K011003a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20000313

Título:

Original en audio: 11 min. 14 seg.

                                    REVISANDO


Hay una palabra que se repite varias veces en la primera lectura de hoy: "Yo soy el Señor" Levítico 19,3, y hay una figura en la lectura del evangelio de hoy: el Rey.

Se puede buscar una relación entre estas dos lecturas a partir precisamente de esta “coincidencia”, porque toda la razón que da la primera lectura para esos mandamientos es: "Yo soy el Señor" Levítico 19,3.

Desde lo primero que dice: "Seréis santos, porque yo, el Señor vuestro Dios, soy santo" Levítico 19,3, y así sucesivamente: "Teme a tu Dios. Yo soy el Señor"Levítico 19,14.

"No declararás en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor" Levítico 19,12; "amarás a tu prójimo. Yo soy el Señor" Levítico 19,18.

Eso es interesante, porque si nosotros le quitamos a esta lectura ese estribillo, ¿qué nos queda? Una montaña de exigencias para con el prójimo, y resulta que el prójimo muchas veces no es tan simpático como para hacer esas exigencias que aquí se piden; ¿nos estaría Dios pidiendo algo que es imposible para el corazón humano?

Si le quitamos ese estribillo lo que nos queda es una ley imposible de cumplir, y no es el caso de esta ley que Dios ofrecía a su pueblo, porque lo que hemos dicho en el Salmo es: "Tus palabras son espíritu y vida" Categoría:Salmo , y luego ese elogio tan hermoso: "La Ley del Señor es descanso del alma" Salmo 18,8, ¿qué tal esa?

Imagínense ustedes a un religioso que dijera: "Yo descanso en las constituciones"; le costaría a uno un poquito de trabajo, y uno diría: "¿Seguro?" "La Ley del Señor es descanso del alma; los mandatos del señor alegran el corazón, la voluntad del Señor es pura" Salmo 18,9; pero bueno, quedémonos con esos dos: "La Ley es descanso del alma, los mandatos alegran el corazón" Salmo 18,8-9.

Si uno no tiene descanso del alma en la ley del Señor es muy difícil cumplir la ley del Señor, yo veo muy complicada esa ley del Señor así; y luego el otro que dice los mandatos del Señor alegran el corazón. Si uno no tiene alegría del corazón en lo mandatos del Señor, es muy complicada la observancia de los mandatos el Señor.

Cuando uno dice esto, alguien que esté oyendo puede hacer este razonamiento: "Ah, ya comprendo, el padre lo que quiere decir que no sólo tengo que hacer las cosas sino que tengo que sentirme alegre de hacerlas, como quien dice, se nos añadió otro mandato."

Como cuando lo ponen a uno en el noviciado: "A usted le corresponde el aseo de este claustro", pero luego me dicen otra cosa: "Como el trabajo es la ofrenda que usted le da a Dios y Dios no recibe ofrendas de mala gana, haga buena cara". Entonces son dos mandatos. Primero: trapear el claustro, y segundo: ir viendo cómo queda de brillante, ir viendo la sonrisa.

Esto, que suena ridículo, es lo que hemos hecho muchas veces en la formación religiosa y en la formación cristiana: "Usted tiene que cumplir estas cosas, pero además tiene que cumplirlas como si le gustaran; si usted siente que se va a explotar, entonces tenemos otro mandato: no se estalle". Y así sucesivamente. No tiene sentido, debe haber otra solución; eso va acumulando una presión dentro de la persona, que un día puede resultar en úlcera o en quien sabe qué.

Por eso digo, aquí hay un catálogo en la primera lectura; cosas que hay que hacer: ¡ojo!, "no jurar en falso en el nombre de Dios"; "no explotar al prójimo ni con bombas ni con injusticias"; "no maldecir al sordo"; "no ponerle tropiezos al ciego"; "temer al Señor"; "no ser parcial".

Todas son cosas muy sensatas, pero todos son mandamientos. ¿Quién cumplirá todos esos mandamientos? Ese es el punto. Y además, vamos a agregar otro: "Sonría", y luego otro: "¡Cuidado con explotar!"

