Kjce001a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 19970213

Título: El bien se alcanza por medio de la cruz

Original en audio: 5 min. 58 seg.


Una de las características de este Tiempo Cuaresmal que acabamos de iniciar, es la confrontación, la decisión, la opción, y las lecturas de este jueves, después de Ceniza, lo ilustran bien.

Resuélvete, resuélvete por Dios, elige a Dios porque Dios te ha elegido, comprende que te ha amado, ámalo tú. Sin embargo, esta opción tiene características paradójicas, casi contradictorias, si miramos más de cerca las lecturas de hoy.

En el Deuteronomio se nos dice: "Elige la vida" Deuteronomio 30,19; y en el evangelio se nos dice: "Elige la cruz" San Lucas 9,23; en el Deuteronomio de nos dice: "Elige la bendición" Deuteronomio 30,19; y en el evangelio se nos dice: "Elige la cruz" San Lucas 9,23, y la cruz era una maldición.

En el Deuteronomio se nos dice que "Dios promete largos años" Deuteronomio 30,20; y en el evangelio se nos dice que "hay que negarse a sí mismo" San Lucas 9,23.

¿Cómo entender estas afirmaciones, cómo conciliarlas? ¿Por qué se nos puede decir al mismo tiempo que escojamos la vida, la bendición y los muchos años, y luego se nos dice que elijamos negarnos a nosotros mismos, y eso cada día, y que esa es la verdadera bendición?

Pues se nos dice aquí, porque después de la obra del pecado, la Cruz es la estrecha, pero necesaria puerta para llegar a los bienes que se nos prometía en el Deuteronomio.

Nos dice San Pablo que la ley fue dada como un pedagogo que nos condujera hacia Cristo, y por eso esa ley a la que pertenece, por ejemplo el Deuteronomio, nos invita a hacer una elección radical por Dios. ¿Por qué Dios así de amoroso? Podríamos decir, pero también para que aparezca lo que hay en el corazón humano.

Cuando se intenta hacer esa elección del Deuteronomio, para elegir la vida, para amar al Señor, escuchando su voz y pegándose a Él; cuando el ser humano hace ese esfuerzo, no alcanza a Dios, pero sí alcanza su propio límite. Y en ese límite descubre que necesita la gracia y esa gracia la encuentra abrazando la Cruz.

El mandato del Deuteronomio sirve porque a Dios hay que servir así, pero sobre todo sirve para que el ser humano descubra su frontera, para que descubra su no ser y aceptando y acogiendo ese no ser, en la Cruz, en el anonadamiento de Cristo, reciba la gracia que le permitirá definitivamente ser.

Y así, la evangelización tiene que decir las dos cosas: hay que indicar a ser buenos, rectos, honestos, puros, sinceros; pero hay que saber que no lo vamos a alcanzar si no es como humillando y abajando nuestro ser ante la cruz, y pidiendo de esa cruz como regalo, lo que nuestras fuerzas han intentado.

Esta no es una versión pesimista del ser humano, porque no se trata de decir que no nos esforcemos, no se trata de menospreciar las fuerzas, las capacidades del ser humano, pero sí se trata de reconocer que el que ha hecho ese esfuerzo sincera y plenamente, llega a la conclusión de que necesita el auxilio de la gracia, de que necesita la ayuda de un amor gratuito.

Y por eso hay que predicar el bien, y anunciar que ese bien no se logra sino por gracia. Predicar el bien es lo que hace el Deuteronomio: "Haz el bien" Deuteronomio 30,20. Sólo lograrás ese bien por la gracia, es lo que dice el evangelio.

Necesitamos en la Cuaresma esa misma actitud, nuestro más sincero intento por lograr el bien, pero necesitamos en la Cuaresma sobre todo nuestra más sincera oración para recibir ese bien.

El bien que hagamos será al mismo tiempo fruto de esfuerzo y fruto de gracia, de regalo; será al mismo tiempo conquista nuestra y bien de Dios.