K014005a

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Fecha: 20110317

Título: La oración supone perfecta confianza en Dios y real compromiso de orar, es intensamente personal y profundamente enraizada en la comunidad.

Original en audio: 4 min. 09 seg.


“No tengo otro auxilio fuera de ti, Señor” Esther 14, 1.3-5. 12-14 “Quien pide recibe” Mateo 7, 7-12

Sabemos muy bien mis amigos que una de las intenciones en Cuaresma es la oración. Se ha dicho que la Cuaresma se apoya sobre un trípode: la oración, la penitencia, y la solidaridad. Oración, ayuno y limosna son las palabras tradicionales.

Y la oración ciertamente es la fuente y en cierto sentido, lo que le da valor y la dirección a todo lo demás que hagamos en Cuaresma. Las lecturas de hoy, tomadas del libro de Esther y del evangelio según San Mateo, nos dan pautas sobre cómo es la verdadera oración.

Sobre todo el evangelio nos recuerda que debemos orar con corazón de hijo; nosotros no somos esclavos, ni somos asalariados, nosotros somos hijos. Nos dice en algún lugar el apóstol San Pablo que “estos son los hijos de Dios, los que se dejan llevar por el Espíritu Santo de Dios”.

De manera que orar con corazón de hijos es orar en el Espíritu, es orar como Cristo dijo a la samaritana: que Dios esperaba “adoradores en espíritu y en verdad” así que invocando el poder y la gracia, la hermosura y la fuerza del Espíritu, hemos de orar con confianza de hijo.

Pero el libro de Esther nos muestra también varias cosas; podemos decir que nos presenta parejas complementarias que nos educan sobre como debe ser la oración. Por ejemplo, observemos que esta santa mujer, Esther, quiere proteger a su pueblo, el pueblo judío que está siendo perseguido de mala manera; se da cuenta que hay un entramado, hay un tejido de complicidades que se confabulan contra los judíos, y ella sabe que su principal defensa está en la oración, entonces pone toda su confianza en Dios.

Esto es un elemento bien importante, oramos reconociendo que es Dios el que tiene poder no solo sobre nuestra vida sino sobre toda historia humana. Pero a la vez, ella (Esther) obra con inteligencia, ella planea un modo de obrar para salvar a su pueblo, salvar a su raza.

Entonces, encontramos esa complementariedad por una parte: total confianza en Dios, pero por otra, dar lo mejor de nosotros mismos. Lo dice el refrán popular: “hay que orar y trabajar” o también: “A Dios rogando y con el mazo dando”

Otra característica es que la oración de Esther es profundamente personal, nace de su corazón de creyente, pero cuando ella busca las fuentes de su propia fe se encuentra con que pertenece a un pueblo y de ese pueblo, de su familia y de su raza ha recibido el testimonio que le permite creer.

Por eso la oración es también así al mismo tiempo: profundamente personal e intensamente comunitaria. Cada uno debe orar en primera persona pero cada uno debe orar recordando que pertenece a una familia, pertenece a un pueblo de creyentes.

Estuvo contigo Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.