Jsan008a
Fecha: 20030417
Título: La explosion de amor de Dios
Original en audio: 52 min. 49 seg.
Para entender el amor, hay que entender un poco la ira; es difícil entender lo que significa el amor sin entender lo contrario al amor.
Dios le dijo esto a Santa Catalina de Siena en más de una ocasión: "Así como lo negro resalta sobre lo blanco, o lo claro sobre lo oscuro, así también necesitamos comprender los contrarios para hacernos una idea justa de cada uno.
Y digo esto porque la primera lectura fue como una explosión de ira, que trajo muerte a muchísimas personas, fue la muerte de los primogénitos de Egipto; mientras que el evangelio nos presenta una explosión de amor que trae vida, que trae salvación, que trae consuelo.
Una explosión de ira y una explosión de amor. Para que el amor no se vuelva un sentimiento estéril, dulzarrón pero ineficaz, el amor tiene que tener algo de la fuerza de la ira, (vamos a ver cómo explicamos esto después); y para que la ira no se convierta en fuerza de daño, tiene que tener la luz del amor.
Porque no es cierto que Dios haya prohibido que uno se enoje, Dios no prohíbe que uno se enoje, sino prohíbe que el enojo cause daño, y tampoco es cierto que Dios diga simplemente que la solución es el amor; porque el amor para transformar tiene que tener fuerza, tiene que tener consistencia, no es solamente un sentimiento de benevolencia hacia el mundo.
Y aquí tengo que mencionar algo de grandísima actualidad, porque me hieren, me duelen en mi corazón de sacerdote.
Un periodista muy conocido colombiano, Yamit Amat, entrevistó a uno que estuvo en el ejercicio del sacerdocio, un señor cuyo nombre hay que decir en este momento: Gonzalo Gallo, lo entrevistaba por televisión, y Gonzalo Gallo decía que había dejado el sacerdocio, por simplicidad.
¿Y en qué consiste la simplicidad? Para él el mensaje de Jesús es muy sencillo: consiste en que uno ame y sirva; todo lo demás son complicaciones que la Iglesia ha traído, eso es lo que dice Gonzalo Gallo.
De manera que, por ejemplo, la Eucaristía, –esto lo dice uno que fue ordenado sacerdote-, es como un agregado, es como una complicación que de pronto le puede servir a algunas personas para ayudar a su fe, para ayudarse en el amor.
Esa es la teoría del señor Gonzalo Gallo: el amor es simple, toda la estructura y toda la prepotencia que trae esa estructura no hace sino oscurecer el mensaje de Jesús que es muy sencillo.
Bueno, eso dicho en las cámaras de televisión, llegó desde luego a miles de personas, y la verdad tiene sentido, porque uno dice: “Oiga, la verdad, esto fue lo que dijo Jesús.
Y vivió de una simplicidad, fue de una sencillez tan grande, que qué hacemos nosotros complicándonos tanto, con cardenales, con obispos, con sacerdotes, con ceremonias, con ropas extrañas, con ritos tan largos, que toca sacar a los niños. ¿Por qué complicamos tanto la vida?. La vida debería ser sencilla, y debería consistir simplemente en amar y en servir.
Pero el problema está en sí esa noción de amor resuelve las cosas y es una verdadera respuesta a las necesidades de la vida; el amor en sí mismo, nos explica Santo Tomás de Aquino, es un acto simplísimo; y la fe en sí misma, es un actos sencillísimo.
Pero eso no quita que las cosas de la fe puedan llegar a ser tremendamente complejas y eso no quita que el ejercicio del amor pueda llegar a ser verdaderamente difícil y complicado.
Pensemos, por ejemplo, en esta pregunta, que yo hubiera querido que Yamit Amat se le hiciera a Gonzalo Gallo: amar y servir es el mensaje de Jesús, y amar y servir es algo muy sencillo.
De acuerdo con eso, señor Gallo, ¿cómo resolvemos el tema de un secuestrador? ¿Qué es amar y servir a un secuestrador? O consideremos este otro caso: el de las separaciones matrimoniales, ¿qué es la sencillez del amor para un hombre que está aburrido con su esposa? Pues irse y conseguirse una pareja con la que se entienda.
¿Qué es la sencillez del amor para una mujer que siente que el esposo no cubrió los ideales que ella tenía? Pues irse y conseguirse otro hombre; sí, para cada uno de ellos es muy simple seguir ese camino de ese amor, pero la pregunta es: ¿y eso responde al bien de los niños? ¿Eso responde al bien de la familia?
El amor en sí mismo es un acto sencillo, pero no está excluido ni de la luz; necesita mucha luz, el amor necesita mucha luz, y además, necesita mucha fuerza.
