K036014a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

El Evangelio del día de hoy, está tomado de San Lucas en el capítulo 18, es una escena que seguramente nos resulta familiar, dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo y el otro publicano, el publicano se acusa a sí mismo, se humilla delante de Dios y dice Cristo, “bajó a su casa justificado” (cf. Lc 18,9-14). Esa expresión que es bastante técnica en la Biblia quiere decir a paz y salvo con Dios. Podemos decir que el perdón que imploraba lo ha recibido, esa es la situación del publicano pero también subió un fariseo y resulta que a él parece que no le fue muy bien; porque el fariseo empezó “diciendo te doy gracias Señor porque no soy como los demás: adúlteros, ladrones, ni soy como ese Publicano que está allá” (cf. Lc 18, 9-14). Así dice el fariseo y luego pasa a declarar todos sus bienes, todas sus cualidades y virtudes, “yo ayuno dos veces por semana, yo pago el diezmo” (cf. Lc 18,9-14) y Cristo concluye diciendo “el fariseo volvió a su casa cómo había salido de ella” (cf. Lc 18,9-14). El publicano recibió una gracia, un perdón y quedó a paz y salvo con Dios; el fariseo no recibió nada. El fariseo en realidad no estaba hablando con Dios, aunque estuvo en el templo, el templo de Dios nunca rozó el corazón del fariseo.

Son muchas las cosas que uno puede aprender de un pasaje como éste, en esta ocasión, quisiera subrayar sólo un pequeño detalle y es que Cristo dice la frase final: “El publicano volvió a su casa justificado” (cf. Lc 18,9-14); mientras que el fariseo no. Eso lo sabe Cristo cuya mirada escruta corazones y eso lo sabemos nosotros porque hemos oído a Cristo. Pero eso que estoy diciendo y que lo tomó el texto eso, se murió sin saberlo aquel fariseo a menos que haya llegado la conversión a él. Es decir, lo que me llama la atención es la ceguera, lo que me llama la atención es lo ciego que uno puede estar, lo que me llama la atención es: ¿Cómo uno puede engañarse a sí mismo? porque si hubiéramos entrevistado a ese fariseo cuando bajaba de la explanada del templo hacia su casa, y hubiéramos entrevistado, le llevamos un micrófono y le preguntamos: “¿señor fariseo cómo se siente usted?, me siento muy bien, vengo de hacer mi oración, estoy muy satisfecho, estoy muy contento, muchas gracias no le quito más tiempo”. El fariseo se engañaba, y por eso repito, aquí hay una enseñanza que nos atañe porque quizás nosotros mismos nos engañamos muchas veces, pero la parábola que nos presenta el Señor no se limita a contarnos que a veces nos engañamos, la parábola que nos cuenta el Señor también nos está diciendo ¿cuál es la razón?, es decir ¿cuál es el mecanismo, si me explico mejor con el que solemos es engañamos?. Ese mecanismo consiste en dos cosas, hay dos cosas que solemos hacer y que nos ponen como una venda en nuestros ojos, una venda que no nos deja descubrir nuestra realidad y llegar a conocernos en serio.

¿Cuál es esa venda?, pues está hecha de dos mentiras o mejor dicho está hecha de dos actitudes: primero cuando me concentro en los defectos de los demás, dejó de ver mis defectos. El mismo Cristo nos lo dijo en otra oportunidad, “vemos la pajilla en el ojo ajeno, no vemos la viga que tenemos en el propio” (Lc 6,41-42); el que se concentra en el defecto ajeno, el que intenta siempre explicar su comportamiento, porque es que el otro, porque el otro hizo, porque el otro dijo, porque el otro empezó; el que se concentra en el defecto ajeno se queda sin el verdadero conocimiento de sí mismo.

El otro error es que quien se concentra en lo que hace bien, es decir, el que mira únicamente lo que hace bien, lo que estoy haciendo bien, el que se concentra en eso, entonces no descubre su propia necesidad, ni su propia llaga.

Observemos que en la parábola, Cristo no niega que ese fariseo efectivamente ayuna los días que dice que ayuna, Cristo no niega que ese hombre paga el diezmo de las cosas que dice, que él paga el diezmo, Cristo no niega eso, ¡en absoluto lo niega! y sin embargo el fariseo bajó en las mismas ¡perdió su tiempo!; el que hizo oración, ¡no hizo nada!.

¿Por qué?, no es porque dejarán de estar a bien las cosas buenas que hizo, es porque cuando nos concentramos en lo que si hacemos bien, nos podemos descuidar en las muchas cosas que estamos haciendo mal, o incluso los bienes que no hemos practicado. Así que cuidado con esa ceguera espiritual, esa ceguera tiene su causa próxima en concentrarse uno en los defectos de los demás o en quedarse uno solamente alegando en lo que uno ha hecho de bien; que Dios el Señor por su misericordia nos libre de estar en ceguera. Amen.