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Sabemos hermanos que en los Evangelios aparecen discípulos de Cristo, es decir hombres y mujeres que atraídos por su palabra, movidos por su ejemplo, persuadidos por el testimonio de su amor, empezaron a tomar a Cristo como su guía, maestro. Algunos de esos discípulos, llegaron al punto incluso de dejarlo todo para estar con Él, es el caso de los apóstoles, otros en cambio aunque conservaran sus posesiones y aunque siguieran una vida más cercana a lo que hoy llamaríamos la vida en sociedad, la vida en el mundo, eran verdaderos discípulos del Señor, entre ellos se cuentan personas como José de Arimatea o como Nicodemo. Así pues encontramos discípulos de Cristo, también encontramos diferentes personas, de hecho bastante numerosas que de ninguna manera querían ser discípulos del Señor, más bien lo miraban como a un adversario que había que vencer, al que había que desacreditar, así por ejemplo los escribas y los fariseos entraban en agrias discusiones con el Señor, tratando de demostrar delante de la gente que Cristo era un impostor un falso profeta, una especie de engaño que había que desenmascarar, esa era la actitud de los escribas y fariseos. Por su parte otro grupo, los saduceos, la casta sacerdotal, tomó la aptitud de tratar de desacreditar a Cristo por vía de ridículo, pero resulta que ni los fariseos, ni lo saduceos y escribas lograron demasiado en sus propios propósitos y lo que al contrario sucedió fue que Cristo atrajo y atraia más multitudes, a medida que pasaba el tiempo.
En todo caso ahí vemos que hay discípulos de Cristo por una parte y hay otros que no son discípulos, ni quieren ser discípulos. Durante mucho tiempo yo pensé que se podía clasificar la gente de aquella época en esos términos tan sencillos, uno son discípulos, otros no son discípulos, pero el Evangelio de hoy tomado del capítulo séptimo de san Juan, parece que nos habla hoy de un tercer grupo, esta es una de las observaciones realmente profunda de este evangelista, ese tercer grupo es lo que podríamos llamar los cuasi discípulos, es decir que si mi apreciación es correcta en realidad hay que hablar de unos que son los discípulos, otros que no son discípulos y los cuasi discípulos.
¿Cuál es el lenguaje de los cuasi discípulos? Es el lenguaje de lo que se dice, de la sola opinión pública, es el lenguaje de lo que parece que anda por ahí, lenguaje común, ellos son los que dicen y tienen dudas sobre si Jesús es o no el Mesías, son los que describió el apóstol San Pablo “Se parece a esos barcos que se van llevando por cualquier viento que aparezca” (Ef 4,14). Si la opinión pública dice que Cristo es Rey del universo y que la Iglesia es humanizadora y evangelizadora pues vamos a querer a Cristo y a la Iglesia y vamos a ser amigos de sacerdotes, obispos y monjas, pero si se pone de moda blasfemar y donde los gobiernos son cobardes para defender las libertades religiosas, entonces la opinión pública dice que parece que Cristo como que no era tanto, parece que la fe no era gran cosa y que la Iglesia era solo un antro de corrupción; estos son los cuasi discípulos, son aquellos católicos simplemente bautizados y que se dejan llevar por cualquier viento de doctrina, el peligro que esos cuasi discípulos son secuestrados por los medios de comunicación, por el megáfono que mas grite, por aquellos que saben que consignas darles para que repitan y ellos son los que un día van a gritar a Pilato: “ ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”.
Que Dios nos libre de ser de ese grupo y en cambio nos haga verdaderos discípulos de su Hijo. Amen.