K054002a
Fecha: 19970320
Título: ¿A cual Dios estamos sirviendo?
Original en audio: 4 min. 1 seg.
"Abraham, padre de una multitud de pueblos. De ti saldrán reyes y profetas" Génesis 17,5-6, le dice Dios. Le promete una descendencia numerosa. Y entre esos numerosos descendientes, la salvación, la salvación que Dios había prometido. Porque lo grande en la descendencia de Abraham no es el número, lo grande es Cristo que habría de nacer de esa descendencia.
Los judíos se alegran, se fían, se envanecen, sintiendo que son carne y sangre de Abraham. Jesús muestra que este orgullo de alguna manera es legítimo. No basta con ser carne y sangre de Abraham para conocer a Dios; es necesario haber de Aquel que estableció la relación con Abraham.
Porque lo que Dios le promete a Abraham es fundamentalmente una religión, como escuchábamos en la primera lectura, "yo voy voy a ser tu Dios y de ti saldrá mi pueblo" Génesis 17,7.
De este modo, quien establezca esa relación con Dios, es descendiente de Abraham. No basta con la carne y la sangre, hay que saber cuál Dios es mi Dios, y el que sepa, el que conozca a ese Dios, ése es verdaderamente descendiente de Abraham.
Puesto que Jesús conoce de ese Dios, desde antes de Abraham, por eso puede decir: "Antes que Abraham naciera yo existo" San Juan 8,57.
Preguntémonos nosotros si sabemos a cuál Dios estamos sirviendo; preguntémonos si podemos responder, no sólo en este momento de oración, sino en todo momento: "¿Cuál Dios es mi Dios? ¿Con quién tengo pacto yo? ¿Con quién he sellado pacto? Porque si mi pacto está sellado con el Dios verdadero, de mí nacerán las obras vivas, santas de Cristo. Si he sellado pacto con otros dioses, pues la esterilidad, la muerte y la idolatría serán toda mi descendencia.
Este llamado solemne de la Iglesia, a las puertas mismas de la Semana Santa, deberíamos escribirlo con letras grandes en las iglesias y sobre todo en los corazones.
A todos aquellos que se desviven buscando placeres, que podemos ser también nosotros, codiciando dinero, intrigando por el poder, mendigando afecticos humanos, a todos nosotros nos convendría leer una y otra vez ese letrero: "¿Con quién has sellado pacto? ¿Cuál Dios es tu Dios? ¿Está Cristo naciendo, está Cristo en tu descendencia? De tus obras, de tu palabra, de tu hogar, ¿nace Cristo? Por donde tú pasas, ¿surge Cristo, queda el perfume de Cristo? ¿Cuál Dios es tu Dios?"
Señor, en esta Eucaristía proclamamos nuestra fe, pero también te pedimos que la afiances. Señor Jesucristo, que tu Padre sea nuestro Padre y tu Dios sea nuestro Dios.