K012001a
Fecha: 19980303
Título: Perdona y seras perdonado
Original en audio: 9 min. 28 seg.
Orar y perdonar, dos verbos unidos en la predicación, en la vida de Jesucristo y también en la enseñanza de este evangelio.
Una vez me preguntaba con angustia una señora sobre esa traducción del Padre Nuestro que nosotros tenemos, realmente correspondía con la lengua original, porque le parecía a ella que era demasiado terrible eso de: “Perdónanos como nosotros perdonamos” San Mateo 6,12.
Esa es la frase quizá terrible de la oración: “Perdónanos como nosotros perdonamos” San Mateo 6,12, porque esto quiere decir que cada uno será la medida, hubiera sido mejor que la medida fuera otra, pero ponerme a mí como medida de lo que Dios podrá darme, es una medida muy estrecha.
Esa frase es al mismo tiempo la concesión más grande que podría darnos Dios y la responsabilidad más terrible que podría encomendarnos, es la concesión más grande: “si perdonáis a los demás las culpas, Dios os perdonará a vosotros” San Mateo 6,15.
Lo único que puede separarnos de Dios es el pecado, porque por creación le pertenecemos, somos suyos, somos ovejas de rebaño; por voluntad de su alianza, por la obra del Espíritu, le pertenecemos, somos suyos, lo único que puede separarnos de Él es el pecado.
Por consiguiente, quitado el pecado, quitado todos los obstáculos, y la manera de quitar todos los obstáculos está aquí: “Si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros” San Mateo 6,15. ¡Es una concesión maravillosa!
Él no dice aquí: "Si os han ofendido mucho y está a punto de trastornaros por la ira, y entonces sí se os ocurre perdonar"; no dice que si nos han ofendido mucho o poco, no dice que si somos chicos o grandes, dice simplemente: “Perdona a todos”; "ya tienes tu perdón".
Es de esas cosas tan sencillas, y tan profundas, y tan bellas que tienen sabor de Jesús, estilo de Jesús, son como la Eucaristía, “el Cuerpo de Cristo”, se nos dice cuando recibimos la Hostia Consagrada y respondemos: "Amén", así sencillo, "el Cuerpo de Cristo."
Y como sólo hay un Cristo y ese Cristo está en el cielo, cuando se nos dice: “El Cuerpo de Cristo”, es como si se nos dijera: "-Mira, todo el cielo para ti", y uno dice: "-Amén", y comulga; "-todo el cielo, ahí tienes el cielo, comulga, aquí está al amor grande, este es el amor infinito, toma es para ti", "-amén".
¡Cuánta gente dice amén, cuántas veces decimos amén! "-Mira, este es el amor más grande, nadie podrá separarte de este amor; toma", "-amén". Eso es muy sencillo, es lo que yo llamo a lo Jesús, al estilo de Jesús, a lo Jesús, al modo de Jesús.
Así también es el perdón. Cristo no dice: "si os han torturado, si os han despedazado, y aún así tenéis el heroísmo de perdonar, entonces seréis perdonados", no; basta con perdonar, es una concesión maravillosa, es también una responsabilidad muy grande.
“Si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre del Cielo perdonará vuestras culpas; si no perdonáis, tampoco seréis perdonados” San Mateo 6,14-15. Y aquí depende de los temperamentos.
Hay gente que busca los versículos terribles para asustarse, yo creo que es la misma razón por la que la gente busca películas de terror, el terror tiene cierto poder en el corazón humano.
Yo a veces he pensado que eso del terror tiene que ver con la sexualidad, porque a mí me parece que cuando una persona se siente aterrada, se siente como poseída, siente que es de alguien, que le pertenece a alguien, alguien le llena, eso tiene un contenido muy sexual, y por eso no es raro que el gusto por las películas de terror esté más en las mujeres.
Así como el gusto, ambos gustos malsanos, el gusto por la pornografía esté más en los hombres, a muchachos en las convivencias yo les digo: "Mire, así como los muchachos se ponen a curiosear con la pornografía, las niñas y las muchachas se ponen a curiosear con el terror", eso es una cuestión que tiene que ver mucho con la sexualidad.
Así como el hombre con la pornografía intenta como poseer, pero desde luego que ahí no hay nada, no ha persona, es una fantasma, es una imagen, así con el terror la mujer intenta como ser poseída, esto es una cosa que puede madurar en el corazón; así como el hombre, el varón puede ser liberado de la pornografía, así también la mujer puede ser liberada del terror.
Entregando su afectividad, entregando lo profundo de su ser y diciéndole a Dios: "Eres tú el que tiene que ser dueño de mi alma, sobre esto habría mucho que decir, pero lo que quiero subrayar es que aquí el Señor nos enseña una terrible responsabilidad: “Si no perdonáis, no seréis perdonados” San Mateo 6,15.
¿Para que lo enseña? ¿Para terror? No, porque ya vimos que el terror no es el sentimiento propio de aceptación de Jesucristo, el terror en la mujer se parece sobretodo al deseo de no insistir en el hombre; Cristo no va a utilizar el terror para convertir a nadie, porque el terror va ligado, como lo he dicho, a malestares de la sexualidad, problemas de afectividad, de inseguridad y autoestima.
Cristo no dice esto para terror, para que nosotros digamos: “¡Ay, Dios mío!, y yo que nunca he perdonado y yo que tengo unos resentimientos por allá desde el kinder, ¿ahora yo qué voy a hacer? ¿Dónde encuentro yo esa niña a la que le puse un flan en la cara? ¿Como la encuentro ahora para decirle que me perdone?"
Entonces Cristo no dice eso, sino que dice dos veces lo mismo así como los salmos dicen dos veces lo mismo para que comprendamos que la medida está en nosotros, en el fondo estos versículos sobre el perdón están diciendo lo mismo que en otras ocasiones ha dicho Cristo: “No juzguéis y no seréis juzgados. La medida que uséis la usarán con vosotros” San Lucas 6,37-38.
Pero, ¿sabe usted cuándo creo yo que empecé a entender un poquito esa frase? Cuando caí en la cuenta de que eso equivale a que el tamaño del bocado es del tamaño de la boca; si Dios tiene manjares suculentos y usted tiene una boca chiquitita, pues entonces el tamaño de lo que Dios le va a dar será una gotita, lo que quepa por esa boca.
Pero si usted es, no bocona, porque yo creo uno no debe ser bocón, pero si uno, tratándose del amor, abre para recibir, “abre tu boca, y yo la saciaré” Salmo 81,11.
Entonces Dios tiene mucho para dar; o sea que aquí lo que nos está diciendo Dios no es aterrorizarnos para que se disparen los problemas afectivos, de inseguridad, de afecto que tengan las personas.
No es una pedagogía del terror sino recordarnos: "Mira, la medida está en ti", “abre la boca, y yo la saciaré” Salmo 81,11; dale la medida a Dios, un Dios de perdón, es un Dios que a la humanidad pecadora no la puede querer sin perdonarla; por consiguiente, abre tú boca a ese Dios de perdón, da la medida del perdón, y recibirás ese tamaño.