K056004a
Fecha: 20020323
Título: El trabajo del evangelizador es ofrecer con generosidad, con paz y con paciencia el Evangelio, que la obra la hace Dios
Original en audio: 26 min. 31 seg.
Hay muchas maneras de describir la obra de la redención, la obra que hizo Jesús.
Se puede decir, por ejemplo, que Jesús es como un médico que curó nuestra gran enfermedad, el pecado. Se puede decir que Jesús es nuestro liberador, nuestro libertador, Él rompió la cadena que nos ataba y nos dio libertad.
Se puede decir también que Jesús es el nuevo Moisés: nos permitió cruzar las aguas, nos ha dado entrada a una tierra mejor que aquella Tierra Prometida del Antiguo Testamento.
Hay muchas maneras de describir lo que hizo Jesús. Las lecturas de hoy sugieren una descripción de la obra de Jesús, una manera de mirar la obra de Jesús, una manera que no es muy frecuente y que por eso quiero destacar.
Observemos lo que hemos escuchado en el profeta Ezequiel: "Voy a sacar la los israelitas de entre las naciones, los reuniré de todas partes, los reuniré de todas partes" Ezequiel 37,21.
Y en el evangelio según San Juan hemos oído una palabra semejante, dice aquí; el Evangelista San Juan dice, después del comentario de Caifás "Jesús iba a morir por la nación judía, y no solamente por esta nación, sino también para reunir a todos los hijos de Dios que estaban dispersos" San Juan 11,51-52.
Es un modo de hablar de la obra de Jesús. Ezequiel dice: "Es como reunir a las ovejas de un rebaño que fue dispersado en días de tormenta" Ezequiel 34,12, y el Evangelista dice que "Cristo murió para reunir a los hijos de Dios que estaban dispersos" San Juan 11,52.
Podemos describir entonces la obra de la redención como una obra de reunir el rebaño de Dios. El rebaño le pertenece a Dios, y el trabajo del evangelizador no es crearle un rebaño a Dios, sino reunirle a Dios el rebaño que Él tiene, que son dos cosas totalmente distintas.
Vamos a ver, con la ayuda del Espíritu Santo, vamos a ver la diferencia entre estas dos maneras de hablar.
Repito, una cosa es crearle un rebaño a Dios, hacerle un rebaño a Dios, y otra cosa es reunirle a Dios el rebaño que Él tiene, son dos cosas distintas.
Lo que nos dice Ezequiel es: "Los reuniré de todas partes, los haré volver a su tierra, haré de ellos una sola nación" Ezequiel 37,21-22. "Será una alianza eterna" Ezequiel 37,26. "Ellos serán mi pueblo, y yo seré su Dios" Ezequiel 37,27.
"Los voy a reunir" Ezequiel 37,21, y el Evangelista Juan dice: "Jesús murió por la nación judía, y no solamente por esta nación, sino también para reunir a todos los hijos de Dios que estaban dispersos" San Juan 11,52.
Son dos cosas diferentes, repito, y es ya la tercera vez: una cosa es hacerle un rebaño a Dios, y otra cosa es reunirle el rebaño a Dios.
¿Dónde está la diferencia entre esas dos expresiones? A ver, estoy hablándole a una asamblea de evangelizadores, ustedes son servidores, ustedes son colaboradores estrechos con la misión que tiene la Iglesia de llevar el Evangelio a todas partes.
Ustedes están comprometidos con el corazón de Jesucristo y aman a Jesús, lo veo en sus ojos, lo veo en su corazón y en su alabanza. Bien, cuando uno va a evangelizar, a veces uno va con la actitud de: "Yo tengo que hacerle un rebaño a Dios", y otras veces uno va con la actitud de: "Yo voy a reunirle el rebaño a Dios". Pero casi siempre uno toma es la primera actitud.
A ver si recordamos este otro pasaje. Estando el Apóstol San Pablo en alguna ciudad, no sé ahora si fue Corinto, o Filipos; estando en alguna ciudad Pablo, estaba desilusionado, estaba frustrado, estaba triste, le había ido regular, por no decir mal.
Y desde esa tristeza, desde ese decaimiento, pues se pone en manos de Dios y Dios le responde, por medio de un sueño, Dios le dice: "Sigue predicando, porque muchos en esta ciudad son pueblo mío" Hechos de los Apóstoles 18,9, "muchos en esta ciudad son pueblo mío" Hechos de los Apóstoles 18,9.