En los retiros matrimoniales una de las cosas que es esencial predicar a las parejas es que amar, más que un sentimiento, es una decisión, y todas las parejas que han cumplido un número de años de matrimonio, cuando se les pregunta cómo lo han logrado, por ponerlo en esos términos, siempre terminan diciendo: “Tuve que decidirme a amar.”
Amar es una decisión y decidirse a amar requiere fuerza, no es la simplicidad, no es la ingenua simplicidad de: "Me siento bien, luego amo; me siento mal, luego busco a quien amar. El amor para ser verdaderamente amor necesita muchísima luz, y para ser verdaderamente amor requiere muchísima decisión.
Un sacerdote que permanece en su vocación, ¿será que no ha tenido tentaciones? Yo creo que la gran mayoría de sacerdotes han o hemos tenido tentaciones de uno o de otro género; permanecer cuando uno se siente tentado requiere, ¿qué? Decisión, fuerza, una fuerza parecida a la que tiene la ira, una fuerza una consistencia.
Hay una expresión en español: requiere coraje, sostenerse; una vocación religiosa requiere sostenerse con fuerza y hay veces y hay días en que puede sentir que no le sabe delicioso. Ser una virgen consagrada a Dios, ser sacerdote del Dios Altísimo, no le sabe a nada, y sin embargo requiere decisión.
Por eso tenemos que salir de la idea de que la ira es siempre mala, y tenemos que salir de la idea, expuesta por Gonzalo Gallo, de que todo consiste simple y sencillamente en amar. Pues sí todo consiste en amar y San Agustín dijo: “Ama y haz lo que quieras”, pero ¿cuál es la calidad de amor que es suficiente?
Jesucristo fue muy claro, Él no dijo: “Amen”. No. Dijo: “Amen, como yo he amado” San Juan 13,34. "Como yo he amado" San Juan 13,34. implica dos cosas: conozcan el amor, eso significa mucha luz; y aprópiense, tápense, llénense de amor, y eso implica muchísima, muchísima fuerza.
Una explosión de ira y una explosión de amor, esto nos lleva a complicarnos; todo predicador tiene dos tareas en la vida: primero, complicarle la vida a la gente; y segundo: desenredársela.
Es necesario complicarle la vida a la gente, haciéndole ver las preguntas que tal vez duermen inconscientemente en su corazón, o las preguntas que tal vez irresponsablemente hemos dejado pasar en la Biblia.
Por eso, un predicador tiene que complicarle la vida. Jesús le complicó la vida a mucha gente, pero también tiene que ayudar a desenredársela.
Entonces comencemos por complicarnos un poco la vida. Porque la explosión de ira de la primera lectura, la frase fundamental de la primera lectura, tal vez se nos puede escapar, la frase fundamental es esta donde dice Yahvé a Moisés y Aarón: ”Haré justicia de todos los dioses de Egipto” Exodo 12,12.
Esa es la frase central y con ella podemos, (Dios primero con su Espíritu), podemos entender por qué la explosión de ira y cuál es el tipo de ira que necesitamos.
Porque hace poco el señor Presidente de Colombia hizo una serie de declaraciones enérgicas, declaraciones casi marcadas por una especie de ira, de rabia, decía el señor Presidente: “Ni un milímetro, ni un milímetro.”
Y lo que yo he podido ver, detectando la opinión pública, cosa que se logra casi, por ejemplo, con los taxistas, con los porteros, y otros amigos que tengo; lo que uno siente es que esas declaraciones fueron muy bien recibidas por la gente. Alguien me decía: ”¡Tenemos Presidente!” Y estaba hablando con una cierta ira.
Es que Santo Tomás dice que: "No todo en la ira es malo, porque el que no siente nada de ira ante la injusticia, nunca llegará a amar el bien”, eso dice Santo Tomás. La ira ante la injusticia es la fuerza que necesitamos para vencer lo que está mal.
Pero no nos apartemos de la frase que consideramos central en la primera lectura, y que nos ayuda a entender el misterio del amor, porque un amor dulzarrón, un amor Nueva Era, un amor Gonzalo Gallo, no nos lleva a ninguna parte.
Ese amor que consiste en que yo me relajo y estoy bien, y estoy tranquilo y cero problemas, ese amor no sirve para cambiar el mundo, no sirve para defender a los pobres, no sirve para detener los abortos, no sirve para salvar, no salva.
