K052003a

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Fecha: 19990323

Título: "Yo Soy el que Soy"

Original en audio: 8 min. 19 seg.


Tal vez la frase más misteriosa del evangelio de San Juan ha aparecido en este capítulo octavo en el pasaje que acabamos de oír. Jesús dice: “Si no creéis que soy yo, moriréis por vuestros pecados” San Juan 8,24, no dice: “Si no creéis qué soy yo”, sino: “Si no creéis que soy yo.” San Juan 8,24.

El objeto de la fe ahí no es sobre quién es Jesús sino sobre que Jesús es. Es una situación semejante a la que se presenta cuando Moisés está ante la zarza. ¿Que le voy a decir yo al pueblo de Israel, que me envió, quien? Le responde el Señor Dios: "Yo Soy el que Soy, y diles que el que es te ha enviado"; Yo soy el que Soy" Exodo 3,14.

Esta expresión o este énfasis en el ser luego se repite en los profetas, sobre todo cuando polemizan contra los ídolos. Los ídolos no son nada, en cambio Dios permanece hasta el punto en que la expresión “Yo Soy” o también "Yo soy el Señor", pero basta lo primero; “Yo Soy” es un nombre divino en el Antiguo Testamento.

Cuando Jesús entonces dice: "Si no creéis que Yo Soy, moriréis por vuestros pecados" San Juan 8,24, realmente sus palabras tiene una connotación que a la luz del Antiguo Testamento significa: "Si no comprendéis que soy Dios", es una proclamación de la divinidad de Cristo.

Ellos no lo entienden así. Jesús dice: "Si no creéis que Yo Soy, moriréis por vuestros pecados" San Juan 8,24. Lo que hay que creer ahí es que Jesús es.

Pero ellos le preguntan quién es y aquí es donde viene la frase esa, la más difícil tal vez de este evangelio, ante todo, "eso mismo que os estoy diciendo; yo soy lo mismo que os estoy diciendo" San Juan 8,25, dice Jesucristo según esta traducción.

Otra traducción dice: "Lo que les estoy diciendo desde el principio". Pero lo que parece inevitable es que en esa frase como tan difícil, Jesucristo relaciona su ser y su palabra. Como mostrando así, de acuerdo con la teología de este cuarto Evangelio, que Él es Palabra, es como si dijera: “¿Quién soy yo? Pues yo soy Palabra".

Es decir, que en estas dos frases casi contiguas de Jesucristo, está haciendo como un eco a lo que el Evangelista nos cuenta en el capítulo primero: “En el principio existía la Palabra, la Palabra estaba junto a Dios –suele traducirse– y la Palabra era Dios” San Juan 1,1.

"Yo Soy lo mismo que os estoy diciendo" San Juan 8,25, pero antes que eso “Yo Soy” San Juan 8,24. Esta firmeza de la expresión de Jesucristo "Yo Soy", en nuestra tradición dominicana, tiene su exponente en Santa Catalina de Siena.

En alguna revelación le decía Dios a ella: "Tú eres la que no eres, yo soy el que soy"; y así lo enseñó muchas veces Catalina. Decía muchas veces de ella misma: "Yo soy la que no soy y tú eres el que es".

Descubrir que Dios es, descubrirlo de modo superlativo, descubrirlo como apoyo y sustento de la vida y descubrir que todo lo que es subsiste sólo por esa Palabra poderosa que es con Él, que es Él.

Descubrirnos entonces subsistiendo en Él por su continuo querer y por su continuo poder. En esto, de acuerdo con Catalina de Siena, está toda nuestra salvación.

Esto nos hace al mismo tiempo, humildes y vencedores, nos hace modestos y victoriosos, nos hace santos y nos hace perseverantes. Descubrirnos perpetuamente subsistiendo sólo por Él, sólo desde Él, sólo en su voluntad, en su sabiduría y en su poder.

Y aquí está toda nuestra victoria, ¿por qué? ¿Quién tiene poder contra el poder de Dios? De acuerdo con este camino espiritual de Catalina, las estrategias o los ataques del demonio se estrellan y huyen avergonzados frente a la potencia del designio divino que es el que sostiene.

Todos los engaños de las criaturas, es decir, del mundo, de la carne, desfallecen frente a la certeza de que Dios es mi fuente, es mi soporte, es mi origen.

De acuerdo con Catalina de Siena, este descubrimiento espiritual existencial y místico se vive en el conocimiento de sí mismo, el conocimiento de sí mismo en Dios y el conocimiento de Dios en nosotros. Y por eso quería Catalina que nosotros permaneciéramos en el dulce conocimiento de nosotros mismos y de Dios.

Permanecer en el conocimiento de nosotros mismos es permanecer en la verdad de que sólo Dios es y de que su Palabra poderosa nos da el ser, nos conserva en el ser y nos lleva a la plenitud de ser junto a Él.