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De Wiki de FrayNelson
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Fecha:19960224

Título: Necesitamos lideres espirituales

Original en audio: 13 min. 7 seg.


Una de las características de la Biblia, que la hacen singular entre todos los libros de la literatura universal, es que es un libro con muy pocos elogios, nada ensalza, nada parece satisfacer a los autores sagrados una vez que han sido tocados por el Espíritu de Dios y han sido llamados a escribir, a dar su aporte en la historia de la salvación.

La Biblia es un libro real, quizá demasiado real, y por eso, es por lo menos tan real, tan duro como la vida misma; si peca alguien, como por ejemplo el rey, eso se llama pecado de rey, si peca el profeta ese pecado se llama pecado profético, y si peca el sacerdote es un pecado sacerdotal.

Esa capacidad de la Biblia de llamar a cada cosa por su nombre y de no hacer homenaje de nadie, sino de Dios, lo hace el libro más creíble que podamos tener entre las manos. Con ese realismo la Sagrada Escritura mira, juzga, palpa y discierne la vida de los hombres, y concretamente, la historia del pueblo en el que se gestó esta misma Escritura, es decir, en le pueblo hebreo.

Si de lo que se trata es de unas ruinas, entonces el nombre que eso tiene es ruinas y ellos sentían, por ejemplo, en el momento en el que se escribe este oráculo, que mucho en sus vida había sido precisamente casa en ruinas, es decir, había sido el resultado de la devastación de algo que fue grande en su tiempo.

Yo apelo a ese mismo realismo para que nosotros seamos lo suficientemente honestos con nuestra historia, y si piensan en lo que es la Orden de Predicadores y en la oportunísima respuesta, providencial respuesta, que fue la Orden en le siglo XIII, una es la historia que se puede contar.

Pero si miramos nuestra situación real en Colombia y en el mundo, creo que el texto de Isaías nos habla al corazón, y parece que de acuerdo con eso, necesitamos reparadores de brechas y necesitamos restauradores de casas en ruinas.

La situación quizá no nos parezca desesperada, en primer lugar, porque existe la virtud teologal de la esperanza, que es regalo del Espíritu Santo, y en segundo lugar, porque uno termina por pensar que las cosas buenas que hacemos no se opacan por las malas que también cometemos o por las buenas que dejamos de hacer.

Pero si llega un poco del soplo del Espíritu a nuestras vidas, inmediatamente sentimos que la ropa nos queda estrecha, inmediatamente sentimos que lo que se está haciendo es poco, sentimos que el aire que ha entrado al pecho es insuficiente y que estamos hechos para aires más grandes, para una ropa mas holgada, para una vida más provechosa.

Hay un ejemplo muy hermoso que tiene San Francisco de Sales con respecto a esta nostalgia buena por lo grande y santo, que yo creo que es una de las cosas que necesitamos para liberar nuestras comunidades locales. Si a mí me preguntaran cuál es la cualidad principal que tiene que tener una persona para liderar una comunidad local, yo diría que tiene que tener esta sana nostalgia de lo grande y santo.

Así como es terrible el superior que se acostumbra al pecado, es terrible, quizá más terrible, el superior que no ha acostumbrado su corazón a la santidad, porque lo único que hará entonces es negociar la convivencia.

Y es muy triste que una comunidad que está hecha para vencer al pecado, como es la nuestra, la Orden de Predicadores, quede reducida a un manejo oportuno de las relaciones humanas y ejecución adecuada de trabajos y oficios.

Pero el ejemplo que quiero compartir con ustedes de San Francisco de Sales, es de los animalitos que son tomados en cautividad, le gustaba mucho los ejemplos de historia natural a San Francisco de Sales.

Él dice que si se agarra por ejemplo, que sé yo, un leopardo y se le tiene encerrado dentro de una jaula, pues el leopardo no conoce la palabra suicidio, de manera que ahí sigue creciendo.

Pero dice él, si a uno de estos animales incluso dentro de su jaula, dentro de su prisión, se le acerca a su medio natural inmediatamente como que le reviven las fuerzas, los músculos se tensan, la mirada se aguza y sienten dentro de sí fuerza, como incluso para romper esos barrotes para salir de esa prisión.

Yo creo que algo semejante necesitamos nosotros los Dominicos y Dominicas, y yo creo que sobre todo lo necesitamos quienes alguna responsabilidad tenemos en la dirección, en la coordinación, en el liderazgo de la comunidad local.

Aunque haya muchas limitaciones y aunque a veces nuestras comunidades parezcan casas en ruinas, si las comparamos con la voluntad original de los fundadores, a veces aunque parezcan casas en ruinas o aunque parezca que hay demasiados barrotes y barreras, si nosotros somos puestos en nuestro medio natural, de nuevo surgirán en nuestros músculos, en nuestro corazón nuevas fuerzas, correrá la sangre con un vigor distinto, tomaremos un aire nuevo y tendremos una palabra diferente para decirles a las personas.