Necesitamos conocer el amor como Jesús lo ha vivido y practicado, el problema está en esto. "Hay que hacer justicia en los dioses de Egipto" Exodo 12,12, entonces entremos un poco en los dioses de Egipto. ¿Cómo funcionaba Egipto? Egipto funcionaba como una sociedad completamente gobernada por la religión.
El país de Egipto era un país absoluta y completamente religioso, y toda la fuente de la autoridad del Faraón –rey omnipotente en Egipto-, toda la fuente de autoridad era que él pertenecía a una dinastía de dioses.
Se suponía que el Faraón era hijo del sol, y el sol era la gran divinidad entre muchas divinidades, el sol. Y el Faraón es hijo del dios sol, de manera que el Faraón es dios, y por eso tiene que ser obedecido por encima de todas las cosas, porque es divino.
Ahora bien, ¿cómo se trasmite la divinidad del Faraón? Se trasmite al primogénito. En los tiempos en los que sucedieron estos hechos, 1300 años a.C., en esos tiempos no estaba para nada claro que había lo que nosotros llamamos un “alma inmortal”, la principal fortaleza o el principal argumento para creer en una inmortalidad en aquellos tiempos era la capacidad de engendrar vida.
Es decir, la gente se creía inmortal no porque creyera que iba a tener una supervivencia individual, sino fundamentalmente por los hijos; y esto era así tanto como para los hebreos como para los egipcios.
De manera que cuando una persona iba a morir sin hijos, como le paso a la hija de Gepte, -un personaje de la Biblia-, cuando iba a morir sin hijos pues era una persona maldita, porque significaba que se iba a disolver en la nada, en el abismo, como si nunca hubiera existido.
Desde ese punto de vista, por ejemplo, el celibato era impensable, consagrarse a Dios virginalmente era absurdo, y otros temas que no vienen ahora al caso.
Sobrevivir era tener hijos, y la prueba de que yo tengo vida es que he engendrado a un niño que es el que me va a suceder, el primogénito es la demostración de la vida que tengo adentro, y el primogénito del Faraón, es el dios que va a reinar en Egipto.
De manera que los primogénitos en Egipto, lo mismo que entre los israelitas, porque en eso estaban iguales, eran iguales, era la demostración de la fuerza de la vida; y en particular el primogénito del Faraón era la demostración de la divinidad del Faraón.
Ese era el nuevo rey de Egipto, y ésa era la demostración de una dinastía eterna, tan eterna como el sol, porque para los Egipcios el sol era eterno, pues bien, Dios dice: ”Voy a hacer justicia de todos los dioses de Egipto” Exodo 12,12. Lo que hace Dios es romper esa mentira: “Si tú eres el dios mayor, ¿por qué se te muere tu niño y no puedes hacer nada?”
“¿Por qué se mueren los niños, los primogénitos de Egipto y no puedes hacer nada?” Es decir, la gran mentira religiosa sobre lo que estaba montado el poder político en Egipto, esa gran mentira es la que va a ser herida, y esa prepotencia de una dinastía eterna, porque eso pensaban los faraones de esa dinastía, esa prepotencia tiene que ser quebrantada.
De manera que ese acto de la muerte de los primogénitos de Egipto es la demostración de la gran mentira, de la gran idolatría en la que están viviendo esclavos los egipcios: ”Tus dioses y tu faraón, no pueden hacer nada.” por otra parte los Hebreos, no tuvieron ni un muerto ni una baja, están enteras la familia hebrea.
El mensaje es claro: ”Cuál es el Dios verdadero entonces? ¿Cuál es el Dios verdadero, si tú dices que eres el dios verdadero y mira lo que pasa contigo y mira lo que pasa con tu dinastía?” De modo que esta explosión de ira, aunque significa la muerte de tantas personas, es fundamentalmente el desenmascarar, el destruir una mentira religiosa que pesaba oprimiendo a los egipcios en primer lugar, y luego por cobardía a los mismos hebreos.
Esto lo sabemos porque muchas veces en el camino por el desierto ellos consideraron que era mejor seguir en Egipto que obedecer a Dios, o sea que ya estaban bastante oprimidos en sus corazones, con esa idea religiosa falsa.
Desde otro punto de vista “la ira de Dios” –otra vez tenemos que citar a Santo Tomás-, nos explica este Santo, es una expresión del enojo de Dios; “la ira de Dios” no es un sentimiento en Dios.
Nos explica Santo Tomás que las explosiones de ira, como esta del Éxodo, se refieren fundamentalmente a las consecuencias que los actos mismos de los seres humanos y de los pueblos de la tierra tienen contra nosotros mismos.
