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Fecha: 20100218
Título: “La gran característica de la cruz es el sufrimiento, pero sufrimiento fecundo”
Original en audio: 18 min. 45 seg
Hay una relación, podemos decir, casi de contradicción entre La Primera Lectura y el Evangelio. La Primera Lectura es una promesa de vida, y el Evangelio es un anuncio de sufrimiento. La Primera Lectura nos habla de prosperidad y de bendición. El Evangelio nos habla de persecución y de cruz.
Y el mismo Dios nos propone las dos cosas: Nos invita a buscar la vida, y nos invita a buscar la cruz. Nos invita a unirnos a esa promesa de vida, pero también a unirnos a la obediencia de la cruz. Y uno puede quedar un poco despistado ¿qué es lo que Dios quiere realmente? Un modo muy casero de ver esta contradicción es lo que a veces pasa en la predicación de los Cristianos Católicos unos; no católicos otros.
Nosotros Cristianos Católicos enfatizamos bastante, no sé si demasiado, el aspecto del sufrimiento; el aspecto de la cruz; muchas de las imágenes que utilizamos, por ejemplo, en Semana Santa, nos hablan precisamente de dolor, de la tortura que sufrió Cristo; y por supuesto, de su muerte.
Mientras tanto, los cristianos no católicos que quieren adueñarse de ese nombre de cristianos como si nosotros no lo fuéramos; estos llamados cristianos que en la práctica son protestantes, o evangélicos; ellos enfatizan muchísimo el aspecto de la victoria, el aspecto de la vida, las grandes promesas que tiene La Palabra de Dios para los creyentes.
Una característica de muchos testimonios de estos protestantes, es decir, cosas como estas: “antes mi vida iba muy mal; yo estaba enfermo, era vicioso, iba camino de la ruina; me encontré con Jesucristo; he dejado los vicios, incluso, dejé la esposa que tenía. Me conseguí una mejor, y ahora ¡soy feliz! ¡Se acabó la ruina! Ahora, le presento a mi señora, mi casa elegante, mi gran auto. No todos los cristianos protestantes, no todos los evangélicos presentan las cosas así, pero realmente, es frecuente que nos hablen de esa prosperidad.
Hay un grupo, por ejemplo, que se ha extendido por toda América latina, que empezó en Brasil, entiendo yo, y que se llama: “Pare de sufrir” Creo que ese es el título con mejor marketing en muchísimo tiempo.
“Pare de sufrir” Creo que desde un dolor de cabeza, o un dolor de muelas hasta el dolor de ver que la familia se deshace a pedazos, todos tenemos alguna clase de sufrimiento, y qué cosa más linda que alguien le diga a uno: “¡no más! Pare de sufrir. Entre en una esfera nueva, de alegría, de prosperidad, entre en la era de los milagros”
Y así hay personas que miran el mensaje del Evangelio como una especie de seguro de vida. Algo así como que teniendo yo mi fe en Jesucristo, un Cristo vivo no un Cristo muerto, sino un Cristo vivo, ya nada me puede suceder, nada malo puede acontecer en mi vida.
Por eso digo que uno se puede confundir, porque uno dice: “bueno… pero, al fin, ¿cómo es la cosa? Resulta que aquí dice en el Libro del Deuteronomio: “si obedeces los mandatos del Señor tu Dios vivirás crecerás Dios te bendecirá en la tierra que vas a conquistar” (véase Deuteronomio 30, 16) Esto es victoria sobre victoria.
Aquí parece que el Señor casi estuviera diciendo al pueblo: “paren de sufrir. Ya no más de aquí en adelante a vivir tranquilos, seguros, y prósperos” Y, mientras tanto llega Jesús, parece que le echa un poco de agua fría a esa fiesta: “el que quiera seguirme que se niegue así mismo cargue son su cruz” (véase San Lucas 9,23) Y para que no quede duda, añadió: “cargue con su cruz cada día, y venga conmigo” (véase San Lucas 9, 23)
Yo tengo una gran curiosidad de saber cómo interpretan este pasaje que es del Capítulo noveno del Evangelio de San Lucas, esos protestantes que se llaman a sí mismos “cristianos” Como si nosotros no lo fuéramos. Esos protestantes que dicen: “pare de sufrir” Si aquí parece que Jesús estuviera diciendo lo contrario. Parece que estuviera diciendo: “llegó la hora de la cruz” Y la cruz, pues obviamente, incluye mucho dolor.