Y entonces San Pablo cambia de actitud, y empieza una evangelización nueva, que produce frutos en la construcción de la comunidad. O sea que hay algo muy profundo aquí, y Dios nos va a ayudar para que lo entendamos.
¿Cómo obraba Pablo antes y cómo empezó a obrar después? ¿Pablo de dónde venía? Venía de Atenas, de acuerdo con el libro de los Hechos de los Apóstoles.
¿Qué hace Pablo en Atenas? Pablo se puso, en la plaza principal de Atenas, que se llamaba el Areópago, plaza principal en cuanto a las conversaciones, discusiones, allá llegaban todos los de alguna religión o filosofía, y allá llegó también Pablo a empezar a hablar de su fe en Jesucristo.
Ustedes recuerdan ese pasaje, hizo un discurso bellísimo: "Atenienses, veo que sois casi exagerados en vuestra religiosidad, porque caminando por vuestras calles me he encontrado una estatua al dios deconocido. Pues bien, a ese que veneráis sin conocer vengo ahora a presentaros. Se trata del eterno Padre de Nuestro Señor Jesucristo Hechos de los Apóstoles 17,22-23.
Oiga, hizo una pieza oratoria, hizo un discurso maravilloso, y empezó a tratar de convencerlos, a luchar por convencerlos, -Pablo era un hombre inteligentísismo-, y con su inteligencia empezó a tratar de convencerlos, y presentó una argumentación impecable, y seguía tratando de convencerlos, es decir, Pablo estaba tratando de hacerle un rebaño a Dios.
Estaba luchando por convencerlos y luchando por convencerlos, y más o menos la cosa le estaba funcionando, pero, dijo Pablo en medio de su discurso muy elegante: "Y la prueba de que Jesús es el enviado de Dios es que lo resucitó de entre los muertos para que Él sea el Juez de las naciones en el último día", más o menos esas palabras dijo.
"Y lo resucitó de entre los muertos, y esa es la prueba de que ese es el Juez para el último día". Y los griegos que estaban ahí, acostumbrados a oír cuanta teoría y cuanta cosa, apenas oyeron, "Qué, qué? ¿Que murió y que resucito?"
Y empiezan a reírse y dicen: "-Que resucitó dices tú? O sea que se murió y que resucitó? Eso es lo que estás diciendo", "-que sí", "-ah, bien, bien, perfecto, maravilloso, está muy bien, quédate tú con tu historia, y otro día te oímos, sigue, sigue, tranquilo. Ahora oíremos al de otra religión aquí en esta plaza."
¡Y no se le convirtió prácticamente nadie! Pablo salió de Atenas con muy poquito fruto, y llegó a Corinto, y en Corinto la cosa pintaba peor, porque en Corinto como era un puerto, circulaba todo tipo de ideas, todo tipo de gentes, todo tipo de prostitutas, todo tipo de religiones, todo tipo de filosofías...
Corinto era un hervidero de ideas, y de gente, y de creencias, y de religiones, y Pablo estaba en un momento muy crítico de su vida, y en ese momento fue cuando Dios le dio esa palabrita, que tiene que ver con el tema de hoy: "Sigue predicando que muchos aquí son pueblo mío" Hechos de los Apóstoles 18,9.
Entonces Pablo cambió de actitud, porque entonces ya Pablo no empezó a ir a la multitud a decir: "Bueno, la voy a emprender con usted, hasta que lo tengo que convencer, hasta que la voy a convencer de que usted tiene que aceptar lo que yo estoy diciendo, y después sigo con usted, y prepáreseme allá el señor que después voy con usted, y tengo que convencerlo"
Cunado uno dice: "Tengo que convencerlo", uno está tratando de hacerle un rebaño a Cristo. Uno se pone una meta: "Es que tengo que lograr con fulano de tal, o con fulana de tal, tengo que lograr eso".
Y cuando tú dices: "Tengo que", la otra persona dice: "Pues usted cree que me va a convencer, pero yo ya le vi la intención de convertirme a mí, y yo no me voy a dejar"." -Inténtelo ya", "-no me voy a dejar".
Cuando uno quiere hacerle un rebaño a Cristo, cuando uno quiere tomar a las personas por su cuenta, y convencerlas uno, "y usted tiene que convertirse", normalmente le va como le fue a Pablo, en algún momento la gente se pone agresiva, o se pone burlona, o se pone indiferente. Eso no funciona.