Es decir, Dios es el creador, Dios es el Señor, como Creador y Señor, Él ha marcado unos caminos que están cerca de nosotros, que están a la vista nuestra, si queremos atender a nuestra recta razón y si queremos despertar nuestra conciencia, de alguna manera lo podemos sintetizar, por ejemplo, en los Diez Mandamientos.
Hay como unas leyes básicas, hay como unas normas fundamentales para vivir, hay como un “kit” básico de supervivencia en la creación, que está dado en la ley natural que dice Santo Tomás, y que podemos descubrir si queremos escuchar nuestra conciencia.
Desobedecer la conciencia, por ejemplo, haciendo el mal una y otra vez a las otras personas o a nosotros mismos, tiene que tener consecuencias, la acumulación de nuestras consecuencias, de nuestras desobediencias al plan de la Creación termina por reventar la Creación misma.
Esto se entiende muy fácilmente en el caso de una persona, por ejemplo, si un apersona empieza a abusar de su salud, a drogarse, a trasnochar, y rumbear, y a alimentarse mal, a beber licor; si la persona está en ese régimen muy pronto las consecuencias de sus actos caen sobre ella misma; a una edad tempranísima, tiene el organismo deteriorado, o un accidente, o se suicida, o lo que sea.
Es decir, la idea de “la ira de Dios”, según esta explicación del Santo Doctor, la idea de “la ira de Dios“, es que todo tiene consecuencias, todo, todo trae consecuencias en la vida. Y esto funciona también para los pueblos.
Con motivo de los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001, hubo muchísima gente también como nosotros, que sentimos dolor hasta las lágrimas por ese absurdo y por esa muerte inocente que estaba en el World Trade Center.
Uno siente ése dolor, pero el dolor no debe cerrar completamente los ojos, hubo también gente que tuvo incluso una capacidad de autocrítica. He conocido un par de autores norteamericanos, que habiendo nacido en ese país, han mostrado un valor, otros dirían una lucidez sorprendente para analizar los hechos del 11 de septiembre.
Por ejemplo, uno de estos autores, de apellido Vidal, decía: “Mire, nosotros llevamos mucho tiempo apoyando dictaduras y realizando contratos de comercio con naciones solamente para provecho nuestro, esto es sembrar vientos y el que siembra vientos cosecha tempestades.
Bueno, es muy complicado para nosotros aquí en un Jueves Santo, enunciar una condena o anatema contra Estados Unidos, y no es el propósito de esta fiesta, pero sí es muy importante esa enseñanza.
Ya se trate de personas individualmente consideradas, o ya se trate de pueblos, o ya se trate de un monasterio, o ya se trate de una provincia religiosa, lo que nosotros hacemos trae consecuencias y las consecuencias explotan un día y cuando revientan las consecuencias decimos: ”Dios se puso bravo”.
Es una manera antropológica de decir las cosas, eso no quiere decir que Dios estaba distraído y de pronto murió. Un monasterio allá donde las cosas andan como regular y entonces dijo: “Un rayo para ellos”, y entonces una tragedia y "Dios está bravo". ¡No¡ Es más bien algo que tiene que ver con el plan mismo de Dios, con su soberanía en la creación.
La ira de Dios nos recuerda que todo tiene consecuencias, en la vida; la ira de Dios nos recuerda que nosotros nunca somos dueños, siempre somos administradores, y en el mejor de los casos, servidores; y todavía aún mejor, hijos de Dios, hijos del Altísimo.
Con esto podemos ir dejando el tema de la ira. Hemos aprendido que la ira de Dios expresa las consecuencias de nuestros actos, pero ahí hay algo importante qué decir, que es el papel del cordero.
Resulta que cuando explota un misil para destruir una base militar es muy probable que además de matar unos soldados, pues decapite unos cuantos niños, incendie unas casas de civiles y provoque daños en otras personas.
Es decir, cuando todo explota, todos sufrimos, no únicamente el que lo hizo, todos sufrimos; fíjense en lo interesante del cordero pascual, el mayor desorden estaba fundamentalmente en Egipto y en la manera de oprimir al pueblo egipcio, al pueblo egipcio mismo, con una serie de problemas idolátricos, ahí estaba el problema grave.
Entonces el misil cae en Egipto, pero cuando todo explota también hay consecuencias para los otros. ¿Entonces qué fue el cordero pascual? El cordero pascual fue el traslado de las consecuencias del pecado a otros, es decir, en Egipto murieron personas, en Israel murieron corderos, murieron cordero o cabritos.
El cordero de la Pascua, es el cordero que al mismo tiempo nos recuerda la gravedad de lo que estaba sucediendo y nos salva de las consecuencias de lo que hicimos, ése es un Cordero Pascual, cosa que me parece fundamental para entender el sacrifico de Jesucristo, el Cordero degollado.
