K035004a
Fecha: 20000331
Título: Quiero ser discipulo de ese Maestro, del Senor Jesus
Original en audio: 28 min. 47 seg.
Esa frase que le dice Jesús al escriba al final de la lectura de hoy, eso le impresiona a uno mucho, es como cuando Jesús manifiesta alegría, es tan rara la alegría en Jesús, que las pocas veces que aparece, uno tiene que tomar una ruta y mirar lo que está sucediendo, es algo grande, debe ser algo muy grande.
La admiración. A Jesús nada le impresionaba, por lo visto. El orgullo de todos los israelitas era el Templo, pero cuando le dicen: "Mira el Templo" San juan 2,20, Él dice: "Destrúyanlo, y yo lo rehago en tres días" San juan 2,19, "se refería al templo de su cuerpo" San juan 2,21.
O también dice: "¡Ven todo eso? No va a quedar piedra sobre piedra" San Marcos 13,2. Son tres cosas, son tres aspectos de la vida de Cristo que son muy escasos, ¿cuáles? La admiración. A Jesús parece que nada lo tomaba por sorpresa, nada le parece ni muy grande, ni muy importante, ni bueno, ni malo.
Otro día salieron a contarle: "Herodes te busca" San Lucas 13,31. Herodes era un salvaje torturador, apenas comparable a algunos dictadores, monstruos, hienas que ha conocido la historia.
Es capaz de hacer lo que hizo: "Vaya y decapite a Juan Bautista y tráigame la cabeza sobre una bandeja" San Marcos 6,27.
Un monstruo de ese tenor, y le dicen: "Te está buscando" San Lucas 13,31. Jesús siguió en lo que estaba y mandó decir esto: "Díganle a ese zorro: hoy y mañana tengo que trabajar, pasado mañana llego a mi final" San Lucas 13,32.
"No es usted el que me pone final a mí", y lo trató de zorro y así le dijo en público; o sea que parece que no le daba mucho miedo la gente, ni le impresionaban los títulos.
Y lo mismo Pilato, Pilato se envalentonó, tosió duro: "¿No sabe que tengo poder para liberarlo, poder para hacerlo matar?" San Juan 19,10, y le responde Jesús y le dice: "Mire, usted no tendría ningún poder si no se le hubiera dado, por eso el que me entregó a usted tiene un pecado peor que el suyo" San Juan 19,11.
Con lo cual le dijo de paso: "Usted está cometiendo pecado; ahora, no es usted el que me juzga a mí, soy yo el que lo juzga a usted."
Jesús, pues, parece que no se admira de nada, pocas cosas lo alegran, y además, es muy rara esta frase: "El Reino de Dios está cerca" San Marcos 1,15, dice Jesús; pero que alguien esté cerca del Reino, eso sí que es raro, que el Reino de Dios está cerca, eso sí lo predica Él, pero que alguien esté cerca del Reino, eso es muy raro.
Entonces son tres cosas, eso es lo que estamos aprendiendo hoy, hay tres cosas que son muy raras en Cristo, raras pero que existen. Primera, la admiración; segunda, la alegría, la expresión de la alegría, y tercera, afirmar que alguien esté cerca del Reino, el Reino está cerca, sí lo dice, pero que alguien esté cerca del Reino, no tanto.
Sin embargo sí hay cosas que le admiran a Jesús, por ejemplo, cuando se acercan unos notables judíos y le dicen: "Mire, el Centurión romano le quiere pedir un favor, atiéndalo que ese Señor es bueno y hasta nos hizo una Sinagoga, atiéndalo".
Y Jesús dijo: "Bueno, entonces voy a curar al criado de ese Centurión, y cuando iba de camino el Centurión mandó un mensajero que le dijera a Jesús: "Mire, yo no soy nadie, por eso no me he considerado digno de ir en persona; basta con que diga una palabra".
Oye, eso sí es una fe inmensa, ni siquiera fue el mismo Centurión a pedirle el favor, mandó un mensajero, vino su soldado y le dijo: "Mire, es que no soy digno de que usted entre en mi casa, ni siquiera me he considerado digno de pedirle el favor personalmente; con una palabra suya, basta"; y ahí sí dice la Escritura: "Jesús se admiró de la fe de ese hombre" San Lucas 7,9.
O sea que no era que le faltara el gen de la admiración a Jesucristo, sino que lo reservaba para ese tipo de diamantes; eso sí que lo admiró, eso sí le impresionó a Él.
