K046002a
Fecha: 20020316
Titulo: Dejarse Maravillar por Cristo
Original en audio: 9 min. 20 seg.
Queridos Hermanos:
A Nicodemo lo mandaron estudiar: "Ve, estudia, verás que de Galilea no salen profetas" San Juan 7,52 ¡Qué mala fama la que tenía Galilea! Y había una razón para esto: cuando se dividieron el reino del norte y el reino del sur, los del reino del norte tuvieron que solucionar un problema.
Resulta que la gente seguía peregrinando hacia el santuario nacional, es decir, hacia el Templo de Jerusalén; y entonces el rey de ese reino del norte, Jeroboam, dijo: "Si esta gente sigue peregrinando a ese santuario, entonces la capital va a seguir siendo Jerusalén" 1 Reyes 12,27.
Y por eso se inventó un santuario que quedó finalmente en el monte Garisín, en la región de Samaría y allá mando a la gente que fuera: "Ya no tienen que ir más a Jerusalén".
Es decir, para no correr el riesgo de que la religión llevara el corazón de la gente hacia el reino del sur, entonces hizo una trampa y puso como sacerdotes a gente del pueblo, gente que no pertenecía a la tribu sacerdotal.
Él como rey se adueñó del problema de la religión y del sacerdocio; y a partir de ahí empezó, junto con la división política, un cisma religioso, una división en la fe.
Esto fue gravísimo, porque esto condujo a que en el reino del norte poco a poco la fe se fuera pervirtiendo; de ahí nacieron los samaritanos, en torno a Samaría, esa es la región de los samaritanos. Entonces Judea queda al sur, Samaría queda un poco más al norte, y todavía más al norte de Samaría, queda Galilea, que era llamada Galilea de los gentiles, tierra de paganos.
Es decir, los judíos consideraban que ya los samaritanos tenían la fe perdida, deformada, adulterada y lo que estaba más allá de Samaría, es decir Galilea, ¿qué se podría tener allá? ¿Qué podría quedar allá? Nada; ¿y qué profeta podría salir de allí? Nadie.
Eso explica la expresión tan agresiva y tan petulante que toman los sacerdotes y la gente del Templo: "¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo? San Juan 7,51, pregunta Nicodemo, lleno de sensatez, y entonces le replican los fariseos: "¿También tú eres Galileo? De Galilea no salen profetas" San Juan 7,52.
En realidad, Jesucristo no era propiamente galileo, Él había nacido en Belén, como sabemos; pero también sabemos que de Belén tuvo que ir al destierro, en realidad, a Egipto, y de Egipto ya no volvió a Judea sino a Galilea; de modo que toda su crianza había sido en Galilea.
Podríamos decir que era más galileo que judío en ese sentido, y por eso la confusión que se presenta. Bueno, esta confusión ¿qué nos dice a nosotros? Esa actitud tan completamente petulante, altanera, autosuficiente de los fariseos, ¿qué nos dice a nosotros: de Galilea no vienen profetas? San Juan 7,52.
Ellos sienten que tienen el dominio de la Palabra de Dios; y ellos sienten que porque dominan la Palabra de Dios, o creen que la dominan, también conocen el plan de Dios.
De modo que una lección muy obvia que trae este pasaje para nosotros es: cuidado con sentir que dominas la Palabra de Dios; eres tú quien tiene que estar en el poder de la Palabra, no la Palabra en tu poder; tú tienes que estar en las manos de Dios, no Dios en tus manos y en tu poder.
La primera y fundamental lección de este evangelio es: "cuidado con creer que ya dominas el plan de Dios"; es sano, es sensato dejar siempre un margen, dejar siempre un espacio para dudar de nuestro conocimiento y para dudar de nuestras certezas, y para dudar de lo que sabemos de Dios; déjate un espacio, déjate un pedacito para reconocer que no dominas a Dios, no te las sabes todas, no conoces todo, no lo dominas todo.
Es muy importante este ejercicio, es muy importante porque es la única manera, primero de dejarte sorprender por Dios, de dejarte regalar por Dios. Y segundo, cuidado, los que creían que dominaban el plan de Dios rechazaron al gran Enviado de Dios.
Nosotros podemos llenarnos de muchas seguridades, por una vida de piedad que hemos llevado, por las amistades que tenemos con sacerdotes teólogos, obispos, qué se yo; por los estudios bíblicos que hemos hecho, por las prácticas o la vida de oración que hemos tenido, por la vida recta que supuestamente llevamos, es muy fácil llenarse de certezas, pero cuidado con esas certezas.
Y es una cosa curiosa, mientras que estos que se consideraban tan instruídos se volvieron impermeables a Dios, otros, los guardias del Templo tienen una mayor apertura, ¡qué sorpresa! Son ellos los que tienen una mayor apertura y los que dicen: "¡Jamás ha hablado nadie así!" San Juan 7,46.
Estos guardias, que de pronto tenían mucha menos instrucción, sí pudieron admirarse ante Cristo, dejarse maravillar por Cristo, y esa admiración y ese maravillarse abrieron las puertas para que Jesús de algún modo hiciera una obra en ellos.
Pidamos al Señor que nos permita, primero, dudar de todo lo que sabemos y tenemos. Me explico: no es que vivamos en medio de incertidumbre sino, ¡por Dios, dejemos una puerta abierta, no lo comprendemos todo, no lo entendemos todo, Dios es más grande, no tenemos respuesta para todo y Dios tiene una gran capacidad de sorprendernos!
Segundo, pidámosle al Niño Dios que nos dé capacidad de admirar, capacidad de disfrutar, capacidad de saborear la novedad del Evangelio de Cristo una y otra vez; capacidad de apreciar lo que significa esa Palabra del Señor y capacidad para decir como estos guardias: "¡jamás nadie ha hablado así!" San Juan 7,46.
Que Dios, con su Espíritu, haga esta obra en nosotros, y que a través del amor admirado, lleguemos a la fe plena, y a través de la fe plena, a la contemplación de su rostro Divino.
Amén.