Porque me parece que hemos tenido hasta ahora una palabra demasiado acomplejadas, es decir, una palabra que trata de que las cosas no resulten mal.

Yo lo he visto, por ejemplo, dentro de mi propia comunidad, cómo están las cosas ahora, pues resulta que pertenezco al consejo conventual, y al capitulo conventual, y al consejo de provincia, al consejo de fundadores, y a todo tipo de instancias de ese género.

Y he podido descubrir que el tamaño de problemas que visitan sin que los pidamos, el tamaño de problemas que llegan a nuestra vida, acostumbran a nuestra labor de dirección, la acostumbran a ser; uno resuelve problemas.

El Maestro de novicios y estudiantes, el Prior conventual o provincial a menudo se encuentra tan aplastado por el número de cosas para resolver que no tiene tiempo de suspirar por una nueva proyección, por un nuevo estilo o por cosas distintas.

Está literalmente aprisionado, esos son los barrotes del Superior, y por eso el Superior termina acostumbrándose a que "bueno, si no se ahorcan pronto, si no se despedazan en unas dos o tres semanas...." Pues ahí más o menos parecen que estamos.

Sería necesario que nosotros como el leopardo o las fieras de las que hablaba San Francisco de Sales, fuéramos puestos en nuestro hábitat para que allí sintiéramos que hay una fuerza nueva, que hay una vida religiosa más allá del subsistir y el de evitar algunas tareas.

Sería necesario que nosotros descubriéramos que el Evangelio tiene bastantes más vitaminas de las que hasta ahora le hemos encontrado. En ese sentido, quisiera yo entresacar furtivamente un par de enseñanzas de la lectura del Profeta Isaías que hemos encontrado.

¿Qué se necesita para ser reparador de brechas y restaurador de casas en ruinas? Dos cositas, primero: hay que desterrar la opresión, el gesto amenazador, la maledicencia, hay que partir el pan con el hambriento, hay que saciar el estómago del indigente, es decir, el Profeta en primer lugar, nos pone de cara al hermano con toda su realidad y con toda su necesidad.

Pero en segundo lugar, hay que detener los pies en sábado, hay que llamar al sábado mi delicia y consagrarlo a la gloria del Señor; hay que abstenerse de viajes y de buscar su interés en sábado y de tratar nuestros asuntos; en el lenguaje propio de su momento me parece entender a mí que es necesario ponernos delante de toda la realidad del hermano y de toda la gloria de Dios.

Es decir, es necesario y ese es nuestro hábitat natural, ese es el hábitat natural especialmente del Superior, ponerse delante de la gloria del Señor. Hay que tener, en primer lugar, esa gloria, hay que saber detener los pies, cómo es de ilustrativo eso, hay que suspender de tratar los propios asuntos, hay que dejar los propios intereses.

Hay que tener tiempo, corazón, plata y proyectos que sean específicamente para la gloria del Señor, pero hay que tener también que desterrar el gesto amenazador, la opresión y más bien dedicarse a hacer bien al otro.

Parece que ese es el hábitat del profeta. Vamos a ver si es posible esto para nuestra Orden de Predicadores, vamos a ver si podemos hacer de cada Superior un profeta, vamos a ver si es posible hacer de cada coordinador, de cada maestro, de cada promotor un profeta que sepa detener su pies en sábado.

Que sepa poner en primer lugar la gloria del Señor, que sepa desterrar toda opresión y maledicencia y que sepa saciar el estómago del indigente. De modo más breve, quizá podíamos llamar a esto: "amar a Dios y al prójimo".

Volvamos nuestro corazón a ese llamado original, volvamos nuestro corazón a ese hábitat natural y dejemos que fluya, que corra el Espíritu abundantemente en nuestra comunidad. Le decía yo una vez a una superiora: "Mira, desde mi punto de vista todo está en que tú seas líder espiritual dentro de tu comunidad local, todo está en que tú tengas una palabra de Cristo para tus hermanas".

Ahí está la clave, a mí me parece que lo que va a sobrevivir de vida religiosa en le siglo XXI, van a ser aquellas comunidades en las que el Superior resulte creíble, en la que el Superior o Superiora tenga un liderazgo en Jesucristo, es decir, tenga esa oportuna palabra en Cristo para acompañar y dirigir todo el proceso de la persona.

Necesitamos entonces maestros y maestras con ojos de águila que sepan percibir al vuelo en qué está sufriendo el corazón, cuál es la indigencia del estómago de ese novicio o novicia, de ese estudiante o de esa juniora.

Necesitamos superiores que tengan esa solicitud infinita y esa palabra oportunísima de liderazgo espiritual para la otra persona. Si logramos eso, seguramente nuestra Orden de Predicadores podrá mostrar su verdadero brillo y podremos saber qué significa ser realmente Dominicos y Dominicas.

Así nos lo conceda el Señor.

Amén.