K016002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19990227

Título: Dios nos ha dado los mandamiento y la gracia para cumplirlos

Original en audio: 15 min. 18 seg.


Amados Hermanos:

La primera lectura de este día nos hace una invitación: guardar los mandamientos de Dios. A mí me parece que los mandamientos de Dios son como las señales de tránsito.

Si usted va por la carretera y hay una señal que dice: "Pavimento resbaladizo", ¿qué quiere decir eso? "¡Ah! ¡En esta carretera no dejan manejar!" No. Lo que quiere decir es: "El pavimento está resbaladizo". Si usted dice: "¿Para qué pondrán esas señales de tránsito ahí? Deberían dejarlo a uno que acelerara lo que uno quisiera". La señal dice: "Pavimento resbaladizo".

Esa señal lo invita a disminuir la velocidad, a limitar tu libertad por tu propio bien; eso es lo mismo que hace la Ley de Dios. Cuando la Ley de Dios dice: "No robes", esa es como una señal de tránsito. ¿Qué quiere decir? Que en el pueblo de Dios no se puede, no se debe robar.

¿Y qué pasa con los otros choferes impertinentes, temerarios, irresponsables? Decimos: "Yo sí puedo robar". Si hacemos eso, nos pasa lo mismo que al que acelera en el pavimento resbaladizo. Seguramente se sale del camino, seguramente acaba con su vida. Eso es lo que vemos que nos está pasando. Dios dice: "No mates", pero hay gente que dice: "Yo sí puedo matar", por eso nos vamos al barranco.

Entonces uno pregunta, vamos a volvernos filósofos, le vamos a hacer una pregunta: ¿las leyes de Dios limitan nuestra libertad? Un filósofo que sea brillante y penetrante responde de la siguiente manera: "Distingo, si tú entiendes por libertad hacer todo lo que a ti se te ocurra, las leyes de Dios sí son un límite para tu libertad, pero cualquier cosa que se quiera hacer en esta vida tiene límites".

Aquí, por ejemplo, estamos celebrando la Santa Misa en una cancha de basket; eso nos recuerda que hasta los juegos tienen reglas. Si una persona dice: "-Yo puedo meter las canastas, yo puedo encestar con el pie", y empieza a darle patadas al balón, usted tiene que salirse de la cancha; "-señor, eso no puede hacerlo". "-Pero, es que a mí me gusta". "-Eso es otro juego, señor, este juego es de esta manera, tiene estas reglas".

De manera que el que piensa que la libertad consiste en hacer todo lo que se le venga en gana, no puede vivir en sociedad, únicamente puede vivir en las peñas, en las montañas, en la soledad, donde pueda decir: "Aquí mando yo", y el eco responde: ¡Yoooo! Es el único lugar donde puede vivir esas persona.

Toda persona que pretende interpretar la libertad en hacer lo que se me da la gana, termina viviendo sola; pero Dios nos llamó a aprender a vivir con nuestros hermanos, y eso requiere que descubramos que la libertad es otra cosa.

Si tú entiendes la libertad -sigue diciendo el filósofo brillante- si tú entiendes la libertad como el desarrollo de tu verdadero y auténtico ser, la Ley de Dios no limita tu libertad, sino que le da un cauce, así como las normas de tránsito no limitan tu viaje sino que le dan un cauce, y ese cauce es una maravillosa autopista, esa es la autopista de la Ley de Dios.

Esa idea nos tiene que quedar clara: todo lo que Dios manda, lo manda por nuestro bien, porque nos ama. Cuando Dios dice: "No adulteres", cuando Dios dice: "Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre", cuando Dios dice: "No mates, no mientas, no calumnies", cuando Dios dice: "Defiende la vida, trabaja por la justicia, lucha por la verdad", es porque nos ama, porque sabe cómo nos hizo, Él sí sabe de qué estamos hechos, Él sí sabe por qué camino nos conduce.

Esa es la primera parte de la enseñanza.Aahora vamos con la segunda parte. Vamos a tomar el santo evangelio del día de hoy. Resulta que cuando uno se da cuenta de que la Ley la dio Dios, esa Ley que está sobre todo resumida en los diez mandamientos, entonces uno dice: "Esa Ley merece todo nuestro respeto".

En cierto sentido es como enfocarnos, esos mandamientos no los puede cambiar nadie, ni el Congreso de la República, ni el Congreso de la Unión Europea, nadie.

Ahora escuchemos lo que dice Jesucristo; Jesucristo dice: "Habéis oído que se dijo: amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo en cambio os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen'" San Mateo 5,43.

¡Qué tal este Jesús! ¡Qué tal este Jesús! Que se atreve a decir que la Ley de Dios; y luego dice: "Pero yo os digo" San Mateo 5,44. Con razón que la gente se quedaba asombrada y decía: "Y éste, ¿cómo así? Ya sabemos que la Ley viene de Dios, pero éste, ¿cómo así que se atreve a decir: "Habéis oído tal cosa, pero yo os digo"? San Mateo 5,44.

Esa expresión que usó Nuestro Señor Jesucristo demuestra, entre otras cosas, que el mismo Dios que nos había dado la Ley, a través de Jesucristo nos da la gracia para cumplir esa Ley.

