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Fecha: 20120223

Título: Preparemonos en la Cuaresma para escuchar las distintas voces del amor de Dios que nos llama

Original en audio: 4 min. 50 seg.


Los pasajes bíblicos del Evangelio durante este santo tiempo de Cuaresma no llevan un orden particular, especialmente en estos días iniciales, después del Miércoles de Ceniza, nos damos cuenta que cada pasaje es como una voz de Dios llamándonos a conversión, llamándonos a arrepentimiento, llamándonos a la sinceridad de Dios.

Hoy por ejemplo, tenemos un pasaje del evangelio de Lucas, capítulo nueve; ayer era San Mateo, capítulo seis. Miremos esta variedad de pasajes sobre todo como una especie de pluralidad de voces; son muchas las voces, son muchos los tonos, son muchas las maneras como Dios quiere llegar a nosotros para que aceptemos su llamado.

Miremos estas lecturas como cuando miramos a un padre que quiere educar a su hijo: cuántos tonos distintos utiliza el papá, a veces, con el rostro severo; a veces, con la voz casi suplicante; a veces, con una actitud de comprensión y de mansedumbre; otras veces, con la rigidez e incluso con el castigo.

Eso que es propio de la educación que los papás dan a sus hijos, eso también hace el Señor con nosotros, y eso también hace nuestra Madre la Iglesia con nosotros. Y por eso preparémonos en la Cuaresma para escuchar distintas voces, algunas muy suaves, otras muy fuertes, algunas rudas, otras en tono de súplica.

Oigamos todas esas voces, recibamos ese concierto, y dejemos que nuestro corazón se vuelva sensible a las distintas expresiones del amor de Dios que nos llama.

¿Qué es lo característico de este texto de hoy? Cristo nos habla de la importancia de acoger el misterio paradógico de la cruz. Una paradoja es algo que parece ser una contradicción pero que en realidad no lo es. Pues, eso es lo que tenemos aquí, una paradoja, Cristo dice: "El que quiera salvar su vida, la perderá; el que la pierda por mí, la encontrará" San Lucas 9,24.

¿Qué quiere decir Cristo con esto de salvar la vida, y qué quiere decir con esto de perder la vida? Pues si miramos a una persona que toma distancia de las invitaciones y los placeres de este mundo, y que más bien se recoge en su interior, y en primer lugar busca poner orden en su casa, en sus pasiones, en sus recuerdos, en sus intereses, esa persona parece que se está perdiendo lo mejor de la vida.

Fíjate por ejemplo, cuando se haba de vacaciones, cuando se habla de descanso, cuando se habla de disfrutar el mundo, siempre nos presentan paisajes exóticos, comidas costosas, vinos finísimos, es decir, eso se supone que es salvar la vida, llevar la gran vida.

El cristiano no toma ese camino, el cristiano parece entonces que está perdiendo; pero al entrar en sí mismo, y al encontrar los verdaderos tesoros de la gracia, y al recibir el verdadero mensaje de salvación, aunque el cristiano parezca que está perdiéndolo todo, está ganando todo.

Porque al recuperar el señorío sobre su propia vida, y sobre todo al recuperar a Cristo como Señor de su existencia, este cristiano, cristiano católico se entiende porque los otros están mutilando el Evangelio, los protestantes. Este cristiano, este cristiano católico, este que ha aprendido a descubrir estos tesoros, está en realidad recuperando el verdadero sentido de su existencia.

Es una gran paradoja, pero este tiempo de Cuaresma es para eso, para que descubramos cómo muchas veces lo que el mundo proclama y repite, así lo diga mil veces, es una mentira; y cómo la cruz, aunque parezca áspera y ruda, en realidad tiene el fruto más dulce.