¿Por qué había que degollar al cordero? No es nada agradable degollar a un animal, y dice el texto del Éxodo: ”Se tiene que reunir toda la asamblea a matar el cordero” Exodo 12,3; los cronistas cuentan que cuando llegaba la fiesta de la Pascua, los balidos de los corderos para el sacrificio se oían a kilómetros de distancia.
¡Entonces cuál es el papel del cordero? el cordero de la Pascua nos recuerda lo terrible,lo que se estaba haciendo con el mundo a base de la mentira de esos ídolos; por eso es necesario ver al cordero, ver su angustia, escuchar su grito angustiado, desesperado y luego hundirle el cuchillo y ver cómo cae la sangre.
Todo eso es una pedagogía de Dios para mostrar lo terrible del momento, pero al mismo tiempo para mostrar de que han sido salvados; el cordero recuerda la gravedad del pecado y salva de las consecuencias del pecado, ése es el cordero pascual.
Esto es muy importante, repito, porque eso es lo que va ha hacer Nuestro Señor Jesucristo en la cruz. Hay personas que con imprudencia, me parece, hace esta clasificación: "El Dios del Antiguo Testamento era un Dios bravo, el Dios del Nuevo Testamento es un Dios amor; el Dios del Antiguo Testamento, un Dios castigador, el Dios del Nuevo Testamento, un Dios perdonador; el Dios del Antiguo Testamento es un Dios guerrero, el Dios del Nuevo Testamento es un Dios papá.
Si se sigue por ese camino uno llega a una conclusión: no leer más el Antiguo Testamento, sólo quedarse con el mensaje del Nuevo Testamento. Pero resulta que eso es falso, hay un cordero en le texto del Éxodo, un cordero que recuerda la gravedad del pecado que se estaba cocinando en Egipto, la gravedad de la mentira que allí estaba.
Sería muy largo ahora tratar de comentar hasta dónde esa opresión mental hizo barbaridades en Egipto, pero no se trata solamente de recordar esas consecuencias del pecado, sino salvar de esas consecuencias del pecado; porque en la familia nadie muere, el único que muere es el cordero.
Lo mismo sucede en el caso del Nuevo Testamento. Lo que quiero decir es que toda la explosión del universo por consecuencia de todos nuestros pecados, el universo explotando.
Es decir, la manifestación máxima de la ira de Dios, según la expresión bíblica, que no es otra cosa sino la expresión máxima de las consecuencias de todos nuestros egoísmos, mentiras y porquerías; esa explosión máxima son: ¡las Llagas de Jesús!
Esas son las Llagas de Jesús, en las Llagas espantosas de Jesucristo estamos viendo, lo que produce el pecado, así como cuando se sacrificaba el cordero, en le Éxodo, había que escuchar el llanto del animalito y grabarse eso en el corazón para entender lo que significa el pecado y lo que significa ser salvado.
Así nosotros también ahora miramos a nuestro Cordero, que es Jesús, y miramos su Sangre, y miramos sus Llagas, y miramos su dolor, y en esas Llagas aprendemos qué cosa tan espantosa es el pecado, pero también entendemos de que hemos sido salvados por un amor que es más grande que ese pecado.
Por eso, no digamos que en el Nuevo Testamento sólo hay amor, amor y amor; en el Nuevo Testamento aparece toda la explosión de la ira de Dios. Voy a decir una frase que sepamos entender, no es más grave de lo que dijo San Pablo: la explosión de la ira de Dios, es Cristo crucificado”, eso es lo que dice la Biblia; sobre Él recayeron nuestras culpas, por eso está así; recaer las culpas es lo que también llamamos la explosión de la ira de Dios.
De manera que ¿qué no hay ira, qué no hay justicia? Claro que hay justicia, lo que pasa es que la Víctima que paga todas las injusticias se llama Jesús, y por eso está como está Jesús; de manera que en el mismo Cristo aparece toda la gravedad del pecado y toda la profundidad del amor.
Así entendemos cuál es la calidad del amor. Entonces el amor no es un sentimiento sólo bonito, desde luego que el amar a veces es delicioso, pero muchas veces no es así; tal vez el amor más grande que uno conoce sobre la tierra es el amor de la madre, pero sí uno le pregunta a una mamá si es delicioso amar, lo más probable es que diga que no se cambia por nadie, que ama a sus hijos infinitamente, pero que ha sufrido muchísimo por ellos.
Amar, amar en serio siempre tiene aspecto y rostro de cruz, eso no podemos negarlo.
