K036006a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20110402

Título: Debemos abrirnos a la misericordia de Dios para poder transmitirla a los demas

Original en audio: 4 min. 25 seg.


Llegando al final de esta tercera semana de Cuaresma, yo ceo que ustedes y yo estaremos de acuerdo en que lo que hemos recibido es una maravillosa catequesis sobre el amor de Dios.

Porque finalmente el objetivo de la Cuaresma, lo mismo que el objetivo de cada uno de los sacramentos, de todas las predicaciones y de todas las oraciones, el gran objetivo es experimentar, descubrir, redescubrir el amor de Dios.

Y ese amor tiene un rostro muy particular: se llama misericordia. Especialmente el Papa Juan Pablo II insistió en este aspecto del mensaje del Evangelio: la misericordia. Misericordia que significa amor que se compadece, pero también amor qur levanta, amor que transforma.

Lo más hermoso de la palabra misericordia es que nos abre precisamente a las dimensiones más profundas del amor; porque el amor que se regala, el amor que se concede por pura gracia, es un amor que está más allá de lo que se puede comprar, de lo que se puede merecer.

Y esto es muy necesario porque, si nos damos cuenta, ¿qué podríamos nosotros darle a Dios? Así lo dice algún salmo: "¿Con qué me presentaré al Señor? ¿Qué puedo darle al Señor?" Salmo 116,12. El profeta Miqueas también menciona esta expresión: "¿Qué haré yo por el Señor?" Miqueas 6,6.

Cualquiera que descubra que la vida humana realmente tiene su origen en Dios, y tiene su fin en Dios, tiene que preguntarse: "¿Y yo qué puedo darle a Dios?" Y lo que descubrimos es que lo único que podemos darle es el sí de nuestro corazón para recibir su misericordia, ése es el mismo lenguaje que Él quiere que nosotros utilicemos con nuestros hermanos.

Es decir, Dios quiere que el río de su misericordia no se detenga en nosotros sino que siga corriendo por el mundo y que alcance a todos. Nosotros tenemos que ser como tubos, canales, vasos comunicantes.

Y por eso hoy el profeta Oseas, en la primera lectura de la Misa, capítulo sexto de Oseas, nos dice: "Quiero misericordia Y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos".

Es decir, cuando nosotros tenemos, cuando recibimos la experiencia de la misericordia, y cuando la compartimos con otros, entonces de algún modo tocamos la esencia de Dios.

Esto se ve también el el evangelio, capítulo dieciocho de San Lucas, en el día de hoy. Tenemos dos personajes: uno que, por decirlo de alguna forma, quiere ganarse el cielo a pulso, quiere ganarse a Dios a base de su esfuerzo, es de los que cree que se puede comprar, se puede negociar, se puede hacer un contrato con Dios. Este es el fariseo.

El otro, en cambio, el publicano, quizás por sus propias faltas, se da cuenta que es absolutamente imposible llegar a un contrato, a una transacción, a una compra y venta con Dios, eso no cabe, eso no es posible.

Entonces, el publicano se abandona en el río de la misercordia divina; mientras que el fariseo, amarrado a su propia mentira, es decir, a la mentira de que se puede hacer esa transacción con Dios, en el fondo está amarrado a su arrogancia, a su dureza, y por eso es duro también con el publicano, se cierra a la misericordia de Dios y queda cerrado para dar misericordia al otro.

Nuestra Cuaresma tiene que ser tiempo de amor, tiempo de misericordia, tiempo de gracia.