K011002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19980302

Título: Socorre a la vida en peligro

Original en audio: 7 min. 50 seg.


Nuestro Señor Jesucristo describe ese día último, ese juicio final en términos de separación: "Como el pastor separa a las ovejas de las cabras" San Mateo 25,32. Y el criterio para determinar quién es que, están estas obras, es decir, en reconocer a Jesucristo.

El que sirve a Jesucristo, ése tiene a Jesucristo por Señor; el que no sirve a Jesucristo, aunque lo diga de palabra, no tiene a Cristo como Señor.

Se trata de que simplemente el rey reconoce a los suyos: "Estos son los de mi reino"; "estos son aquellos de los que yo soy Señor, y por consiguiente, esos otros tienen que irse".

Reconocer a Cristo como Señor en esta tierra, para que Él nos reconozca como siervos suyos después de esta tierra; y así como los señores de esta tierra piden ser servidos, así también Cristo pide ser servido.

La manera de servirle a Él está en estas obras que Jesús describe de acuerdo con la costumbre y la piedad judías: dar de comer, dar de beber, hospedar al forastero, vestir al desnudo, visitar al enfermo y al encarcelado.

Lo que tienen de común estas obras de misericordia es que socorren a la vida cuando está en peligro. Esto se nota sobre todo en el caso del extranjero o del desnudo. Hay que actualizar de alguna manera esas obras.

La ropa para nosotros no es un artículo que se regale, pero la tela y la ropa viejas, pues se pueden conseguir con alguna facilidad. Estos antiguos tenían muy poca ropa, y era muy costosa y muy difícil de adquirir, porque todo era hecho a mano; muchos pobres no tenían sino un solo vestido, y dañándose ese vestido, no sólo pasaban por la vergüenza, sino por la enfermedad, por la muerte.

El mandato entonces de todas estas obras es: socorre a la vida en peligro; no dejes apagarse la vida; conviértete en ministro de la vida en peligro.

Cuando Cristo queda descrito en aquellas palabras del Profeta, se dice: "La caña cascada no la quebrará; el pabilo vacilante no lo apagará" Isaías 42,3; al contrario, hay un dicho relativamente popular que dice: "Para estar colgando, mejor me caigo".

Y uno como que aplica un poco ese principio no sólo a uno mismo, sino a las otras personas; descartamos la vida débil, la vida pobre, la vida frágil, la vida enferma. Si una persona no tiene como fuerza para presentarse, para sostenerse, le quitamos nuestra atención, le retiramos nuestro interés, separamos de él o de ella nuestro afecto.

El mandamiento aquí es al contrario: si una persona te parece débil, si te parece poco interesante, si es como una caña ya cascada, pues entonces merece tu atención; socorre la vida débil. Porque si tú atiendes la vida débil, la vida frágil, podrás entender por qué Dios a tiende tu vida que es débil y que es frágil.

Hay una cosa muy interesante y es que ningún santo de los que practicó las obras de misericordia fue persona de escrúpulos, de miedos, de temor por su condenación.

El que ve todos los días cómo Dios socorre a los más necesitados, aprende a confiar, que cuando esté en necesidad, Dios lo socorrerá; el que está viendo con sus propios ojos cómo la vida frágil recibe una mano, mi mano precisamente, el que todos los días ve cómo la vida frágil recibe una mano, cuando se sienta frágil también podrá creer en una mano que se le tiende.

Pero, ah, qué difícil es creer en una misericordia, en una compasión, qué difícil creer en esas cosas cuando yo no las he visto nunca, y cómo las voy a ver si están lejos de mí, si suceden en otras vidas; cómo puedo creer en Cristo compasivo si su compasión nunca sucede a mi alrededor.

Fíjate que es lo mismo que nos dice otro evangelio: "Sed misericordiosos, y alcanzaréis misericordia" San Mateo 5,7; "no censuréis, y no seréis censurados" San Mateo 7,1. La idea en el fondo es la misma: socorre y ayuda al débil; atiende la vida pequeña, la que parece poco interesante.

Te puedo asegurar que una persona con una mirada compasiva para ese otro, para ese hermano, su hermano que no puede, su hermano que se cae, su hermano que no logra vencerse, el que tiene una mirada compasiva para ese hermano débil, ése puede creer en la mirada compasiva de Dios para su propia debilidad, ése tiene a Cristo por Señor, ese pertenecera para siempre a la gracia y a la gloria del Reino del Señor.