K046001a
Fecha: 19970315
Título: La venganza de Dios es perfecta
Original en audio: 8 min. 40 seg.
El Antiguo Testamento nos cuenta de diversos modos lo terrible de la venganza, esa palabra que resulta tan fastidiosa en la Biblia y a veces tan cercana a nuestros sentimientos, tan cercana a nuestra vida.
Es posible que nos resulte fastidiosa en el texto sagrado porque nos obliga a mirar hacia nuestro corazón y a reconocer que también nosotros, una y muchas veces, hemos sentido deseos de vengarnos, de vengarnos con fuerza o sin ella, o vengarnos con estilo o con ironía.
¡Hay tantas maneras de disfrazar las venganzas! Quizá uno ya no está en la época troglodita del mazazo en la cabeza, pero quizá sí quisiera, que con sutileza y a su tiempo, el otro, el que me hizo el mal, de su traspiés y caiga y pueda ver que se cayó y entonces no diré que me alegro, pero si diré que siento un fresquito por dentro de ver que se hizo justicia.
Uno reviste su venganza de inteligencia, de ironía, de justicia o de muchas cosas, y precisamente porque está tan disfrazada en el corazón, cuando la Biblia la presenta abiertamente, como en el texto de jeremías que hemos escuchado hoy, entonces uno siento que la Biblia es muy brusca.
La que es brusca es la vida, nuestra vida, y esa vida al ser brusca, pasa por el termo de la Biblia, pasa por la fuerza de la palabra y del Espíritu y resulta transformada en términos de Cruz y de Pascua.
Decía aquél antiguo hereje, el primero que distinguió entre el Dios del Antiguo Testamento y el Dios del Nuevo Testamento, que eran dos dioses distintos porque el Dios del Antiguo Testamento era burdo, vengativo, mientras que el Dios del Nuevo Testamento es un Dios ya depurado y es un Dios para presentar en sociedad y misericordioso.
Pues esa distinción, rechazada por la Iglesia puesto que considera hereje a aquél hombre, nos obliga de todos modos a pensar qué pasó con el Dios de las venganzas.
Un signo de la liturgia de las horas: "El Dios de las venganzas, un día los profetas te llamaron", y de todos modos es un hecho que Dios, "Yahvé Dios, el vengativo, Dios de la venganza, Señor Dios de la venganza, resplandece", esas son invocaciones de los salmos Salmo 94,1.
Ya sabemos que no basta con que nos fastidien, ya sabemos que dicen algo del corazón, pero desde ahí nos hacemosdos preguntas, primera: ¿Qué pasó con las venganzas del Antiguo Testamento? Y segunda: si ese vengarse es un hecho como tan universal, ¿qué hace Dios con las ganas de vengarse que tiene el corazón humano?.
Las dos respuestas las encontramos en Jesucristo. Cristo es una extraña, singular, inesperada, paradójica venganza de Dios; ahí donde se ve Cristo con toda su sangre encima, ahí donde esté Cristo con todas sus Llagas encima, Cristo es la venganza de Dios.
Por algo la liturgia de Semana Santa le aplica aquél texto de Isaías del varón salpicado de sangre, que tiene la ropa llena de sangre, y entonces él dice que "lleno de ira vencía las naciones".
Estamos acostumbrados a mirar la Cruz en términos de infinita piedad y de infinita misericordia, pero por lo visto eso no excluye que Cristo en la Cruz estuviera como en una especie de supremo acto de ira, de supremo acto de rabia.
Al parecer no fue sólo la dulzura lo que le llevó a la Cruz, sino fue también la venganza, el salir por los derechos de Dios ¿y en qué consiste esa extraña venganza? En que uno aguanta la flagelación, la corona de espinas, la burla, es que la venganza de Cristo es perfecta porque logra la perfecta victoria sobre sus enemigos.
Un ejemplo típico lo tenemos en el evangelio que hemos escuchado hoy. Un grupo de soldados, mandados por los sumos sacerdotes, soldados de la guardia del Templo, son enviados para aprehender a Jesús.
Pero cometen un error de principiantes: no escuchan; a Cristo no se le puede oír y luego atacar, toca atacarlo sin oírlo. Así como luego hicieron con Esteban, cuando Esteban estaba predicando en el Sanedrín, hubo un momento en que se taparon los oídos y gritaron para poder agarrarlo y apedrearlo.
La voz de Dios no puede ser escuchada y desobedecida, porque su palabra es infinitamente poderosa. Como no se puede escucharlo sin caer en sus redes, sin ser dibujados por Él, decían los sumos sacerdotes, entonces en el momento supremo tuvieron que agarrarlo sin escucharlo, privarlo de la palabra.
Estos guardias, que evidentemente están obrando como simples esbirros, como gente sin carácter, van cumpliendo órdenes, esa es la disculpa de todos los militares, van cumpliendo órdenes: "A aprehender a Jesús", y cometen el error de escucharle y vuelven hechos unos mansos corderos.
El Cordero los ha hecho corderos, el Cordero los ha transformado. La fiereza de estos soldados se ha transformado en deseos de ser discípulos de ese hombre del cual dicen: "Nadie ha hablado así" San Juan 7,46
¿Hay una venganza más perfecta que esa? Porque la venganza ruda del garrotazo, del mazazo en la cabeza, la venganza irónica de “yo lo veré caer y me mofaré su caída”, son venganzas pobres en las cuales la victoria es sólo parcial.
El otro, en el fondo, siguió siendo mi enemigo, hubo algo en lo que le gané, por ejemplo, en que viera el suelo, en eso le gané, pero sigo perdiendo en que su corazón me sigue detestando, su corazón me sigue teniendo rabia a mí.
Pero en cambio alguien como Cristo, que en un acto de misericordia y de pasión por la justicia, logra convertir el corazón de su enemigo, ese ha tenido la completa venganza porque ese lo ha vencido completamente.
No lo ha vencido solamente en un acontecimiento, en un hecho tal vez accidental, sino lo ha vencido en la raíz misma de su ser, de modo que si el Antiguo Testamento nos ha contado como es de terrible la guerra, el Nuevo Testamento nos habla de cómo es de admirable la paz.
Y si el Antiguo nos ha dicho cómo es de terrible la venganza y la fuerza del odio, pues el Nuevo nos ha contado cómo es de terrible el perdón y cuál es la fuerza del perdón y de la paz y del amor.
Recibamos entonces esa victoria de Cristo en nuestras propias vidas, declarémonos territorio suyo, en el cual la fuerza de su poder ha renovado, ha transformado, y por qué no decirlo, ha logrado la perfecta venganza de Dios, que no era contra nosotros sino contra el pecado, contra la oscuridad de Satanás.