K035007a
Fecha: 20020308
Título: Aunque no lo veas, Dios es mas fuerte que todos los que puedes ver
Digital en Audio: 22 min.
Vamos a recordar algunos datos fundamentales de la geografía, para descubrir la riqueza de esa primera lectura que hemos oído.
Mis hermanos, la Palestina, la Tierra Prometida, es una franja de tierra que queda en el encuentro entre Europa y Asia; comparativamente es pequeña, pero es muy importante, porque es como el corredor de paso entre Egipto y Asia.
De manera que los israelitas eran pequeños en número y era pequeña su tierra, pero estaban rodeados de vecinos muy grandes, que desde luego tenían mucho interés en adueñarse de ese pedacito de tierra, porque ese pedacito de tierra era el corredor, era el puente, era el paso obligado para el comercio y también un punto militar estratégico.
¿Quiénes eran esos vecinos? Vamos a ejercitar la imaginación. Digamos que aquí donde está mi mano derecha, Palestina, donde se vivían Israel y Judá; a la izquierda un vecino grande, Egipto, que tuvo muchas dinastías, muchos reinos, pero que geográfica y económicamente era y siempre fue muy poderoso, aquí a la izquierda.
Arriba quedaba Asiria, pueblo de guerreros con una gran extensión para crecer, ahí también quedaban esas ciudades que uno oye a veces mencionar en la Biblia: Tiro, Sidón, los fenicios; Asiria al Norte; y un poco más allá, diríamos al Norte y al Este, Persia. Bueno, grandes imperios.
Podemos decir que los israelitas se sentían como enanitos al lado de esos gigantones, y la palabra que Dios les dio es: “Yo estoy con ustedes”, pero Israel se sentía así, pequeñito, pequeñito y miraba a esos gigantes a su lado, y tenía miedo.
Dios, a través de los profetas, les mandaba a decir: "No tengan miedo, permanezcan fieles a mí; yo no me veo, pero yo soy más grande que todos los que se ven”. Ese es el mensaje: “Yo no me veo, pero soy más grande que todos los que se ven; a mí no puedes verme, pero soy más grande que todos los que tú puedes ver ver”.
Los israelitas a veces creían y a veces no creían; y eso explica la primera lectura que hemos oído, es un momento de arrepentimiento, es un momento de humildad en el que los israelitas reconocen: “Verdad que sí es mejor apoyarse en Dios, sí es mejor, y por eso dicen esa frase: "Ya no nos salvará Asiria” Oseas 14,4.
Porque es interesante ver cuál era el recurso que utilizaban los israelitas, como ellos se sentían tan pequeñitos, tan pequeñitos ¿qué hacían? Cuando venía ese grandote de por acá, llámese Egipto, llamaban a Asiría y le decían: “Hey, hagamos alianza nosotros, y nos unimos usted, y es para pelear con este grande”, pero era para que el grandote los defendiera del otro grandote.
Y hacían alianza, y luego cuando Asiria se volvía enemigo, entonces: “Egipto, Egipto, venga, venga, hagamos alianza usted y yo y peleamos contra este grandote”. Es decir, los israelitas se sentían pequeños y se sentían débiles, y andaban buscando un árbol grande, un árbol fuerte para recostarse, porque sentían que solamente, si estaban al lado de uno fuerte, podían vencer a otro fuerte.
Hermanos, eso es lo mismo que hacemos nosotros, es exactamente lo mismo que nosotros hacemos, porque también nosotros obramos así. Por ejemplo, en la casa hay problemas, hay discusiones: “Ah, ¿tú me quieres gritar? Entonces yo voy a aprender a gritar también!” Es decir: "Si tú quieres hacerte fuerte, yo voy a buscar también como sentirme fuerte!"
Y sabemos en qué para esa historia, ¿cierto?: El uno grita y el otro grita; el uno insulta y el otro insulta; el uno hiere y el otro hiere. Y ya sabemos sabemos cómo termina esa historia: todos rotos, todos dañados, todos heridos, y la familia se acabó.
Otro ejemplo, que pasa mucho en mi tierra: a una persona le está yendo mal en los negocios, saca una conclusión: “Eso es por unos enemigos que yo tengo que me están haciendo brujería, pues entonces me voy yo también donde el brujo, para que el brujo me dé una contra, para que el brujo me dé una receta para luchar contra el otro".
"Ah, con que él me hace un maleficio, entonces yo voy a hacerle un maleficio también”. Y el único que gana ahí es el brujo! Bueno, es el que más pierde en realidad porque pierde su fe, su alma, pierde todo, pero en términos de dinero el que gana por ambos bolsillos es el brujo. ¡Esa cadena hay que romperla!
Lo que Dios nos está diciendo hoy es: “Tú eres pequeño, eso es verdad, pero acuérdate de dos cosas: primera, aunque a mí no me ves, yo soy más fuerte que los que tú puedes ver, aunque no lo ves". San Pablo dice: “Nosotros nos fijamos en lo que no se ve” 2 Corintios 4,18. "Aunque no me ves, yo soy más fuerte que lo que puedes ver". Eso es lo primero que hay que recordar.
