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De Wiki de FrayNelson
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Una de las parábolas más bellas, famosa con toda justicia en el pueblo cristiano y aún más allá de sus fronteras; ese es el texto que tenemos el día de hoy. Está tomado del capítulo 15 de San Lucas es: la famosa parábola del Hijo Pródigo (cf. 11-32). La palabra pródigo, se refiere al acto de desperdiciar, gastar innecesariamente y sobre todo, gastar con ostentación, el Hijo Pródigo es el hijo desperdiciador. El hijo desperdiciador, ¿Porque pronunció esa palabra?, porque la palabra desperdicio, cada vez más tiene un lugar en nuestra sociedad, cada vez hay mayor preocupación por la manera como nosotros desperdiciamos tantas cosas; por ejemplo: la comida, así como se habla de que el planeta Tierra no pude sostener a tantas personas, que hay que limitar la población a toda costa, mientras esos discursos demagógicos con una ideología barata y asesina se repiten en tantos lugares.

Resulta que en muchos países, prácticamente en todos nuestros países, porque éste no es solamente un asunto de los “ricos” que llamamos, en todos los países hay espantosos desperdicios de comida. La única cifra que recuerdo de memoria en este momento fue un estudio que se hizo en Francia; hace cosa de unos pocos años. La cifra es espantosa, cerca de una tercera parte de todos los alimentos que se preparan en ese país terminan en la caneca de la basura, ¡Una tercera parte! , ¿Te imaginas el nivel de desperdicio?, somos desperdiciadores somos hijos pródigos, y lo que decimos de los alimentos hay que decirlo de muchas otras cosas. Pensemos, lo que se desperdicia en términos de agua, en muchos países nuestros ¡hay una crisis severa este año en particular por el Fenómeno del Niño!, ¡gran sequía! y en esos momentos las autoridades, y en eso hacen bien, nos invitan a utilizar de manera racional el precioso líquido, por eso se habla también de un racionamiento, al que se puede llegar. Seguramente, tendremos que llegar allá como están las cosas. Pues bien, esa sequía espantosa nos obliga a preguntarnos ¿Cómo estamos gastando el agua? o sea, que tal vez en el año de sequía, nos ponemos un poco más inteligentes en el manejo del agua. Pero yo hago una pregunta, eso significa que cuando no hay sequía ¿Que estamos haciendo con el agua?, si cuando hay sequía la manejamos más o menos racionalmente, la única conclusión que se puede sacar: es que cuando no hay sequía manejamos el agua de manera irracional.

Pero hay muchos otros desperdicios, por ejemplo: el desperdicio del tiempo, el refrán dice: “el tiempo perdido los santos lo lloran”, ¡y es verdad!, ustedes no se han puesto a pensar ¿cómo en los años en los que son más capaces nuestras neuronas, nuestro cerebro, es decir, los años de la juventud, suelen ser los años de mayor irresponsabilidad académica?, ¿cuantos muchachos, cuántas chicas desperdician los años más productivos de su cerebro?, aprendiendo tonterías o no aprendiendo nada. Dedicados simplemente, a perder el tiempo o a dejar pasar la vida, ese también es un desperdicio, ¡estás desperdiciando los mejores años de tu vida!.

En el término o en los términos de la gracia y de la vida espiritual, sucede también lo mismo; ¿no es verdad que en muchas casas hay muy buenos libros, empezando por la Sagrada Escritura que están ahí llenándose de polvo?, no te das cuenta de que esa Biblia muy decorada, ¿quizás es un tesoro es un tesoro de amor y de luz?, y ¿de qué sirve que luego cuando te metan a un ataúd echen encima de tu cadáver esa Biblia para enterrarte con ella?. ¡Los cadáveres no saben leer!, ¡no pueden leer!. Entonces, estamos desperdiciando esos tesoros, que se están llenando simplemente de polvo, recogiendo polvo, en un rincón de tu casa. Cuando voy a visitar al Santísimo Sacramento, y veo tantos lugares vacíos, lugares donde podrían estar también hermanos y hermanas que tienen el tiempo; yo reconozco que hay gente que no lo tiene; vamos a decir de esta manera, hemos desperdiciado demasiados sagrarios, hemos desperdiciado demasiados silencios, hemos desperdiciado demasiado amor de Dios, tú puedes aprovechar mucho mejor tu tiempo, tú puedes cultivar más el don de la gracia, tú puedes vivir de otra manera.

Así que, al recordar la parábola del Hijo Pródigo y todo lo que ese hombre desperdicio y desperdicio, gracias a Dios al final se convirtió y fue acogido por el Padre misericordioso: preguntémonos nosotros ¿cuántas cosas hemos desperdiciado?, estoy seguro que llegaremos a una conclusión: también nosotros somos el hijo pródigo, pues llegó la hora de la conversión, la hora de volver a Papá Dios