Entendida así esa parte de la primera lectura, y de lo que significa la ira, y lo que significa hacer justicia de los dioses de Egipto, entonces vámonos para el evangelio. El evangelio es una explosión de amor, pero ya sabemos que no se trata simplemente de un compartir fraterno, es decir, Jesús no estaba tratando de desestresar a los discípulos.
La Cena del Señor es la manifestación, es la primera gran manifestación del amor que es capaz de redimir al mundo; es decir, lo que hoy nos está dando Jesús en este capitulo trece de San Juan, lo que hoy nos está reglando es la mejor catequesis sobre lo que significa el verbo amar, y sobre lo que significa el sustantivo amor.
Amar y amor es lo que no es está enseñando Jesús, y lo primero que nos parece claro en este pasaje del evangelio, es lo que nos dice el evangelista: ”Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita el manto, echa agua en la jofaina y se pone a lavarle los pies a los discípulos” San Juan 13,3-5, es lo primero que aparece ahí.
El amor, el primer rostro del amor en esta gigantesca epopeya que es la Pasión de Cristo; es: servicio, humilde servicio.
Humilde servicio que significa ¿qué? A ver, ¿por qué se lavaban los pies? Pues porque no había pavimento, la gente caminaba descalza o en sandalias y obviamente se acaloraba o se le hinchaban los pies, se llenaban de polvo; cuando llegaban a la casa, un esclavo de la misma, era el encargado de hacer ésta operación, de lavar los pies.
¿Qué significaba el lavar los pies? No era un acto de higiene en primer lugar, sino era un acto religioso y a la vez un acto de acogida. Un acto religioso porque era como purificarse.
Los judíos de la época tenían una gran sensibilidad a ese hecho de purificarse, sobre todo porque en las condiciones en las que estaban viviendo, un judío normalmente tenía que transitar por muchos lugares que no eran aptos para judíos, según la mentalidad de la época, por ejemplo, mercados de paganos, etc.
Entonces lavar los pies era un acto de purificación, visto desde al punto religioso, pero era también un acto de acogida, era un acto de descanso, era una manera de decirle al que llegaba: “Tú estás en casa, aquí puedes quedarte, éste es tu lugar”; es la manera de recibir, y es la manera de dar descanso con humildad.
Este es el primer rostro del amor que tiene el camino que la Iglesia llama el Triduo Pascual; es la capacidad de acoger es la capacidad de darle un lugar al otro, ¿qué significa en últimas, el verbo acoger? Porque lavar los pies era: acoger, recibir, dar descanso.
Todo eso ¿cómo lo podemos traducir hoy? ¿Qué sería lavar los pies hoy? A veces resultan cosas graciosas, o cosas incluso inconvenientes en eso del lavatorio de los pies, que no es obligatorio hacer.
¿Qué sería lavar los pies hoy? Lavar los pies hoy es abrirle un espacio al otro en mi corazón, en mi pensamiento, en mi tiempo, en mis cosa, en mi dinero; abrirle un espacio al otro, pero evidentemente, como lo indica el gesto, es realizar eso con humildad, es el humilde servicio con el que le abro al otro la posibilidad de que cuente conmigo y que sepa que tiene un espacio en mí, en mi vida, en mi tiempo, en mis cosas, en mis alegrías. Eso es lavar los pies, y ese es el primer rostro del amor, la capacidad de darle al otro ese descanso.
Cuando llegaron al lugar donde se celebro la Última Cena, ese era un lugar prestado; como era prestado, entonces estaba el problema de quién iba a lavar los pies, porque todos venían del camino y venían de fuera de Jerusalén.
Entonces yo me imagino la escena en que todos comienzan a mirarse el uno al otro, porque como entre ellos siempre esa era la pregunta: quién era el primero, y quién era el primero significa que nadie quería ser el último, nadie quería lavar los pies.
Porque la inquietud de ellos siempre era esa: “¿Aquí quién es el primero? Yo he estudiado más, yo soy el primero porque tengo más plata, porque tengo más presencia". Ellos andaban buscando quién era el primero.
Y desde luego en un grupo donde todos buscan quién es el primero, es difícil encontrar al último. Entonces Jesús toma el lugar del último, y con un humilde servicio, le abre espacio al otro.
En una comunidad, ¿qué es lavar los pies? Lavar los pies es entender qué puede estar pesando sobre la otra vida, qué puede estar pesando; es un ejercicio difícil, porque normalmente nosotros juzgamos a las personas desde fuera: "si hizo esto,...ah, eso es porque...." Uno saca una lista de posibles causas.
