K016012a

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El capítulo de número 26 del libro del Deuteronomio, con la primera lectura del día de hoy, encontramos el compromiso entre Dios y su pueblo, y puesto que nosotros repetimos con el Salmo 100, le decimos al Señor: “somos tu pueblo y ovejas de tu rebaño” (cf. Sal 100,3), lo que nos dice el libro de Deuteronomio nos atañe, nos implica profundamente.

Una alianza, un pacto, “Dios será tu Dios y tú serás su pueblo” (cf. Sal 100 3), se parece mucho a un matrimonio, ¿Has visto la celebración de un Matrimonio Católico?, Qué linda la palabra que le dice el esposo a la esposa: yo te acepto como esposa, me entrego a ti como esposo, prometo serte fiel en la alegría y en el dolor, en la pobreza y en la riqueza, en la salud y en la enfermedad todos los días de mi vida, y luego ella dice palabras semejantes. Así que, lo que dice el Deuteronomio se puede comparar con una alianza matrimonial; por eso también, los profetas muchas veces compararon el pecado de idolatría y en general, toda forma de pecado porque todo pecado supone, que pongo en primer lugar a algo por encima de Dios; por eso los profetas, compararon el pecado de idolatría con el adulterio.

Porque si esa mujer qué le ha dicho a su esposo en el día bello y radiante de la boda: “te acepto como esposo, me entrego a ti como esposa, quiero serte fiel en la alegría, en el dolor, en la salud, en la enfermedad en la pobreza, en la riqueza todos los días de mi vida”; si ella que ha dicho eso, luego le es infiel ¿cómo llamamos a esa mujer? ¡Adúltera ¡,¿Cómo llaman los profetas al pueblo de Dios? ¡Adúltero!, ¡raza adúltera! de una manera dura, a veces casi agresiva ¡grosera!, los profetas le restriegan en la cara el pecado al pueblo diciendo: “tú no puedes hacer eso, tú no puedes hacerle eso a Dios”. Esta noción de la fidelidad divina, del compromiso adquirido por Dios, es muy necesario en nuestro tiempo, porque vivimos en una época en que todos los compromisos, incluso los que parecerían más sagrados, se miran como dependientes de las circunstancias, ¿serás fiel a tu esposa?: “por hoy ¡sí!, hoy que me siento feliz y que la veo bonita ¡sí!, si la veo fea en comparación con otra ¡ya lo pensaré!”, esa es la mentalidad actual, y así como se obra en las relaciones humanas obramos en la relación con Dios.

Pues qué bueno que venga esta lectura, del libro del Deuteronomio y que nos recuerde que nuestra vocación humana más profunda no es esa, nuestra vocación humana más profunda está en la fidelidad que le responde a Dios de algún modo en el mismo lenguaje en el que Dios nos ha hablado. Por supuesto con el Nuevo Testamento entendemos que esa calidad de respuesta no puede darla uno con sus solas fuerzas, necesitamos al Señor, necesitamos de su amor, de su poder; necesitamos de su misericordia y su piedad, necesitamos de su gracia; pero la gracia de Dios no viene a ser provisional o débil nuestra alianza, sino a hacerla como se repite en cada Eucaristía, nueva y eterna.

Conclusión, renovar nuestra alianza con Dios y suplicar la gracia divina para que no sean solamente nuestros deseos y nuestras fuerzas, sino su poder sea el que nos preserve en amistad y el amor con él ¡Así sea!.