Y lo segundo que hay que recordar es: todas las alianzas pasan factura, todas, todos esos pactos que hacían los israelitas siempre salieron y siempre salen más caros.
Y por eso la invitación que la Iglesia nos hace en este viernes de Cuaresma es: "¡Purifícate de ídolos! ¿En quién tienes puesta tu confianza? “¡Pero es que yo soy pequeño, y es que me siento solo, y es que estoy asustado, y es que soy muy débil, y es que soy frágil!” Y el Señor te dice: “Pero yo, a quien no puedes ver, soy más fuerte que todos los que tú puedes ver.
¡Deja el ídolo, deja tus ídolos!! ¿De cuántas cosas estamos pegados como ídolos? Nuestros hermanos cristianos no católicos tienen resuelto el problema de los ídolos de una manera muy fácil, para ellos, si tú tienes una imagen, tú eres un idólatra, ¡ya, arreglado el problema!
¡Ojalá fuera así de fácil! ¿Y entonces el que no tiene ninguna imagen no tiene ningún ídolo? ¡Claro que también hay ídolos que no son imágenes! ¿La cuenta bancaria puede ser tu ídolo, la droga y el licor puede ser tu ídolo, la mentira puede ser tu ídolo, el orgullo y tu manera de aplastar a los demás, esa estrategia tuya puede ser tu ídolo!
Yo quisiera decir a los hermanos no católicos con todo respeto, ¡ojalá el problema de los ídolos se solucionara tan fácilmente!
Los ídolos graves son los ídolos del corazón; una imagen bien utilizada y bien entendida alimenta la piedad, ayuda y no estorba ni mucho menos, eso no es problema. El problema no es esa imagen, el problema son los ídolos del corazón.
¿Porque tu corazón tiene miedo, y tiene miedo porque se siente pequeño y anda buscando a Egipto y a Asiria! Ese es el problema, que te cuesta trabajo creerle a Dios y decir: "Aunque soy pequeño, no estoy solo; y aunque soy débil, hay un fuerte, uno muy fuerte que está conmigo".
El Señor nos invita hoy a purificarnos de toda idolatría, a poner en Él el corazón, dejar la idolatría. vamos a dar tres ejemplos cortos de qué significa dejar la idolatría y cómo se ejerce la fe en esto de dejar la idolatría.
Primero: cuando una persona tiene un vicio. Los psicólogos nos enseñan y dicen que hay algo que se llama la "crisis de abstinencia", cuando una persona está acostumbrada,por ejemplo, a consumir droga o a consumir alcohol, y suspende, le entra una ansiedad tremenda, porque su organismo se ha acostumbrado a recibir esa sustancia.
La persona muchas veces siente: “No voy a poder, no voy a poder, no resisto, apenas un traguito, un traguito para que se me pase esta ansiedad”, y vuelve a caer en el mismo circulo; pues el Señor viene a decirnos hoy: "Mira, tú, aunque sientas esa ansiedad, tú, debes confiar en Él".
Esta ha sido la gran estrategia de ese movimiento mundial que se llama "Alcohólicos Anónimos", enseñar a la gente a decir: “Yo puedo resistir un minuto, yo puedo resistir una hora, solo una hora, yo puedo resistir un día, solamente por hoy, yo puedo estar hoy, hoy voy a estar sobrio!”
No dejarse asustar, permanecer. "-Tú no vas a poder", "-¡espera que sí va a poder!" Ese es un ejercicio de fe, ¡ahí dejamos el ídolo, ahí vamos a dejar el ídolo! "¡No, no quiero recaer!" ¡Y parece imposible, pero no es imposible! ¡Tú puedes unirte al Señor!
Y en esos momentos la persona siente: "No, ¿pero cómo voy a hacer? Y el Señor sin embargo está y el Señor sostiene, y un un día y otro día, y otro mes y otro año, hasta que la victoria es suya. Y Yo sé que aquí hay mucha gente que ha vivido eso, ¿sí o no? Que con el Señor sí han podido vencer sus vicios, lo que parecía imposible, creo que somos todos. Ese es el ejercicio de dejar la idolatría.
Segundo ejemplo de lo que significa dejar estos ídolos. Los ídolos más difíciles de dejar son los que tienen que ver con el orgullo, con el resentimiento y con la pereza; esas son las tres grandes dificultades después de haber empezado bien el camino. Hay veces que uno ha empezado muy bien el camino del Señor, pero vienen esas tres dificultades y se llegan a convertir como en ídolos.
El orgullo, mi manera de hacer las cosas, y le quiero imponer mi manera de hacer las cosas a todo el mundo, y si yo no pensé en algo, no está bien pensado; y si las cosas no se hicieron como yo decía, no quedaron bien hechas”, eso es orgullo.