Pablo, después de ese sueño que tuvo, cambió de actitud, entonces ya empezó a predicar de otra manera, entonces ya empezó a trabajar de otra manera. La actitud de Pablo se parece a esto: él veía la multitud de gente y decía: "Yo no sé quiénes son, pero aquí hay gente que le pertenece a Cristo".
¿Entonces qué hacía Pablo? Lanzar la semilla, lanzar la red, ofrecer la gracia, eso era lo que hacía Pablo, lanzaba con generosidad, lanzaba la Palabra, con una convicción: "Aquí hay algunos, ¿quiénes son? No sé, pero aquí hay algunos, y esos son pueblo que le pertenece a Cristo.
O sea que fíjate que no es un tema sin importancia. Cuando una va con la idea de que "tengo que lograr este resultado con estas personas", lo más probable es que esas personas se den cuenta de lo que uno quiere y digan: "¿A sí? Pues no, ¿lo que usted quiere es eso? Pues no".
Cuando uno intenta hacerle un rebaño a Cristo, y uno dice: "Primero este y luego este, y luego, a ver, primero se va a convertir mi hermano, luego va a seguir mi papá, y luego va a ser mi mamá, y luego va a ser mi tío, y luego va a pasar con mi hijo, luego mis sobrinos, y luego vamos a hacer, y ahí va a estar mi familia, y...."
Y no. Usted puede tener los mejores deseos del mundo, pero ¿quién le dice que usted es el instrumento para esas personas? ¿quién? Usted limítese a ofrecer con una generosidad sin límites, con una convicción total, con una alegría sincera; usted limítese a ofrecer, teniendo la certeza que tuvo Pablo: "Aquí hay gente que le pertenece a Cristo".
Este tema va todavía más adelante, es el tema de las amistades. Resulta que un muchacho tenía su respectiva novia a la que amaba intensamente, le parecía una niña tan bella, tan delicada, tan dulce, le encontraba todas las cualidades.
Este muchacho se convirtió a Jesucristo, y el muchacho quería,obviamente, que la novia también se convirtiera a Jesucristo, que llegara a un amor sincero con Jesucristo. Eso a veces funciona, pero a veces no funciona; a veces sí sale, pero a veces no sale, y uno tiene que tener conciencia de eso.
No porque haya una relación de noviazgo, una relación de amistad, o una relación de parentesco, la gente va ir detrás de donde tú llegaste, muchas veces no sucede así.
Hay que estar dispuestos a que nosotros cuando damos un paso hacia Jesús, muchas veces no nos van a acompañar los amigos, hubiera sido delicioso que nos acompañaran; y no nos va a acompañar los parientes, o los papás, o los hermanos, que hubiera sido espectacular que nos acompañaran.
Hay que estar dispuestos a eso, porque una cosa son los lazos del Espíritu Santo y otra cosa son los lazos de la carne y de la sangre. Y uno no puede esperar ganarlas todas, como se dice. Uno no puede esperar: "Tan bonito, ahora tengo a Dios, y tengo los mismos amigos que tenía, y tengo el mismo estilo que llevaba, y tengo la misma familia que quería". Eso no sucede.
Hermanos míos, nosotros no le podemos decir a Dios en qué orden tiene que convertir la gente, y nosotros no le podemos decir a Dios a través de qué instrumento tiene que convertir la gente.
Tenemos que estar dispuestos a que muchas veces la gente no se va a convertir en el orden en que nosotros quisiéramos, y algunas veces eso va a significar, incluso, la ruptura de amistades muy hermosas y de cariños muy tiernos.
La misión del evangelizador no es la misión de un Supermán, un ser potente y sobrenatural que dice: "Yo voy a transformar a esta gente para que se vuelva a Jesús".
Un evangelizador es un ser mucho más humilde que dice: "Aquí hay gente a la que Cristo ya la ha tocado; aquí hay gente a la que Cristo quiere convertir en este encuentro; aquí hay gente para la que ya llegó la hora, para otra gente llegará dentro de diez años, o dentro de veinte años, o dentro de treinta años, pero aquí hay gente para la que ya sonó la hora, y para esa gente predico yo"
Cuando un evangelizador predica así predica tranquilo, cuando un evangelizador predica así predica feliz, porque sabe que no puede fallar. Si yo me pongo con esas: "Tengo que yo tengo que convencer a ese señor, tengo que convencer a esa niña, imposible que mi amiga, imposible que..., imposible, tengo que convencerlo", uno muchas veces vive lo que vivió Pablo: ¡frustración!
