Jsan006a
Fecha: 20020328
Título: Abrir el corazon para recibir a Jesus en la Eucaristia y para acoger al hermano
Original en audio: 4 min. 34 seg.
Jesús toma el lugar del esclavo. En las casas de Judea de aquel tiempo, cuando llegaba un visitante, alguno de los siervos, alguno de los esclavos de la casa, se acercaba para lavar los pies a los visitantes. Esto era un signo de hospitalidad, un signo de acogida, y también una manera de hacer sentir en casa al que llega.
Desde luego, todos esos caminos eran caminos de tierra, y por eso los pies sucios. Pero también ese gesto cariñosos, ese gesto humilde hacía que la persona pudiera sentir: "Estoy en casa."
De pronto hemos tenido esa experiencia. Cuando hemos tenido que caminar mucho tiempo, o cuando sentimos los pies agotados, qué reconfortante esa agua que nos descansa, que nos permite distensionarnos, que no permite sentirnos en casa.
Ese gesto de lavar los pies, que vamos a repetir esta tarde, enseña muchas cosas, entonces. Enseña humildad, enseña acogida, enseña amor. Y eso es lo que Jesús quiere hacer por cada uno de nosotros, y eso es lo que quiere que hagamos con nuestros hermanos.
La humildad, el amor y la acogida; hacer que el otro pueda sentirse en la comunidad eclesial, pueda sentirse en la Iglesia, pueda sentirse atendido, pueda sentirse amado y pueda sentirse acogido. Ese es el gesto maravillosos que realiza Jesucristo.
Y por eso, quiere que también nosotros abramos espacio en nuestro corazón, para acoger, para recibir a nuestros hermanos. Cuando nosotros vamos a comulgar, porque hoy es también el día de la Eucaristía, nosotros extendemos nuestras manos o abrimos nuestra boca para recibir la Hostia Santa. Nosotros le hacemos un lugar a Jesús en nuestra boca, en nuestro corazón, en nuestra fe.
Pues Jesús quiere que así como nosotros le abrimos el corazón y abrimos nuestra boca para recibirlo a Él, así también tengamos ese gesto de humildad y de amor para recibir a los demás. Es decir que hay una relación entre estas dos acciones del día de hoy. Hay una relación entre la humildad del que lava los pies, y la generosidad del que se da como alimento.
Un mismo lenguaje, el lenguaje del amor involucra, envuelve a ambos gestos. Lavar los pies para acoger, darse en la Eucaristía para ser recibido, ambos son gestos elocuentes de amor.
Y por eso, hoy también es el día del amor revelado, del amor grande de Dios. Este es el día de ese mandamiento que Dios nos da: "Amáos los unos a los otros, así como yo os he amado" San Juan 13,34.
Sigamos nuestra celebración pidiendo a Dios que haga abierto y sensible nuestro corazón al lenguaje maravilloso, al lenguaje del amor, el único que puede cambiar la historia de los hombres.