El Señor obra a través de otras personas, no solamente a través de ti. Por eso hay que tener mucho cuidado, porque esos ídolos pueden adueñarse de nuestro corazón. Los repito: el orgullo, el resentimiento, nos vamos volviendo súper sensibles, todos nos duele y nos duele y nos duele, y nos cuesta un trabajo perdonar, en el fondo es otra manifestación del orgullo.
Y además, la inercia, la pereza, que es como una especie de idolatría de la propia comodidad y del propio placer, de manera que dejar los ídolos también es dejar eso.
Vamos a ponerlo en términos positivos: para quienes hemos iniciado en los caminos del Señor, dejar los ídolos significa, entre otras cosas, admitir que Dios le puede dar mejores ideas a otras personas que a mí; admitir que Dios le puede dar mejores métodos a otras personas que a mí; luchar con todas las fuerzas en contra de la super sensibilidad, porque a veces somos tan sensibles que nos volvemos intocables.
Y cuidado con la pereza, que el Señor nos encuentre activos en su servicio, no activistas, no idolatras del trabajo, pero sí ocupados en su servicio.
Y el último ejemplo. Hermanos, Dios muchas veces, para purificarnos, tiene que quitarnos los caramelos. A veces, cuando empezamos el camino, todo nos parece tan lindo, todo nos parece tan dulce, todo nos parece tan bello, y miramos la gente y decimos: “Oye, qué gente tan linda, qué gente tan maravillosa me ha dado el Señor”.
Me acuerdo de un un seminarista, y con ésta historia termino. Me acuerdo de un seminarista que decía: “Cuando yo llegué a la comunidad decía: "Verdaderamente el Señor me trajo a una comunidad de ángeles, ¡qué maravilla!”
Pero pasaron los meses y el hombre cambió y dijo: “Verdaderamente el Señor me trajo a una comunidad de demonios”, y pasaron los meses y entonces dijo: “El Señor me trajo a una comunidad de seres humanos”.
Dios muchas veces tiene que quitarnos los caramelos porque a través de los caramelos podemos idolatrar: el gusto en la oración, no siempre va estar el gusto en la oración, Dios para purificar tu oración a veces tiene que quitarte el gusto por la oración, porque tu tienes que orar, no porque te guste orar, el gusto no puede ser el gran criterio.
Qué tal una persona que dijera: "Yo oro como papá cuando me guste ser papá, ¿ustedes se imaginan cómo sería ese papá? Que le dijera de pronto a los hijos: "Hey, niños, hoy no quiero ser papá y no voy a ser papá, ¿de acuerdo?" ¿Te imaginas qué familia sería esa?
¿Qué tal que la esposa le dijera al esposo: "¿Sabes? ¡Hoy no quiero ser esposa, no quiero, no me interesa ser esposa, así que hoy no soy esposa, no me gusta!"
¡No se puede construir nada en la familia ni en la sociedad, nada se puede construir si nos vamos a quedar solamente con el gusto!
Por eso Dios tiene que liberarnos también del ídolo del gusto, y por eso muchas veces hay que orar, aunque no nos guste, aunque no nos apetezca. Dios tiene que quitarnos muchos caramelos. Hay veces que sentimos que todos en la comunidad nos entienden, todos son tan hermosos, todos son tan cariñosos, pero también uno puede hacer de la comunidad un ídolo.
Hablábamos hace poquito con un amigo sobre eso, cómo a veces pasa que las comunidades o los movimientos se convierten como en ídolos y ni siquiera quieren que se hable de otras comunidades.
“No, es que en mi movimiento, en mi comunidad, en mi ministerio, ahí sí la gente se convierte, todos los demás son un poco despistados, en cambio en mi movimiento...” ¡Eso es un ídolo, hermano, es un ídolo!
Y por eso Dios tiene que mostrarnos siempre el lado humano y el lado limitado de nosotros mismos; por eso necesitamos descubrir la limitaciones de las otras personas, descubrirlas y admitirlas y reconocerlas.
El matrimonio no empieza cuando ambos sienten: “Tú eres caramelo y yo soy chocolate”, ¡ahí no empieza el matrimonio!
El matrimonio empieza cuando él le dice: "-¿Sabes que tú eres un limón?" Y ella dice: "¿Y tú eres un vinagre?” ¡Ahí de pronto empieza el matrimonio, ahí! Cuando hay que pasar por encima de eso, ahí el amor se hace puro, y lo mismo pasa en la comunidad.
Cuando todos son súper simpáticos y no hay ningún problema, ¡qué fácil! Pero cuando hay dificultades, cuando descubro que el otro también tiene su ego, también tiene intereses, también tiene intersecciones, también se cansa, y cuando hay que dar un paso más allá, ahí empiezo verdaderamente a amar.
Habría tanto que decir, pero quedémonos con dos cosas: primera, Dios te dice hoy, “Aunque tú no me ves, yo soy más fuerte que todos los que tú puedes ver”; y segunda, busquemos la purificación del corazón, un corazón puro, un corazón limpio de ídolos, un corazón donde Dios se pueda pasear y sentir a gusto, a sus anchas.
Amén.