La lectura del evangelio nos presenta otra forma de obra que tiene su parecido con las anteriores: "Dar de comer al hambriento y de beber al sediento; acoger al forastero; vestir al desnudo; visitar al enfermo, visitar al que está en la cárcel" San Mateo 25,35-36.

El criterio aparece de una manera distinta, pero relacionada con la primera lectura, es el rey. Cómo se traduce? ¿Qué hacemos para que la moral no sea una montaña de exigencias? ¿Qué hacemos para que la ley sea descanso del alma? ¿Para que los mandatos alegren el corazón? ¿Cómo puede suceder?

La primera lectura, la de Levítico, nos da una pista: resulta que si uno revisa el Pentateuco, en muchos lugares aparece Dios dando preceptos, pero pasaje más importante donde Dios da preceptos es donde da el Decálogo; ahí empezamos nosotros a equivocarnos. ¿Por qué? Porque cuando me enseñaron los mandamientos de la Ley de Dios omitieron lo más importante.

¡Oh, descubrimiento!, cuando fui a la Biblia y encontré lo que ahí estaba, omitieron lo más importante. Si de pronto un protestante llega a oír estas palabras dice: "Lo que yo decía, lo de no hacer imágenes se lo comieron". Es verdad que eso no aparece, pero no tengo trauma con lo de las imágenes porque eso ya está muy explicado, y ese no es el punto hoy.

Lo más importante que nunca enseñaron en la catequesis, y por eso uno llega a viejo sin darse cuenta de las cosas, es porque los mandamientos dicen: "Yo soy el Señor que te sacó de Egipto, de tierra de esclavitud y opresión, del pésimo dominio del faraón, del lugar de la opresiòn y te di la libertad, te di el pan del cielo, te di agua de la roca y tus pies no se hincharon" Exodo 6,7.

No te afectó el ácido úrico, no se te hincharon los pies, el calzado te duró, la ropa te duró, no te insolaste, te alimenté, te di agua, te protegí con la nube, te guié con la columna de fuego; yo soy el Señor, ahora cumple esto, esto, esto...."

A mí no me enseñaron los mandamientos así, ahí esta el problema. Como ustedes realizan todo un apostolado a través de sus amistades y de sus conversaciones, pueden hacer mucho por renovar la catequesis de la Iglesia.

Los mandamientos hay que enseñarlos distinto, hay que empezar diciendo: La Biblia dice: "Yo soy el Señor que te sacó de Egipto, de tierra de esclavitud y de opresión, del pésimo dominio del faraón, del lugar de la opresión y te di la libertad, te di el pan del cielo, te di agua de la roca y tus pies no se hincharon" Exodo 6,7.

Esa es la parte que hace falta, sólo la persona que está alimentada, luego empieza a alimentar; la persona que se siente saciada empieza a saciar, y por eso siente descanso en el alma, porque siente que el mismo amor que ha llegado hasta él, a través de él pasa a los demás.

¡Qué hermosura vivir nuestros compromisos así! ¡Qué hermosura vivir nuestros votos, nuestras constituciones en esa dimensión! Es lo mismo que sucede en el Evangelio, lo que pasa es que está muy escondido: "cuando venga en su gloria el Hijo del hombre" San Mateo 25,31; pero es que el Evangelio no empieza en el capítulo veinticinco de Mateo.

Dice "el Hijo del hombre" San Mateo 25,31, ¿cuál Hijo del hombre? El que nos ha sanado, el que ha multiplicado los panes, el que ha echado lejos a Satanás, el que nos ha curado, el que nos ha enseñado, ¡ése es el Rey! El que nos ha amado tanto, ¡ése es el Rey!, y esa es la razón para vivir todas estas cosas.

Conclusión: recibamos con abundancia los bienes de Dios, saciémonos de esos bienes de Dios; en la contemplación gozosa de sus bienes, descubramos todo lo que ha hecho por nosotros; deleitados en Él, felices de ser suyos, abramos las compuertas de nuestro corazón, para que a través de nosotros Él siga amando a las otras personas.

Y cuando pase ese torrente de misericordia eficaz a través de nosotros, entonces diremos: "La Ley el Señor es perfecta, es descanso del alma; la norma del Señor instruye al ignorante, y los mandatos del Señor alegran el corazón" Salmo 18,8-9..