K035005a
Fecha: 20010323
Título: No importa la fuerza, las armas o las alianzas, la verdadera fuerza es Dios
Original en audio: 7 min. 59 seg.
Los Hebreos vivieron y viven en una pequeña franja de tierra que queda entre dos países, dos imperios muy grandes. A la izquierda de ellos, Egipto y arriba de ellos, Asiria. Asiria era mucho más grande que la tierra de los israelitas y Egipto muchísimo más grande que la tierra de los israelitas.
Y además, la tierra de ellos servía como de paso, porque se encuentra precisamente en el puente, podríamos decir, entre Asia y África, de manera que todo el que estuviera interesado en hacer comercio con esa región, le interesaba también la tierra de los israelitas.
Una tierra pequeñita, pero una tierra muy importante porque era como un puente, y por eso esos israelitas tuvieron una cantidad de presiones de los países, de los pueblos vecinos, porque todo el que se volvía grande quería adueñarse de esa tierra. Usted sabe que controlar un puente es muy importante; el que controla un puente controla una región.
Y como esa tierra de ellos era como un puente entre África y Asia, todo el que se volvía grande, todos los imperios grandes, querían controlar ese pedacito de tierra donde estaban los israelitas. No era que fuera un pueblo muy diminuto, pero comparado con los otros, sí era muy pequeño.
Y aquí es donde viene el texto del profeta Oseas que escuchábamos en la primera lectura. ¿Ante las amenazas, ¿qué hacer?
Fíjese usted este caso: resulta que los dos vecinos más grandes, más terribles eran Egipto y Asiria; los israelitas tuvieron esta tentación: "Cuando nos ataquen lo Egipcios nos aliamos con los asirios y cuando nos ataquen los asirios nos aliamos con los egipcios".
Esos eran chiquitos y estaban en la mitad de dos grandotes, entonces es como si dijeran:" Si me ataca este me uno con este, y si me ataca este de la izquierda me uno con este de la derecha".
O sea que se puede parecer mucho a algunas cosas que pasan entre nosotros cuando tenemos así dos grandotes: "Si me ataca este, me uno con este; y si me ataca este, me uno con el otro".
Pero Dios quería una cosa distinta, Dios no estaba de acuerdo en que ellos estuvieran buscando esas alianzas. Dios quería, sobre todo, que los israelitas buscaran la alianza con Él y confiaran en Él, pero eso no es lo que ellos habían hecho y por eso ellos dicen la oración que leímos en la Primera Lectura.
Ahí escuchábamos: "No nos salvará Asiria: no montaremos a caballo, no volveremos a llamar Dios la obra de nuestras manos" Oseas 14,4. Porque ellos habían puesto su confianza en las alianzas con los grupos de poder, y ellos habían creído, que consiguiendo las armas fuertes de la época, es decir, los caballos, esa era el arma fuerte de la época, con eso ya tenían.
Y Dios les hace ver que si no tienen alianza con Él, entonces no importa que tengan las armas fuertes, no importa que tengan aliados fuertes, les va ir muy mal.
Yo creo que es una enseñanza para nosotros. La fuerza no está en buscarse aliados que uno crea muy fuertes, ahí no está lo principal; la fuerza no está en buscarse armas que sean muy buenas, ahí no está lo principal; la verdadera fuerza está en Dios, en la alianza con Dios.
Los israelitas, finalmente, no entendieron ese mensaje y finalmente, cuando ya estaban divididos, reino del sur y reino del norte, el reino del norte se perdió, se lo tragó vivo Asiria; Asiria se tragó, engulló a Israel.
Israel, tanto estar buscando a ver quién me protege, con quién hago alianza, pues uno de esos aliados se tragó al reino de Israel y por eso sólo quedó el reino de Judá.
¿Qué fue lo que llegó hasta los tiempos de Nuestro Señor Jesucristo? ¿Cuáles son nuestros aliados y en quién estamos poniendo nuestra confianza?
Los pactos no son lo más fuerte, las armas no son lo más fuerte, lo más fuerte es Dios, y el que se vuelve a Dios de todo corazón, ese encuentra el verdadero pacto y la verdadera fuerza.