Parece que tuvo también un momento de admiración cuando estaba predicando y desmontaron una parte del techo para bajarle un paralítico, en ese momento como que también se impactó un poquito, se impacto, se admiró. Sí tenía admiración, pero la reservaba para esas maravillas.
Para las grandes obras de la tecnología, las grandes obras del poder, de los ejércitos y del gobierno, de la fuerza, de eso no; pero de una fe, de un acto de humildad tan grande como el de ese Centurión, eso sí lo admiró.
Y Jesús se paró donde estaba, se volteó y le dijo a toda la gente: "Mire, yo en Israel nunca he visto una fe de estas" San Lucas 7,9. ¡Cómo sería el impacto que le causó a Cristo! Y lo mismo con la alegría.
¿Qué le alegraba a Cristo? Él no tenía sueldo, no tenía familia, no tenía posesiones, ¿qué le podía alegrar a Cristo? Ver que el Reino llegaba a los pequeñitos, eso sí.
Dice San Lucas: "Se conmovió de alegría" y también ahí suspendió lo que estaba haciendo y dijo una oración es voz alta: "Te alabo, Padre, que has escondido estas cosas a los entendidos" San Mateo 11,25, a los importantes, los que tienen mucho conocimiento, o mucha fama, o mucho dinero, lo que sea. Ello será revelado a esa gente pobrecita.
Eso le llenó a Jesús de una alegría, de un gozo, que la gente que estaba ahí, lo sintió, sintieron que se había conmovido de gozo.
O sea que Jesús debe seguir conmoviéndose de gozo, porque en lo que yo veo, en la evangelización sigue pasando lo mismo, uno ve lo que decía San Agustín. San Agustín era un hombre muy inteligente y muy estudioso, creo que más estudioso que nosotros y de pronto más inteligente que nosotros, y conocía mucha literatura.
Y un día se pone a leer los escritos de San Atanasio, la biografía de San Antonio Abad, y Agustín pasaba esas páginas y leía, que el tal Antonio Abad no tenía ni la décima, ni la centésima parte de todos los estudios ni la brillantes que tenía Agustín.
Y dice: "He aquí que los pequeñitos, he aquí que los más pobres arrebatan el Reino de los cielos y nosotros los ilustrados, los inteligentes, los genios, revolcándonos en nuestra miseria".
Hay vidas que tiene todo para ser felices y se revuelcan en su miseria y dan vueltas de una y otra forma y no encuentran camino, sólo cuando ése que se considera importante deja su importancia, se baja de su pedestal, y recuerda que puede pedir como un niño, y encuentra cosas distintas, y eso fue lo que hizo Agustín.
Pues bien, este fue el gran episodio de la alegría de Jesucristo. También tuvo así como un arranque de alegría cuando volvieron los discípulos. Yo me imagino la ternura de Jesús cuando vio llegar a esos Apóstoles felices, venían gozosos y lo primero que le dicen a Él es: "Hasta los demonios se nos someten" San Lucas 10,17.
Ver esos exorcismos y ver que el demonio, ante el nombre de Jesús, huía; estos estaban felices y no cabían de la dicha, y Jesús se une a la alegría de ellos y dice: "Sí, yo vi que Satanás caía como del cielo a la manera de un rayo" San Lucas 10,18.
Y después empezó a enseñarles: "No se alegren tanto de esto; alégrense de que sus nombres estén escritos en el cielo" San Lucas 10,20. Esa fue una tarde única, esa fue una tarde maravillosa, cuando volvían de la misión.
Y ahora está aquí este Señor Jesús que le dice a una persona: "No estás lejos del Reino de los cielos" San Marcos 12,34. Yo creo eso es lo más bello que Jesús le puede decir a uno; eso se parece a aquella otra frase que dijo el Señor en la cruz: "Yo te aseguro hoy estarás conmigo en el paraíso" San Lucas 23,43.
Eso es muy grande, que Jesús le diga a uno una palabrita de esas, "hoy estarás conmigo en el paraíso" San Lucas 23,43. Se excede Cristo, ¿no?
Porque es el ladrón arrepentido, no hay que decir el buen ladrón, porque eso quiere decir que sabía robar muy bien, mejor hay que decir el ladrón arrepentido, y Él le dijo: "Acuérdate de mí" San Lucas 23,42.
Definitivamente, Dios ama los corazones humildes, no hay nada que hacer, esas oraciones humildes se ve que Dios las escucha inmediatamente, "mientras que la soberbia acarrea la ruina" Tobías 4,13.
La humildad, una oración humilde, Dios la escucha. Le dijo este ladrón arrepentido: "Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino" San Lucas 23,42; le dijo Jesús: "Sí, ya estamos próximos" Ah, esos sí es alegría; es lo mejor que le pudo pasar a ese señor; "es que ya estamos próximos."