Como dice hermosamente Santo Tomás de Aquino: Dios nos dio la Ley, pero como sabe que nosotros somos conductores a veces irresponsables del carro de la vida, nos dio también un motor super, ultra, hiper, mega, sincronizado, limpio, adecuado, prefuncionado, el motor preciso para correr el carro de la vida, el rumbo de la vida.

Mejor dicho, como ya nos habíamos tirado tantos carros, cada vez que uno comete un pecado mortal es como tirarse el carro de a vida, como ya habíamos matado, acabado tantos carros, Dios dijo: "esta gente, necesita no sólo las señales de tránsito, sino va a tocar darles el carro también, un carro super, ultra, hiper, mega, sincronizado, alistado, preparado, organizado, para llevarnos a Él.

Y esto es lo que Dios nos dio a través de Jesucristo. Este motor, este tremendo y poderoso motor, este sí sabe recorrer el carro de la vida, ése sí sabe recorrer el acamino de la vida. Con ese motor nada nos puede detener.

A San Pablo le gustaba inventarse palabras en griego, que era el idioma en el que él predicaba, y dijo alguna vez: "Con Dios somos requete vencedores, super vencedores, más que victoriosos".

Cuando llega la gracia de Dios a nosotros, es como ponerle una turbina a un carro, eso vuela, hermano, sin romper las normas de tránsito; ah eso vuela, eso es maravilloso.

Y eso es lo que Jesucristo nos está diciendo aquí. Jesús nos está diciendo: "si ustedes aceptan mi Palabra no sólo descubrirán que las señales de tránsito están bien puestas, sino que van a recibir un motor nuevo, super, mega, hiper, ultra, el gran motor sincronizado, el motor a chorro, el motor fantástico que hará que usted lo que antes no podía, ahora sí lo va a poder.

¿A quién se le ocurre que uno pueda perdonar a un enemigo, una persona que realmente le ha hecho daño a uno, a quién se le ocurre que uno pueda perdonar a una persona así y seguir por el camino de la vida sin estar amarrado, atado al rencor, al odio, a quién se le ocurre esto?

Pero Dios nos regala el nuevo motor, ése es el motor último modelo, pero no como los últimos modelos que sacan las camionetas esas Ford y otras parecidas, sino que es el último modelo que significa que ya no van a salir más modelos, porque Jesucristo en la Última Cena dijo: "Esta es la sangre de la Alianza nueva" San Mateo 5,28.

¿Eso qué quiere decir? ¿Sangre modelo 99? ¿Sangre modelo 2000? No. Esa es la sangre de la Alianza nueva y eterna, y el modelo definitivo, el modelo que te lleva hacia Dios, el modelo que hace que ni siquiera el odio a los enemigos se puede tener, ni siquiera.

Tú pasarás por el camino de la vida sin romper las normas del tránsito, es decir, sin romper la Ley de Dios, y serás como dice San Pablo: "requetevencedor, supervictorioso, ultratriunfante", eso es lo que tú vas a ser si aceptas el mensaje de Jesucristo, si dejas que Jesucristo te haga una operación quirúrgica maravillosa, con el poder de su Espíritu.

Una operación por la que Dios te abre, te saca esa media libra, o cosa parecida, de corazón picho y te pone en ese lugar su motor nuevo, super, ultra, mega, hiper, el motor que ya no le siguen más modelos, el motor de la eternidad, el motor que es el amor de Dios, el motor que es la gracia de Dios. Con ese motor nada puede destruirse.

¿Y qué quiere decir eso? ¿Que no voy a sufrir? Un momentico, no quiere decir que no vaya a sufrir, quiere decir que usted a través del sufrimiento, porque mientras estemos en esta tierra sufrimiento va a haber, eso sí, sufrimiento hay, pero a través del sufrimiento usted va a ser una criatura pascual, usted va a tener la victoria de la Pascua, como los mártires cristianos, que torturados, aserrados, quemados vivos, eran victoriosos. Usted va a tener victoria.

No significa que el Evangelio es como una especie de droga que usted se aplica y listos, hermano, ahora sí venga lo que quiera. No, no es así. El Evangelio hará tu carne sensible, hará que la carne duela, pero hará que la victoria llegue. Si tú quieres saber cómo es eso de que la carne duele, que la victoria llega, déjate instalar el nuevo motor super, hiper, mega.

Déjate instalar la gracia de Dios, deja que la gracia de Dios obre en ti y tú entenderás, a la sombra de la Cruz de Cristo, cómo es verdad que más allá del sufrimiento, e incluso más allá del odio de nuestros enemigos, más allá de nuestro pasado, más allá de los miedos que podamos tener, Dios te lleva y te convierte en un ser super victorioso, alguien que tiene dentro de sí el amor y la potencia de Dios mismo.

Demos gracias al Señor por estas palabras que nos ofrece. Hemos repetido en el salmo: "Dichoso el que camina en la voluntad del Señor" Salmo 118,1. Dios nos amó tanto que nos dio la gracia, su gracia, para que pudiéramos caminar en su voluntad. A Él honor y alabanza, por los siglos de los siglos.

Amén.