Yo creo que si se acaban las facultades de Psicología, todo el mundo sabe cuáles son las causas, cuáles son los tratamientos, todo el mundo tiene diagnosticadas a las demás; de manera que todos somos psicólogos y todo el mundo tenemos analizados a los demás; todos entendemos a los demás perfectamente.
Pues ojalá los entendiéramos, pues ojala entendiéramos que las demás personas les cuesta trabajo su vida.
Realmente "lavar los pies” es ése ejercicio, entender que al otro le cuesta trabajo vivir, que el otro viene cansado, que trae los pies hinchados, que no ha sido fácil para él; uno ve a la gente que camina, pero nadie sabe la sed con el que el otro camina, nadie sabe cuanto cansancio, nadie sabe cuánto dolor tiene el otro; lavar los pies es el ejercicio de preguntarse: "¿qué tanto cansancio, qué tanto dolor, que tanto peso lleva esa vida?"
Cuando uno hace esta consideración entonces da uno un pasito más, y empieza a abrirle un espacio en el corazón. La Doctora de Siena dice: “Mi primer acto de amor ha de ser siempre una oración”, cuando yo descubro que el otro también está cansado.
Vamos a decir las cosas casi con nombre propio: cuando yo descubro que mi hermano de comunidad le cuesta trabajo, le cuesta trabajo tratar de ser fiel, cuando descubro eso, cuando descubro su propia lucha, su cansancio, cuando descubro que tiene días de hastío como yo los he tenido, cuando comprendo eso, empieza en mí el “lavar los pies”; cuando abro un espacio para amar, y entonces digo: ”Tiene que ser muy difícil lo que este hombre ha pasado”.
Ahí empezó el amor , ahí empezó el amor, ahí empieza el amor, cuando por fin saco una frase de oración, para pedirle por esa persona; cuando ya solamente no digo: “¿Por qué andará con esa cara?” Cuando ya no juzgo a la persona por lo que hace conmigo, sino cuando pienso en lo que ella puede estar cargando sobre sí misma.
Esto es lo que también le hace falta a los matrimonios, los matrimonios se separan y se acaban exactamente por eso, por la incapacidad del uno para descubrir que al otro le cuesta trabajo, que es difícil, que no está preparado, que no viene maduro, que no está hecho.
Ahí es donde empieza este acto de lavar los pies. Entonces, ¿cómo se puede salvar, cómo se puede reconciliar un matrimonio? Cuando por fin brota una oración que dice: “Sí Señor, esa persona, ese hombre, por ejemplo, me ha hecho muchísimo daño, sabe qué decirme para herirme, me conoce lo suficiente para darme donde es, pero por un momento, Señor, voy a dejar de pensar en todo eso, y voy a pensar que él, él como tal, tiene su propio drama, tiene su propia historia”.
Todo amor tiene que pasar por ese momento de compasión, y tiene que pasar por ese momento de dar acogida; y aquí es donde se unen las dos lecturas, porque abrir un espacio en mi corazón para decir: ”El que me hace daño merece aunque sea una oración”; para hacer ese acto, uno tiene que violentarse a veces un poco, para dejar de hundir, atacar y juzgar a la otra persona y decir: “Es una porquería lo que me ha hecho, me falló del principio al fin, pero voy a abrirle un espacio en mi oración”.
Pues Jesús abrió un amplísimo espacio para los suyos, pero ahí no termina la cosa, el lavar los pies es hasta que el otro pueda descansar, porque en eso consiste el lavar los pies, lograr que el otro pueda descansar; tiene cosas acumuladas de muchos años, amarguras, incomprensiones, resentimientos, es una cosa humana, es una cosa que sucede.
Nosotros solemos acumular en todas partes, los matrimonios son lo mismos, la familia es la misma y todos estamos hechos del mismo barro; la gente tiene cosas acumuladas, ¿por qué vienen las enfermedades? A veces vienen por bacterias, otras veces vienen por virus, otras veces vienen por estrés, otras veces vienen por resentimientos acumulados, dolores acumulados, frustraciones acumuladas.
Yo, que he tenido ocasión de servir a la vida religiosa en muchos lugares, incluso en otros países, si le pudiera pedir un solo favor a Dios hoy, yo le pediría al Señor que me regalara un pomito de bálsamo bendito para llegar a los corazones de tantos sacerdotes y de tantas religiosas y poderle dar un poco de descanso.
Hay muchos sacerdotes que tienen una cantidad de cosas acumuladas terribles, y la mayor parte de la gente sólo tiene para el sacerdote una demanda de perfección o de exigencia y un juicio durísimo donde se equivoque, y eso a muchos de mis hermanos en el sacerdocio les ha creado unas situaciones de dolor y de rabia, que tampoco pueden expresar, porque el día que el sacerdote expresa todo su dolor y su rabia, entonces la gente dice: “Ya se metió en política”.
