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De Wiki de FrayNelson
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La primera lectura de hoy está tomada del capítulo número catorce del Libro de Ester. Empecemos subrayando que el nombre de este libro, es el nombre de una mujer. Hay varios libros en la Biblia, que tienen por título el nombre de una mujer: los libros de Rut, Judit y Ester, y en los tres casos la protagonista es, precisamente, la mujer que le da ese nombre al libro. Es interesante lo que nos enseñan estos libros, porque, por ejemplo, en el Libro de Rut, “quien no pertenecía al pueblo de Dios”, aprendemos cómo la humilde confianza, la sencillez y espíritu de servicio de esta mujer, y la capacidad de acogida y la sabiduría de otra mujer llamada Noemí, preparan algo bello, que es el encuentro entre un hombre llamado Booz y esta mujer llamada Rut; y, resulta que de ese encuentro va a venir algo maravilloso, pues, Rut es la abuela del Rey David, el rey más grande de la historia de Israel y de Judá (cf. Rt 3, 1-18). ¡Una extranjera!, ¿Cómo fue posible? Por la humildad y caridad de ella, y por la sabiduría y la acogida de otra mujer; estas dos mujeres marcaron la historia del pueblo de Dios.

Tanto el Libro de Judit como el Libro de Ester, nos presentan a sus respectivas protagonistas en el papel que solo puede ser descrito como “salvar al pueblo”. Lo encontramos en el Libro de Ester, léelo por favor, estamos en Cuaresma; este es tiempo para acercarse a la Biblia, saca un tiempo, mira el libro de Ester, verás cómo ella es el instrumento tomado por Dios para vencer al enemigo, para vencer a aquel que quería exterminar a la raza judía. Algo parecido nos cuenta el Libro de Judit. Es decir, que la historia del pueblo de Dios y, por lo menos en dos ocasiones, la salvación del mismo pueblo, estuvieron en las manos, en la sabiduría, en el corazón y en la belleza de estas mujeres.

Lo más hermoso de ellas es que su manera de obrar es perfectamente concorde con su ser femenino. Así, por ejemplo, en el caso del Libro de Rut, encontramos que esa particular manera de recibir, de acoger, casi diría yo, de adoptar, que es tan propia de la maternidad, es la que mueve el corazón de Noemí, para darle un camino, darle una ruta, podríamos decir, una vocación a Rut. Es decir, Noemí no tiene que masculinizarse para ayudar a Rut, y Rut no tiene que masculinizarse para buscar su entrada al pueblo de Dios; mujeres que son fielmente, felizmente mujeres. Lo mismo encontramos en Judit y Ester, de las cuales la Biblia habla con grandes ponderaciones cuando se trata de su belleza; ¡No!, estas mujeres no tienen que vestirse de hombres, cortarse el cabello, parecer hombres, pelear como hombres, bramar como varones; son mujeres, que desde la exquisita dulzura y desde la preciosa belleza de su ser femenino, logran lo que muchos hombres no habían podido.

Y ahora pregunto yo: después de ver el lugar que Dios da a estas mujeres, en momentos críticos, definitivos de la historia del pueblo de Dios, ¿Habrá, quien siga diciendo tonterías, como que la Biblia es machista? Espero que no.