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Fecha: 20110301

Título: Firme proposito en la Cuaresma: resolvernos por el bien y resolvernos por la cruz

Original en audio: 4 min. 28 seg.


Lo primero que uno tiene que saber con respecto a la Cuaresma, además de entender que son cuarenta días, es que se trata de un camino, es un recorrido, si quieres llámalo una peregrinación.

Tiene un punto de partida, que se llama el Miércoles de Ceniza, que celebrábamos ayer, y tiene un punto de llegada, y ese punto de llegada es el Triduo Pascual. La palabra triduo quiere decir tres días, y esos tres días van desde la Cena del Señor que recordamos y celebramos el Jueves Santo, hasta el triunfo de la Resurrección que celebramos en la Vigilia Pascual.

Así que la Cauresma hay que vivirla como quien asciende una montaña, sabiendo que la luz nos aguarda allá en la cima, y esa luz es la luz de la Pascua. Por eso nosotros hacemos este recorrido.

Después hay que tener en cuenta que se trata de un esfuerzo; es decir, ahora que están tan de moda los gimnasios, este es el gimnasio del alma, la Cuaresma tiene unos ejercicios. Por ejemplo, tomamos con más frecuencia, con más atención la Palabra de Dios.

Es un ejercicio que hay que hacer: leer la Palabra, preguntarnos, cuestionarnos, dejarnos enseñar por la Palabra, es un ejercicio. Hay otro ejercicio que hacemos con alguna frecuencia, especialmente los días viernes en la Cuaresma, hacemos el ejercicio de ayunar.

Nos privamos de algunos alimentos por varias razones, por ejemplo, para hacernos solidarios de tantos que sufren y poder también compartir algo de nuestros bienes con ellos. Hacemos ayuno para experimentar, para reconocer nuestra propia debilidad y en ella nuestra necesidad de Dios.

Hacemos ayuno para quitar algunas cosas, ojalá muchas cosas superfluas que se van adhiriendo a nuestra vida, ese es otro ejercicio.

Pero las lecturas de hoy nos hablan de un ejercicio todavía más fundamental, y lo podemos llamar resolverse por Dios. Todas estas otras cosas como la lectura de la Biblia, las ceremonias, los ayunos, se quedarían únicamente en algo externo si no hay una resolución interior.

Y esa resolución interior es la que borta del capítulo treinta del libro del Deuteronomio, cuando Dios le dice al pueblo: "Mira, delante de ti está la vida y la muerte, está la bendición y la maldición. Escoge la vida" Deuteronomio 30,19.

Capítulo treinta del Deuteronomio: "Escoge, elige, resuélvete, decídete". Esa decisión interior, ese propósito interior, coherente, sostenido, tiene un valor inmenso, y hay, por consiguiente, que dar ese paso.

Cristo incluso radicaliza más esta propuesta o este desafío. Cristo nos dice que tenemos que tomar nuestra cruz, asumir, abrazar la cruz. Así como Él abrazó su propia Cruz, y acogiendo la voluntad del Padre, nos dio vida, vida abundante, así también nosotros somos invitados a abrazar nuestra propia cruz.

¿Pero cuál es esa cruz? ¿Cuál es el sentido de abrazar la cruz? Lo iremos descubriendo poco a poco en este camino cuaresmal.

Tengamos en cuenta sólo un detalle por ahora: que si hacemos una resolución por el bien, vendrán dificultades, y esas dificultades y esos padecimientos, ya son parte de nuestra cruz. Pero ya esa cruz anuncia gloria, anuncia victoria.