Esto me hace recordar unos mártires dominicos en el Asia. Los que hemos llevado una vida regular tenemos que pedirle a Dios que nos ayude a purificar nuestros corazones, seguramente con el sufrimiento, con el martirio, porque hay cosas que no las alcanza uno a reparar en esta vida.
Estaban los crucificados, los crucificaron yo no recuerdo si fue en China, Vietnam o Japón, en todo caso los tenían crucificados, y resulta que ellos vivían no sólo su dolor, sino vivían la Pasión de Cristo.
Cuando uno de ellos le recuerda al otro esta escena del ladrón, el que estaba crucificado se puso a cantar de alegría ahí, puesto allá en su cruz, muriéndose, porque sintió que también Dios le prometía a él: "Hoy estarás conmigo en el paraíso" San Lucas 23,43.
Esa es la grandeza de esta promesa: "No estás lejos del Reino de Dios" San Marcos 12,34.
Yo creo que oír esa frase es como vivir, vivir como hemos vivido la mayoría de nosotros, perdidos en este mar tumultuoso, en este mar terrible donde uno se confunde y uno va de una parte a otra, de una filosofía a otra: "A ver, y ahora a quién le creo, y ahora para dónde sigo, dónde estará la paz, dónde andará la felicidad", y vuelva a ese mar.
Sentir que el cuerpo está cerca, "ya no estás lejos, ya te falta poco". Por eso tenemos que prestar gran atención a este hombre, a este escriba, porque si este hombre recibió semejante palabra, pues debe ser muy grande lo que pasó ahí.
Para entender esta breve escena debo recordarles, mis amigos, cuál era el estilo de la enseñanza de los maestros judíos, llamados rabinos. Los maestros judíos ¿cómo enseñaban? Enseñaban básicamente inculcando en la memoria de las personas datos fundamentales, verdades esenciales.
A mí me encanta pensar en esos maestros judíos, yo los siento muy cercanos, ¿por qué? Porque era gente que no tenía nada y al parecer no quería tener nada.
Hoy tuvimos en nuestra comunidad un día feliz, podemos decirlo, hoy se hizo una inauguración que era muy importante para nuestro Provincial, el padre Carlos Mario, se inauguró el archivo de Provincia, con toda la técnica y con toda la ciencia.
Entonces nos invitaron a un auditorio con una gran pantalla y un computador que proyecta una imagen, un Video Bin, y allá con un programa y un software especializado, y yo decía: "¡Qué cosa tan bella, de verdad que eso es bien bello!" Y a mí no me gusta ese estilo, yo qué hago, no me gusta ese estilo de predicación.
Una vez me preguntaba un fraile: "-¿Y por qué no hacemos unos audiovisuales?" Y le decía: "-Mire, es que yo soy audiovisual, porque en la Misa se me oye y se me ve, soy un audiovisual tridimensional". Entonces los maestros eran audiovisuales, y consta que eran tridimensionales, no eran maestros bidimensionales sino tridimensionales, eran sólidos, una tecnología única.
Pues bien, estos maestros judíos enseñaban, ¿y qué tenían? Sólo la palabra. Para mí esto está como tan cerca de nuestra vocación, de nuestro carisma. Muchos de ellos se reunían con sus discípulos debajo de un árbol, por eso le dice Jesús a Natanael al comienzo del evangelio de Juan: "Cuando estabas debajo de la higuera" San juan 1,48.
¿Esto qué quiere decir? Que estaba dando sus clases, tenia sus pequeños cursitos, entonces se sentaba bajo la sombra de un palo, a hablar ahí; no había papel, no había agenda, no había celular, no había computador, no había nada, sólo estaban ellos y Él, ¡muy bello!
Y el arte de un maestro era dejar grabadas las palabras en sus discípulos, para eso ¿qué recursos utilizaban? Por ejemplo, las parábolas. Una parábola es una manera de recordar una enseñanza, es mucho mas fácil recordar una narración que recordar una tabla de datos o que recordar una serie de frases sueltas.
Yo creo que esa pedagogía de los maestros judíos alguien debería renovarla e implantarla ahora, yo en parte tengo esa ilusión, y aunque en los cursos que damos en kejaritomene, siempre se reparte una hojita, la hojita es un auxiliar pequeño.
Porque yo quisiera que la parte principal estuviera en la palabra que se dice, es que la palabra que voy a decir en dos minutos todavía no existe, es un acontecimiento, es algo que va a pasar entre ustedes y yo; la palabra es algo maravilloso.