Pero cuando uno dice: "Serán los que Dios quiera, serán como Dios quiera y serán cuando Dios quiera, serán los que el Padre haya llamado", entonces uno sabe que uno no puede llamar, y a uno se le acaba la tiranía de los números, y se le acaban las angustias, y uno va feliz.
Yo estoy completamente seguro de que este congreso es un éxito, estoy seguro, estoy convencido de eso, no tengo la menor duda, esto es un éxito, y estoy seguro y estoy convencido, porque yo ya me pasé a la metodología de San Pablo, ya me pasé a esa metodología, yo no sé si va a ser esta señora, si va a ser ese caballero, si va a ser el niño de más allá, si va a ser la señorita de allá, yo no sé quién va a ser.
Pero yo sé que la Palabra de Dios es viva y eficaz y no volverá a Dios sin dar fruto, ¿quién? Eso no lo tengo que resolver yo, y eso es delicioso, eso es maravilloso.
Porque ¿saben lo que he hecho yo en este día? Ustedes dirán: "Usted ha estado predicando", pues más o menos, no es exactamente la respuesta. ¿Saben qué he hecho yo durante este día? Yo he estado meditando la Palabra de Dios en voz alta, eso es lo que yo he hecho.
Yo he pasado este día en un retiro espiritual con los textos bíblicos que les he expuesto, ¿cómo puedo yo fallar, ¿cómo puede ser un día perdido si el primero que lo ha predicado es mi corazón que necesitaba un retiro espiritual? ¿Cómo puedo fallar? ¿Y cómo puedo fallar si existe la promesa del Señor de la eficacia de su Palabra? ¿Cómo puedo fallar?
Entonces uno está descansado, bueno, algo se cansa la garganta, algo se cansa el cuerpo, luego se pueden cansar los oídos de ustedes, pero uno está tranquilo y uno está descansado y uno está feliz.
Porque la presencia de cada uno de ustedes aquí es un regalo, y porque yo sé que el Señor tiene el pueblo suyo aquí, y eso permite que la obra suceda tranquila, en paz, en alegría y con una certeza completa de la victoria.
Pero como esta es una predicación para evangelizadores, la invitación es: no te creas un super hombre o una wonder woman, tú no eres la mujer maravilla ni yo soy el Hombre Nuclear, por favor, ubiquémonos, no somos, nosotros nos podemos transformar a nadie, y el que diga que puede transformar a otro en Cristo, está mintiendo.
Será tan verdad esto que luego me acordé de este texto del Evangelio donde Jesús, con una tranquilidad muy grande, dice: "Nadie puede venir a mí si el Padre no lo atrae" San Juan 6,44.
Por eso Jesús estaba tranquilo, con una multitud de cinco mil personas, sin aire acondicionado, o con doce o trece de sus discípulos en la intimidad de un salón, Cristo estaba tranquilo, porque Él sabía: "Es que la obra es de mi Padre Dios, que es el que da la gracia".
Para decirlo de una manera poética, la invitación es: servidores, evangelizadores, naveguen en las aguas de la gracia, siéntanse tranquilos haciendo lo que deben hacer, proclamen con generosidad, con alegría y con una gran paz que Jesús es el Señor y sepan que en todo lugar hay gente para Él.
No escogan ustedes, ese es el error, no escojan ustedes, ojos atentos, a ver cuál es la gente, y la gente irá llegando y la gente irá apareciendo.
Cuando más adelante Pablo llegó a Filipos, la primera ciudad de Macedonia, podemos decir la primera ciudad propiamente europea, ¡hubo una cosa tan hermosa! Ellos no sabían por dónde empezar, y entonces fueron a un lugar donde estaban unas señoras lavando ropa, se reunían unas señoras a lavar ropa, entre ellas una mujer llamada Lidia.
Cualquiera que no fuera Pablo hubiera dicho: "¡Bueno, Europa, llegué! ¿No se van a reunir? ¿No me van a oír? Llegué, traigo un mensaje importantísimo". ¿Pablo qué aprendió? Que hay que llegar y tener los ojos muy abiertos a las señales.
y empezó a ver que estas señoras le ponían atención, y hubo una señora especialmente, que se llamaba Lidia, que le puso mucho, mucho cuidado y se convirtió a Jesús, fue la primera europea que creyó en Cristo, Lidia se llama.