Pues mira, esa es como la dinámica de la vida cristiana. Yo creo que una buena síntesis, es decir, que la vida cristiana es una vida pascual. Una vida marcada por la pascua. Y si Jesús nos dice que experimentemos cada día la cruz, es porque cada día debemos experimentar la pascua.
Lo grande no es experimentar la cruz, y quedarnos en la cruz. Cristo no se quedó en la cruz. Es importante recordar el dolor, es importante tenerlo ante nuestros ojos, pero el mensaje no termina en el dolor. Cristo no se quedó en la cruz. Cristo no se quedó en el sepulcro. Cristo resucitó y vive glorioso. Está vivo, y da vida.
Entonces ¿cómo es la vida cristiana, al fin? La vida cristiana es una pascua continua. Una pascua en la cual no vale tratar de saltarse la cruz para caer en una vida sin sufrimiento. Cuando uno intenta saltarse la cruz lo que está buscando es algo así como el paraíso.
El paraíso, según el relato Bíblico, era un lugar de delicias; era un lugar sin problemas; era un lugar sin dolor; un lugar sin sufrimiento, pero ya sabemos lo que sucede en el paraíso; en el paraíso está la serpiente, y como hemos dicho en otras ocasiones: “la serpiente no la sacó Dios del paraíso”
Observe que en el relato del Génesis, Dios les dice a Adán y a Eva que salgan del paraíso, pero a la serpiente no la sacó. La serpiente sigue en el paraíso, y cada vez que nosotros tratamos de armar un paraíso, es decir, un mundo donde no haya ningún sufrimiento, entonces, estamos en la casa de la serpiente. Esto hay que entenderlo bien, que uno no puede saltarse la cruz, porque saltarse la cruz es tratar de construir otro paraíso, y en el paraíso tenemos la casa de la serpiente.
Miremos como funciona esto: uno dice: “yo no quiero tener ningún sufrimiento, pero, para no tener ningún sufrimiento, no hay que contradicción; es decir, el paraíso sería, porque eso no existe, el lugar donde yo puedo hacer siempre lo que se me venga en gana, pues resulta que si estoy en un sitio, y me dicen: “mira que tienes que trabajar; tienes que levantarte temprano para trabajar” Y uno dice: “pero este no es el paraíso, porque yo quería dormir y descansar”
Entonces, el paraíso es el lugar donde se pretende hacer la voluntad de uno, tenerlo todo a mano, cumplir todos los deseos, disfrutar a todas horas. El paraíso sería, si eso existiera, el palacio de la propia voluntad, pero cuando se intenta hacer el palacio de la voluntad de uno, se entra en colisión, en conflicto con las voluntades de las otras personas.
Esto se nota inmediatamente en el matrimonio: Resulta que se va a casar, vamos a ponerle un nombre sin aludir a nadie, por supuesto, Andrés y Adrianita; pero Andrés quiere un paraíso y el paraíso de Andrés es que se haga la voluntad de él, y ¿cuál será el paraíso de Adrianita? Que se haga la voluntad de ella.
Entonces, en la mente de Andrés: “Adrianita tiene que ser la esclava de él” Porque como él es el centro del universo, entonces, el único lugar que puede ocupar Adrianita es el de una sierva dentro de ese mundo imaginario en el que Andrés quiere tener el primer lugar, el centro para que se haga su voluntad.
Mientras tanto, acontece que Adrianita también tiene sus propias ideas: “Adrianita siente que ella es la princesa maravillosa, que es la emperatriz del universo, y que todo tiene que girar en torno a ella, y que Andrés sólo existe para darle gusto”
¿Ustedes cuánto tiempo le ponen a ese matrimonio? Yo no le pongo ni una semana. En una semana Andrés se da cuenta que Adriana no sirve para nada, porque no le hace caso, no lo complace, no vive para él. Y Adriana en una semana se ha dado cuenta de que Andrés no sirve para nada, porque no la complace, no le da gusto en lo que ella quisiera.
En consecuencia, cuando cada uno de de nosotros intenta hacer su propio paraíso, intenta evitar todo sufrimiento en realidad le está diciendo al resto del universo: “oigan, entérense todos. Ustedes de ahora en adelante son mis esclavos. No ven que yo soy el centro. Aprendan a obedecerme ¡caramba!” El que quiere un paraíso ya nos nombró a todos como esclavos suyos, y lo que pasa es que la mayor parte de la gente no le va a ser caso a ese capricho.
