alabo, Señor, por esta rosa preciosa, maravillosa que tú has hecho!" El asombro.

Y segundo, la experiencia de ser sostenido. Dios es el único que puede estar sosteniendo siempre. Tú necesitas la experiencia de ser sostenido.

Santa Teresa del Niño Jesús oraba, oraba, quería llevar una gran vida de oración. Con el cansancio de la enfermedad que avanzaba y con la debilidad de su desnutrición, algunas veces se quedaba dormida en la oración, como otras personas se duermen en la homilías.

Se quedó dormida en la oración. Cuando despertó, sintió reato de conciencia por haberse dormido, pero entonces el Señor le inspiró este pensamiento: "Los papás quieren a sus hijos dormidos o despiertos". Ella entendió que no era negligencia de ella. Este ejemplo interpretémoslo bien.

Vi demasiadas sonrisas de satisfacción cuando lo propuse; no estoy invitando a la mediocridad, sino diciendo que cuando hemos hecho nuestra parte, también existe el sábado, y con ese sábado, y con ese asombro, con esa alegría, con esa alabanza, con esa perfección del amor de Dios, nuestra vocación se mantiene fresca, se mantiene lozana. ¡Cómo es de importante la lozanía en nuestra vocación y en nuestra vida!

Las personas, por ejemplo usted, que me escucha en esta tarde, usted, perdóneme que le hable así tan directamente, usted necesita escuchar esta predicación de mí, como si yo me hubiera encontrado con Jesucristo hoy por la mañana.

El mundo necesita vocaciones frescas. Si yo, para predicarle hoy, le hablo diciéndole: "Mire, yo me acuerdo que hace como unos veinte años conocí a Jesús, y eso fue muy bonito en esa época, y en esa época sí que gozamos, y esa época fue hermosa", eso le suena a usted trasnochado, envejecido.

Usted necesita y el mundo necesita gente que pueda hablar de Jesús como si se hubiera encontrado con Jesús hace quince minutos. Y la lozanía nadie la conserva si no es en espíritu de alabanza, de asombro, de gratuidad y de sentirse soportado por Dios. Todo esto pertenece al sábado, que es una de las recomendaciones de Isaías hoy.

La otra recomendación es esta: "Destierra la opresión, y parte tu pan con el hambriento" Isaías 58,9-10, esa es la segunda parte. Aunque Isaías lo pone de primero, ese es el segundo consejo que yo quiero dar.

La primera experiencia de está en ti, en tu asombro, en tus ratos de contemplación, de gozo, de alabanza, de decirle cosas bellas a Dios y asombrarnos de sus santos. Pero viene la segunda parte: "Haz que otras personas tengan esa experiencia. Ese es el sentido de "parte tu pan con el hambriento" Isaías 58,9-10.

¿Quieres tener una alegría que nadie te la pueda quitar? Házle el bien a alguien, que no te lo pueda devolver.Esas son las alegrías grandes. ¿Por que eso? Porque si yo voy a la super tienda, super elegante, saco mi super tarjeta mundial, "World of Warcrafd, y pago: "Dos cuotas". Una compra costosísima, y la recibo. Eso no tiene tanta alegría, como regalar pan al hambriento, ¿por qué?

Porque en el momento en que hago esa maravillosa transacción comercial, yo sé lo que di y sé lo que voy a recibir, no tiene sorpresa, no tiene alegría, no la tiene. La alegría está unida a la sorpresa. Fíjate que por eso siempre empacamos los regalos, aunque sea para con ese gesto, añadirle una pequeñita sorpresa al que luego lo va a desempacar.

La vida necesita de la sorpresa. Cuando tú vas donde el que no te puede devolver y das con absoluta generosidad, absoluta, sin pensar en nada más, es más, con el criterio de "jamás esto lo podrá saber nadie", "jamás lo podrá devolver nadie", en ese momento, tu limosna, tu donación, tu regalo, entra en ese programa que veíamos cuando yo era niño: "La Dimensión Desconocida".

Cuando tú das tu regalo, cuando tú compras, tú sabes, mire, "aquí di tanto, deme lo que compré, apure". Ahí no hay sorpresa. En cambio, cuando tú te acercas al que no te puede devolver, le das, pero de corazón, así como Dios te ha dado a ti, y le das: "Toma, vívelo, gózalo, disfrútalo, es para ti, no tiene precio, y nada te pido".

En ese momento lo que ha salido de ti entra en la dimensión desconocida, y allá en la dimensión desconocida pasa por una contabilidad, pasa por un punto interno, ciego, a una velocidad de ocho mil millones de mega hertz, y de pronto, por otros lugares tú descubres que cada cosa que regalaste, Dios te la devuelve centuplicada.

¿Y qué fue lo que le pasó a Pedro? Pedro se puso a hacer cuentas y dijo: "Señor, nosotros lo hemos dejado todo, ¿qué pasó, qué paso, Señor? Ya le hemos metido mucha plata a este negocio, ¿qué pasó?" Y Jesús le dijo: "Fresco, hermano, tranquilo, nada de nervios, lo que tú has dado ha entrado en la dimensión desconocida, tú no sabes lo que va a pasar".

"Pero vea, ojo, cien por uno, ciento por uno, con persecución, dice el evangelio de Marcos, cien por uno con persecuciones, y luego la vida eterna, que nadie te la puede dar". Dice un salmo: "Es tan caro el rescate de la vida, que nunca nos alcanzará" Salmo 48,9.

Por eso, mis hermanos, yo les quiero invitar a que vivamos esta dimensión desconocida, que en lenguaje teológico se llama la gracia; vivamos la alegría de dejarnos sorprender por Dios y de darle sorpresas a nuestros hermanos. Vivamos la alegría de ese abrazo inesperado, de ese perdón que llega sin que nadie lo hubiera aguardado. Vivamos el gozo de la gracia, el gozo de recibir y de dar amor.

¡Cómo pasar por una persona así? Isaías lo dice: "El Señor le dará reposo permanente" Isaías 58,9-10; "mi paz os dejo, mi paz os doy" San Juan 14,27, ¿ves? Se cumple en Jesús. "En el desierto saciará tu hambre" Isaías 58,11, se cumple en Jesús.

"Hará fuertes tus huesos, serás huerto bien regado, un manantial de aguas cuya vena nunca engaña" Isaías 58,11; "el que crea en mí, de su interior saltará un torrente que salta hasta la vida eterna" San Juan 4,14, se cumple en Jesús.

"En Jesús, autor y consumador de nuestra fe" Carta a los Hebreos 12,2, como lo llama la Carta a los Hebreos, en Jesús esta gracia es el regalo más grande que podemos pedir, y el el regalo más grande que podemos entregar.

Vamos a seguir esta celebración, en la cual precisamente, el regalo que recibimos es de ese tamaño, para después darlo a nuestros hermanos con la misma alegría, con la misma juventud, con la misma lozanía con que nosotros lo acogemos.