K042002a
Fecha: 19990316
Título: La magia y la supersticion se superan por medio de la presencia de Cristo
Original en audio: 3 min. 57 seg.
En cierto sentido, tenían razón los judíos porque en sábado estaba prohibido traer y llevar cosas, y Jesús le dice a este hombre curado que lleve una cosa, un objeto, que ciertamente no era liviano; que lleve una camilla y que la lleve a la vista de toda la gente. Parece, pues, que efectivamente ahí se está quebrantando la ley del sábado.
Pero si nos damos cuenta, más que el sólo llevar la camilla, de lo que se trata es como de ese estribillo que repite el evangelio: "Toma tu camilla y echa a andar" San Juan 5,8. Son dos cosas.
Este hombre estaba paralítico, cuando lleva su camilla, no es un hombre que está haciendo un trabajo, es un hombre que le está dando la gloria a Dios, el único que lo ha curado.
Llevar la camilla, desde la perspectiva de Jesús, no es un trabajo que se hace en sábado sino es una glorificación de Dios que se hace en sábado.
De esta manera los judíos, nos damos cuenta nosotros, habían perdido el sentido del sábado porque lo habían reducido a la inactividad suya, la inactividad de ellos, y el verdadero profundo sentido del sábado es que este era un día de comunión con Dios, un día de encuentro profundo con la gloria de Dios.
De aquí sacamos una enseñanza para nosotros: el verdadero sentido de nuestro descanso no es la inactividad, sino la búsqueda de la gloria de Dios y esto, pues, puede decirse de aquel mandamiento de la santificación de las fiestas.
Santificar las fiestas, concretamente, santificar el domingo, no es simplemente asistir, participar de la Santa Misa, sino es buscar que ese sea un día en el que todo le dé la gloria a Dios, desde nuestros pensamientos hasta nuestras obras.
Por otra parte, este es un evangelio muy útil para mostrar la superación de la superstición y de la magia por medio de la presencia de Cristo.
El agua de esa piscina se creía que era como una especie de santuario, y que a veces se removía el agua, entonces el que llegaba primero, ese obtenía la salvación.
Pero fíjate cómo la salvación, que llega así por la magia, no es una proclamación de la gracia. Uno se pone a pensar en el caso de este paralítico, ¿cómo iba a llegar él de primero si precisamente estaba paralítico?
Es decir, lo que es mágico, lo ques supersticioso, no habla de la gracia, sino en el fondo sigue el mismo esquema del que recibe más, el más avispado, recibe más el más rico y el más poderoso.
En cambio, Jesucristo se fija en este, en el que no podía moverse. De modo que este evangelio también es muy útil para hacer una catequesis sobre la diferencia entre la magia y la gracia.
La magia, lo mágico, lo supersticioso no rompe el esquema del negocio: el que puede moverse más rápido, se puede curar, ¿pero qué sacamos con eso si el que más necesitaba curarse es el que no puede moverse tan rápido? Al contrario, la gracia atiende más al más necesitado, sea que pueda correr o que no pueda correr.
Dios que hizo lugar de su milagro esa piscina, ese lugar de agua, pues haga también fecunda en nuestra vida el agua del bautismo, que manando del Templo de Dios, nos ha renovado.