Estos maestros judíos utilizaban, por ejemplo, parábolas, utilizaban frases paradójicas, la palabra y la paradoja, hay que irse aprendiendo los recursos.
¿Una paradoja cómo es? Como lo que decía Jesucristo, Él lo repetía mucho: "Los últimos serán los primeros, y los primeros, serán los últimos" San Mateo 20,16; eso no quiere decir que ahí esté resumido todo, sino quiere decir que ese es un recurso memotécnico para que usted, a partir de ahí, rehaga todo un recurso.
Como no había exámenes, ¿qué era lo que hacía el maestro? El maestro ponía al discípulo a que repitiera la lección: "Ahora cuéntelo usted", el discípulo hablaba y contaba y el maestro lo corregía, por eso aparece aquí dos veces lo mismo.
Le dice Jesús, mire, el escriba se acercó a Jesús y le pregunto: "¿Qué mandamiento es el primero?" San Marcos 12,28.
Jesús respondió: "El primero es amarás al Señor tu Dios, el segundo amarás a tu prójimo como a ti mismo" San Marcos 12,28-31, el escriba repitió: "Muy bien, maestro, tienes razón cuando dices" San Marcos 12,32.
Lo que significa es: "Acepto en mi corazón", no es que el escriba le esté aprobando a Jesucristo, lo que le está diciendo es: "Muy bien, Maestro, yo acepto lo que tú dices", y le repite la lección: "Que el Señor es uno solo, no hay otro fuera de Él, amarlo con todo el corazón y amar al prójimo como uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios" San Marcos 12,33.
En esa escena tan sencillita, ¿qué es lo que ha pasado? Que este escriba se acercó a preguntarle a Jesús, ustedes saben que los escribas no eran amigos de Jesús, porque los escribas eran las autoridades académicas, y resulta que Jesús parece que tuvo problemas con todas las autoridades civiles, políticas y militares, por lo visto.
Los escribas eran las autoridades académicas, los fariseos eran las autoridades religiosas populares, los saduceos eran las autoridades religiosas oficiales, y Jesús con toda esa gente tuvo problemas.
Los escribas eran las autoridades académicas, a cada rato aparece en el Evangelio que se acercaban los escribas, que se acercaban los fariseos y siempre era para ponerlo a prueba.
"A ver, ¿qué va a decir usted? "A ver, ¿pagamos el impuesto o no pagamos?" A ver, qué dice y a ver, a partir de lo que diga, quedar de una vez atrapado. Se acerca este escriba y le pregunta a Jesús: "¿Qué mandamiento es el primero de todos?" San Marcos 12,28.
¿Qué pasaba en la vida de ese escriba? No tenemos ni idea, el Evangelio es tan lacónico que nos toca a veces completar con la imaginación, pero podemos suponer que cuando el escriba pregunta, probablemente estaba como los demás escribas, es lo más razonable de suponer, poniendo a prueba a Jesús, "a ver, ¿usted qué dice? ¿Qué mandamiento es el más importante?" Que era un tema de discusión eterno de los escribas.
Los escribas eran personas que sabían leer y escribir, eran los cultos del tiempo, y responde Jesús lo que ya hemos dicho, y ¿qué pasa en el corazón del escriba? Que oye a Jesús, y mientras oye a Jesús, cambia su postura, eso es lo más bello de este Evangelio, él llega a Jesús probablemente poniéndolo a prueba, como los toros.
Pero mientras escucha a Jesús, cambia; y con su actitud lo que le está diciendo a Jesús es: "Yo me hago tu discípulo, yo quiero ser tu discípulo, tú tienes la ciencia, tú eres mi Maestro, y Jesús le dice a él: "No estas lejos del Reino de Dios. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas" San Marcos 12,34.
Apliquemos ahora esto, aunque sea de una manera sencilla a nuestra vida. Yo creo que también nosotros muchas veces nos hemos acercado a Dios como para ponerlo a prueba. Esto sucede de muchas maneras. Nos acercamos a Dios así como para ver con qué sale: "Voy a darle un chancecito a Dios", ¡que vergüenza!
"Voy a ver si por el lado de Dios sí funciona, es decir, dentro de todas las opciones que tenía, a ver, vamos a ver..." A veces eso se concreta: "voy a ver lo que dice el padre, hay una oportunidad, pobre padre", es un pecador, hace lo que puede, tal vez lo convence, tal vez no; a poner a prueba, a ver si eso si funciona, a ver si eso sí marcha, vamos a poner a prueba a Dios.
