K012003a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20120228

Título: Tres rutinas para hacer cada dia en el gimnasio del espiritu: ayuno, limosna y oracion, la mas importante es la oracion

Original en audio: 4 min. 50 seg.


Puede compararse a la Cuaresma con un tiempo de entrenamiento o como el gimnasio del espíritu.

Cuando la gente va al gimnasio tienen distintas "rutinas", las llaman. A mí esta palabra me llama la atención. El origen de la palabra "rutina" es un diminutivo, se trata de la palabra "ruta". Una ruta es un camino, una rutina es una ruta pequeña. La rutina usualmente tiene mala prensa, se dice que la rutina es algo aburrido, es algo que desmotiva, es algo que desgasta.

Pero las rutinas del gimnasio no necesariamente producen ese efecto, quizás deberíamos considerarlas aburridas. No sé si ustedes han tenido la experiencia de ver, -seguro que sí-, de ver a la gente desde fuera cuando está en el gimnasio haciendo sus rutinas. Para el que no está ahí, el paisaje es relativamente aburrido.

La persona que está en una bicicleta de esas, o que está levantando unas pesas, está repitiendo las mismas acciones, y se le llama rutina, o se le puede llamar rutina, porque esas acciones llevan un determinado orden, es decir, la persona hace una ruta pequeña, una rutica, una rutina, y en esa ruta se supone que ejercita ciertos músculos y con eso mejora su estado físico y cuida su salud.

Ahora bien, cuando nosotros hablamos del gimnasio del espíritu existen también rutinas, por ejemplo, tenemos que entrenarnos en dominar nuestras pasiones, nuestros apetitos, nuestro deseo de siempre tener más, disfrutar más, trabajar menos, gozar más, sufrir menos. Ese apetito hay que controlarlo, y entonces hay una serie de ejercicios que tiene que ver con eso, esos ejercicios solemos agruparlos con la palabra "ayuno". Cuando controlamos el apetito del comer, qué comemos, cuándo comemos, cuánto comemos, estamos haciendo un ejercicio en este gimnasio.

Hay otro ejercicio que es el ejercicio del compartir, porque resulta que muchos de nosotros somos continuamente tentados de egoísmo: nos vamos llenando de un afán de acaparar, sólo miramos por nuestros propios intereses, y podemos volvernos precisamente muy duros frente a las necesidades de los otros. Por eso hay que hacer el ejercicio, hay que hacer la tarea, a esa tarea se le ha llamado tradicionalmente "limosna". Pero la palabra limosna es engañosa porque a veces la limosna es simplemente es esa moneda que se le tira a un mendigo, sobre todo para que no se meta con nosotros.

Entonces podemos hablar de solidaridad, podemos hablar de compartir, podemos hablar de generosidad, de misericordia también. Ese es otro ejercicio, o podemos decir, otra de las maravillosas rutinas del gimnasio del espíritu.

Pero indudablemente la rutina más importante, porque es la que va a transformar más nuestro corazón, es el tiempo que dedicamos a la oración. Porque la oración lo que quiere es ponernos en contacto con Aquel que mejor nos conoce, que mejor nos quiere y que sobre todo sabe qué es lo que debe cambiar en nosotros.

Por eso el evangelio de hoy, tomado del Sermón de la Montaña, allí donde Cristo enseña el Padrenuestro, quiere poner ese modelo, ese ese el modelo de oración. Y especialmente cuando nosotros miramos, cuando nosotros repasamos esas palabras, cuando las tomamos y realmente las ponemos en nuestro corazón, entonces empieza a suceder una labor transformante, y este ejercicio va haciendo que nosotros empecemos a mirar las cosas un poquito más como las mira Dios.

Así que ya sabes, tenemos ayuno, limosna y oración: tres hermosas y benditas rutinas en el gimnasio del espíritu.