Y esta señora, después de que se convirtió, entonces le dijo a los misioneros, a Pablo y creo que estaba también Silvano, les dijo: "Bueno, ahora quédense en mi casa", y ahí empezó la evangelización.
La evangelización no es de desesperarse, la evangelización no es de estresarse, la evangelización es de saber en dónde está nuestra fuerza, hacer lo que tenemos que hacer y abrir los ojos: "Por dónde es, por dónde es, por dónde es".
Usted no se desespere:"Ah, es que en la universidad donde yo estoy todas mis amigas han abortado", y en la universidad donde yo estoy hay un profesor que es mas malo que pegarle a la mamá, y hacen unas cosas tan feas y hay un ambiente tan terrible, y yo me siento muy deprimido, yo no sé qué voy a hacer en ese lugar".
No se desespere, no se tensione, usted haga lo que tiene que hacer, confíe en la gracia de Dios, y, ojo también, a ver por dónde amanece la gracia.
Un día, la persona que usted menos espera, le dice, como le pasó a una amiga mía, que trabajaba y trabaja en una oficina, junto con otras mujeres, con todos los vicios típicos, y me perdonan, de las señoras cuando no tienen a Cristo en su corazón, es decir, todo ese chismorreo y toda esa situación tan terrible.
Bueno, y siempre se burlaban de ella porque ella es una mujer piadosa, de hecho es una virgen seglar, está consagrada a Cristo. Y se burlaba y se burlaban y ella con esa paciencia, esperando el día de cristo.
La que más se burlaba, resulta que es casada y quedó en embarazo, cuando quedó en embarazo se acerca a la misma mujer de la que tanto se burlaba y le dice: "Mira, tú perdona, yo quiero pedirte un favor, ¿tú puedes hacer oración por mí? Estoy nerviosa con este embarazo", y ahí empezó el cambio de esa vida.
Es asunto de paciencia, es asunto de mirar el poder de la gracia, es asunto de celebrar a Cristo en toda circunstancia, es asunto de conservar la alegría y la paz, es asunto de ser generosos en la siembra, y, ojos abiertos. Un día, la persona que menos se espera, te dirá: "Mira, ¿sabes que esa historia tuya de Cristo como que me gusta?"
Y una última historia, porque las homilías no deben ser eternas, si no, me van a decir ustedes como me dijeron en un pueblo en Colombia: "¡Ay, ya llegó el padre eterno!"
Resulta que un dominico, un hombre de mi comunidad vive en el Japón, y el trabajo de él es un trabajo que uno no diría es un trabajo de evangelización, él es un profesor universitario, de unos asuntos por allá de sociología, una cosa que no es: "¿El anuncio vigoroso de Cristo!" No, es un sacerdote dominico, está en una universidad, tiene un cargo relativamente menor.
Y él dice: "La única manera de evangelizar el Oriente es con testimonio, y testimonio, y testimonio, y testimonio, y testimonio".
Bueno, y resulta que después de años y años de compartir en la sala de profesores con sus colegas, un día se le acerca uno y le dice: ¿Sabes que me he puesto a pensar en lo que dijiste el otro día sobre la oración? ¿Me quieres hablar un poquito más de esos?" Años y años y años, hasta que llegó ese día: "¿Me quieres hablar un poquito más de eso?"
¡Ese es el día que hay que esperar! Hay que ofrecer con paz, con alegría, con generosidad, con una confianza total en Cristo, hay que ofrecer el Evangelio, sabiendo que Él tiene un pueblo que hay que reunirle, usted no se afane más, el pueblo está, lo que pasa es que toca reunírselo; usted tranquilo, nada de nervios, serenidad y paciencia.
Y desde esa serenidad usted ofrezca, que un día, como a mi amigo dominico, le van a decir: "Oye,
¿Sabes que quiero oírte un poco más? Y en ese momento se abre la puerta, y en ese momento entra el torrente del amor de Dios y llega la gracia.
Dios tiene un pueblo, el trabajo suyo no es hacerle un pueblo a la fuerza a Dios, el trabajo suyo es: ofrezca con generosidad y con paz, que la obra la hace Dios, y usted, ojos abiertos.
Hay que tener ojos muy abiertos para ver lo que está sucediendo, por dónde amanece Dios, y apenas se abra una puertecita, usted dice: "Permiso, permiso, yo tengo algo muy importante que contarle", y usted evangeliza, y así crece el pueblo de Dios para honra de su Nombre.
Amén.