Qué hermoso lo que sucede en el escriba cuando escucha a Jesús, siente en su corazón haber encontrado al Maestro que no había tenido; él como escriba debió de haber conocido muchos maestros, cuando escucha a Jesús siente que ha encontrado su Maestro, el suyo, por eso le dice, como ya hemos explicado, "tienes razón" San Marcos 12,32.
"Tienes razón" no significa: "Apruebo tu enseñanza", sino quiere decir: "Acojo tu enseñanza, me convences."
¡Qué lindo eso! Esto es lo que yo quisiera como predicador del Evangelio, eso es lo que yo quisiera que pasara, que uno pudiera predicar de tal manera que la persona, movida por el Espíritu Santo, ese Espíritu que fue el que un día hizo que el escriba pudiera decir a Jesús: "Tú me convences; yo quiero ser discípulo tuyo".
Y por eso el escriba hizo un curso extrarrápido; mire, empezó de opositor y se volvió discípulo y se graduó, porque efectivamente, la manera de graduarse era responder el examen y el examen era lo que él dijo.
Fíjate que Jesús no había hablado de los holocaustos y de los sacrificios pero el escriba sacó la conclusión, él no fue un loro ni una grabadora, el escriba fue un discípulo aprovechado, "tienes razón, acojo lo que dices, tú sí me convences, y vale más eso, vale más que los holocaustos y los sacrificios".
"Tú me convences, yo quiero ser discípulo tuyo, ¿y Jesús qué le dice? "No estás lejos del Reino de Dios" San Marcos 12,34, es como una escena de amor, es algo tan bello, "no estás lejos."
¿El escriba qué le estaba diciendo? Implícitamente: "Yo quiero ser tu discípulo", y entonces ¿qué le responde Jesús? "Yo te acojo como mi discípulo y quiero yo también ser tu Maestro". A eso quiero yo que nosotros lleguemos, con la bondad de Dios, que lleguemos a ese punto.
Alguna vez llegamos a Dios tal vez por casualidad, tal vez por complacer a alguien. A los grupos de oración muchas veces llegamos así. Yo, después de un tiempo de distanciamiento, volví a los grupos de oración, esto fue hace muchos años antes de entrar al convento, porque un hermano mío insistió y me hizo fuerza: "Vamos, vamos, vamos". Uno va por complacer a alguien, o vamos por darle un chance a alguien.
Y mire, yo me pongo a pensar realmente, mi hermano fue un instrumento de Dios. En ese grupo renació el fuego de la vocación sacerdotal, y por eso estoy aquí, y si yo no hubiera asistido a ese grupo, yo estoy seguro de que yo no estaría aquí.
Y yo, como volví a ese grupo, de ahí ya no me desprendí, porque mi hermano me dijo: "Vamos", y dije: "Vamos, vamos pues, hombre, vamos a darle una oportunidad a Dios".
Y a lo largo del camino ¿qué pasó? Que Dios tomó en serio esa oportunidad, y yo sentí de alguna manera lo que sintió el escriba: "Este lenguaje sí me convence, esto va más allá de todo lo que ya había conocido", y sentí en mi corazón: "De ese Señor, yo sí quiero ser siervo.
Y de ese Maestro, yo quiero ser discípulo; y de ese Amigo, yo quiero ser amigo, yo quiero eso". La Palabra del Señor Jesús encendió a mi corazón, como ha encendido a tantos corazones, seguramente a tantos corazones como los de ustedes.
Y por eso digo hoy, si alguien vino esta noche para darle gusto a una persona humana, o por curiosidad, o por desocupe, a veces uno va por desocupado, usted vino a darle una oportunidad a la suerte, a Dios.
Sepa que mi mejor y más intenso deseo es que usted se encuentre con Jesucristo, que la sabiduría de Jesucristo conmueva hasta las raíces de su alma, y que usted pueda decir: "Sí, esa es la Palabra, esa es la Palabra, la que me llena, la que me convence; yo quiero ser discípulo de ese Maestro, quiero ser siervo de ese Señor, quiero ser amigo de ese Amigo."
- Cuaresma Semana 03
- Juan 002 020
- Juan 002 019
- Juan 002 021
- Marcos 013 002
- Lucas 013 031
- Marcos 006 027
- Lucas 013 032
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- Juan 019 011
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- Lucas 007 009
- Mateo 011 025
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- Lucas 010 020
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- Marcos 012 032
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- Lucas 023 042
- Tobías 004 013
- Juan 001 048
- Mateo 020 016
- Marcos 012 028
- Marcos 012 028-031