Es difícil, es difícil, y por eso, lavar los pies, es darle muchas veces la oportunidad que pueda sacar ese dolor, es una obra de caridad muy difícil, un poquito me ha tocado, no es que yo sea gran modelo de esto, pero un poquito me ha tocado, por ejemplo, con sacerdotes, con religiosas, gente de muchos años y tienen cosas acumuladas desde los noviciados.
Pero a veces es lindo también, cuando uno ha podido verdaderamente escuchar una persona, sentir que al fin descansa. Yo tuve ocasión de servir a Jesucristo en la persona de un sacerdote, y tuvimos muchas, muchas conversaciones muy largas de muchísimo tiempo, y yo por eso les digo que no es nada fácil porque es mucho tiempo, y porque la gente al principio, sobre todo la rabia le sale es como a borbotones.
Pero paso el tiempo, yo creo que de lo más lindo que a mí me han dicho en la tierra, me lo dijo ese padre, ese sacerdote, me dijo: “Sí yo miro quién era cuando empezamos a hablar, y miro lo que soy ahora, te tengo que decir: ¡Gracias!”
El hombre había alcanzado un poco de descanso, eso no quiere decir que yo esté para canonizar, tal vez no, pero es maravilloso eso y ahí entendí yo lo que significa esto. Por fin, pudo descansar.
Miren, si la gente pudiera descansar, si el esposo puede descansar de tantas tensiones en su hogar, no va a cometer tantas brutalidades; si el muchacho puede descansar cuando llega del colegio y siente que puede organizar la vida, no va ha hacer tantas tonterías.
Si podemos empezar a amar así como nos muestra Jesús, hasta darle espacio a la otra persona, esto es una decisión muy difícil, esto es muy complicado porque cada uno de nosotros tiene su tiempo, tiene sus cosas.
Por eso yo no sé que va a pasar con las familias hoy, porque cada uno tiene su trabajo y cada uno tiene sus preocupaciones, y además, tiene que hacer su otro postgrado, y mientras cada uno está haciendo su otro postgrado, ¿quién será descanso para quién? En fin, Dios sabrá, pero yo creo que todavía tendremos que ver mucho dolor en la familia si no aprendemos este estilo de amar de Jesús.
Y quedémonos con una última enseñanza sobre “la explosión del amor”. Jesús, al final del Evangelio de hoy dice:,”Vosotros me llamáis el Maestro y el Señor y decid bien, porque lo soy; vosotros debéis lavaros los pies unos a otros, os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” San Juan 13,13-15.
Jesús es el Maestro, Maestro con sus palabras, y Maestro con sus acciones; Jesús es el Señor, Señor cuando habla, y Señor cuando obra. Si nosotros, los siervos de este Señor, si nosotros le llamamos el Señor, "hay que obedecer"; no hay que entender solamente, "hay que obedecer".
Obedecer significa actuar en consecuencia, y por eso lo único que puede nacer de aquí es: Haz el experimento, ¿cuál es el caso más difícil, el caso más complicado que tienes? ¿Tu jefe en el trabajo, la maestra en el monasterio, el papá en la casa, el provincial? ¿Cuál es el caso más grave que tienes? ¿Por qué no intentar? ¿Por qué no poner a prueba el Evangelio?
¿Porqué no intentamos esto? Catalina de Siena nos dijo: “Lo primero es, –eso es muy pedagógico-, que siempre empieces por la oración.” Mi mamá, que también es pedagoga, dice que a la gente primero hay que remojarla, remojarla en la oración.
Pero ¿por qué primero no haces el experimento? ¿Por qué no antes de declarar perdido un caso, antes de declarar perdido un matrimonio, antes de declara en ruina un monasterio, antes de declarar en catástrofe a la Iglesia, por qué no empezamos a hacer la prueba de esto?
Esto: empieza tú, empiezo yo, intentemos todos, no es entender es intentar, hasta lograr que ese amor que tiene fuerza, que ese amor que tiene vida, se llegue a convertir en la lógica.
Eso es lo que nosotros encontramos en la Eucaristía, este es el lenguaje de la Eucaristía, esto es lo que viene ha hacer Jesús en la Eucaristía: viene a ser acogida, viene a ser descanso, viene a ser soporte en la que todos podemos renovarnos.
Que Cristo el Señor, con el poder de su Palabra, con el don de su Espíritu se adueñe de nosotros, hasta que podamos ser obedientes a esta divina enseñanza, para gloria de su Nombre.
Amén.