Entonces, al poco tiempo Andrés se da cuenta que Adriana no sirve para nada, y empieza a maltratarla. Y Adriana se da cuenta que Andresito no sirve para nada, y empieza a insultarlo; y muy pronto ellos llegan a una conclusión: “no somos compatibles” Por supuesto que no son compatibles, no caben dos egoísmos en esta tierra, no caben porque cada egoísmo quiere ser el centro, y resulta que toda esfera tiene únicamente un centro.
Así que, si Andrés se pone en el centro no queda lugar para Adriana; si Adriana se pone en el centro no queda lugar para Andrés. Por eso las personas que buscan el paraíso, que quieren tener una vida donde nada falle, donde todo funcione, donde siempre se haga lo que yo quiero, donde todos mis caprichos, y anhelos se cumplan. Las personas que piensan de esa manera, tendrán que afrontar no paraíso, sino infierno.
Porque, luego va uno a hablar con Andresito que ya está pensando en separarse de Adrianita, y le dice: “bueno, y ¿cómo va ese matrimonio?” –“mal. Esa es una vieja rebelde. No ve que ella no sabe lo que es obedecerle a un hombre” Y uno y habla con Adrianita y le pregunta: -¿cómo va ese matrimonio? Y ella responde: -“pésimo. Ese tipo no sabe lo que es hacer feliz a una mujer. No sabe nada de eso”
Entonces, lo que cada uno estaba buscando era “paraíso” Y lo que ambos encontraron fue “infierno” Porque llegaron a la casa de la serpiente. Este mismo ejemplo se puede aplicar para otras cosas; incluyendo los que no tenemos ni esposa, ni esposo.
Por ejemplo, nosotros religiosos cuando en un convento, en un monasterio cada uno quiere hacer exactamente lo que se le dé la gana, y que todo gire alrededor de él; la vida se vuelve un infierno para todos los demás.
De modo que cuando queremos saltarnos el sufrimiento, caemos en el sufrimiento peor. Queriendo evitar todos los sufrimientos, caemos en la máquina de los sufrimientos. La casa de la serpiente. Así que uno puede saltarse la cruz, tampoco tiene que quedarse en la cruz.
Por eso nuestra vida es continuo movimiento. No podemos saltarnos la cruz, pero tampoco podemos quedarnos en la cruz. Nuestra vida es pasar por la cruz. Nuestra vida es pascua permanente, pero esa pascua hay que vivirla en la dinámica de Jesucristo, ¿qué sería lo que Cristo pensaba cuando hablaba aquí de cruz? Obviamente, pensaba en muchas cosas que son duras en la vida.
Pero, ojo mis hermanos, no todo sufrimiento es cruz. Toda cruz incluye sufrimiento, pero no todo sufrimiento es cruz. ¿Cuál es la gran característica de la cruz? Que es sufrimiento, pero sufrimiento fecundo.
Nosotros tenemos ya aquí, mirando hacia la Semana Santa, esta imagen de Jesús Nazareno llevando su cruz, pero la cruz de Jesús ¿en dónde termina? En la gloria. En la resurrección. En la vida. La cruz de Jesús es fecunda, y la cruz del cristiano es fecunda.
De hecho la cruz cristiana se reconoce por su fecundidad. Ese es el sentido de la cruz. No es sufrir por sufrir. El gran discernimiento que hay que hacer para encontrar lo que significa la palabra cruz es ¿dónde están los frutos? Porque Cristo Nuestro Señor quiere que nosotros vayamos, y demos fruto, y fruto abundante como dice el capítulo XV del Evangelio según San Juan.
Terminemos esta reflexión resumiendo: ¿qué fue lo que aprendimos hoy? Hoy aprendimos lo siguiente: que Dios tiene para nosotros promesas de vida, y de alegría; y Dios tiene para nosotros un camino que es el camino de la cruz.
Parece haber una contradicción, pero no la hay. El arte está en que uno no pretenda saltarse la cruz, pero tampoco pretenda quedarse en la cruz. El arte está en que uno sepa pasar por la cruz, y la manera de identificar la cruz es por sus frutos. Porque la cruz de Cristo, y la cruz del cristiano es fecunda.
Pidamos, entonces, al Señor que nos dé la gracia de su Espíritu, porque es el maestro interior, es el Espíritu Santo el que puede educarnos, el que puede mostrarnos ¿qué es cruz en nuestra vida? Y el que puede mostrarnos ¿cómo recibir esa cruz? Y también ¿cómo encontrar en ella el fruto permanente, el fruto de alegría, de paz, y de gloria?
Amén.